En las mitologías que rondan el ámbito de la creación artística, la mente (o el espíritu) del individuo ocupa un lugar central, y en ocasiones hasta único. El creador es solitario en su acto generador; se encierra en una habitación o en una bodega, con el cuerpo de frente al vacío, que bien puede ser la hoja en blanco, el lienzo sin pintar o la materia cruda, previa a su transformación. La creación conjunta es posible pero inferior. De suceder, suele cargársele responsabilidad a una de las partes o imaginarse al conjunto como una unidad indisoluble, por abundantes y variados que sean los elementos que lo componen. Es posible que esta noción del creador único sea una extensión de las teologías. Si Dios existe y es autor del universo, es difícil imaginar que comparta esa autoría con algún Otro, igual de responsable y creativo.


De esta mitología no se escapa la Literatura. Son pocos, en relación a la vastedad de toda ella, los nombres que firman en compañía. Al parecer, el escritor prefiere crear a solas, o al menos recibir el crédito a solas. De las excepciones dignas, sólo dos me vienen a la mente. La primera son las fantasías futuras de Boris y Arkadis Strugatsky. La otra, de ejecución bastante más sutil, es el proyecto novelístico de Rómulo y Roberto, los hermanos Sandoval Riquelme.


Rómulo y Roberto Sandoval Riquelme (1921-1993) emergieron de la misma mujer con minuto y medio de diferencia (Roberto salió primero). De origen paraguayo, pasaron la infancia y parte de la adolescencia en Buenos Aires, para luego volver a Asunción, donde residieron en lo que restó de sus vidas. Los historiadores de la Literatura [1] no han sido capaces de encontrar rastro de sus andanzas después de aquel regreso, al menos no antes de que apareciera el primero de sus libros. Se especula que Rómulo trabajó en el servicio postal por un tiempo y que Roberto probó suerte como periodista.


La primera incursión de ambos en la narrativa fue casi simultánea, además de controversial. Roberto (tal vez en concordancia con sus orígenes) fue el primero en publicar. La novela se llamó La casa parca, publicada por Ediciones Viñedo el 19 de enero de 1955. La trama trata el asesinato de un trompetista de jazz, muerto en su dormitorio y dueño de una casa famosa en la ciudad por su minimalismo tétrico y la vacuidad de sus interiores; la intriga reside en la imposibilidad de cualquiera para entrar a la habitación sin una llave y en una baba fosforescente que quedó embarrada al pie del camastro. Es un relato policíaco clásico, de los llamados locked-room mysteries, con elementos aparentemente sobrenaturales que habrán de ser superados por la racionalidad del detective.


La primera obra de Rómulo, publicada por Ediciones Toro, fue una novela de misterio titulada La casa parca sobre un trompetista de jazz asesinado en su dormitorio inaccesible dentro de una casa casi vacía y de un minimalismo intimidante; la única pista inmediata es una baba fosforescente junto a la cama del difunto. La novela llegó a las librerías el 30 de enero de 1955.
Los reclamos no se hicieron esperar. Ediciones Viñedo exigió de inmediato una explicación por parte de Ediciones Toro, que a su vez apeló haber recibido el manuscrito en sus oficinas antes de la fecha notada por el abogado de Viñedo en los documentos de su denuncia [2]. La prensa, pensando que añadiría calor al conflicto, buscó el testimonio de los hermanos Sandoval Riquelme. Ambos respondieron, casi parafraseándose, que si compartían la sangre podían compartir prácticamente lo que fuera, hasta los manuscritos, e incluso el genio. Eso bastó para dar fin al pleito legal entre editores y para hacer de La casa parca quizá la única novela gemela.

Queda la cuestión de si algún lector compró ambas novelas a sabiendas de su gemelidad. De ser así, y suponiendo que se tratara de un lector atento, éste habría notado que La casa parca y La casa parca no son obras completamente idénticas. Las diferencias son casi triviales, pero existen. Por ejemplo, donde Rómulo escribió “el humo espectral que es la noche”, Roberto puso “la noche: nube de ultratumba”; cuando éste describe la baba fosforescente, en ojos del Inspector Bianchi, como “el rastro de un animal maligno”, el otro opta por “el indicio de un desacierto de Dios”; el Inspector Bianchi que protagoniza La casa parca de Rómulo fuma cigarrillos Gallo, el de Roberto fuma Express; la mujer con la que conversa Bianchi en su camino a la oficina viste de púrpura en la versión de Roberto, de verde en la de Rómulo; antes de morir atropellado por corceles, el asesino “Dedos” Domene (bajista de oficio) pronuncia un pasaje incompleto de la Literatura: Rómulo cita a Homero, Roberto a Heródoto [3]. Hay otras diferencias que he notado, pero he preferido no enumerarlas para no extender el párrafo. Estoy seguro de que también existen otras que no pude discernir.


La pregunta obvia es por qué los hermanos Sandoval Riquelme publicaron un par de reflejos apenas imperfectos. La respuesta más simple es que querían generar diversión y controversia gastándole una broma a los círculos literarios de su tiempo. De ser así, el humor se les acabó muy pronto; ambos siguieron publicando novelas [4], aunque estas sin ningún plagio o préstamo aparente [5].


La otra suposición (la que más me interesa) es la de un experimento literario, posibilidad que a su vez genera otro par de posibilidades.


La primera es la de un manuscrito compartido: una base armada en conjunto (qué tanto de esa base pertenece a cada uno, no podría decir) y luego trabajada por separado. Esto explicaría las variaciones leves y la propia explicación de los gemelos Sandoval Riquelme al ser confrontados por la prensa. La razón para semejante operación podría atribuírsele a un mero juego de jóvenes creadores buscando la novedad durante una época infectada ya por el pensamiento vanguardista. Sin embargo —y si se me permite entregar mis esperanzas a unas cuantas frases y nada más—, existe una entrevista concedida por Roberto Sandoval Riquelme a la revista Meteoro que señala una intención menos burda. En ella, cuando se le menciona el incidente de La casa parca, Roberto comenta que “queríamos crear algo que fuera como nosotros: igual en sus generalidades pero distinto en esencias […] Rómulo y yo somos muy diferentes; hay cosillas que nos distinguen, y, de cierto modo, nuestra aparente igualdad acentúa aún más esas diferencias”. Esto haría del estatus de La casa parca como novela gemela algo que va más allá de su condición de texto aparentemente duplicado. Los hermanos Sandoval Riquelme insertaron cambios leves pero precisos en el texto, cambios que afectan de algún modo la esencia del manuscrito original, creando a partir de este dos novelas distintas en el fondo.


La segunda posibilidad es más extraña y su consideración ha sido facilitada, si no es que sugerida, por Rómulo Sandoval Riquelme. Durante la única aparición que hizo en televisión nacional, Rómulo, enfrentado una vez más con la cuestión de La casa parca, sufrió un breve absceso de ira. De entre las barbaridades que dijo se alcanzó a filtrar lo siguiente: “Ustedes no entienden, hombre. Creen que mi hermano y yo nos copiamos la novela como niños pasándose la tarea. Nunca hemos trabajado así. Somos gemelos, coño; a veces las cosas nos salen como el cuerpo: demasiado parecidas. No entienden, en serio”.


El lector pensará que lo sugerido por Rómulo es una locura. Lo es, pero no menos que dos novelas iguales excepto por detalles mínimos, o que un par de hombres casi reflejados pero aún así distintos. La casa parca sería entonces, más que una obra gemela, una manifestación novelística del doppelgänger: gestada y concebida por dos mentes distintas; igual pero diferente, con variaciones mínimas que definen su desigualdad.


Posible o no, La casa parca (ambas) sigue siendo un deleite para los que cazan tesoros pequeños en la Literatura.

Por Kaizar Cantú

[1] La única obra biográfica útil de Rómulo y Roberto Sandoval Riquelme es “Gemelos en la literatura: vida y obra de los hermanos Sandoval Riquelme”, un artículo breve escrito por María Oliveiros y publicado en Experimentos del Paraguay (NOV 1999). El resto son puros fragmentos poco útiles, incluso en conjunción.
[2] Abundan las especulaciones sobre la fecha de entrega de los manuscritos. Aunque la versión oficial apoya a la declaración de Ediciones Toro, los gemelos Sandoval Riquelme han sugerido (por separado) que los manuscritos fueron entregados en persona el mismo día, y tal vez hasta a la misma hora, suponiendo que sus relojes estaban sincronizados.
[3] El “Dedos” Domene de Rómulo alcanza a citar parte de aquel pasaje de La Ilíada en el que se habla de cómo los dioses tejen tragedias y desdicha para los hombres; el de Roberto recita aquella porción de Las historias en la que Xerxes se lamenta en una colina de que todos los hombres de su ejército, tan vasto, serán olvidados en unas cuantas generaciones. Adela Chalico ha sugerido que esas últimas palabras del “Dedos” Domene son una declaración velada de su motivo para asesinar al trompetista. (Bianchi descubre y acorrala al asesino, pero el azar le arrebata el momento crucial de su investigación: el esclarecimiento total del crimen.) La variación en esas palabras finales indica, por supuesto, motivaciones distintas.
[4] Roberto siguió escribiendo novelas policíacas. Rómulo, para sorpresa de todos (excepto, quizá, de su hermano), eligió escribir erotismos vulgares.
[5] Felipe Lombardi cree que aún en novelas distintas (escritas y publicadas por separado), los hermanos Sandoval Riquelme siguen jugando a las igualdades y desigualdades. “Es como si su literatura fuera incapaz de permanecer separada. Tienen que escribir cosas que se parezcan aunque sea un poco a las del otro; que se repelan y se complementen” (“¿Los gemelos Sandoval Riquelme siguen compartiendo novelística?”, en El Lelelector [AGO 1978]).

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