Por Staff

Hay en estos días una furia tremenda en contra de la lluvia. Pero la lluvia no tiene la culpa, ni mucho menos su gran generosidad con nuestro monte rodeado de cerros llamado Monterrey. Se comete una injusticia. La lluvia siempre será alivio, una forma de refrescarlo todo. Además la lluvia llegó antes que nosotros a este lugar que habitamos. Llegó primero que Diego de Montemayor, la Macroplaza y sobre todo, primero que esos funcionarios y empresarios sin escrúpulos capaces de comerciar hasta a su madre… naturaleza. La culpa de esta calamidad vivida no está en las nubes. Parte de ella está en esas oficinas públicas donde la planeación urbana fue convertida en un suculento negocio y no en un aspecto fundamental para el desarrollo armónico de la ciudad. También lo está en esa pequeñísima conciencia ciudadana que tenemos todos a la hora de convivir con el medio ambiente.

La lluvia seguirá. Estemos o no estemos nosotros. Hay que aprender a convivir con ella.

Vayan estos versos de poetas regiomontanos como una ofrenda de desagravio a la lluvia.

Crece contra corriente el trópico de los sentidos, la franja de vergel invadiendo el desierto,

las percusiones golpeando al ritmo de la lluvia; peñas de musgo estampa la cascada,

constelaciones llaman.

(El sacrificio del reino) Minerva Margarita Villarreal

Ayer llovió y la recámara se llenó de caracoles no podíamos pisar sin crujir tuvimos que dormir en la sala con los ojos abiertos y la puerta para que entrara el viento a secarnos el dolor.

(Desolado amor) Leticia S. Herrera

este día disfruto: la sonrisa menguante de la luna el clima templado, sin lluvia calles de un solo carril el amanecer el centro del ombligo los eclipses tanto me gustan hoy las cosas a medias que te voy a amar de la cintura para abajo

(Uno de esos días en que mi sombra no deja rastro) José Eugenio Sánchez

Ha llovido en mi ciudad por primera vez en cuatro meses, no tiene caso permanecer aquí una gota más.

(Reloj de agua) Óscar Efraín Herrera

Aquí pasó la vida. Transcurrió su relámpago inaudito. Maderas fósiles gimen la indemnidad del hierro. La calidez memoriosa se mantiene impoluta. Nada nos salvará, ni siquiera la lluvia de feliz consecuencia.

(Mansión Almanza) Genaro Huacal.

La tromba con sus metales desgarra el lecho del dormido, de aquel que reposa bajo un cielo de plumas y vendimias, trepidantes plazas donde los licenciados disertan y gesticulan,

aturden y diezman el toldo calizo de quien no se atreve, los del reloj en la solapa, candidatos al trono

(Portuaria) José Javier Villarreal

Yo seguiré peinando océanos hasta que se haga el trueno; hasta que algún martín arrase mi impaciencia. Si no, me iré con la tormenta entre las manos. No quiero hender del cetáceo las retinas. Que siga imaginan- do a los delfifines saltar en medio de la casa.

(Añil sobre papel china) Luis Aguilar

Hermosa poesía. Compañera mía y de los míos. Agua para el sediento de sí mismo. Pan para el hambriento de sentido. Abrígame en la hora madrugada en que me levanto del sueño a la intemperie insonme.

(Lámpara y consolación) Humberto Salazar

¿Cuándo disfrutaré los huesos y los tuétanos de esta vida que no escogí? Cuando llueva en el desierto para que mi abuelo pueda cosechar sandías cuando las anónimas multitudes dedicadas a labores inútiles volteen a verme. No sé cuando. Afortunadamente en esta ciudad abundan las alcantarillas.

(Las alcantarillas son un atajo al infifierno) Armando Alanís

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