Entrevista con Mario Muñoz, lector temprano de Kapuscinski en México

Por Diego Osorno

Xalapa, Veracruz.- Ryszard Kapuscinski, el reportero emblemático de la segunda mitad del siglo xx, tuvo entre sus primeros lectores mexicanos al erudito Mario Muñoz, quien trabajó en la traducción del polaco al español de La guerra del futbol, un libro ahora clásico del periodismo narrativo que fue publicado por primera vez en México en 1980 con el título de Las botas, por la editorial de la Universidad Veracruzana.

Es justo en el marco de la edición 2016 de la Feria Internacional del Libro Universitario que ocurre esta entrevista con Muñoz, actual director de la revista La Palabra y el Hombre y autor de algunas de las antologías de cuento mexicano más celebradas por la crítica literaria. El ensayista Alfonso Colorado atestigua el encuentro en una cafetería xalapeña.

Diego Enrique Osorno: ¿Cómo llega a sus manos el libro Las botas, de Ryszard Kapuscinski?

Mario Muñoz: Por aquellos años, más o menos en los ’80, o un poco antes, Sergio Galindo estaba en México. Desde allá, en cierta medida, estaba coordinando la editorial de la Universidad Veracruzana, aunque ya no era el director. Casualmente Kapuscinski se encontraba como invitado en la Ciudad de México impartiendo unas conferencias, si mal no recuerdo, en el Colegio de México, y ahí lo conoció Sergio Galindo. Él ya tenía el antecedente de quién era Kapuscinski. Por otro lado, Sergio siempre había mantenido relación con la embajada polaca de aquel entonces, precisamente por los libros que se habían publicado ya en traducciones en la Universidad Veracruzana, de modo que ese fue el contacto inicial.

A partir de ahí, Sergio Galindo le propuso a Kapuscinski que se tradujera Las botas. Por cierto que el título original es La guerra del futbol, el conflicto entre El Salvador y Honduras. Así había salido, con ese título original, en Varsovia.

DEO: ¿Y él lo escucha en alguna conferencia en El Colegio de México?, ¿tienen una reunión?, o ¿cómo se da la relación?

MM: Galindo comienza a tener amistad con Kapuscinski… bien a bien no sé cómo inició. Kapuscinski por aquellos años estaba residiendo aquí en México porque hacía viajes frecuentes a Sudamérica. Exclusivamente uno de ellos fue el reportaje que hizo de Honduras y El Salvador. Luego se iba a Polonia o a cualquier otro país y regresaba. Tenía muy fuerte relación con México. Yo por aquellos años no estaba en el país, de modo que no seguí de cerca esa amistad, salvo cuando me llegó la noticia por parte de Sergio Galindo, con quien mantenía yo correspondencia, que querían traducir La guerra del futbol. Él proponía que fuéramos dos los traductores porque quería que se imprimiera a la brevedad, pensando en que probablemente otra editorial de habla española pudiera comprar los derechos. De modo que busca a Gustaw Kolinski, que en ese entonces estaba aquí como becario de México. Él era un traductor del español al polaco y tenía una beca de relaciones exteriores. Pasó aquí poco más de un año.Yo lo conocía desde Varosvia. Entonces nos propuso, Sergio, traducir a la limón el mencionado libro.

Cuando yo regresé una corta temporada, un periodo vacacional, empezamos a trabajar Kolinsky y yo. De hecho fue un trabajo muy rápido. Serían tres meses más o menos. Además no hubieron muchos problemas porque la prosa de Kapuscinski es muy directa, muy accecible, realista, no busca ningún regodeo literario, y para nosotros fue relativamente fácil traducir en tan poco tiempo.

DEO: Antes de entrar, Mario, a las preguntas sobre el proceso de traducción, me gustaría que me ayudará a definir qué tipo de autor era Kapuscinski. ¿Cómo se leía en Polonia y en México?

MM: En México realmente era un personaje desconocido. Él vino a través de la embajada polaca, porque en ese entonces todos los reporteros, prácticamente, que seguían con la posibilidad de volver a Polonia por la cuestión del régimen, de alguna forma tenían que estar ligados a la ideología y al partido. Tan es así que cuando fallece Kapuscinski, en Varsovia comenzaron a sacar esos argumentos de que él había estado con el partido comunista, pero como dijo en aquella ocasión su viuda: “Ningún periodista, por liberal que quisiera ser, podía estar desligado del partido comunista, porque, una de dos: o vivía en el exilio, o simplemente no podría haber salido de Polonia”. Esa era, entre paréntesis, una de las razones por las que Kapuscinski se encontraba aquí. Como tú sabes, era un constante viajero. Así, con el apoyo de la embajada, es como vino a México. Pero en ese momento no tenía mayor conocimiento el lector de habla castellana la importancia que para entonces Kapuscinski había adquirido ya en Polonia. En Polonia era un reconocido periodista. Esto fue por los reportajes que publicaba, por su relación con periodista polacos importantes de la época. De modo que en Polonia sí era reconocido.

DEO: ¿En Polonia era reconocido por sus libros o por sus reportajes en revistas y periódicos?

MM: Por sus libros y por sus reportajes en revistas. En ese momento en Polonia se le conocía por el libro Cristo con un fusil al hombro. Yo leí ese libro en español. No sé cómo me llegó, por qué azares; un librito muy breve. Y luego apareció La guerra del futbol, pero aquí en la editorial se publicó con el nombre de Las botas. Eso yo nunca lo entendí, aunque después me lo explicó Sergio Galindo. Inclusive cuando salió el libro yo no estaba aquí en el país, en ese entonces viajaba muy poco para acá.

En principio hay un texto del propio Kapuscinski que se titula “Las botas”. Posteriormente, Galindo me explicaba: “Mira, le pusimos ese título porque era el período de las dictaduras latinoamericanas, y las botas están siempre asociadas al militarismo, al despotismo, a las dictaduras y pensamos que ese título podría atraer más a los lectores”. Y de ahí salió el título. A mí no me gustó mucho. Me hubiera gustado que fuera más el título original. Pero bueno, así se quedó y en la siguiente edición, la de aniversario, lo dejaron igual. Ahora, en España, en Debate, apareció con el título original, pero con otro traductor.

DEO: ¿Las botas no fue el primer libro traducido al español de Kapuscinski?

MM: No, fue el anterior: Cristo con el fusil al hombro. Francamente no recuerdo si llegó esa traducción por Cuba, porque en Cuba en la época se estaba traduciendo mucho. Sobre todo las lenguas de los países comunistas. Más que cubanos que habían aprendido el idioma, en el caso de Polonia, por ejemplo, eran polacos que se dedicaban a la traducción del español al polaco y a su vez hacían traducción del polaco al español. Los cubanos lo que hacían era nada más una revisión de estilo. Hay en una edición cubana de dos volúmenes muy buena, por ejemplo, de teatro polaco moderno. Salió también una antología de cuentos. En fin, había un interés muy grande de parte de los cubanos por toda esa literatura.

DEO: Y la Universidad Veracruzana tenía su propio interés en Polonia y en estos países…

MM: Claro. Como tú lo sabes muy bien, en los años ’60, cuando llega Sergio Pitol a Xalapa, para ser exactos en 1967, empieza a publicar tanto en México como aquí en la editorial sus traducciones del Polaco al español y del español al polaco. A través de la editorial Era publica algunas obras, como Madre de reyes, de Kazimierz Brandys. Luego aquí en la editorial, un poco antes de que se hiciera cargo de la dirección, Cartas a la señora Z, también de Kazimierz Brandys. En La Palabra y el Hombre de aquel entonces publicó también algunas obras. Todo esto hizo que hubiera una particular atención de la misma embajada polaca por lo que se estaba haciendo aquí en Xalapa. El propio Sergio Galindo publicó un libro que se llama Retrato de Polonia, un libro ilustrado que ya está agotado. Ah, sí, se me olvidaba que incluso se tradujeron dos guiones de cine, uno de ellos a cargo de Luisa Josefina Hernández. De modo que había mucho movimiento en ese entonces. Por consiguiente, (la editorial) ya era un punto de referencia para la cultura polaca.

DEO: Por eso no fue tan complicado que Kapuscinski aceptara publicar con la Universidad…

MM: Claro. Además, respecto a los derechos de autor, incluso los cedió a la Universidad. No era un autor tan reconocido y cuando se reeditó este libro con motivo de los 50 años de aniversario de la editorial se pidieron los derechos a su viuda. Recuerdo que no hubo problemas con la reedición y los asuntos de derechos.

DEO: Respecto al tratamiento del texto, ¿cómo fue trabajarlo en conjunto con las prisas, a contra reloj? Me imagino que trabajaron por separado. ¿Cómo fue ese proceso? No había Internet en ese entonces…

MM: Cada vez que había una posibilidad de encontrarnos nos poníamos a trabajar los más posible, cotejando, revisando al cuestión del estilo, que fuera uniforme, que no hubiera salto, que no hubiera diferencia de estilo. Nos repartíamos por capítulos. En una ocasión, me acuerdo, me invitaron a un congreso de literatura en Guadalajara, a cual también fue Kolinski, y ahí nos quedábamos en el hotel todo el día trabajando. Hasta que finalmente le entregamos la traducción a Sergio y le dijimos que era indispensable una revisión para que no hubiera diferencia entre capítulos. La hicieron muy rápido y les pareció que estaba bien, que estaba correcta. Pero en esa primera edición no hicimos ningún prólogo, simplemente porque a Sergio no se le ocurrió, o no lo propuso. Y en esta segunda edición sí hay un prólogo.

DEO: ¿Cómo abordó la parte que le tocó traducir? Me contaba Ágata Orzeresk -quien ha traducido al español la mayor parte de los libros de Kapuscinski- que cuando traducía El emperador hablaba mucho con Kapuscinski porque él le decía que se había inspirado en poetas polacos de una corriente del siglo XVII, que tenían un cierto tono y él había buscado que éste permeara en el reportaje, en los testimonios. Decía Ágata que ella había estudiado el Siglo de Oro español para encontrar un equivalente… ¿Cómo trabajó usted los capítulos?

MM: Lo que vimos, tanto Gustaw Kolinski como yo, fue que en este libro los textos de Kapuscinski tenían un carácter coloquial. Eran textos realmente periodísticos. Me parece que algunos ya los había publicado como textos sueltos en la prensa polaca y por eso estaban dirigidos a un público muy amplio. Y como te decía al principio, esa es la razón por la que no costó mucho trabajo la traducción, porque era un lenguaje muy concentrado, típico de las crónicas para diarios. Al mismo tiempo era un lenguaje muy directo, realista, despojado de metáforas literarias. Lo que tenía Kapuscinski es que iba modificando su estilo de acuerdo con el tema en todos los libros que escribía, eso es muy interesante. Él insistía mucho en que un periodista tiene que tener formación literaria, precisamente para adquirir un estilo más suelto, propio, más ameno. Sobre todo buscaba mucho la amenidad, despejar sus textos de cualquier lenguaje confuso para un lector medio.

Cuando estuvimos traduciendo Las botas, desgraciadamente Kapuscinski ya no estaba en México. Creo, si no mal recuerdo, llegué a conversar con él en la ciudad de México, así muy rápido en algún hotel. Una persona muy amable, muy sencilla, igual como sus libros muy directo, pero ya no tuvimos oportunidad de hablar mucho con él. Además él viajaba bastante. Se iba a México, para África, a Cuba, lo menos posible estaba en Polonia.

DEO: ¿Y tuvo retroalimentación de parte de él? Supongo que Kapuscinski lo leyó…

MM: Sí, sí. Él leía en español. Según me llegó a contar Sergio, Kapuscinski estuvo contento con la traducción y con el título no puso reparo. Me imagino que Sergio le habrá explicado por qué eligió ese título, entresacado de uno los reportajes que están ahí en el libro. Le gustó, le agradó.

DEO: Y políticamente, ¿usted qué pensaba mientras traducía a Kapuscinski? Porque era un tema importante. La denuncia que se hace, me parece a mí, no es panfletaria y no muchos periodistas la tocaban. Un periodista extranjero hablando de latinoamerica, ¿cómo valoraba usted esto?

MM: A mí me interesaba mucho, especialmente su posición ideológica porque coincidió, en esos años, con todo el proceso de solidaridad de Polonia. Yo prácticamente viví todo ese proceso, desde los años ’80 hasta lo que ellos llamaban el golpe de Estado. Después regresé en el ’87, en el estado de sitio, de manera que esos diez años los viví muy de cerca. Esto hizo que mis propias posiciones ideológicas cambiaran. Porque además yo estuve en Polonia desde los años sesenta, setenta, y vi como iba cambiando el país, pero no para mejorar, sino que iba empeorando. Yo me daba cuenta que el modelo socialista, al menos el polaco, ya no iba a rendir para más. Se había llegado a un grado de extenuación, podría decirse, por consiguiente, era un modelo que estaba en proceso de descomposición general. En esa época Kapuściński siguió muy de cerca el proceso polaco tanto geográficamente de cerca como de lejos. Me gustaba mucho su obra porque lejos de asumir una posición dogmática, que nunca lo hizo, era muy abierto a diferentes orientaciones, tendencias, posiciones. Tenía mucha apertura. Yo lo que veía en estos reportajes era la efectividad para evaluar los acontecimientos. No tomaba posiciones ni de un lado ni de otro, sino que le daba al lector la posibilidad de decidir. Eso me gustó mucho, sobre todo cuando hizo varios comentarios sobre lo que estaba sucediendo en Polonia que desde luego se alineó a la actitud de solidaridad.

DEO: ¿Y sabe cómo se recibió el libro de Las botas en México?

MM: Aquí no sé mucho. Prácticamente esos diez años yo iba y venía. Pasaba una corta temporada aquí y me volvía a ir. Después Sergio estaba muy delicado de salud y no había manera de mantener contacto permanente con él como antes, pero sí me sorprendió después que el libro se agotó en pocos años, a pesar de que antes los libros de la editorial tenían una difusión muy restringida. De la primera edición no quedan ejemplares más que para el archivo. Y de esta otra (edición) ya también están prácticamente agotados.

DEO: Usted que fue de los primeros lectores en español de Kapuscinski, a la distancia, ¿qué le parece la lectura que se ha hecho de Kapuscinski a la fecha? ¿Es el referente del periodismo literario?

MM: Yo creo que es el referente obligado. Y no solamente para la crónica periodística, también para el reportaje, para el periodismo propio. Precisamente en el prólogo menciono que una de las cosas que encuentro en Kapuscinski es la combinación de varios géneros a la vez. Inclusive, diría yo, que la crónica en ocasiones se puede leer como un cuento. A veces los libros extensos de Kapuscinski más bien parecen novelas que propiamente trabajos periodísticos. Por lo tanto, es un escritor notable. Yo le quitaría el nombre de periodista porque siempre en nuestro contexto suena despectivo, que no debería de ser, pero para mí es escritor. La prueba de ello es que fue candidato al Premio Nobel de literatura.

DEO: Justo también, en este debate del periodismo y la literatura, sobre todo después de que murió y se comenzó a hacer trabajo más crítico sobre su obra, se ha planteado, desde el punto vista del periodismo puro, que Kapuscinski tenía demasiadas licencias literarias y que estas dañaban la esencia periodística de sus trabajos. ¿Usted ha podido discutir, pensar, platearse estas cuestiones? Porque van más allá de Kapuscinski, es algo en general. Recuerdo que cuando yo comencé a trabajar en un periódico y quería utilizar palabras fuera del vocabulario común que se usa en las redacciones periodísticas, como mango, aguacate, o luna en una nota, llegaba un editor a insultarme, diciéndome que no me creyera escritor o poeta, pero era un insulto. Entonces, digamos que Kapuscinski ha mantenido la llama de ese viejo debate.

MM: Yo me inclino por esto que Kapuscinski mencionaba y era que el buen periodista era un aspirante a escritor, sino es que ya se consideraba como tal. Por consiguiente, una de las cosas en las que más insistía es que el periodista debe tener una cultura muy amplia, una cultura panorámica, y sobre todo una formación literaria. Eso me sorprendió porque conocemos a muchos periodistas que no tienen esas ideas, más bien tienen como una tendencia a la improvisación. Los mismos estudiantes de periodismo no toman muy en cuenta, o para nada, la formación literaria, como si fueran dos campos distintos: por un lado la literatura y por otro lado el periodismo. Pero, bueno, por nuestro lado tenemos a Elena Poniatowska, a Monsiváis, a Villoro que son muy buenos ejemplos.

DEO: Y ahora el Nobel que ha recibido Svetlana Alexiévich parecería ser el que le correspondiera a Kapuscinski. Aunque ella acaba de decir en Colombia que no es periodista, que se nutre del periodismo para hacer literatura. Hay como esta actitud de los periodistas de intentar apropiarse de la literatura, pero a la vez esta no los acepta del todo. ¿Usted conoce la obra de esta periodista que en el estilo es muy distinta a la de Kapuscinski?

MM: Desgraciadamente no la conozco. En el mundo hispano parece que se descubre a partir del Nobel. Pero tengo mucho interés en leerla.

DEO: ¿Y usted sigue traduciendo?

MM: Ahorita he dejado eso por la paz. Yo en realidad traducía, digamos, por gusto más que como un oficio. Por cierto, en un coloquio de traducción al que acaban de invitarme decía justamente esto y era que están los traductores de oficio y los que se dedican breve tiempo a ello por gusto. Yo lo hacía, o lo hice, más bien por gusto, no para dedicarme a ello, porque sí requiere mucho tiempo, mucha dedicación, concentración. Reconozco que soy una persona muy dispersa [ríe], no me puedo concentrar demasiado tiempo en este quehacer. Lo hacía yo todavía hasta los años noventa porque salía fuera y las temporadas en Polonia me permitían concentrarme. Además el clima mismo ayudaba [vuelve a reír], no te daban muchas ganas de andar en la calle. Y aquí he estado, más bien, escribiendo otras cosas.

DEO: Como última pregunta, quería que me contara si la Universidad Veracruzana sigue arriesgándose a publicar textos de autores extranjeros no tan conocidos acá y apostándole a dar con un librazo como el que publicaron.

MM: Sí, desde luego. El ejemplo es El árbol detrás de la ventana, que acaba de salir de la selección de Tomas Pindel, con reportajes literarios de diversos periodistas polacos. Hace dos o tres años se publicó una antología del cuento polaco. También un libro muy amplio con traducciones de Sergio Pitol y otro traductores. Hace poco me había dicho el director de la editorial si podía yo traducir o presentar una traducción de un poeta polaco que estuvo en México para ver si lo publicábamos. Es un diario de estatura que dejó al fallecer, en el ’79 se suicidó en Polonia. Era también amigo mío. Tengo el borrador (es un diario muy dramático de sus últimas semanas), a ver si me animo y lo sacamos. En La Palabra y el Hombre hemos sacado traducciones. También hay una antología de la poesía alemana. Hemos publicado algunos cuentos que han traducido del ruso de autores muy recientes. Se han publicado ahí cuentos de algunos autores turcos. Eso sí tienen la editorial, tiene una gran apertura.

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