Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

Desconozco si los tiempos cambian o los problemas se mantienen. Teletiranía (2005) es un documental de la productora alternativa Canal 6 de Julio, un excelente catalogo de contenido audiovisual con fines 100 por ciento periodísticos en donde se trata una gran variedad de temas y problemáticas nacionales.

Con esto en mente, sobra decir que Teletiranía se enfoca en la televisión mexicana, presentando los antecedentes y precursores de la empresa que hoy en día conocemos como Televisa, además de ofrecer una importante reflexión acerca de su poder e influencia.

Con el cambio del siglo, la política encontró un nuevo aliado. De esa unión nacieron los primeros spots publicitarios, con los que los candidatos se daban a conocer durante el período electoral. Elaboraban discursos visuales en los que quedaban definidas su persona y los ideales por los que combaten, aparentando un interés por las necesidades del ciudadano promedio y, a su vez, proponiendo las soluciones y beneficios posibles sólo con tu voto.

Es tan sólo en ese ligero punto cuando parecemos importarles, y una vez sentados en la silla del poder, se olvidan de la gente y de las promesas. Traicionan a la patria a causa de su egoísmo injustificado.

Esa, mis amigos, parece ser la cruda realidad en México.

Las noticias son punto y aparte. Es innegable que los noticieros se nutren de la violencia y del escándalo; son sensacionalistas y rara vez hablan con la verdad. Manipulan los hechos, falsifican datos y, por si fuera poco, narran sin objetividad alguna.

La televisión local transmite programación prioritariamente estadounidense, y el contenido propio que ofrece deja mucho que desear; se basa en estereotipos, o peor aún, ofrece realidades altamente improbables. En las telenovelas, género sobreexplotado en la industria del entretenimiento mexicano, las historias se enfocan en la clase privilegiada; muestran su día a día y los beneficios de pertenecer a ella, negando rotundamente las raíces culturales, al igual que a la gente de clase media y baja. En el país no hay pobres. Son despreciados, como los indígenas, y tristemente, México se conforma de una gran cantidad de personas que tiene que sobrevivir el día a día con muy escasos recursos. Esto, aunado a la pésima calidad de la educación y el analfabetismo, constituyen eternos problemas sin una solución aparente.

La realidad mexicana, fuertemente influenciada por la televisión (porque sin importar tu clase, cuentas con mínimo un aparato televisivo) es tal que ni siquiera la gente de bajos recursos reconoce que es de bajos recursos. Algunos se engañan a sí mismos creyendo que necesitan las mismas frivolidades tecnológicas que los otros poseen, cuando no es así.

La moda y el capitalismo son los principales factores de esto último. Y, hablando de frivolidades, recuerdo un artículo que trata sobre cómo a los mexicanos nos encanta “engrandecer idiotas”. Por idiotas se refiere a toda persona de éxito momentáneo que no sirve de ejemplo para la sociedad, a causa de su falta de intelecto o talento, pero que cuentan con cualidades físicas o materiales que llaman la atención, independientemente de a lo que se dediquen.

Este fenómeno se debe, según se explica, a que añoramos su éxito y fama, tanto así que con envidia nos reiremos cuando algo chusco les suceda; siempre estaremos pendientes de su estilo de vida, porque eso nos da una ligera noción de lo que sería si fuéramos ellos…

En Monterrey ha sucedido algo parecido. Recuerdo que una vez que me encontraba en una plaza comercial junto con unos amigos, unas chavas de entre 14 y 16 años (tal vez menos) se acercaron a un tipo y le pidieron una foto. ¿Conocía yo a este tipo? No. Entonces, ¿bajo qué causa le pidieron una foto? Bueno, por lo que entendí, este tipo pertenecía a un determinado programita. Al reconocerlo, estas chavas le pidieron una foto.

¿Por qué? Pues porque salía en la tele (¡duh!). Pero, ¿qué es lo que hace? ¿Qué clase de entretenimiento ofrece? ¿Tan siquiera es sano e inteligente? No, él sólo baila… Pero está en la tele, y por lo tanto hay que pedirle una foto y postearla en cuántas redes sociales tengas, para que el resto del mundo vea a quién te topaste y te llene de likes, me gustas y favs.

Porque entre más likes, más feliz soy como persona, ya que estos definen mi autoestima, a pesar de que, eventualmente, olvidaré este suceso entre una y tantas nimiedades.

Las redes y los dispositivos móviles cuentan con muchísimas ventajas que nuestros ancestros soñarían, pero a su vez, la necesidad por estar interconectados los unos con los otros ha creado esta misma ilusión de espectáculo que hemos asimilado con la TV.

Las fotos de cada día, las publicaciones de lo que hacemos, haremos, queremos y pensamos. Estamos creando nuestra propia farándula, y a ella también pertenecen los guapos, los que se dedican al deporte, uno que otro al que detestas, otro con quien no te llevas, tus círculos cercanos, familiares y hasta completos desconocidos.

Ahora nosotros podemos ser las estrellas y estar del otro lado, protagonizando momentos efímeros (pero protagonizándolos). “Mírenme, que salí de viaje”, “Admiren el restaurante en donde me encuentro comiendo”, “¿Escuchaste que tal tipa terminó embarazada? ¡Qué horror/Qué maravilla!”, “¿Supiste del accidente de fulanito?”, “¡Hasta que por fin son pareja!”. Blablabla likelikelike.

Afortunadamente, también han surgido medios independientes que gritan las injusticias que jamás veremos en la pantalla chica y que nos ayudan a enterarnos de lo que los otros medios no quieren que se sepa. Gracias a todo esto, es muy fácil notar la desconfianza y la indiferencia que se ha ganado la política con el paso de los años.

Si la televisión es uno de nuestro enemigos, el Internet llega para establecerse como una nueva herramienta de combate. El dilema está en que debemos de aprovecharla al máximo. De no ser así y caer en el teatro de las redes sociales, en la pereza y el desinterés, me temo que seguiremos perdidos. Y lo que yo ya quiero y deseo, junto con muchísimas otras personas, es que encontremos el sendero correcto para caminar juntos. Gobernados por la gente justa, correcta, dedicada y sin pizca alguna de corrupción. Gente confiable y líder, capacitada para emprender grandes responsabilidades y que sepan actuar con sabiduría.

Vive tu vida y vívela bien. Disfrútala y cumple tus sueños, pero regrésale algo a tu comunidad. Incita un cambio, infórmate y ayuda a combatir en la guerra más importante del país: la guerra contra la impunidad. Una guerra que tiene tiempo de haber comenzado y en la que no se descansara hasta tener el México que deseamos.

O mejor dicho, el México que merecemos.

Mientras tanto, el televisor sigue ahí, sin el mismo valor ni la estima de antes, pero sí con el mismo objetivo de hace unas décadas: entorpecer y retrasar este proceso revolucionario, este levantamiento de acción y conciencia.

Teletiranía es incapaz de profundizar en estos últimos temas sobre los que he reflexionado, sin embargo, el contexto que explora te deja muy satisfecho y sorprendido. Canal 6 de Julio nunca decepciona, y es muy grato saber que aún existen propuestas independientes y en las que puedes confiar.

Desconozco si los tiempos cambian o los problemas se mantienen, pero tengo fe en que pronto y en algún momento de nuestra historia, unidos, como pueblo, podremos hacer la diferencia.

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