Por Antonio Hernández

El rumbo de Los Naranjos, en Juárez, Nuevo León, antes de los tiempos de urbanización sin freno, correspondía al tipo de las haciendas antiguas como Rancho Viejo o Los Lermas (pueblito sin ley), existentes al oriente de Monterrey. De aquellos tiempos aún permanecen los caminos que comunicaban la Villa de Guadalupe con esos sectores, con pobladores de Cadereyta o Santiago que los recorrían para llevar los productos del campo hacia los mercados que existían en la misma Villa o hasta Monterrey.

En esos ranchos y haciendas abandonadas, que dieron paso a extensos asentamientos urbanos, es donde reside una significativa población indígena proveniente de varias partes de México. Ahí me tocó conocer a la Banda Santa Cecilia, integrada por músicos migrantes.

Hace un tiempo acudimos a una celebración del carnaval de febrero, precisamente en Los Naranjos. Ahí fue el contacto con el arte mexicano de la banda. Fue la primera vez que me tocó escuchar al ensamble de alientos con numerosas melodías al ritmo de banda. También esa tarde fue cuando supe de los hombres que durante el carnaval se vestían con ropas de mujer, al tiempo que otros los buscaban para bailar y repegarse entre festivos y lascivos.

Banda Santa Cecilia es un ensamble de viento y percusión. La festiva música viene de la coordinación precisa de los alientos de la tuba, trombón, trompeta, y otro instrumento parecido al corno. Se complementa con una tarola y sus respectivos platillos. Luego de varias presentaciones de la banda, me tocó apreciar cada vez mejor el trabajo. Una vez en la Alameda Mariano Escobedo, y luego en el quiosco de la Plaza Zaragoza.

En un aniversario de Alternativas Pacíficas estuve atento a sus interpretaciones. Una de ellas me cautivó y hasta hoy no para de gustarme. Se trata de la mejor reinvención del matamorense (tenía que ser fronterizo) Rigo Tovar (El Músico Chiflado), cuya fama y calidad de trabajo nadie se atrevería a objetar.

Bajo el techo del quiosco Lucía Sabella, en Monterrey, empezaron a tocar “Mi Matamoros querido”. Si tal canción en la voz del matamorense y su conjunto Costa Azul tiene letra y ritmo atractivo e inolvidable, con la Banda Santa Cecilia la transformación es algo de no creerse. Ellos la interpretan maravillosamente sonora. La trompeta lleva el inconfundible ritmo de la canción, mientras el corno mantiene un hipnótico bufido infinito, coordinado con la percusión de tarola y platillos. El resultado es maravilloso, de trance y delirante.

Antes de la remodelación de la Alameda de Monterrey, caminando con la sospecha de que el ayuntamiento talaría árboles en la plaza, ubiqué a la banda tomándose una foto. Entre la plática surgió la idea de grabarlos en video. Tocaron para nosotros Matamoros Querido, del Músico Chiflado; El Manisero, El Sauce y La Palma, y una interpretación libre de la música narca de El Komander.

Como recuerdo de esa tarde, hay este registro en video. Aprecien el detalle de la interpretación genial del arte original de Rigo Tovar aquí: bit.ly/1D4O5EH. Además de que la música es muy buena, tiene el añadido de que la grabación se hizo con el fondo de la desaparecida fuente de La Alameda, y en los jardines de esa plaza, eliminados con la remodelación de la misma.

Río San Juan

En la página 15 del Informe sobre la situación financiera operativa y programática de PEMEX, correspondiente al 2013 (bit.ly/1q1PAJo), la empresa reconoce que esta incumpliendo con su obligación de remediar ambientalmente los sitios afectados por derrames de hidrocarburo, y lo atribuye a una insuficiencia presupuestal, aunado al acumulamiento de sus pasivos ambientales. Ya veremos cómo evoluciona la atención al río San Juan.

Hay un asunto que vuelve dudosa la afirmación de Pemex, donde dice que el derrame hacia el Río San Juan fue por una toma clandestina atribuible a la delincuencia organizada, considerando que no hacen públicas las evidencias del dicho. Leyendo el Informe de Sustentabilidad 2013 (http://bit.ly/1xZMlMJ), donde se explican las causas de fugas y derrames, la principal corresponde a “corrosión”, con porcentajes que van desde el 76 al 96 %, durante el 2012 (pág. 121). Esa tendencia se mantiene durante el 2013.

En el mismo informe se registra que hubo un total de 1020 hectáreas afectadas por hidrocarburo, producto de 153 fugas o derrames. Este dato permite valorar la gravedad de la contaminación en el Río San Juan, ya que el derrame ocurrido en un solo sitio (Cadereyta) ha dañado hasta ahora 199 hectáreas.

Imaginemos el escenario que espera al país si se mantiene la tendencia de cientos de eventos anuales de afectación por hidrocarburo.

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