Los días de lluvia en Monterrey son un compendio de accidentes viales, calles anegadas y mentadas de madre. Son días de transitar en nuestras cabinas personales, si tenemos la suerte de contar con coche, ya que ésta tampoco es una ciudad para peatones. Uno tiene que cuidarse para no caer en un paso a desnivel inundado, o tratar de evitar un choque múltiple en los puentes de Gonzalitos.

Un lluvioso Sábado de Gloria de Semana Santa, en avenida Revolución, Sofía Villarreal, una chica del sur de Monterrey, chocó contra la tienda de vestidos que se encuentra a un costado de la vía. Se asustó, pero su mejor amiga la confortó y permaneció a su lado.

Ambas estabanbajo la lluvia, paradas en la orilla de la avenida, mirando los coches pasar. Ninguna de las dos se movió, pues esperaban a los representantes de seguros que llevarían la diligencia; este choque fue un contratiempo para la dueña del vehículo, pero para su mejor amiga, Karen Martínez, hubiera podido significar la muerte.

Karen Martínez Chapa nació el ocho de diciembre de 1990 y falleció el 12 de mayo. Tenía 22 años y dos hermanos: Félix y Melissa. Al igual que su familia, fue profundamente religiosa. Era maestra egresada de la Normal Miguel F. Martínez y trabajó en educación especial. Sus papás, Carmen Chapa y Félix Martínez, dicen que desde siempre tuvo mucho tiempo libre ya que la escuela le resultaba muy fácil, así que lo ocupaba cantando en un coro religioso llamado “Fortis” (palabra que en latín significa “fuerte”).

Si uno fisgoneara en el Ipod que dejó, encontraría de todo: desde la música popular común entra las chicas norteñas, como Pesado e Intocable, hasta canciones más propias de señoras cuarentonas y señores bohemios, como Juan Gabriel y José José. Dicen que los clásicos no pasan de moda, ni entre las generaciones más recientes. A Karen le encantaba bailar, mucho, todo el tiempo. Cuando bailaba en las bodas, cuenta su papá, “La gente olvidaba a los novios y la veía sólo a ella”.

Con la comida le pasaba un poco como con la música: engullía de todo, desde el norteño cabrito hasta las enchiladas tan propias de señoras que se juntan en el Sanborns de Morelos. Eso sí, nada de verduras…a Karen no le gustaban las verduras.

Tenía amigos, muchos. Cuando necesitó a seis de ellos, se presentaron 36: un día, de la  nada, encontró algunas bolitas en su cuerpo. Le detectaron leucemia. Para su tratamiento se necesitó una enorme cantidad de sangre. El hospital que la atendió pidió donadores y en vez del número requerido, fueron muchos más.

En ese Sábado de Gloria, donde la policía no tuvo que ir barrio por barrio multando a los que tiraran agua, porque el cielo se encargó de hacerlo, Karen se quedó auxiliando a su mejor amiga hasta que sus padres, Carmen y Félix, fueron por ella y la obligaron a irse. El doctor le había prohibido estrictamente que se mojara o enfriara, ya que la leucemia que padecía debilitaba las defensas de su cuerpo y hacía que un simple resfriado pudiese desencadenar una neumonía mortal. Ella se fue a regañadientes.

El 12 de mayo, Karen murió por complicaciones de la leucemia linfoblástica.

La leucemia linfoblástica aguda es un cáncer en la sangre que todavía no tiene explicación. Ocurre cuando el cuerpo produce demasiados linfocitos inmaduros (linfoblastos). Cuando el cuerpo está sano, los linfoblastos se originan en la médula ósea y el sistema linfático, y cuando maduran se convierten en linfocitos, los encargados de las defensas. Si se padece leucemia linfoblástica, los linfoblastos son demasiados y no maduran, lo que provoca que invadan la sangre e inflamen los tejidos linfáticos.

Esta enfermedad es común en niños y jóvenes. El porcentaje de pacientes que la superan y viven más de 50 años es de diez por ciento. Las posibilidades de sobrevivir son bajas. La leucemia linfoblástica es un cáncer de la sangre y como todo cáncer, una traición del mismo cuerpo. Es normal que quien la padezca se sienta enojado, amargado o furioso.

Susan Sontag, en Metáforas sobre la enfermedad dice que durante enfermedades como el cáncer el cuerpo se concibe como un campo de batalla; libra frente al cáncer un combate encarnizado del que con frecuencia sale vencido:“No bien se habla de Cáncer, las metáforas maestras no provienen de la economía sino del vocabulario de la guerra: no hay médico, ni paciente atento, que no sea versado en esta terminología militar, o que, por lo menos, no la conozca. Las células cancerosas invaden… colonizan zonas remotas del cuerpo… Por muy radical que sea la intervención quirúrgica, por muy vastos los reconocimientos del terreno, las remisiones son, en su mayor parte, temporarias, y el pronóstico es que la invasión tumoral continuará, o que las células dañinas se reagruparán para lanzar un nuevo ataque contra el organismo”.

Las metáforas que Karen utilizó para concebir y hablar de su enfermedad fueron todo menos bélicas. La familia asegura que la cosmogonía de Karen se basó siempre en el concepto del “amor”.

Karen se atendió en la Clínica 25 del Seguro Social, donde, contradiciendo todas las percepciones que se tiene del servicio público de salud en México, el tratamiento y la atención fueron “Algo tremendo”, de acuerdo con Félix Martínez, su papá. Enfermeras y doctores atendieron a su hija puntualmente y con sensibilidad.

Karen tuvo suerte. No siempre es así. El IMSS es una institución que por malos manejos pierde cerca del 20 o 30 por ciento de sus recursos: esto repercute en el abastecimiento  de las medicinas, la atención a personas ancianas o con padecimientos incurables, así como en la disposición de personal especializado.

El día que murió, Karen reunió a los doctores que la atendieron. Les dio las gracias y rezó con ellos. Cada quién sabe cómo enfrenta la muerte y estos rituales se vuelven indispensables para un paso que algunos tememos por incierto.

En ese último día en el hospital, su madre, la que cuidó minuciosamente que no se empapara bajo la lluvia, recibió agua en la cara: Karen todavía tuvo fuerzas para jugar a mojarla con una jeringa.

Afuera diluviaba.

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