Por Ana Villarreal

Hoy les iba a hablar del proyecto libros libres que está arrancando en Monterrey, pero me presentaron una causa que me parece urgente compartir: la ceja de Tito. Les explico. Tito es un puente de madera reciclada que se colocó sobre una banqueta destrozada por las raíces de un árbol que crece a un costado del Tecnológico de Monterrey. El propósito del pequeño puente es facilitar el paso de peatones que de otra forma tendrían que bajar a la calle. Tito ha tenido tal éxito que los arquitectos que lo ingeniaron ahora piden nuestro apoyo para colocar una ceja de concreto que extienda la banqueta rodeando el tronco sobre la calle. Algunos pensarán: “esto no es urgente”, pero permítanme demostrarles por qué sí lo es.

En 2011, Pueblo Bicicletero, gran colectivo de ciclistas de nuestra ciudad, estableció una relación muy interesante en uno de sus comunicados entre la violencia que nos sacó de las calles y otras violencias que a veces no consideramos como tales. En ese entonces escribieron: “El que alguien te eche el coche encima es una muestra de la falta de respeto por los seres humanos y por la vida… sacar a un ciclista de la calle también es violencia. Apresurar a los peatones cuando cruzan la calle, también es violencia.” Intuitivamente, Pueblo Bicicletero llegó a la misma conclusión a la que han llegado grandes teóricos de la violencia: la violencia grotesca y directa es el extremo visible de un continuo de acciones que se extienden a formas de violencia menos grotescas, menos directas, menos visibles, pero no menos importantes si consideramos que están ligadas.

Por eso es fundamental reconocer que hay violencia en la exclusión del peatón de la ciudad, en la ausencia de banquetas dignas y en la falta de respeto de automovilistas que se estacionan sobre las banquetas que tenemos. Hace poco, Indira Kempis, investigadora de la convivencia ciudadana en espacios públicos, nos dijo en Reporte Indigo: “darle prioridad a nuestros pies… crea entornos en donde los cuerpos se encuentran.” Y no sólo eso, la práctica de pedir un entorno digno para encontrarnos puede ser un camino para aprender a exigir que nuestras instituciones hagan frente a todo el continuo de retos que tenemos en Monterrey. Podemos empezar con una banqueta. Podemos empezar con Tito.

Tito, por eso me ilusionas. ¿Qué otra banqueta tiene conversaciones con cientos de peatones y seguidores en las redes sociales? Por eso entré a tu página a poner mi parte, esperando que otros se unan y se junte la suma que requieres para tu ceja. Mi única pregunta para el colectivo que te sostiene, La banqueta se respeta, es: ¿frente a quién reclaman su derecho a caminar libre y dignamente por la ciudad si piden fondos privados para realizar este proyecto? Yo admiro su trabajo y apoyo a Tito como táctica, pero creo que es esencial preguntarnos, ¿cómo hacer valer nuestro derecho a tener banquetas dignas frente al estado que tiene la responsabilidad de proveerlas? ¿Cómo pasar de la táctica que genera curiosidad e interés entre paseantes a la estrategia que plantee un proyecto de dignificación de banquetas en toda el área metropolitana?

Sigan a Tito el puente: http://www.facebook.com/titoelpuentecito

Apoyen la ceja de Tito: http://idea.me/projects/13942/la-ceja-de-tito

Comments

comments