Rogelio Rueda es el seudónimo de un hombre menudo, de cabello blanco corto, cara ovalada y amena, reloj de marca y camisa impecablemente planchada. No creo que este hombre del sector bursátil se enoje si cuento que el edificio en el que trabaja se distingue por un enorme pasillo de mármol, cuya entrada está esculpida en piedra negra. Rogelio es independiente, pero firmó un contrato con sus socios para no hablar a nombre de la empresa cuando mencione los acontecimientos de la ciudad. Lo que sí puede decir sin embargo, es que empezó haciendo su servicio social en Banamex hace muchos años, pasó por numerosos servicios bancarios y bursátiles antes de conseguir su propia oficina en una de las más altas torres del municipio más caro de Latinoamérica. Como muchos de sus congéneres norestenses, cree que Monterrey es una ciudad idónea para hacer negocios, pero es más moderado que la mayoría cuando habla de la intervención del estado en el sector bancario y de las transas de sus colegas. Sería lo que se puede llamar un banquero progresista, aunque en ocasiones tiene todavía algunos destellos de Montesquieu. En un día de poca actividad económica, cuando cumple años la recepcionista de su pequeña firma, entre dos juntas acepta hablar del distanciamiento de los empresarios con la sociedad regiomontana y de la necedad del sector bancario para ajustarse a la realidad del mercado.

P.- ¿Por qué Monterrey es un lugar idóneo para hacer negocios?

R.-La gente de aquí siempre se ha caracterizado por ser muy trabajadora, se levanta temprano para ir a jalar. Somos personas muy emprendedoras. A diferencia del sur, donde las condiciones de vida son menos difíciles y han hecho que la población no fomente esta cultura del trabajo que tanto valoramos aquí. La cercanía con Estados Unidos es evidentemente otro factor. La fortaleza del sector empresarial frente al Estado, que es una característica que no se ha visto en otros estados de la República, fue quizá el tercer factor histórico para hacer que esta se transformara en una ciudad de negocios. Claro que hace algunos años era mucho más fácil obtener préstamos de los banqueros. Por allí de los 70, cuando Banorte aún era el Banco Mercantil del Norte, tú podías ir como persona física a pedir crédito para emprender algún proyecto y tan sólo se fiaban en tu palabra. Pero cuando comenzaron las fuertes crisis y otras devaluaciones, el sector bancario comenzó a desarrollar una serie de candados que se acentuaron con la globalización de la banca y la entrada de la banca extranjera. Ahora es mucho más difícil obtener fondos y poder crear nuevos proyectos en la ciudad. Pero la fama se queda. Monterrey sigue siendo un centro mercantil.

P.- Ha cambiado entonces, ¿hay una separación entre el sector empresa- rial de la ciudad y la sociedad civil?

R.-Sí, como te comentaba, desde que se expropia la banca comienza a desaparecer esa especie de comunión entre la ciudadanía y los banqueros. Los requisitos se vuelven muy exagerados y varias de las bancas internacionales velan por los intereses de sus accionarios y de sus matrices en su país de origen, antes que por los del país en el que se imponen. Si quieres crear un proyecto hoy, se tardan meses en darte una respuesta, el sistema se ha deshumanizado mucho. Además, estamos hablando de una ciudad en la que los empresarios estuvieron muy ligados a la ciudadanía, se opusieron al gobierno en algunas ocasiones y se apoyaron para eso en la sociedad civil, que cuidaron y mimaron por lo mismo. Una ciudad donde los empresarios eran queridos por la gente porque traían beneficios a Monterrey. Pero ahora tenemos a una generación de juniors que no han tenido que luchar para obtener lo que quieren, que no conocen el valor del esfuerzo y ya no aportan demasiado a la ciudad. Hay de todo y algunos de los jóvenes que operan las compañías de hoy son muy valiosos, pero muchos han sido educados en el extranjero y no le tienen apego a Monterrey. Además, los industriales se han visto muy débiles frente al poder político en estos últimos años, en particular durante la ola de violencia. La gente está enojada, no entiende por qué no presionan para que se haga algo en la ciudad. Se desentienden del problema.

P.- Hablando de la violencia, ¿qué tanto ha impactado a este sector?

R.-Hubo una migración hacia Estados Unidos en particular, es indudable, pero no creo que sea tan fuerte como se estimó. Varios empresarios se fueron por el miedo a ser agredidos físicamente y otros por el temor a que se devalúe cualquier inversión en Nuevo León. Sí conozco gente que vendió sus empresas para hacerse de un capital e irse al extranjero, pero te digo algo, varios de ellos ya están regresando. En parte porque no se lograron adaptar a otro cuadro de vida que el regio y en parte porque está mejorando la situación en la ciudad. Otra realidad es que la geografía de la urbe quedó muy marcada en ese sentido, la mayoría de los ricos de las colonias Cumbres, Contry u otras aledañas se vinieron a vivir para San Pedro, por motivos de seguridad, y se ve difícil que vayan a regresar a sus lugares de origen. Eso fomenta también que haya un nuevo distanciamiento entre la población civil y la parte más rica de la ciudadanía que ahora se refugia en una zona en particular. Pero las ventajas son reales; yo soy presidente de mi cuadra y sí he visto que, por ejemplo, el tiempo de reacción de la policía es mucho menor aquí que en otros municipios. Puedo salir de noche y correr en el parque sin ningún temor. Son pocos los lugares del noreste donde se puede hacer esto aún. Sin embargo, esto puede participar en aumentar el enojo de la ciudadanía respecto al sector industrial. Parece que se están apartando del problema. ¿Por qué? Pues supongo que algún acuerdo turbio debe haber. La crisis de 2009 es otro factor que ha afectado fuertemente a la ciudad en los últimos años. Mucha gente está batallando todavía, desde la señora que vivía de los intereses hasta los grandes empresarios a los que les cuesta conseguir préstamos. Muchos cayeron en defaults, por lo que las bancas empezaron a ejercer sus dere- chos y a estrangularlos.

P.- Hablabas del sangrado del sector bancario a la ciudadanía, ¿cómo funciona en Nuevo León?

R.-Pues te preguntas, ¿cómo es posible que si inviertes tu dinero en una banca te paguen alrededor de 4 por ciento de intereses, cuando te cobran más de 20 si tratas de sacar un crédito? En el crédito de consumo es peor, ya que los principales bancos te cobran tasas de interés arriba del 60 por ciento e incluso ciertas tiendas comerciales los suben al 100 por ciento. Así que si le das una tarjeta a una persona que no sabe administrarse, la matas. Funcionan con tu dinero pero te timan. Los bancos españoles, BBVA por ejemplo, cobran menos en sus países de origen que en México, porque están en crisis allá y todas las utilidades de acá van hacia ese país. Hay una falta de regulación de la banca en este país, no está funcionando el sistema de competencia entre empresas para bajar los créditos a un nivel asequible para la ciudadanía. Si me preguntas si se ponen de acuerdo para no bajar los precios, te diré que sí. ¿Lo puedo demostrar? Pues no. Pero la “mano-cadena” es poderosa, no se deja regular por el Banco Central de México. En esta dirección, podría ser que la reforma financiera que se viene cambie algo en un sentido favorable al inversionista, a la persona física. En estos momentos hacen negocios con tu dinero, porque a la banca la mantienen los clientes y las empresas, pero no se lo retribuyen a la ciudadanía, les imponen tasas de intereses altísimos. Además de que tienen muchos conflictos de intereses con sus accionarios. Yo fui vendedor durante mucho tiempo y te piden que a fuerza coloques algunos productos que le convengan a la banca. No lo digo porque soy independiente ahora, pero creo que es más conveniente ir con una firma independiente que con una banca si vas a realizar inversiones –aunque sean pequeñas- en estos momentos. A los independientes les pagas una comisión y al banco no, pero lo que no sabes es que el banco se la cobra durante las transacciones. En Nuevo León hubo un problema fuerte de hipotecas no pagadas, casas embargadas y otros. En Estados Unidos, para reactivar el consumo, bajaron las tasas de intereses al cliente, pero también las tasas de préstamo, las redujeron del dos al cinco por ciento para que la gente pre- fiera invertir su dinero en un negocio y reactivara la economía en lugar de conservarlo. En México se bajaron los intereses pero no redujeron el crédito….hay un pro- blema. Aunque a diferencia de la banca, se puede decir que las hipotecarias locales sí hicieron un buen trabajo en estos años, pero los requisitos para que te presten si- guen siendo muy complejos y la mayoría de los ciudadanos mexicanos tienen califi- caciones negativas en los burós de crédito. Así no obtienes nada.

P.- Entonces, ¿estás a favor de una regulación de la banca por el Estado?

R.-Creo que la reforma financiera va a aportar mejoras en esta desregulación de la banca, pero los bancos tienen que mantener su independencia. Los bancos españoles son fuertes porque son muy libres, pero sirven a la ciudadanía. Sin embargo, hay medios de control, cuando una empresa grande entra a la bolsa por ejemplo, que quiere emitir deuda, tiene que hacer pública gran parte de su información y cumplir numerosos requisitos de transparencia, dar reportes en ciertas fechas y abrir un área de relación a los inversionistas donde a fuerza te toman la llamada. Si estamos hablando de pequeñas empresas ya es muy diferente. Son empresas privadas, es como si alguien viniese a preguntarte por tu estado de cuenta, yo no estoy a favor de que se les obligue. En cuanto a la relación con proveedores, compradores o personas relacionadas con la firma, ya es más complejo, porque depende de la buena voluntad del dueño de la compañía, de lo que logren acordar. No están obligadas a mostrar casi nada.

P.-¿Y que hay de Cadereyta y Santiago?

R.-En estos momentos los dos lugares no tienen demasiada relevancia en el panorama económico regional, debido principalmente a la inseguridad. Uno de mis principales clientes es de Cadereyta, tiene un negocio allá, pero no vive en ese municipio. Ni en Santiago. Puede haber empresas fuertes, como Pemex, pero la violencia hace complicado que los inversionistas se les aproximen.

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