De plano ya no nos gustó llegar por la última bebida al Fantasma de Villagrán, a la vuelta de la casa. Poco practicamos el billar. En la penumbra del Fantasma, los muros pintados de negro, azulejos como domino. Nos asfixia. Traemos batería de sobra.

Pasamos el jueves de marcha en El Barrio Antiguo: Antropolis, Mac Mullen, La Tumba, Café Iguana y Salón Morelos. Ya bailamos lo rupestre de Arturo Meza, lo grunge de Nirvana, lo villero de Damas Gratis, la murga de Bersuit Vergarabat, el nacionalismo a ultranza de los Caifanes.

Al “Sabis”, dice con rostro divertido mi esposa, refiriéndose al Sabino Gordo. Nos acompañan dos cómplices norteños: Erich Moncada, sonorense integrante del colectivo Radio Bemba. El otro, el poeta y periodista regiomontano, Josué Gabriel Montemayor, avecindado en la progresista ciudad texana de Dallas.

Sí algo hay común en toda la frontera norte de México: la singular manía por consumir incontables litros de cerveza helada. Pareciera consigna. Terminar por agotamiento las reservas probadas de los toneles secretos de la Cervecería Cuauhtémoc.

Lo he constatado en Sonora, Coahuila y en Tamaulipas, aún no en Tijuana o Juárez. El encanto del Sabino son sus parroquianos, los del grupo Versátil, los norteños y la banda sinaloense, arriba del escenario complaciendo a la siempre voraz audiencia.

Las ficheras, siempre sonriendo, un pasito para acá uno para allá; los meseros, gandallas profesionales de quien se deje. Hasta los de intendencia, con el trapeador siempre húmedo, despejando los charcos, secando el vapor del baile. El sitio, abierto las 24 horas del día. Parada obligatoria para quienes no queremos irnos a dormir.

Caminamos hasta el fondo, el mesero nos cierra el camino. “¿Mesa para cuatro?”, asentimos. Levanta las botellas vacías de cerveza, los caballitos de tequila, provocadores de locura. “Ensíllense”, nos dice. Sonríe mientras continua fregando con el trapo rojo, bastante oloroso a aromatizante lavanda, mientras pule la formica de la mesa. Lleva gafete: Juan 23. Todas las esquinas del mundo se parecen.

Pedimos cuatro Superior. Es la más económica de todas las ofrecidas en el establecimiento. Entrados en consumo lo importante es ahorrar, no desfondarse.

Erich, diáfano, mueve los pies, bien clavado en su sitio. Gabo, el más aventado, se lanza a la pista. Encuentra a la chica ideal para continuar la hazaña. Tres piezas y dos cervezas después regresa a la mesa.

Nos confiesa el nombre de la afortunada: 16 años, cuatro meses de embarazo. “Vaya si eres rápido”, le digo, sólo por el gusto de hacerlo enfadar. No lo logro.

Juan 23, minotauro efervescente circula por entre el laberinto. Nuestro vecino ha caído vencido por el sueño y la bebida a medio consumir.

Con agilidad y soltura, Juan 23 desliza el trapo por encima del cuello de nuestro vecino. El movimiento firme, rutina de Andobas, personaje de la serie televisiva Los Polivoces, apenas lo roza. Despierta sobresaltado. Reímos cómplices y crueles, los cuatro. El alcohol nos dilata el entendimiento y nos convierte en hermanos. Ríe nuestro mesero, Juan 23. Su rostro juvenil y cachetón.

En el transcurso de la madrugada le vemos ofrecer la rutina varias ocasiones, con el mismo resultado, con tan diversos parroquianos. Las alegres notas de inspiración, del tololoche, el bajosexto y la tarola, adicionadas por agua, malta y cebada.

Abandonamos el lugar al alba, cuando despertó asustado el vecino de mesa, soltando una maldición. Seguramente en casa lo esperan. Salimos contentos y conversadores, caminamos las cinco cuadras de distancia. Nos calzamos los lentes oscuros y dormimos gran parte del día.

Al Sabino Gordo volvimos tres o cuatro veces más, sólo mi esposa y yo, después de visitar religiosamente El Barrio Antiguo. La última vez saludé a Juan 23. Seguía con el show del trapo. Luego, al visitar el sanitario, me incomodó la insistencia del dealer para venderme una grapa de cocaína.

Sólo buscamos la última cerveza, antes de ir a casa a dormir. Ese fue el Sabino Gordo de Juan 23 para nosotros. El paso intermedio en la noche de una ciudad a medio construir.

Comments

comments