Año 1967. El anunciador presentó, sin más preámbulos, a Janis Joplin y a Big Brother and the Holding Company. El guitarrista James Gurley volteó a ver al bataco David Getz ,y a la señal de tres, Janis tomó el micrófono y arrancaron con “Down of me”, del disco debut del grupo. Al terminar su set, le dijeron al grupo que no habían filmado su actuación, por lo que les pidieron que tocaran al día siguiente. Sin problema, aceptaron y se reventaron “Combination of the Two”, y Janis dejó a la audiencia boquiabierta con una versión del emblemático blues de Big Mama Thorton, “Ball and Chain”; hasta Mama Cass, vocalista de The Mamas and the Papas, la miraba embelesada, emocionada, conmovida, así como yo, cuando la veo cantar gracias al maravilloso Internet.


Así era mi Janis: apantallaba donde quiera que se presentaba. Aunque duela decir que en el escenario hacía el amor con 25 mil personas, Janis Joplin siempre volvía sola a casa.


Nació en 1943, en Oort Arthur, localidad de Texas, con el nombre de Janis Lyn Joplin. De pequeña sufría mucho, le decían que era el “niño más feo de la escuela”. ¿Quién iba a pensar que esa rebelde chica se convertiría en un símbolo femenino de la contracultura de los 60?


Y como siempre sucede, los jefes quieren que uno se vaya por el camino del bien. Su padre Seth trabajaba en una refinería, y su madre Dorothy cantaba en el instituto donde querían que Janis fuera maestra. Pero nel pastel. La chica, en vez de dedicarse a la docencia se dedicó de lleno a la indecencia. De inmediato se tiñó el pelo de naranja y se unió a una pandilla de jóvenes radicales. Desde un principió rechazó el racismo (¡bien por ella!). Siempre se metía en broncas por ser “amiga de los negros”. Por eso frecuentaba mucho los bares de Louisiana, donde su interés por el blues y el jazz comenzó a manifestarse, y eso hizo que comenzara a cantar a los 17 años.


Hizo su primera grabación cuando estudiaba en la Universidad de Texas, luego comenzó a cantar en forma regular en los bares que por su notorio estilo vocal. Luego luego la descubrieron, y en 1963, la ciudad de San Francisco conoció el talento de Janis Joplin, y ella a su vez conoció la droga que la hizo decaer un leve. Al darse cuenta que la estaba regando, prometió a sus papás que volvería a sus estudios, y hasta les dijo que había conocido a un chavo con el que se casaría, pero al no concretarse esto, quedó marcada su inseguridad afectiva y su sentimiento de soledad.


Luego, para fortuna de todos nosotros, volvió a la música. Regresó a San Francisco, y ahí fue donde se unió a Big Brother and the Holding Company, logrando una combinación perfecta. Con ellos grabó dos discos: el del debut y el fantástico (tanto en la portada como en el contenido musical): Cheap Trhills, el cual fue un trancazo en venta… Eso me hace recordar que cuando era morro, en el camino de la escuela a la casa, pasaba por una tienda de discos que estaba en mi barrio y ahí lo tenían en LP. Era como una tira cómica, dibujada por Robert Crumb, quien encantado les hizo la portada. Mis visitas a la tienda eran muy habituales, y me prometí que de mis domingos me compraría el disco, pero cuando tuve la feria, alguien ya lo había comprado. Fue como si me hubieran arrancado un pedazo de mi corazón… Pero bueno, luego nos ocupamos del disco, porque tiene mucha tela de donde cortar. Enfoquémonos en la historia.

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Janis amaba la libertad creativa en el escenario. Recibía muy buenas críticas, y la atención siempre se centraba en ella (obvio) actuando en festivales, haciendo giras y alternado con grandes como Jimi Hendrix, Jefferson Airplane (se hizo amiga intima de la guapa Grace Slick), Canned Heat, The Who, The Mamas and the Papas y The Birds. Siempre fue respetada y amada por sus colegas, y aunque la banda aportaba mucho, la Janis era la que brillaba y los opacaba. Así que le propusieron dejarlos y se integró a otro grupo: Kozmic Blues Band, pero sonaban bien distinto a lo que hacía antes. Su sonido era muy exagerado, con trompetas y coros, y eso ya no gustó a la gente.

Janis comenzó a hablar de su vida privada y de sus sentimientos en las entrevistas. Cada vez se deprimía mas, ya que los hombres que conocía estaban más interesados en su fama, en su dinero, pero nunca en ella en sí. Hasta sus papás le dieron la espalda. “Ojalá no hubieras nacido”, le dijeron. Así que le empezó a entrar duro a las drogas y al alcohol; inconscientemente se había convertido en un símbolo de fuerza y rebeldía para muchas mujeres de su época.

Y ahí empezó la bajada de la diva. En agosto de 1970, mientras se encontraba grabando el disco Pearl, se alojaba en un hotel de Los Ángeles. Al parecer había encontrado el verdadero amor; su vida laboral y sentimental caminaban en buena dirección. Entoncs se enteró de la muerte de Jimi Hendrix, el 18 de septiembre.

Joplin se cuestionó: “¿Qué pasaría si yo muriera…? ¿Hablarían de mí tanto como de Jimi? ¡Ja, ja!”. Hasta bromeó con la posibilidad de que el mundo perdiera a dos superestrellas el mismo año, pero el baladista Kris Kristofferson la alivianó mostrándole el lado luminoso de su vida. Le dijo que lo tenía todo: un público que la adoraba y un chavo que la quería; había retomado su carrera en forma exitosa, haciéndole ver que en el medio musical había gente que no tenía ni lo uno ni lo otro. A lo que Janis Joplin respondió con un lacónico: “Kris… ¿cuánto vale realmente todo eso?”.


Pero aquel morro del cual Janis estaba terriblemente enamorada le jugaba mal. La engañaba a la primera oportunidad, y siempre la dejaba plantada. Hasta hablaban de casarse en México, pero como todos los otros, el tipo quería el dinero y no a Janis. Había gente cercana que la amaba y le aconsejaba que lo dejara y que abandonara la idea de la boda. Así que, como este sujeto no la veía tan seguido, ella empezó a sentir la necesidad de estar con él; sufría una dependencia enorme y deseaba que su hombre pasara más tiempo con ella. El detonante fue que un día, cuando ambos fueron de compras, discutieron fuertemente por el dinero de la artista. Joplin, disgustada, se marchó llorando al hotel. Esa sería la última vez que la pareja se vería.


La tarde del sábado 3 de octubre, Janis acudió al estudio de grabación y quedó encantada con la parte musical del tema “Buried Alive in the Blues”. Al día siguiente grabaría la parte vocal. Pero dicho tema se quedó así, instrumental, como aparece en el álbum póstumo Peral. En la tarde, saliendo del estudio, Janis y algunos miembros de la banda se fueron a un bar, y a las 12 la cantante regresó a su habitación. Para variar, volvió a discutir por teléfono con su novio. Estaba sola y no tenía a nadie cerca. Su único entretenimiento de esa noche fue una buena dosis de heroína. Dicen que aquella madrugada el conserje del edificio alcanzó a verla comprando unos cigarros y que Janis hasta le platicó sobre el disco que estaba grabando. Después regresó a su cuarto, sin siquiera abrir el paquete de cigarros, y ahí se desplomó.


Como no se presentó a grabar la parte vocal de la canción y su porsche psicodélico todavía estaba estacionado en la puerta del hotel, esos fueron los indicios de que algo no andaba bien. Una vez que la encontraron, el médico forense aseguró que la muerte fue accidental, como consecuencia de una sobredosis de la heroína de alta pureza que Joplin había consumido. Como dato histórico e histérico, esa misma noche también fallecieron otras ocho personas que compraron heroína del mismo proveedor.

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Janis Joplin nunca llegó a sentirse feliz. Desde pequeña se sintió sola, acomplejada y siempre buscaba ser querida. Su voz desgarrada sólo era una muestra del estado en el que se encontraba su corazón. La noche en que murió estuvo acompañada por quien más temía: la soledad.

 Por Alex Fulanowsky

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