Abre Google y teclea “Leche La Perla Monterrey”. Con la información que encuentres no podrás hacer un documental interesante pues la función búsqueda web te arrojará sólo la siguiente dirección: “Magnolia 1979 Ote, Moderna, Monterrey, Nuevo León México (64550)”, así como dos teléfonos de ventas. Si los marcas, una voz amable te dirá que no existen.

Si después de eso sigues terco en gastarte el dinero de la beca que te dieron para hacer el documental, pero tu información nomás no es interesante, busca a tus abuelos o padres y diles te cuenten más sobre La Perla. Si tienes suerte, en el álbum familiar encontrarás una fotografía de cuando eras niño: estás bebiendo de la botella Pure Pack ® con fondo blanco y logotipo rojo formado por una concha de mar con su perla adentro y la leyenda “Leche Pasteurizada Pura de Vaca”. Eso te permitirá tener un punto de partida para contar la historia.

La capital de nuestro estado nos presenta una gran variedad de temas para hacer proyectos literarios y cinematográficos, pero los medios de comunicación, la mayoría de las veces, sólo nos permiten informarnos sobre tráfico, clima o partidos de futbol, y son cada vez más los espacios dedicados a la superación personal o programas de “revista”. Las historias que formaron nuestra ciudad parecen olvidadas, incluso por los canales culturales de televisión local, que ceden los espacios a programas de entretenimiento y de payasos. A pesar de eso, todavía se pueden encontrar temas.

En la colonia Moderna existía una lechería llamada La Perla, pero hace tiempo que se encuentra en huelga. Eso, definitivamente es tema para un documental. Las banderas rojinegras adornan la fachada de lo que fue una próspera empresa regiomontana, ícono del barrio pujante que se abría espacio entre casas y demás negocios locales. Es común ver en las afueras de esta lechería a pocos trabajadores que siguen cumpliendo su turno. Van a las horas y siguen en espera de que el abogado defensor les cumpla lo prometido: la indemnización.

En una caminata por la colonia conocí a esos trabajadores. Aunque renuentes en un principio, aceptaron que los visitara para charlar con ellos y encontrar la forma de hacer el documental: una lechería en huelga en el Estado del Progreso (Nuevo León), un estado sin huelgas. Sería un trancazo para un Festival de Cine Documental como Ambulante y entonces yo podría seguir ejerciendo mi profesión de periodista y voyeur profesional. Incluso podría contar con apoyo de alguna instancia gubernamental, o mínimo el tema les interesaría a Gael García y Diego Luna, quienes me comenzarían a seguir en Twitter. Pensé eso y muchas otras cosas. Las condiciones de los trabajadores de La Perla que cumplen el reglamento en horarios de entrada y salida y que siguen presentándose, incluso enfermos y pidiendo prestado para el camión, me permitirían registrar un verdadero drama de la vida real; fueron varias las noches en que me desvelé aterrizando el abstract que me permitiría conseguir un productor ejecutivo interesado. Sin embargo, la ansiedad me ganó y decidí, sin apoyo, lanzarme con cámara en hombro a charlar con ellos. Antes tomé algunas fotografías e hice un estimado del costo de producción. El tema me latía mucho. Lo había rebotado con dos amigos que le vieron posibilidades. Recién acababa de pagar mi coche y la factura ya a mi nombre me permitía venderlo para realizar la película. Mi película llamada La Perla.

Fueron varias las visitas. Conseguí material suficiente para elaborar un tráiler fake que ayudara a encontrar un productor interesado. Las charlas con los ex trabajadores se volvían complicadas, pues ellos tenían miedo que si el documental generaba molestias con los dueños de la empresa, estos no les darían la compensación que buscaban. “El abogado nos recomendó ya no hablar con usted, joven” fue lo que me dijo uno de los señores que interrumpía su plática para toser y escupir pues una enfermedad en tratamiento lo afectaba. “Aun con enfermedad sigo aquí” agregó.

Frente a la fábrica que, debo decir, está envuelta por ese misticismo que otorga el abandono, vive un señor que conoce la historia completa de la empresa lechera. Él llegó primero a vivir a la calle Magnolia y tiene fotos de la inauguración y es también conocido por ahora apoyar a los ex trabajadores al darles agua, charlar con ellos y aceptar entrevistas con documentalistas primerizos como yo.

Seguí con el proyecto hasta que una charla larga y tendida con uno de los ex trabajadores me orilló a desistir. Era mucho el miedo que los trabajadores tenían, así que decidí esperar la resolución de su juicio y también a publicar esta pequeña historia que sirva para encontrar un productor interesado.

Informes para el documental en elgatoraro@gmail.com y el celular personal 8110633678

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