Con toda seguridad, los volantes impresos circularon de mano en mano por toda Guadalajara. No era para menos. ¡El Hombre Mosca llegaría a esta disque “noble y leal”! Lo anterior ocurrió a finales del mes de abril del año 1922 y, tan inusitado espectáculo anunciado en aquellos impresos, contaba con el patrocinio de la afamada tabaquera El Buen Tono, empresa entonces modelo en su género, por lo cual no tenía empacho en declarar en forma pública su capital social de $10 millones de pesos; siendo además muy conocida como fabricante de las marcas de cigarrillos más publicitadas por distintos medios a nivel nacional, entre ellos: un dirigible aerostático, las tiras cómicas de Ranilla, cuadrillas de “hombres sándwich” y de “cigarreras cantineras”, litografías de alta calidad artística, una radiodifusora propia e, incluso, un lujoso carruaje tirado por caballos que utilizaba en los desfiles presidenciales.

Fue en las postrimerías del siglo xix cuando las distintas marcas de El Buen Tono llegaron a Guadalajara. Entre ellas y en distintas épocas se pueden mencionar algunas de gran éxito: Capitana, Mascotas, Granaderos, Congresistas, Gardenias, Margaritas, Flores de Arroz, Chorritos, Superiores, El Ideal, Alfonso xiii y Canela Pura. Para los años 20, los distribuidores locales de esa cigarrera eran los conocidos hermanos Aceves, quienes tuvieron sus oficinas en la calle Morelos.

Con semejante respaldo comercial, la expectación para admirar las acrobacias del Hombre Mosca tuvo que ser enorme. La fama de Babe White, nombre artístico del acróbata irlandés de 30 años que realizaba escalamientos a manos libres en edificios públicos, venía precedida no sólo por haber llegado en 1916 a la cúspide de los 73 pisos del Woolworth Building en New York o, en esa misma urbe, por trepar los 47 de la Singer Tower; sino por el hecho de recién haber escalado una torre de la Catedral Metropolitana y la fachada del Hotel Regis, en la entonces Ciudad de México, D. F.; lugar donde arribó después de cruzar la frontera BrownsvilleMatamoros en el mes de marzo, realizando luego un recorrido por distintas ciudades del norte y el centro del país como Monterrey, Linares, Victoria, Tampico, San Luis Potosí, Querétaro e Irapuato.

De su escalada a la catedral defeña, las imágenes publicadas por El Universal Ilustrado no dejan lugar a dudas. En ellas, la plancha del Zócalo luce abarrotada con más de 60 mil espectadores, cifra que luego confirmaría aquí el propio Babe White, al estimar aquella presentación como la que mayor cantidad de espectadores reunió en torno a alguna de sus ascensiones.

En Guadalajara, la intención original del acróbata era realizar un acto de escalamiento semejante en las afiladas torres de la catedral tapatía. Tal hazaña, programada para el primero de mayo, no pudo realizarse en esa fecha, ni en ninguna otra.

Babe White argumentó al respecto las inestables condiciones materiales de la edificación, especialmente en caso del enjarre, el cual, “en el ultimo cuerpo de las torres, se encuentra sumamente flojo, al grado de que él mismo, al intentar asirse de la pared, arrancó sin dificultad alguna varios de esos ladrillos”.

Ante tal situación, al Hombre Mosca no le quedó más remedio que aplicar un emergente plan B, seleccionando el hoy demolido edificio del aristócrata Hotel San Francis, en la esquina de Colón y Prisciliano Sánchez, frente al también extinto jardín Corona.

Así, haciendo honor a nuestra conocida fama de borloteros, desde las dos de la tarde del miércoles tres de mayo, frente al Hotel San Francis se comenzaron a aglutinar cerca de 25 mil mirones y un correspondiente “piquete de policías” encargados de controlar a tal multitud.

Mientras tanto el acróbata, en una habitación de ese hotel y acompañado por Blanche Douglas, su inseparable secretaria y traductora, se preparaba para vestir las blancas prendas que utilizaría en su esperado escalamiento. No faltaron los previos ejercicios de calentamiento muscular, según las crónicas correspondientes señalan, mismas que además narran como el Hombre Mosca, por la parte interior del hotel, primero subió a la azotea del edificio para saludar a los espectadores y arrojar desde ahí volantes conteniendo publicidad de su patrocinador.

Iniciado su acto, nadie de los presentes despegó la vista de la figura que en forma lenta iba subiendo uno a uno, asido sólo con manos y pies, los cinco pisos de aquella elegante fachada abundante en balcones y balaustradas.

La expectación del público no pocas veces estuvo rebasada por la sensación de angustia ante un posible accidente fatal, ya que el sudoroso Babe White acostumbraba acompañar sus ascensos con la realización de algunas figuras acrobáticas en las que él era experto desde niño.

Así, de las gargantas de quienes lo observaban surgían los gritos aterrados al verlo en las alturas sujeto, en algún barandal o saliente, con sólo uno de sus brazos. Y no se diga cuando el ejecutaba alguna falsa caída, lo que obligaba a muchas mujeres, principalmente, a cerrar los ojos y exclamar el espantado alarido de “¡Jesús, bendito!”.

Llegado sano y salvo a la azotea, los aplausos para el escalador no se dejaron esperar. Pero todavía faltaba el pilón final, porque haciendo gala de su enorme valor, utilizando una fuerte cuerda atada a su rodilla, aquel hombre se dejó caer al vacío, ante el asombro total de tan inesperado cierre de actuación. El éxito de aquella primera presentación propició que hubiera una segunda, realizada al día siguiente en el mismo lugar y ante un número mayor de asistentes.

En total, los escalamientos del Hombre Mosca en tierras jaliscienses fueron seis, las dos iníciales en el Hotel San Francis, continuadas día después con dos realizadas en la fachada del bellísimo y hoy también extinto Cine Lux, frente a la antigua Plazuela de la Catedral; y, finalmente, el realizado en la fachada de El Famoso 33, Pedro Moreno y Maestranza, donde Babe White bajo el patrocinio de tan conocida tienda anunciaría desde la azotea la “verdadera y escandalosa barata” de ese establecimiento comercial.

Aunque en realidad, el acto más espectacular realizado por el escalador fue el quinto y no ocurrió en Guadalajara, sino en territorio zapopano, lugar hasta donde el acróbata fue, “contratado especialmente por la Compañía Hidroeléctrica e Irrigadora de Chapala, S. A.”, para ascender por una de las altas torres de la Basílica de la ex villa maicera; con decir que ese día hasta hubo servicio especial de tranvías a Zapopan, resulta casi innecesario mencionar que una verdadera multitud de espectadores abarrotó por completo el atrio del recinto religioso, a fin de no perder detalle de las equilibristas maniobras con las que Babe White llegó hasta la cúpula de la torre donde, no conforme con eso, trepó enseguida hasta lo más alto de la cruz que sirve de remate para desde ahí, con absoluto dominio técnico, dar en el aire una temeraria y asombrosa machincuepa.

Alrededor de un total de quince días duró la estancia en Guadalajara de Babe White y su acompañante Blanche Douglas. A mediados del mes de mayo ellos partieron rumbo a los estados de Tlaxcala, Puebla y Veracruz.

Al año siguiente, Harold Lloyd estrenaría mundialmente su reconocida película muda El Hombre Mosca (Safety Live!), considerada un film clásico, del que todos recordamos la famosa escena donde el cómico cuelga en el vacío agarrado de las manecillas del reloj en un alto edificio. Película inspirada por cierto en los ascensos realizados por el verdadero Hombre Mosca: aquel Babe White que en 1922 anduvo en las alturas de Tapatilandia.

Por su parte, la cigarrera El Buen Tono desapareció un buen día de 1961 para pasar a formar parte de la compañía Tabacalera Mexicana, luego convertida ésta en Cigatam y ser parte del emporio Carson, propiedad de Carlos Slim, quien finalmente la vendería a la firma internacional Phillip Morris.

Por Carmen Libertad Vera

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