¿Está a la baja el mundo de los negocios esotéricos?

Por Mariana Treviño y José Ignacio Hipólito

Ilustración por Haydeé Villarreal

En la acera frente al olvidado Mercado del Norte y el menudo Don Santos, entre restaurantes, carnicerías y un olor a carne putrefacta, destaca el gran local de la Hierbería La Única, con sus paredes en color verde pistache y los muchísimos productos que se asoman entre sus ventanas. Ya van más de tres generaciones que desde hace mucho tiempo se han dedicado a mantener el negocio a través de los años, las malas temporadas y el cada vez mayor escepticismo respecto a la tradición médico-religiosa y al mundo mágico-esotérico.

La Única recibe a sus clientes con un mono de peluche que cuelga de un columpio sobre la entrada del lugar; también con múltiples leyendas, entre las que se puede leer: “Este 2013, todo para su nacimiento, precios de mayoreo desde una pieza. Niño Dios con ojo alemán, ojo rayado o pestaña natural…” o “Talismanes de las 9 potencias universales, éxito y triunfo en todo lo que emprenda”.

Desde la calle y a través de las vitrinas se pueden apreciar artículos empolvados y un gran surtido de hierbas y plantas medicinales; dijes de diversas formas y símbolos, figuras de marfil bien preparadas, medallas de santos y los famosos jabones para “baños de despojo” que se utilizan en las limpias: desde el poderoso despojo Ekeko, hasta el despojo del don Juan del dinero. Más otros símbolos de los libros apócrifos del cristianismo y de la cábala judía. Un sincretismo peculiar: las medallas del Tetragrámaton y de San Judas Tadeo a lado de las de la Santa Muerte.

El negocio inició cuando doña María emigró a Monterrey en tiempos postrevolucionarios y por consejo de un primo probó suerte abriendo la hierbería. Así, con conocimientos muy básicos sobre plantas y semillas medicinales, La Única fue tomando la forma que hoy en día mantiene. Actualmente el local es atendido por la familia de doña María y por su nieto Firiberto, quien con una sonrisa y un vasto conocimiento en los artículos espirituales de la tienda se ocupa de cada una de las dudas de los clientes. Ni siquiera su educación científica que recibió en la carrera de químico biólogo parasitólogo de la UANL disminuyó su interés y su dedicación por la magia y el esoterismo.

Según Firiberto, entre los productos más vendidos están los inciensos de copal en varias presentaciones, las imágenes religiosas y los amuletos o protecciones. “¿A cuánto la medallita de San Benito?”, preguntan los clientes de vez en vez para llevar consigo en el monedero o en una pulsera la imagen del santo patrono de los exorcismos.

Además de las patas de conejo, los productos naturistas y los medicamentos homeopáticos, La Única también vende una interesante selección de libros, desde versiones del Talmud de las diez sefirot y el Árbol de la Vida, hasta manuales de ocultismo y de prácticas rituales.

Firiberto reconoce que el futuro del negocio es cada vez más incierto y que ya menos gente se acerca a La Única. Dice que las mejores temporadas corresponden al invierno y a las fiestas decembrinas porque los borreguitos de la suerte o los amuletos para protegerse ante las adversidades y la incertidumbre del año nuevo se venden bastante; no obstante, él y su familia pasan los días detrás del mostrador anhelando la visita de algún cliente o curioso que se sienta atraído por el mundo espiritual en cualquiera de sus manifestaciones.

Como si fuera una regla general, cada vez que un cliente sale de la tienda, Firiberto se despide diciendo “Que Dios te bendiga…”.

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