Por Ludivina Velázquez Aquino

Diego Osorno es un escritor, director, guionista y periodista que dedica parte de su tiempo a la crónica. Nació en la ciudad de Monterrey en 1980, según registros existentes. Entre las obras que ha escrito hasta el momento se encuentra Contra Estados Unidos. Crónicas desamparadas, libro que se caracteriza por contener en sus páginas historias reales de víctimas, que narran de viva voz la violencia que desató la guerra contra el narcotráfico en México a partir de los años 70.


La guerra contra las drogas en Estados Unidos fue diseñada por Richard Nixón, que tenía como objetivo controlar y criminalizar a las comunidades afroamericanas, más allá de combatir los problemas reales e inmediatos de la droga que germinaba y se desarrollaba en la sociedad americana.


El planteamiento central del libro es la relación que existe entre dos sistemas que obedecen a las leyes de mercado y del consumo, no a las del código penal: el narco y la guerra. El tráfico de drogas está ligado al concepto de mercancía, mercado, producción, distribución, compra y venta, ideas que circulan en otro concepto llamado Estado, que visto desde su estructura de poder y en su marco de legalidad trata de combatir a través de la guerra esa dinámica ilegal del comercio de las drogas, pero se alimenta y vive de ella.


Las consecuencias de esta guerra son justamente todo aquello lo que denuncian las víctimas de la batalla contra el narcotráfico: muertes, desapariciones forzadas, violaciones y torturas. Actitudes violentas que los integrantes de la Caravana por la Paz han procurado denunciar en su recorrido por las calles de 27 ciudades de Estados Unidos, para sugerir la existencia de un mundo de paz, esperando respuestas que den solución al problema por parte de un gobierno estadounidense, respuestas que no se han proporcionado en el territorio mexicano, donde se han sufrido todas las atrocidades humanas de las cuales han sido víctimas.


La Caravana por la Paz recorrió desde Los Ángeles hasta Washington. Al frente estuvo el poeta Javier Sicilia, que también fue víctima de esta guerra. A través de su peregrinación, buscan la intervención de Estados Unidos para acabar con la guerra contra el narco, que solo ha traído violencia y masacre humana. El objetivo: encender una vela en medio de tanta oscuridad. Lo anterior se traduce en la búsqueda de la esperanza en medio de llantos y desesperación. Eso es una enseñanza real.


Intentando relacionar la tesis central de las crónicas con la realidad mexicana, puedo comentar lo siguiente: el presidente Felipe Calderón, durante su sexenio (2006-2012) mencionó en muchos de sus primeros discursos que “combatir el narcotráfico” sería uno de sus principales objetivos durante su gestión política, además de manifestar un discurso oculto: ganar legitimidad frente a la sociedad mexicana, dejando evidenciando el armamento militar con la que el poder ejecutivo contaba frente aquel que cuestionara o se saliera del marco legal del llamado “Estado de derecho”.


A Latinoamérica le ha tocado sufrir gravemente las consecuencias del narcotráfico. Colombia es otro ejemplo, con el caso de su mayor traficante, Pablo Escobar, quien hizo necesario que el país pidiera la intervención de Estados Unidos, logrando el decreto en esta nación de la extradición de narcotraficantes hacia Estados Unidos. Sin embargo, Escobar encontró la fórmula para negociar con el gobierno colombiano. Bombas explotadas en plena ciudad, asesinatos del cuerpo militar y personas inocentes.


México no está lejos de esto. Estados Unidos tampoco. El narcotráfico se mete con gente inocente, esos que pagan los platos rotos de un país que no ha sabido enfrentar de manera inteligente esta guerra, por el juego de conveniencias e intereses que están de por medio. El autor acusa algo real: el mismo Estado tiene vínculos económicos y políticos con la élite del narco. Es como esconder la producción mundial de las naranjas en plena época de satélites y GPS, como lo explicaría John Gibler. O como diría también el mismo escritor, quién puede encargarse de producir la invisibilidad oficial en el mercado de las drogas, la respuesta: el mismo Estado.


Lo que hizo la Caravana es todo un logro, aunque la resolución no haya sido una respuesta inmediata del gobierno estadounidense, sino de personas e instituciones solidarias que se permitieron apoyar y pronunciarse a favor de un movimiento que sólo pide paz y justicia. Lo demás vendrá con el tiempo y con la lucha. Sin saber de manera precisa, sin tener claro que lograrían algo, aun así las victimas de la guerra contra el narcotráfico lo intentaron, intentaron la lucha. Eso también es una enseñanza. Como le dijo Javier Sicilia a Diego Osorno: “Hacer lo que se tenga que hacer, lo demás no depende de uno”.

* Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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