Por Denise Alamillo

Akari, como se hace llamar, es una joven alegre y relajada de 26 años de edad que gusta de sembrar hortalizas y hacer artesanías en sus ratos libres. Desarrolló por medio de fotografías un proyecto de diálogos entre dos ciudades Monterrey y el Distrito Federal (DF), y terminó dejando las tierras regias para habitar en la capital del país, el año pasado. Se dedica a la creación de videos, producción y diseño y en esta ocasión nos narra su experiencia con el consumo de diferentes drogas no legales, las diferencias que ha encontrado sobre la percepción social en las diferentes ciudades en que ha sido consumidora y las consecuencias que le han traído en la vida.

P.-¿Qué pensabas de las drogas antes de consumirlas?

R.- Era de las personas que hablaba muy mal de ellas, las rechazaba por completo y juzgaba a quienes consumían. Imagínate, vengo de una educación católica en colegios privados, crecí en Monterrey en una cultura con doble moral muy conservadora en apariencia. Mi visión sobre las drogas estaba por completo basada en los prejuicios cotidianos que se repiten sin saber por qué.

P.-¿Y cómo cambió esto?

R.-La primera vez que fui a un rave (fiestas de larga duración caracterizadas por música electrónica, espectáculos de luces y frecuente consumo de drogas sintéticas psicotrópicas que generan cambios temporales en la percepción, ánimo, estado de conciencia y comportamiento) llegó un chavo preguntando que si quería una tacha, no lo pensé dos veces dije que sí. La probé y pasé la noche más increíble y genial que había tenido hasta ese entonces. De allí en adelante consumí con frecuencia muchas tachas para andar en la fiesta. También allí conocí la mariguana.

P.-¿Te afectó esto en tu vida cotidiana?

R.-Fue mi periodo de conocer y experimentar, yo venía de un ambiente punk que era oscuro, muy depresivo. Conocí la euforia y la buena onda de la fiesta, como cualquier adolescente descuidé la escuela, buenas calificaciones siempre tenía pero faltaba mucho a clases. Me salía mucho de casa por las madrugadas y no regresaba en días. Creo que fue más la típica rebeldía y crisis existencial de los 20 años, que las drogas.

P.-¿Tuviste problemas familiares?

R.-En esa época un ex novio le dijo a mi mamá que consumía drogas. Fue un caos en mi casa, me llevaron al psicólogo para que me rehabilitara. Les dije que había dejado de consumir drogas y en unas cuantas semanas el psicólogo le dijo a mi mamá que veía muchos avances en mi comportamiento y forma de vida desde que ‘había dejado de consumir drogas’. Mi mamá contenta y confiada en el psicólogo decía que me veía mucho mejor, que mi piel estaba más bonita. Lo que no sabían es que nunca he dejado de consumir de manera recreativa e introspectiva varias substancias. Es el mero prejuicio moral entre lo que creen que está bien y lo que no, pues en realidad no eran capaces de distinguir cambios en mi comportamiento.

P.-¿Sólo consumes tachas y mariguana?

R.-No, las drogas han ido apareciendo en mi vida en diferentes momentos, en los primeros raves a los que fui, fueron las tachas y la mariguana. Tiempo después también andando en la fiesta llegó el LSD y en otro momento el perico. La época en que me enganché temporalmente con la cocaína fue cuando trabajaba en un call center. Apenas entré y subí muy rápido de categoría, ganaba premios en ventas, primeros lugares y en ocho meses era ya supervisora, ganaba mucho dinero. Tenía socialmente una vida muy exitosa y activa: me despertaba muy temprano, iba al gimnasio, después a la escuela y luego al trabajo y por las noches, fiesta. Mi mamá no podía quejarse de nada, pues en todo me iba muy bien.

P.-¿En qué lugares y días estaba esa fiesta?

R.- Uy… era jueves de Iguanas, viernes de Esquizo y sábado de raves que terminaban el domingo por la tarde. A veces desde el miércoles iniciábamos en el Riviera, eran buenos tiempos, ya sabías a que gente te ibas a encontrar en el dance floor, toda la gente buena onda, pacíficos, cada quien disfrutando en un mundo de colores y tranquilidad. Nos aventábamos más de la mitad de la semana.

P.-¿Ahora qué pasa en Monterrey?

R.-Pues con la violencia, las disputas de los narcos por las plazas y la guerra del gobierno, cerraron todos esos lugares, mucha gente dejó de salir. Durante los últimos tres años, los cotorreos en Monterrey han sido en casas,allí andábamos cazando la fiesta de depa en depa, los antros que continuaron abiertos hasta antes de venirme a vivir al Distrito Federal estaban vacíos. La zona de bares que más tenía ondita era la aledaña al Tecnológico de Monterrey. Muchos lugares fresas que estaban llenos de gente cuyo trip no me gustaba.

P.-¿Entonces murió en la ciudad la escena de los raves?

R.-De repente organizan tocadas con DJ´s de otras partes y allí si ves gente chida,muchos desconocidos y de repente te topas con ex raveros. Yonki huele a Yonki y Monterrey es un pueblito. Se siguen reencontrando, la fiesta sigue pero de manera más under, están en sus casas, es más personal y privado. La gente sigue allí, se sigue drogando, sigue juntando dinero y viniendo a DF y a Guadalajara a los raves masivos de varios días. El cambio fuerte es que en Monterrey ya no hay donde lucir toda esa energía y ganas de fiesta buena onda, mucha gente migró hacia acá, otros tantos se fueron a Austin, a Cancún o a Oaxaca.

P.-¿Dejó de ser Monterrey un lugar agradable para el consumo de drogas?

R.-A mí me daba miedo hablar sobre drogas en Monterrey, miedo a que fueran unos Zetas, o intento de Zetas y quisieran agandallarse o seguirme y ver si iba a comprar o si traía algo. Estar en Monterrey genera mucha paranoia. Aquí en DF se habla mucho sobre el tema, la gente es más libre, inclusive las personas que no consumen tienen mayor apertura al tema. Hasta en ambientes profesionales cómo en la oficina, hacen chistes respecto a la mariguana y a la cocaína; no es mal visto socialmente y eso me late.

P.-¿Te tocó vivir situaciones peligrosas?

R.-El peligro allí está siempre y se vive con el miedo, afortunadamente nunca me pasó nada. Pero estoy consciente de lo que sucede alrededor, estoy confundida de escuchar balaceras, que los medios hablen de tanta gente muerta y que digan que todo eso es por las drogas. Como consumidora de drogas no encuentro esa relación con la violencia, yo no soy violenta, no me meto con nadie. La gente que he conocido en el mismo trip de igual manera es pacífica, hacen su vida, trabajan.

P.-¿Qué sientes al saber que varios de esos ex raveros con quienes convivías están desaparecidos o han sido asesinados?

R.-Me genera mucha impotencia y dolor. No me causa culpabilidad como la gente conservadora desearía que yo sintiera, pienso que se debería manejarse de otra manera más no se cuál sería esa otra manera, tal vez la legalización podría hacer algún cambio, pero no se si estemos preparados para ello, con tantos prejuicios que hay en torno al consumo de substancias no legales.

P.-¿Acá en DF de qué vives?

R.-A los cuatro meses, después de estar freelanceando (trabajando por su cuenta), conseguí la chamba de mis sueños. Estoy trabajando en el área de producción, editando videos, haciendo diseño y comunicación, haciendo lo que me gusta y todo me sale bien. Cuando llegué acá, estaba muy preocupada porque no tenía trabajo, me cayó un dinerito de una producción que hice en Monterrey y me fui a Oaxaca porque estaba muy angustiada de no poder lograr mi objetivo en esta ciudad. Me fui a la playa de Zipolite, llegó un amigo que me dio un LSD y me invitó a una tocada de reggae, bailé feliz toda la noche; al finalizar me acerqué a los músicos para felicitarlos y les hablé de mis amigos de Monterrey que tocan música del mismo ritmo. Platicamos hasta las 12 del mediodía siguiente, y allí conseguí dos proyectos grandes y muy buenos. Si no hubiera sido por ese viaje y si no me hubieran dado ese LSD, y si ellos no hubieran estado también drogados, no habría yo conseguido esos trabajos, algunas drogas rompen muchas barreras, estás en un plano con una conciencia más abierta dónde es más difícil juzgar, mentir, tener miedo, y te da la posibilidad de soñar y decir ¿Por qué no?

P.-¿En tu caso las drogas te han servido?

R.-Me han ayudado mucho socialmente, he conseguido mucho trabajo gracias a la fiesta y si hablas de la fiesta hablas de drogas. También me han ayudado a entender muchos conceptos de metafísica, la meditación, entender ondas de energía. Porque lo puedes leer y puede resultarte difícil de comprender, pero cuando has consumido cosas como LSD, DMT, hongos o peyote, te conectas en esa energía y entiendes, yo pasé de la fiesta a cosas más naturales, viajes más introspectivos en los que creas relación contigo misma y te construyes.

P.-¿Consideras que las drogas generan cosas negativas?

R.-Las drogas si pueden apoyar a que elijas un camino no productivo, pero más que las drogas te jalen a ello es que tu ya traes esa onda y te vas por ese lado. Yo soy una persona creativa, con mucha energía y ganas de hacer cosas. Al consumir una droga empiezo a pensar en proyectos, imagino texturas, y pienso en cómo puedo incorporar mi viaje en los trabajos. Es mi pasión y esto es lo que las drogas estimulan en mí, sacan lo que cada quien trae inconsciente y te lo muestra directo. Ya tú sabrás que hacer con eso.

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