En su momento, esa noticia parecía provenir de New York, ya que tenía a un cocodrilo como personaje central. Sí, un saurio de craquelada piel verdosa, más de dos metros de largo y casi una tonelada de peso; ejemplar que de buenas a primeras fue reportado como aparecido cerca de la “noble y leal” ciudad.

Muchos todavía recuerdan que ese ejemplar de crocodylus acutus de inmediato acaparó las notas de color en medios electrónicos e impresos, no sólo locales, sino nacionales e internacionales.

No era para menos. Porque no todos los días (al menos no en Guadalajara) aparece un cocodrilo vivo en calidad de mascota doméstica. Pero esa vez sucedió, y en el 2012 el mundo supo de la existencia de “Chuy”, el verdadero nombre de pila del animalito. ¡Y vaya que Chuy en verdad vivía en una pila!, en la que se sumergía en a gusto, a manera de su alberca o jacuzzi particular.

De inmediato, muchos pensaron en aquella leyenda urbana originada en la ciudad de los rascacielos durante la pasada década de los 30, reseñada, en su momento, como noticia de ocho columnas en The New York Times. Leyenda que ha hecho creer popular y cinematográficamente que en el drenaje profundo de los alrededores de la Gran Manzana pululan cocodrilos mutantes, esto es, ciegos y albinos; mismos que en cualquier momento pueden salir a la superficie, asomando sus dentadas fauces al través de una alcantarilla.

Tal fantasía no ha pasado nunca de ser eso, una fantasía, que si bien tuvo inicio real con algún ejemplar de cocodrilo proveniente de los cálidos manglares de la Florida cuyo dueño, imposibilitado de conservarlo como mascota doméstica, pragmáticamente se deshizo de él arrojándolo al través del desagüe.

La única similitud del cocodrilo de esta historia con la anterior sería precisamente la extraviada condición de mascota doméstica de ambos reptiles.

Porque el cocodrilo tapatío de marras, durante 12 años ininterrumpidos, estuvo viviendo en una casa de por los rumbos de San Pedro Tlaquepaque, en calidad de mascota y devorando durante todo su crecimiento (el cual por cierto no había concluido al momento de su rescate) una cantidad enorme de carne de pollo. Sabiéndose así que su dieta diaria consistía en cinco o seis aves completitas, según trascendió en las noticias. Ignorándose, eso sí, si los consumía crudos, rostizados o cocinados con la especial sazón de la receta secreta de algún coronel con marca comercial registrada.

Por fortuna, a diferencia del cocodrilo de los mangares de Florida, Chuy no terminó arrojado al desagüe local, ya que mediante la intervención de ocho oportunos y fortachones elementos de la Dirección de Bomberos y Protección Civil de Tlaquepaque fue trasladado desde su anterior residencia, en calidad de maniatado y amordazado bulto, hasta un albergue de la Semarnat (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales), donde provisionalmente se le colocó en otro cómodo estanque en compañía de unas confianzudas tortugas, de las que luego luego se hizo compadre y hasta les permitió treparse en su rugoso lomo para que le hicieran piojito.

Finalmente, Chuy, otra vez amordazado pero no maniatado, fue puesto dentro de una cajota de madera tipo ataúd rústico y arribó a su nueva residencia: el Herpetario del Zoológico Guadalajara, lugar donde fue recibido con bombo y platillo, ya que hasta un impreso banner de bienvenida le mandaron hacer. ¡Cómo si el cocodrilo supiera leer!

En su momento, los veterinarios del zoológico que atendieron a Chuy dijeron que éste tenía perfecta salud, aunque estaba un poco pasadito de peso, por lo que de inmediato lo pusieron a dieta para que luciera en todo su esplendor, porque la mejor sorpresa que para él tenían reservada en ese lugar era ni más ni menos que: ¡una novia!

Sí, una bella cocodrilita de nombre Luisa, la que al verlo seguramente le dedicó tierna mirada porque, a diferencia del recién fallecido y destazado gorila Bantú, esta historia urbana de animales en extinción terminó con el clásico final de “Y vivieron felices, comieron perdices y tuvieron muchos cocodrilitos”.

Por Carmen Libertad Vera

Comments

comments