¿La catedral del rock regiomontano cuenta con un ring de lucha libre?


Por José Ignacio Hipólito y Mariana Treviño

Ilustración por Haydée Villarreal


De día, el Gimnasio Factores Mutuos, en la 514 de la calle Aramberri, es un establecimiento a donde la gente va a ejercitarse, ya sea para bajar de peso o para convertirse en un peso completo, por el módico precio de 150 pesos al mes.

De noche, en elegidas lunas llenas, se convierte en el foro de conciertos punk o metal, dependiendo de cuanta sangre falsa haya en el área del ring de lucha libre, otra de sus metamorfosis. Si hay mucha después de un encuentro, se puede convocar a un concierto de black metal, pero si hay más manchas secas de sudor, la escena punk regiomontana puede invadir el lugar.

Es algo extraño lo que sufre el gimnasio, una especie de licantropía impredecible. Algunas noches se convierte en arena de lucha libre en la que desfilan nombres como “El Tigre Universitario”, “El Hijo del Espanto”, “Muerte Bucanera” o “Neurosis”, sacrificados a una audiencia que pide sangre, llaves imposibles, castigos irrecriminables, sillazos, escalerazos, la humillación de una máscara perdida, movimientos finales, clavados de los postes al oponente y, sobre todo, falta de misericordia.

Otras noches, Factores Mutuos se transforma en la sede de tocadas de Phobia, Mortuary, Sentinel Beast, Warbringer o Saratoga. Es el lugar ideal para los rituales paganos en los que se convoca a la desesperación, la perdición, el fin del mundo y, por supuesto, al mismo Luzbel, presencia imprescindible en este tipo de eventos. 

Y en algunas otras ocasiones ha sido sede de peinados al estilo de los 50 con una combinación de mohawks; el punk y el rockabilly en uno. Paralelo a la doble identidad del lugar, bandas como Calavera, 7 negro, Los Gallos o Los Rebellys han sincretizado la rapidez del punk con las progresiones del rock cincuentero. Una enfermedad única que sólo sufre Factores Mutuos.

A primera vista parece ser sólo otro gimnasio mal cuidado, al que no le importa su imagen o su prestigio superficial, como muchos otros alrededor del Centro. Pero Factores Mutuos es diferente. Factores Mutuos es único. Su fachada de color blanco y azul, que en Nuevo León sólo puede significar el apoyo al club de futbol conocido coloquialmente como “Rayados”, es sólo una máscara bajo la cual esconde su enfermedad licantrópica. Y a pesar de no tener las instalaciones más modernas o de que le sobre el óxido a sus máquinas, es un gimnasio antiquísimo que cuenta con una historia que data desde hace casi un siglo. Por sus paredes han pasado medallistas olímpicos, boxeadores memorables, luchadores y máscaras fantásticas e inclusive futbolistas que han quedado en la historia de los dos clubes más importantes de Nuevo León.

Es un gimnasio en el que entrenó el equipo olímpico de voleibol que fue a competir a La Habana en 1930, pero también fue sede de la primera visita de God Dethroned, banda de death metal venida desde los Países Bajos. Fue alguna vez refugio de la Adicción Rayada, la porra más grande del club Monterrey, pero entre sus miembros también hay fanáticos de los Tigres. Por un lado está el ex rincón de la Adicción, donde los de la porra solían vender playeras, boletos o banderas, y por otro lado está la barra de color azul y amarillo con una estampa de ojos felinos, en donde a veces se sienta alguno de los dueños a ver cómo va el negocio, justo saliendo del área donde se hace ejercicio.

Su doble personalidad emula a la de Jekyll y Hyde: la parte humilde es un gimnasio que ha prevalecido desde la década de 1920, el lado más retraído que no presume de su antigüedad para atraer a nuevos miembros y que a simple vista es sólo otro gimnasio cuyo más grande atributo es una cancha de básquetbol de madera mal cuidada y con trozos salidos. A su parte oscura, la presumida y altanera, le dicen la Catedral del Rock, una parte conocida sólo por las subculturas más despreciadas de la sociedad conservadora regiomontana, un lugar que se acerca más a un bar de tocadas que a un gimnasio.

Al igual que una persona con licantropía, todo depende de la hora y la fecha en la que se visite el gimnasio para lograr ver sus diferentes transformaciones y personalidades.

 

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