Por Alicia L. Espejo Sánchez

Las crónicas de Diego Osorno me parecieron muy llamativas e interesantes. Su te invita a leerlo y te envuelve al narrar cada uno de los sucesos que se plantean.

La sección sobre la guerra contra las drogas durante la administración de Richard Nixon me agradó, ya que nos narra la primera acción antinarcótica (2 años después de la declaración oficial de guerra de 1971) y cómo se plantea el cierre de la frontera con México, obligando así a la administración de Gustavo Díaz Ordaz a cumplir los mandatos estadounidenses respecto al combate de la producción de mariguana y amapola en México.

Desde sus raíces, la guerra contra las drogas une el colonialismo interno, tomando prestado el concepto trabajando por Pablo González Casanova respecto al estado mexicano y el imperialismo transnacional del gobierno estadounidense. Se supone que Estados Unidos quiere diseñar un sistema que oprima a las comunidades afroamericanas sin evidenciar la lógica del diseño tras sus acciones, y lo único que hacen con eso es fregar a México cerrando la frontera y humillando el gobierno del estado vecino.

México fue el primer país en sufrir las ambiciones imperiales de los Estados Unidos en 1846-1848. Muchas naciones indígenas habían sufrido esa ambición, (y ni hablar de los millones de esclavos africanos y sus comunidades de origen), ambición neo-imperial semi-oculta en la dichosa guerra contra las drogas.

A 40 años de la supuesta “guerra”, las drogas se venden y se consumen a mayor escala que cuando empezó. Realmente es sólo un fracaso rotundo, y mientras, los gobiernos de Estados Unidos y sus aliados aumentan en sus combates y acciones de guerra y, multiplicando más y más los blancos de la misma.

Los arquitectos de la guerra la presentan y la defienden como un esfuerzo por desarticular y destrozar varios elementos de un mercado: la producción, el traslado, la distribución, la venta y el consumo de las drogas ilegales. Pero la guerra es un mercado también, de presupuestos, salarios, armamentos y sobre todo de capital político.

El narco y la guerra contra el narco son dos mercados, y obedecen las leyes del mercado, las del código penal. Estos dos mercados son inseparables, como gemelos unidos desde el nacimiento que comparten los órganos vitales. Si matas a uno, matas al otro; si alimentas a un, alimentas al otro. Mientras más se alimenta la guerra contra las drogas, más se alimentan el negocio de las drogas.

Uno de los órganos vitales que comparten estos mercados es la ilegalidad de la droga. Ésta se produce, se envía, se distribuye, vende y consume a nivel global. Todo esto requiere de la invisibilidad oficial del mercado (se esconde), pero, ¿cómo es posible que los encargaos de detectar la droga, con toda la tecnología que hay hoy en día, la vigilancia y lo demás, no se den cuentan? Es realmente increíble.

El mercado de la guerra contra las drogas, en cambio, tiene como mercancía central los arrestos. Esto es fundamental para el capital político que tanto anhela el Estado. Por ejemplo: el Chapo, la figura simbólica que se volvió más lucrativa para los dos mercados como un enemigo arrestado que como el mito del gran capo fugitivo.

La producción de arrestos requiere de información. ¿Quién puede garantizar buenos arrestos? Los productores , traficantes y vendedores de drogas. Dicho de otra manera: los narcotraficantes trabajan para los generales de la “guerra contra las drogas” igual que los generales trabajan para los narcotraficantes. Dos mercados unidos como gemelos.

Tanto el Estado como los empresarios mayores del narcotráfico se benefician de la mitología que busca esconder la estructura de los dos mercados. Es decir, en lugar de analizar los dos mercados como gemelos unidos, se habla de capos, carteles y la corrupción, la figura del forajido, como la del político corrupto, sirven para enfatizar la supuesta separación entre el Estado y el narcotráfico y así salvaguardar la percepción de legitimidad del estado, tanto en Estados Unidos como en México o cualquier otro país.

Las crónicas de Diego Osorno nos dan a conocer la cruda realidad que se vive actualmente en el mundo.

 

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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