Un anuncio clasificado en un diario tapatío del año 1932 anunciaba el traspaso de El Puente de las Damas, que no era otra cosa sino una “acreditada pollería” ubicada en el número 549 de la calle de Colón, del ya para entonces añejo barrio de Mexicaltzingo.

Dos años después, en las páginas del mismo diario, don J. Jesús Mora, propietario de un restaurante con visos de salón social o cantina, denominada también Puente de las Damas y con el mismo domicilio de la mencionada pollería, convocaba a todos los tapatíos para asistir ese 1 de septiembre, Día del Casado, al “Gran agasajo [donde obsequiaría] a toda mi clientela con tamales de La Muñeca, rociados con las famosas cervezas O. K. y Soñadora, por una galantería de la Cervecería Occidental, S. A. [Además] tocará una magnífica orquesta”.

Para el año de 1937, y debido a un cambio de residencia de su dueño, el otrora restaurante de don J. Jesús Mora, durante varios meses promovió su traspaso comercial, desapareciendo finalmente.

Lo que hasta la fecha nunca pudo desaparecer del barrio de Mexicaltzingo fue la nebulosa referencia al Puente de las Damas, sitio urbano casi mitológico hasta hace muy poco tiempo, sobre todo para las nuevas generaciones.

Tan fue así que, desaparecidas las aludidas pollería y cantina que llevaron ese nombre, todavía en 1947 la antigua Farmacia Sánchez añadía la referencia geo localizadora “Antiguo Puente de las Damas” a su dirección en Colón 539, cuando ahí ofrecía sus servicios de “completo surtido en medicinas de patente, sueros, vacunas refrigerados [sic] servicio médico y esmerado despacho de fórmulas por personal competente las 24 horas del día, domingos y días festivos. [Atendiendo] pedidos por los teléfonos Erickson 58-73 y Mexicana 36-52”.

También, conforme lo señala otro antiguo anuncios clasificado, en el 547 de la misma calle Colón existió el Hotel Puente de las Damas.

No debe extrañar que circa de la segunda mitad del siglo xx, algunos tapatíos aludieran a la hoy calle Colón como Puente de las Damas o tenían como referencia ese sitio hace hasta poco soterrado en el subsuelo.

Porque de acuerdo a los magníficos escritos del célebre cronista Leopoldo I. Orendain, la hoy calle Colón ha sido una de las que en la historia tapatía ha tenido un mayor número de nombres. A saber, según ese mismo cronista: “Hospitalidad, Santuario, Beneficencia, Esfera, Serenidad, Universidad, Filantropía, Aduana, Plazuela de la Aduana, Sena, Puente de las Damas y Entrada del Sur, llevando ahora sólo dos, Colón y Pedro Loza”.

Pero, conforme fue transcurriendo la segunda mitad del anterior siglo, el Puente de las Damas cayó en el olvido. Parecía destinado a desaparecer de la memoria tapatía. No sólo como antigua calle, sino también como el puente original que llevara ese nombre.

Sólo unos cuantos cronistas se atrevían a afirmar ante la mayoría de tapatíos incrédulos, la permanencia de aquella arqueada construcción, oculta y olvidada bajo el pavimento de la moderna Guadalajara; y la cual, durante buen tiempo, permitió el cruce seguro sobre las crecidas agua del arroyo del Arenal.

Según afirma don Luis Sandoval Godoy, fue el “Dr. J. Trinidad González Gutiérrez, [uno de los primeros que in situ] pudo penetrar de alguna manera a socavones escondidos bajo las calles de Guadalajara para dar cuenta de [esa construcción]”. Avalando con ello la veracidad de lo que antes había afirmado el inolvidable don Javier Torres Ladrón de Guevara, “acerca de la localización y trazo subterráneo de este puente”.

Al respecto, existió la investigación de campo correspondiente, realizada ésta por don Roberto Rivera Sandoval, misma que en 2003 divulgara la periodista Guadalupe Raquel Núñez en una serie de conferencias, de cuya publicación el mismo don Luis Sandoval Godoy cita lo siguiente, en relación a un primer descenso subterráneo al entonces oculto Puente de las Damas:

El Sr. Roberto Rivera Sandoval entregó una memoria al señor director del Museo de la Ciudad, en la que señala que el día 30 de marzo de 1994, acudió a un lote baldío que se ubica en la avenida Colón (sin número), entre la avenida de la Paz y Montenegro, para realizar la primera inspección del túnel que dos días antes había encontrado su amigo Francisco Javier Valle, mientras hacía la limpieza de dicho lugar.

Explica que utilizaron una cuerda y una escalera que ahí mismo fabricaron; descendió cuatro metros hasta tocar fondo, donde se dio cuenta que el pasaje se prologaba, de poniente a oriente en línea recta. Equipado con una lámpara y una cámara fotográfica, inició el recorrido hacia el este, con dirección a la calle de Manzano. Observó que a lo largo del túnel se extendían dos banquetas y por en medio, abajo del nivel del piso, corría un canal de aguas negras.

Cuando llegó al sitio donde el camino hacía una pequeña curva, se encontró con una construcción de piedra que parecía ser un puente, cuya estructura se había reforzado para soportar más peso. En este punto el recorrido se detuvo: estaba debajo de la calle de Manzano y decidió regresar para continuar explorando hacia el oeste, cosa que no logró debido al desbordamiento de las aguas negras que había en esa dirección”.

Hoy en día, en Guadalajara nadie puede dudar de la existencia del Puente de las Damas, lo anterior debido a investigaciones más recientes y, sobre todo, a las obras de rescate urbano que de ese sitio, proveniente de finales del siglo xviii, se están realizando.

Propios y extraños del barrio de Mexicaltzingo, están pudiendo constatar finalmente el estado actual de aquella soterrada construcción, descrita en la obra bibliográfica del Dr. J. Trinidad González Gutiérrez en la forma siguiente:

Su instalación se hizo sobre la calle Colón, que antes recibía el nombre de La Aduana y está situado entre las antiguas calles del Arenal, después Sánchez Román y ahora avenida de La Paz, o sea, entre ésta y la de Montenegro.

Su estructura es bastante sólida, cuenta con arcos semicirculares en número de cinco, los que disponen de tres a cinco metros de altura, particularmente el colocado al centro”.

Guadalajara, en este 2017, sin duda alguna ve con beneplácito el rescate de esa antigua construcción, la que debido a la terquedad de distintos investigadores, no se convirtió en mera leyenda urbana, ni permitió que, además de la pavimentada modernidad, fuera sepultada por el total olvido.

Lo importante será ver el destino final que ese rescate tiene. En lo personal, hago votos porque en los futuros proyectos oficiales en relación al Puente de las Damas, prevalezca el criterio histórico-cultural, por encima de los posibles y mercachifles intereses turísticos que, a manera de un corredor chelero o algo similar, quisieran llegar a promover, aún más, la gentrificación de los vecinos barrios de Mexicaltzingo y el de las Nueve Esquinas.

Por Carmen Libertad Vera

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