¿Cómo es el culto a la patineta en Monterrey?

 

Por Mariana Treviño & José Ignacio Hipólito

Ilustración por Haydeé VIllarreal

 

Aparte de ser el punto oficial para la venta, compra y relaciones de las subculturas de la ciudad, otro de los atractivos de la Plaza Comercial Fundadores era el vínculo directo con el movimiento del skateboarding en Monterrey. Ya fuera por el diseño anatómico de la plaza (que posibilitaba saltar escalones y hacer trucos en los barandales) o por los establecimientos de Power Sk8 y Paranoia, dedicados a la distribución de artículos para patinar, Fundadores era famoso y concurrido por dedicarse a la cultura del skate.

Power Sk8 lleva desde 1998 ocupando el mismo local en Funda, y desde hace tres años cuenta con una sucursal en Interplaza Shoptown, sobre Morelos. Ambos lugares son atendidos indistintamente por el Team Power: Oso, Oaxaca, Chayo y el mismo Power, quienes prometen todo lo necesario para pintar y para verse como pintador. Desde tablas, herramientas, llantas, cintos, mochilas, gorras, calzado y ropa, ofrecen indumentaria semejante a la de aquellos skaters californianos que se volvieron muy populares hace unas décadas gracias al reconocimiento del skate como deporte callejero, en tiempos cuando adolescentes clase-medieros glorificábamos videojuegos como Tony Hawk Pro-Skater 1, 2, 3 y 4 y Trasher: Skate and Destroy, asegurando toda una identidad y permanencia para la subcultura, solidificando una actitud y, en muchos casos, hasta un estilo de vida.

Aparte de apreciar la habilidad y el don divino de poder mantener el equilibrio arriba de un pedazo de madera sobre cuatro llantas, la música era un factor paralelo e indispensable. Los famosos videos de skate que se proyectaban en este tipo de tiendas tenían el factor común y determinante del skatepunk o skatcore como subgéneros del punk-rock. Cualquier banda que tocara lo suficientemente rápido y que transmitiera la adrenalina necesaria para saltar diez escalones afuera de un banco sin ser sorprendido por la policía era incluida. Así, parecía que grupos como NOFX, Descendents, Bad Religion, The Offspring y Pennywise daban más seguridad para arrojarse a tales actos.

Establecimientos como Paranoia funcionaban como patrocinadores de muchos eventos locales porque al mismo tiempo formaban parte de los grupos y colectivos de videos caseros Studio Monitor y Esguince producciones, ambos locales y regios. Actualmente Paranoia sigue intacto como la mejor opción para comprar patinetas (y sus partes) de marcas locales y extranjeras: Elemento, Toy Machine, Baker, Spitfire, World Industries, Zero, Blind, Maple y Anti-Hero, que si bien no son precisamente baratas, superan el estilo y la calidad de las tablas infantiles que se venden en Soriana, Julio Cepeda y Walmart. No obstante, otro de los atractivos siempre ha sido que a pesar de vender las cosas por separado, siempre hay alguien que te ayuda a armar la patineta ahí mismo. La promoción actual dicta: “Patineta Paranoia con lija Gatonegro a 380 pesos”, todo con el fin de completar el ciclo de estrenar una patineta, gastarla, rasparla y finalmente tronarla, sólo para volver a armar una nueva y seguir patinando.

El inconfundible sonido de una tabla deslizándose por la calle sigue escuchándose alrededor de Fundadores. Lo cierto es que fuera de lograr cierta cantidad de trucos o de participar en eventos organizados por la Juventud Regia o alguna administración municipal, donde decenas de jóvenes se reúnen a sacar sus mejores piruetas para ganar productos, dinero y reconocimiento en el medio, en el fondo lo más importante siempre ha sido divertirse. Una gran inversión para una práctica enérgica que consta de muchos ahorros y algunos huesos rotos. 

 

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