Por Rodolfo Castellanos 

La mañana del jueves 19 de septiembre de 1985, el departamento de Isabel, ubicado en la colonia Narvarte de la Ciudad de México, colapsaba llevándose consigo los recuerdos de sus viajes realizados alrededor del mundo. Por fortuna, esa mañana ella se encontraba fuera de peligro, pues surcaba por el cielo una vez más gracias a las prestaciones de su trabajo. En 1982 ingresó a Mexicana de Aviación en el área de compra y venta de boletos; a lo largo de 28 años ejerció dicha labor, primero en la sucursal que se encontraba en Plaza Universidad, después en la de Ejército Nacional y posteriormente en el Hotel Presidente, donde compartían el local con Aeroméxico.

El 28 de agosto de 2010 otro terremoto llegó a su vida y, a diferencia del anterior, la sorprendió en tierra firme. La aerolínea en la que llevaba trabajando toda su vida y de la cual le faltaban dos años para jubilarse se declaraba en concurso mercantil. Sostén de sus hijos y padres, el pasado presente y futuro de Isabel colapsó de un día a otro, como su departamento aquella mañana de 1985.

A Toño, piloto con treinta años de antigüedad, el quiebre de su empresa lo sorprendió en Madrid, en los preparativos del vuelo 487 del aeropuerto de Barajas a la Ciudad de México. Entre él y su copiloto pagaron los alimentos para la tripulación del vuelo, debido a que Mexicana ya no fue capaz de solventar dicho gasto.

Piloto de los Airbus-330 de la empresa, Toño trabajaba comandando vuelos de México a Inglaterra y España. Al quebrar Mexicana, trabajó durante 4 meses en Interjet, pero renunció al considerar que las condiciones y prestaciones laborales no se comparaban con las que había demandado y ejercido toda su vida; probó suerte en una aerolínea ecuatoriana, pero declinó la oferta, dado que incluía tres meses sin sueldo y no era capaz de sostenerse por sí solo durante ese tiempo en Quito. Invirtiendo sus ahorros, montó un autolavado y un restaurante de mariscos; ambos quebraron.

Actualmente Toño se dedica a la compra y venta de celulares. Su esposa emigró a casa de uno de sus hermanos en Chicago, donde se capacitó para el cuidado de adultos mayores, oficio que ahora ejerce y le posibilita sostener a su familia desde la distancia.

A diferencia de Toño que después de la quiebra de Mexicana se sumó a la lucha en defensa de lo que (creía) quedaba de su empresa y derechos laborales, Gerardo inmediatamente comenzó a buscar colocarse en otra aerolínea. Hoy lleva tres años viviendo en Corea del Sur, donde su hija terminó la preparatoria y ahora cursa la universidad; su esposa vive en la Ciudad de México, acompañada de su hijo que está terminando la secundaria.

La historia de Mexicana de Aviación es la evidencia acérrima del cinismo rampante de los gobiernos panistas. En la cúspide de su gobierno, Felipe Calderón optó por encubrir los manejos turbios de Gastón Azcárraga y en consecuencia dejar a la deriva a miles de trabajadores de clase media, aquellos que llevaron al PAN al poder dos sexenios consecutivos. Como maestros en la frivolidad, los funcionarios calderonistas permitieron que el mercado se ocupara de disolver el cadáver de la primera aerolínea en la historia de México.

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Sin embargo, si algo se puede argumentar en favor de Calderón y los empresarios que por acción u omisión provocaron la quiebra de Mexicana, es que no son los únicos culpables. A lo largo de la historia de la aviación en México las aerolíneas han estado en quiebra inminente más de una vez. A finales del sexenio de Miguel de la Madrid la situación de Aeroméxico era insostenible y uno de los factores cardinales que evitaron su desaparición fue que los trabajadores de Mexicana, a través de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA), pararon operaciones en apoyo a su hermano caído. Como Aeroméxico no podía recuperarse solo, los pilotos de Mexicana decidieron apoyar monetariamente a sus compañeros a través de descuentos en su nómina durante varios meses, hasta que la empresa pudo valerse por sí sola otra vez.

En 2010, muchos trabajadores de Mexicana esperaron que sus compañeros de Aeroméxico recordaran aquellos tiempos. Evidentemente no fue así.

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El proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México promete ser la obra arquitectónica de mayor trascendencia en décadas. Al enterarme que el diseño y entorno expresará la magnanimidad de nuestra cultura y pujanza del México del mañana, no pude evitar recordar lo que hoy en día refleja la Terminal 1 del actual aeropuerto de la capital.

En la sección (todavía) correspondiente a Mexicana hay un plantón permanente de trabajadores exigiendo sus liquidaciones y jubilaciones; las mantas que tienen colgadas no solo expresan dichas demandas, también denuncian la disputa por las rutas aéreas que pertenecían a su empresa y que ahora ejercen las nuevas aerolíneas. La escena es dolorosa, desoladora; conforma un retrato formidable de nuestro país: La prosperidad de algunos a costa del infortunio de muchos; la normalidad de aceptar que algunos caben en el cielo, otros no.

Germán Dehesa solía decir que ningún cosmos puede construirse con base en la demolición de otro cosmos. Antes de que los aviones, turistas, empresarios y habitantes del México de mañana emigren al futuro aeropuerto, es imperativo dimensionar la magnitud del crimen que se cometió contra los trabajadores de Mexicana de Aviación.

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