Sepa la bola en qué año llegaron a México las primeras mesas de billar. Lo cierto es que ese juego ya tenía carta de naturalización mucho antes de 1864, año cuando Maximiliano de Habsburgo arribó a nuestro país; pues es algo conocido que el archiduque debió pasar su primera noche en México sobre una mesa de billar ¡intentando dormir!

Ese histórico hecho ha sido relatado por varios autores, entre ellos Carlos Fuentes, quien en su obra Espejo Enterrado, precisa también la esperpéntica causa de tal circunstancia:

La saga imperial se inició con incidentes cómicos. Cuando llegó a la Ciudad de México, la  pareja real ocupó los apartamentos de Santa Anna en el Palacio Nacional. Las chinches los obligaron a dejar las camas y dormir sobre la mesa de billar”.

El anterior hecho sirve para comprobar, una vez más, que doña Historia es una experta coleccionista de objetos que para los ojos de cualquier simple mortal resultarían por completo insignificantes.

Así que sin salir del tema con que este Portrait inicia, les cuento que no resulta entonces nada extraño toparse, de buenas a primeras, con un manuscrito histórico fechado en 1911 dirigido a don Francisco Ignacio (que no Indalecio, ojo) Madero, redactado con renglones muy derechitos y una letra Palmer muy mona, sobre una simple nota de remisión de “La Alianza”, antiguo negocio de cantina y billares que en Guadalajara existió frente al jardín de San Francisco.

Porque como es sabido, para 1911 en Guadalajara ya existía un buen número de billares establecidos y, probablemente, uno mayor de cantinas; asimismo, hay testimonios literarios de que ese juego era muy practicado en tierras neogallegas desde siglos anteriores, aunque no de manera tan formal como luego sucedió a partir del siglo xix.

Al respecto, Manique de Lara, en su relato “Cosas del tiempo” nos comparte la siguiente estampa costumbrista de la Guadalajara circa 1880: “En los suburbios había numerosos tenduchos en cuyas trastiendas se encontaba una mala mesa de carambola y otras no mejores para los juegos de damas, dados y dominó. A tales trastiendas concurría no sólo la gente del bronce sino tambien los estudiantes más aventajados… en marrullerías, hijos de familia, por lo general, que se recataban de la vista de sus mayores y que no pocas veces salian de aquellos sitios con un ojo amoratado o con un brazo en cabestrillo”.

Manrique de Lara menciona al dichoso tendejón-billar por su nombre, que no era otro sino “La Campamocha”, ubicado por el barrio de El Retiro y atendido por “Tonchita”, su propietaria, una mujer “cuya corpulencia no justificaba de manera alguna el diminutivo, pues su peso neto llegaría a las doce arrobas ─hoy 138 kilos─”.

A decir del autor, los estudiantes del Liceo tenían a ese sitio como su cantón, acudiendo ahí hasta “dos veces al día a echar unas carambolas o a jugarse a los dados ya una copa de coñac Gallo de manufactura vernácula, ya un vaso de cerveza del ‘mecatito’, llamada así en razón del que sujetaba el corcho al cuello de la botella.”

Ya en las primeras décadas del siglo xx, las mesas de billar de más caché estaban ubicados en el centro de la capital de Jalisco, bien fuera en clubes selectos, residencias particulares o con acceso público como los “Jalisco”, frente al Teatro Principal, y los que ocuparon las instalaciones del Salón Halley, frente a Catedral; sin que por eso dejaran de existir otros de carácter más barrial, localizados por ejemplo en San Diego 633, González Ortega 193, y en Guillermo Prieto 131; o de plano populachero, como el ubicado en las inmediaciones de la plaza de toros El Progreso, o el llamado “La Ciudadela”, cercano a la antigua estación de FFCC; en estos últimos, por cierto, eran más frecuentes ciertos hechos violentos luego reseñados en alguna nota roja, sin que lo anterior signifique que situaciones semejantes fueran exclusivas de los billares con menor categoría social.

En la llamada Academia del Billar, por Juárez, casi esquina con 16 de septiembre, era frecuente la realización de torneos de carambola, participando decenas de competidores entre los que hubo personajes de las llamadas mejores familias de la sociedad tapatía.

Las mesas de billar preferidas por su calidad, eran las fabricadas por Brunswik-Balke-Collender, con barandas de patente y ruedo de marfil, así como con sus accesorios más utilizados, las taqueras y los tacos.

Volviendo al tema de la misiva histórica al presidente Madero, agregamos el dato de que fue escrita en papelería con el siguiente membrete impreso en su encabezado: “La Alianza. Cantina y billares. J. B. Krieb & Co. Comerciantes por mayor y menor. Esquina Av. Corona y de los Héroes 145 y 311. Guadalajara, Jal., México”.

Negocio que en el margen derecho del documento también anunciara: “Gran surtido y depósito de vinos generosos y aguardientes legítimos de uva. Esquisito whiskey de malta de centeno. Supremos cognacs. Depósito de selectos tequilas tanto embarrilados como embotellados. Cervezas de la fábrica La Perla y de otras varias marcas. Los pedidos foráneos se atienden a vuelta de correo”.

FUE EN UN BILLAR

A continuación, comparto la transcripción (con ortografía corregida) de tan singular documento histórico:

Mayo 2 de 1911.

Sr. don Francisco I. Madero, Presidente popular de la República Mexicana.

Campamento del Ejército Libertador.

Muy apreciable y señor mío:

A pesar de no tener el placer de conocer a ud, me es de todo grato y satisfactorio, darle mi más sincera felicitación, por haberse, ud. y su Ejército, sostenido de una manera brillante y digna, en sus propósitos de paz, pues entiendo que la República en masa se levantara victoriando a su héroe que lo es ud, y con gusto derramará la última gota de sangre, por una causa tan gloriosa y digna de su autor, así es que no hay que retroceder, el pueblo grita adelante, hay que aplastarle las cien cabezas a la hidra. Anoche hubo una manifestación acalorada en esta, donde no se oía más que vivas a Madero. Entrtanto me permito recomendarle a mi hijo Genaro, que se encuentra un poco atrasado en (inteligible), quien podría servirle en algo, pues parece que tiene buena letra y habla inglés.

Soy de ud. afectísimo y atento que mucho le aprecia.

Benito Krieb. Rúbrica.

Quede aquí esa carta, agregando un c.c.p. para el conocimiento y posterior análisis que ustedes realicen, respetados lectores.

Por Carmen Libertad Vera

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