Entrevista con Dulce Garza y Lucía de Luna, de Colectivo Quimera

Por Karem Nerio

El Colectivo Quimera inició el 21 de septiembre una campaña en redes sociales para expresar su descontento con un concurso de belleza en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). La discusión que desató #YoNoSoySeñoritaUNI es comentada en esta entrevista desde lo vivencial e intelectual por Dulce Garza y Lucía de Luna, estudiantes de Letras Mexicanas de la UANL y miembros del colectivo.

Karem Nerio: Ustedes comenzaron a tener mucho revuelo en redes sociales y medios de comunicación hace relativamente poco. ¿Cómo fue que tomaron el valor para iniciar esta denuncia?

Lucía de Luna: Yo creo que ya teníamos mucho tiempo con la reflexión y la práctica respecto al tema de género. Yo personalmente ya desde los 15 años me preguntaba todo este mundo lleno de “deber ser”, imposiciones, como una especie de jaula de lo que puede o no puede ser, a partir del hecho de ser mujer. Incluso me he cuestionado mucho tomar ese papel, de si quiero ser mujer o no, porque históricamente ha implicado ser alguien menos, alguien no válido para hablar, o que tiene que estar sumiso a la orden de alguien más, y también como un recipiente de semen; realmente como un objeto. A mí me conflictuaba mucho ser vista como un objeto sexual, o un objeto decorativo.

El valor en sí de por qué hacerlo: ya estamos a final de la carrera; hemos estudiado feminismo, hemos estudiado cuestiones de género, y nos llamó mucho la atención el póster que salió de la convocatoria de Miss Filo, Señorita Filosofía y Letras, porque tiene unas bases muy discriminatorias, que ahí las pusimos en el manifiesto. De repente nos nació el impulso: “Hay que denunciar esto, no puede ser que esté pasando esto”, porque además sucede en toda la Universidad. Lo que fue diferente este año es que ya había mucha inquietud de más personas, no era aislado; no era como “Yo no estoy de acuerdo y estoy por allá”, sino que entre las clases y los salones empezamos a hablar de eso y fue como “Hagamos algo”.

Dulce Garza: Creo que a mí me ayudó mucho que nada de lo que está redactado en el manifiesto no lo creo, no lo apoyo; en ningún momento me sentí contradecirme. Era muy ético, de pensar y hacer en conjunto, no sólo quedarte en el habla o manifestarte oralmente, lo que no te gusta.

KN: ¿Por qué redes sociales? ¿Por qué fue el primer modo que pensaron de hacer este señalamiento?

DG: Porque es algo que lideramos constantemente. Para poder lanzarnos y que tuviera este ruido que pasó, creemos que era fundamental manejarnos por Facebook, especialmente por la comunidad universitaria.

KN: ¿Hicieron algún evento previo en la Facultad? ¿Algo físico que tuviera que ver con el tema antes de empezar en redes sociales?

LL: No, fue a la par. Estuvimos organizando varias directrices. Dijimos “Vamos a salonear” (que lo hicimos), “Vamos a juntar firmas”. Todavía no se había planteado sí íbamos a hacer una carta de exigencia hacia la autoridad, pero como que nos fue muy obvio primero poner el tema en la comunidad estudiantil como para diagnosticar y sondear qué estaba pasando a ese nivel, y para hacer ruido, “Somos nosotros los que estamos en desacuerdo”. Pero físicamente no podemos ir a todas las facultades y estar voceando. Es algo que requiere mucho trabajo organizativo, y no es que no se pueda, pero al principio éramos cuatro o cinco personas.

DG: Y el tiempo.

LL: Y el tiempo. Entonces nos pareció una manera más directa y más fácil de posicionar el tema. Pero no creíamos que iba a llegar más allá de Filosofía y Letras.

KN: ¿No esperaban que tuviera este impacto?

DG: No. Se viralizó muy rápido.

KN: ¿Y a qué creen que se deba que haya explotado en redes sociales?

DG: El tema. Creo que todos se dieron cuenta que tenían algo que opinar, sin que se hubieran cuestionado antes, sin que hubieran investigado antes. Es un tema que está presente todos los días, y levantas y muchas personas lo primero que hacen es mirarse al espejo.

KN: ¿Qué me voy a poner?

LL: ¿Cómo voy a construir mi persona a partir de lo físico? El que tuviera mucho impacto corresponde a dos cosas: una es que es un tema que para los entendidos, las entendidas de género, pues es muy obvio; como que ya había un desacuerdo histórico en la Universidad, no sólo en Filo, pero en varios lugares se han visto movimientos que están en contra del Certamen. De hecho, en Filo varias veces lo detuvieron por protesta. Luego como que entró cada vez más el neoliberalismo y este control estudiantil y ya no hubo manera de frenarlo. Ya era un descontento general que estaba en el día a día, pero nada más ahí. Y también hubo mucha respuesta de quienes apoyan el concurso, como que les tambaleó mucho que alguien cuestionara algo que para ellos y ellas es normal y es una tradición; como si hubiéramos cuestionado algo intocable, un tabú, ¿no? Es que eso no se toca.

KN: Y estas personas que mencionas, ¿son las que participan activamente en el concurso o son espectadores?

LL: Había de los dos. De hecho, nos contaba una maestra que había leído los comentarios y que encontró 26 hombres furiosos, en medio de otros comentarios de deslegitimización, de broma. Eran más los hombres furiosos diciendo: “No puede ser. ¿Qué les pasa a estas feas?”, como si les quitaran algo que les pertenece. También había comentarios de mujeres diciendo que era una desfachatez, y muchos comentarios de “Pónganse a jalar”, “Pónganse a estudiar”, “Interésense por lo que les importa”, “Ignoren lo que no les afecte” y esta actitud como que es muy satanizadora de la protesta, de la posibilidad de expresar una crítica, porque en el manifiesto no exigimos a nadie nada, ni pedimos siquiera. Era expresar que no estamos de acuerdo.

KN: Para llegar a este manifiesto, este hashtag, esta foto, ¿tienen algunos movimientos, personajes, entes detrás, no de ustedes, pero en la memoria que les haya servido para decir “Esto funciona”?

LL: En el hashtag, supongo que 132

KN: Además de ser un tema universitario

LL: Además de ser un tema universitario. Se posicionó como muchos otros hashtag, como #TodosSomosAyotzinapa, #NosFaltan43

DG: #YoTambiénMeQuedéDormido. Yo creo que es ya como un lenguaje que tienes que saber; cómo verte en redes sociales, que necesitas subir el hashtag, y la forma de hacerlo que es con letrero.

KN: Y, por ejemplo, el tema de género, ¿alguna influencia detrás?

LL: Judith Butler, Beatriz Preciado

KN: ¿Pero en cuanto a movilizaciones sociales?

DG: No claramente. Creo que es más teórico lo que hemos visto.

LL: Lo que pasa es que en la Universidad ya tenemos un largo tiempo, como desde los 80, en el que el movimiento estudiantil se ha visto reprimido e incluso desaparecido, ya que las personas que entran no están interesadas en las decisiones de la gobernabilidad de la Universidad. Si el plan de estudios hace esto, o si te cobran estas cuotas, ya es como que “Paso por inercia y voy a hacer un trabajador más en el mundo”. No hay un cuestionamiento profundo de tu papel histórico, de su sujeto político; solamente vengo aquí a estudiar, y medio estudiar, porque no todos se los toman en serio.

DG: Un papel, ¿no? La certificación de que puedo trabajar.

LL: Hay tanta ausencia de crítica y de movimiento que nos resultaba muy fácil entrar ahí. ¿Qué perdemos? Yo tengo la referencia más directa del movimiento estudiantil, de las asambleas de la UDEM, TEC y de la Uni. También estuve en la Asamblea de la Universidad, y también era un asunto muy de tanteo porque los movimientos estudiantiles habían pasado en los 70, y hay una desmemoria muy fuerte; tampoco sabíamos. Estamos en un proceso de experimentar cómo mover las cosas en la estructura.

KN: Particularmente en la Facultad de Filosofía y Letras, ¿hay algún antecedente de movimiento en cuestiones de género?

LL: Está el CUEC, el Centro de Estudio de Género. Hubo una lucha de la maestra Lídice de crear el Centro, una lucha de mucho tiempo. Pero eso a nivel institucional, no tanto estudiantil

KN: ¿O a nivel académico?

LL: Sí, a nivel académico, pero sabíamos de una maestra que cuando estudiaba juntó formas para rechazar el concurso, pero eso ya fue hace un chorro.

DG: Eso en los 70.

LL: 80. Supimos de otra chica, también de género, que no hizo tal cual una campaña, sino que mandó una carta, no sé si a Rectoría o a la DAE [Dirección de Actividades Estudiantiles] exigiendo que lo quitaran. Respondieron que había demasiados patrocinadores detrás, no lo podían quitar.

KN: ¿Y era una chava sola?

DG: Pues era de Sociología. Supongo que otros compañeros firmaron la petición. No hubo una organización.

KN: ¿Si no hubieran estado en colectivo, no lo hubieran hecho?

LL: Yo creo que no lo hubiera hecho sola. Creo que sentirme respaldada por un grupo de personas… Es que además no es un asunto de que “Yo me siento ofendida por el concurso, porque reproduce el machismo”; es un asunto de colectividad. Obviamente que quienes no están interesados en el concurso pueden seguir la vida y ya, vivir paralelamente con la violencia de género, pero justo lo hablábamos hace rato y decíamos “Es que sí nos afecta”, como colectividad nos afecta a todos. Entonces quedarte de brazos cruzados… Obviamente hay miles de problemas en el mundo, afuera y dentro de la Universidad. Queríamos dar cuenta de que hay un descontento, y no solamente somos nosotras, o un grupito de Filo y Letras. Es algo que está ahí, por lo bajo, en rumor y pactar.

Y yo lo pensaba y hasta cierto punto es una lucha contra el Estado. Dices “¿Cómo? ¿Qué tiene que ver el Estado?”. Pues sí, porque la Universidad es un mini Estado. Además es contra el Estado a nivel biopolítico, como micropolítico, porque la cuestión de género finalmente es algo político. Aunque no se diga así, pero nos afecta a todos en la manera de convivir, de sentirnos como personas. Es como un tema que no se quiere tocar mucho porque desestabilizaría muchas otras cosas. Por eso se ha querido manejar muy de papeleo. Las instituciones dicen “Sí tenemos equidad de género, sí tenemos enfoque de género”, pero lo dejan en el papel, porque sí lo hicieran de verdad, todos los roles y relaciones de poder se moverían.

KN: ¿Tuvieron la oportunidad de hablar con maestros o autoridades de la Universidad y sentirse respaldadas o no?

DG: El respaldo siempre estuvo presente desde que abordamos estos temas en clase, y sabíamos que estaban en descontento, nos apoyaban. En todo el Colegio de Letras no hay persona que no apoye, pero está esto de otros colegios, como Educación, Ciencias del Lenguaje, que no tienen una línea académica similar a la de nosotros y sí se nota esta resistencia a lo que nosotros propusimos, pues que era “Hacer un cambio”, dejar de hacer el concurso, y hacer que sean conscientes de esto que aparentemente no les afecta. Entonces sí hay un apoyo.

LL: Con las autoridades no hemos tenido un contacto de diálogo directo, no nos han hablado. Nosotros no lo hemos buscando porque sabemos que no puedes llegar solo o sola, no te van a escuchar. Te van hacer alguna cara, como que te despachan. Como estrategia política, nos vamos dando cuenta que la Universidad responde en tanto los medios respondan; como que a partir de lo que vean afuera, van a voltear hacia adentro.Desde adentro no lo hacen, necesitan un periodicazo, necesitan un jalón ahí, que alguien importante diga “Oigan, ¿qué están haciendo?”. Pero de adentro no te van a escuchar.

DG: Ahí está una preocupación más por la imagen, hablando de los concursos de belleza, que tienen ante la sociedad más de lo que quieren lograr como estudiante en su discurso de crítico o humanista.

KN: ¿De dónde sale el nombre de Quimera? ¿A quién se le ocurrió?

DG: Tratamos de no posicionarnos como “Ah, son mujeres las que están hablando”. Eso fue lo principal.

LL: Ya ves que está esta frase de “Hombre, mujer o quimera”. Es una frase popular. No sé de dónde viene, pero siempre ha le escuchado.

KN: Algo que no sabes qué es.

LL: Algo que está abierto. Sí tú buscas fotos de quimeras en Internet o en libros. aparecen con cuerpo de león, alas de águila, cabeza de dragón; es muy mitológico. Entonces se nos ocurrió justo por eso, para incluirnos a todos, porque tampoco íbamos a decir un grupo de hombres, o un grupo de hombres y mujeres. Era volver en la dualidad que en el género también se cuestiona, la Teoría Queer. Esa no es muy conocida, pero en los ámbitos académicos de repente sí aparece. Entonces el nombre viene de trata de incluirnos a todos, porque además hay personas que no se consideran hombres, ni mujeres; tienen otra identidad, asumen otra identidad. A nivel biológico no sólo hemos sido hombres y mujeres, porque además es una construcción, pero hay personas que nacen intersexuales, elementos no tan definidos ,y de hecho suelen sufrir muchas mutilaciones. Los hospitales los obligan a ser hombres o ser mujeres y terminan arruinándoles la vida. He visto documentales sobre eso. Era un poco dar el espacio a esas personas que pueden o no ser intersexuales pero cuestionan esta dicotomía o dualidad tan antagonista.

KN: Que sea una cuestión mitológica creo que también le da un poco la identidad de donde surge, de una Facultad de Filosofía y Letras. ¿Por ahí va?

LL: Sí, a mí me gusta el toque de lo utópico, como que es algo mitológico. Esa es la conexión con el unicornio, es un ser que no existe, pero que tiene un valor. Quizás se puede tomar no sólo desde el género, sino una lucha que está buscando algo que sabe que está bien difícil, que es invisible. Se le pueden hacer un chorro de lecturas.

KN: Cuando comenzaron a recibir estos comentarios agresivos, ¿se esperaban también que hubieran estas agresiones?

LL: De hecho yo fui la que aparecí en la primer foto. Ese día me desafané de las redes porque empecé a leer los comentarios y me dolió la cabeza. Estuve toda la tarde con dolor de cabeza no tanto porque me dijeran fea; más allá de esos insultos, yo no me he sentido afectada por ellos. Más bien darte cuenta de lo triste que puede ser, escuchar algo así, leer algo así. De hecho mi hermana me dijo “Estoy muy triste”, porque me decía “Así es la sociedad; esto es un reflejo de la sociedad”. Pues de una parte sí. Porque los pseudo argumentos eran muy malos. Ya que me dolió la cabeza, traté de darle la vuelta y reírme, y comencé a reírme; esto es tan ridículo que mejor me río. Y no por sentir lástima, porque sí vivimos coraje. Todos los que estuvimos estábamos con mucho coraje.

KN: ¿En algún momento dijeron “Vamos a bajar las fotos, esto se acabó”?

D.G.: Las nuestras no. Cuando subimos las de compañeros que nos estaban apoyando con la misma fotografía, ahí sí dijimos “No vamos a subir más fotos”, aunque nos hacían llegar por inbox, porque sí era exponer a gente que nos estaba apoyando, pero sí se llevaba un buen de comentarios muy agresivos y mal intencionados.

LL: Hubo un momento en que pensamos cerrar nuestro perfiles, por seguridad. Igual es una amenaza por internet, es anónimo, aparentemente, pero no sabes lo que puede pasar. Sí hubo un momento en que iba a la Universidad y me sentía muy observada. Más de 10 mil personas del mundo, no sólo de la Universidad; muchos eran de la Universidad, y era como raro. Pero también hubo mucho apoyo. Para mí fue ambivalente. Lo sentí balanceado porque en la Facultad de hecho tuvimos buena recepción, en el saloneo nos recibieron muy bien. No me imagino a alguien acercándose a nosotras diciéndonos algo.

DG: Ahí hay un dato muy interesante: cómo la gente interactúa mediante redes. Si es muy cobarde, no te lo va a decir en la cara. Una compañera que llevaba clases con gente que posteaba así como insultos en frente no la abordaban, si quiera para decir “¿Por qué hace esto?”.

KN: ¿Nunca nadie se les acercó para decirles “¡¿Qué están haciendo?!”?

DG: Estudiantes no, de apoyo sí.

LL: Cuando estábamos juntando firmas llegaron “felicidades”, “con madre”. Hubo una tocada en la semana que salió la campaña, el miércoles, y ahí yo estuve anunciando lo que estaba pasando, y salió un chavo de Sociología; traía un vestido y leyó un poema que hizo, muy bueno. Un apoyo. Y también yo vi algo que me llamó la atención en redes: que personas por lo general no tocan ningún tema político, ningún tema social, se vieron convocadas a partir de los comentarios. “¿Cómo puede ser la misoginia que hay?”, pero personas muy aisladas. No que impactó mucho a la gente; le interesa un poquito y se impactó demasiado en ver eso, ver el nivel de violencia, de agresividad que se podía dar. Hasta llamó más todavía que el rechazo al concurso.

KN: ¿Cómo se explican esta violencia especialmente en redes sociales?

LL: También lo habíamos pensado. Yo lo conecté con la época que estamos viviendo en Monterrey. No estamos saliendo de un proceso de guerra, estamos en un proceso de guerra, muy fuerte; pareciera que no es como en el 2010, en el 2011, pero creo que sí hay una conexión con este contexto social más grande donde la violencia comienza a normalizarse, a volverse algo natural, que siempre ha sido algo natural, pero como que este proceso de terror, no tanto de miedo, yo lo relaciono más con el terror porque te paraliza, te deshumaniza. Ha sido eso: deshumanizarnos. Tener la facilidad de agredir al otro desde el anonimato.

Lo que pasa con redes es que hay un anonimato. No conozco la persona, no me interesa quién es. Si yo estuviera con esta persona que me está diciendo esto, ¿me diría esto en la cara? Si yo llego y le platico “Oye, fíjate que está pasando esto con el Certamen, estamos observando esto”, no creo que me trataría de esa manera, pero es una creencia bien ingenua de mi parte. Creo que corresponde a un contexto de violencia mucho más cruda y de una violencia en cuanto al género, porque tenemos este gran dato de ser el estado más discriminatorio del país. Lo vivimos todos los días, tanto con la mujer, con los indígenas, con los inmigrantes, los que están en la clase baja. Si observamos ese afuera de la universidad, no nos sorprenderían los comentarios. Nos sorprenden porque no estamos acostumbradas a recibirlos todo el tiempo o a leerlos.

DG: A darle la importancia porque ya está dentro de lo que habíamos provocado. Creo que también es importante mencionar esto de la libertad de expresión. Hay una falsa democracia de los medios, donde la concepción de la misma democracia es “Yo puedo decir lo que quiera porque me lo permite” sin pensar en repercusiones, o en el respeto que mencionábamos. Creo que muchos de los comentarios se escondían en esto de “Estoy ejerciendo mi libertad de expresión” sin ponerse a detallar en argumentos. También fue una exposición de la falta de formación educativa hacia el lenguaje de la Universidad.

LL: Aquí traigo la misión que dice “[La Universidad] genera conocimiento social, científico , humanista, como una actividad que permite dar atención oportuna a las diversas problemáticas de la sociedad en su conjunto así como asegurar y mejorar permanentemente la calidad de la formación universitaria” Es como que no checa un concurso de belleza cuando estás hablando de transformación social, cuando estás hablando de ser conscientes, de ser críticos, de estar en una clase mundial de calidad.

DG: Y transformar la sociedad.

LL: No la estás transformando, la estás reproduciendo, estás legitimando todavía más.

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