Por Ramón I. Centeno

Sobran las historias de violencia por la guerra contra el narco activada en 2006 por Felipe Calderón y hoy continuada por Peña Nieto. Pero hace poco se supo del que es posiblemente el peor episodio de todos los habidos hasta ahora. La masacre de más de 300 personas en Allende, Coahuila, expuesta hace poco luego de una paciente labor investigativa por Diego Osorno. ¿300? 300, sí. La cifra es escalofriante. ¿Son imaginables, en verdad, las escenas de ese operativo genocida de Los Zetas en la limpia de una población entera?

En medio de esta barbarie, creo no ser el único que habría deseado que las víctimas de esta guerra fallida hubieran tenido, por lo menos, la oportunidad de defenderse. En vez de ofrecer la otra mejilla, más de una víctima habría estado dispuesta a resistir su ejecución. De hecho, esta segunda ruta es la que eligieron las comunidades en Michoacán y Guerrero que optaron por armarse contra los narcos ante la omisión (o abierta complicidad) del Estado.

Así lo expuso Nestora Salgado, comandante de la policía comunitaria de Olinalá, Guerrero:

Como nosotros estábamos hartos de que esas autoridades no hacían nada [contra el crimen], tuvimos que hacerlo por necesidad [formar la policía comunitaria]. Por el miedo y por la necesidad de proteger a nuestra gente y protegernos nosotros mismos. Porque si nadie lo hacía alguien lo tenía que hacer. ¿Entonces qué íbamos a esperar? ¿Que nos mataran? Pues no. Por eso el pueblo se levantó en armas.

José Manuel Mireles, líder de las autodefensas michoacanas, fue más crudo:

Lo que hicimos fue ponernos de acuerdo y elegir la forma en que queremos morir. Todos coincidimos en una sola: morir luchando, no como animalitos en un rastro, no como borregos atados de pies y manos. Hay familias enteras que no merecían lo que estos desgraciados hicieron.

Como muestra de la corrupción estatal, está el video de “La Tuta” reuniéndose con el hijo del ex gobernador de Michoacán filmado en el tiempo en que su padre juraba enfrentar a ese cártel. Hoy Nestora y Mireles están en prisión. Sin embargo, ellos “sólo” son las dos cabezas más visibles entre cientos de presos políticos en las cárceles de México. La Jornada ha registrado 319 autodefensas michoacanos presos. ¿Cuántos habrá en total a nivel nacional?

Por un lado, es alentadora la voluntad de oponer resistencia a la barbarie que han mostrado estas franjas de la población. Por el otro, desanima la escasa solidaridad que han recibido estos esfuerzos, comenzando por la libertad de sus presos. Arriesgando ideas, tal vez parte de la explicación proviene de un catolicismo que eleva el rol de víctima a una categoría divina (Jesucristo fue ejecutado y eso es presentado como maravilloso). Los presos comunitarios se negaron a ser víctimas y se pusieron de pie… y eso confunde a nuestra cultura. Como mostré en una columna previa, incluso desde la “izquierda” López Obrador ha regañado a la gente de Tierra Caliente por enfrentar a los narcos: “el pueblo no tiene por qué hacerse cargo de estos asuntos que le corresponden al gobierno”. Ricardo Flores Magón tenía otro temple:

No, la humildad no es una virtud: es un defecto que hace a los pueblos sumisos, sufridos. La humildad aconseja poner la otra mejilla cuando en una se ha recibido el ultraje… Contra soberbia, humildad, suspira el fraile. Contra soberbia, ¡rebelión!, gritamos los hombres. [Y no sólo los hombres, bien podría corregit Nestora.]

El pasado 21 de agosto Nestora cumplió un año en prisión. Por ello, ese día se realizaron protestas por su libertad, la de Mireles y la de todos los presos políticos del país. Las acciones ocurrieron en ciudades de 7 países, incluyendo en México un evento central en la UACM y una movilización en la misma Olinalá en Guerrero. En la coordinación internacional de esta jornada mucho tuvo que ver la cooperación entre organizaciones socialistas de diversas trayectorias y países en el Comité Nesotra Libre. Es un buen precedente.

México aún vive tiempos violentos. Cada vez más violentos. La presidencia de Peña Nieto ha cobrado más vidas, en el mismo tiempo, que la de Calderón. Y no hay señales de cambio más allá de ofrecer nuevos recursos del país a los magnates foráneos (y locales). Ojalá no se repitan masacres como la de Allende. Ojalá se repitan respuestas como las que encabezaron Nestora y Mireles. Ojalá pronto salga de la cárcel toda la gente que ha puesto el ejemplo.

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