Errores de programación

En teoría, el tiempo para diseño, planeación y programación de un evento como la Feria Municipal del Libro en Guadalajara (FML) debería comprender un periodo mínimo de seis meses, proseguido por otro periodo de un mes, también mínimo, para asegurar la adecuada difusión previa de las actividades incorporadas en la nueva edición.

Lo anterior daría como resultado que Guadalajara tuviera una FML digna, al nivel de su tan alardeada y presumida condición de “ser la de mayor antigüedad a nivel nacional”.

Esos tiempos programáticos implicarían a su vez la posibilidad de un proyecto ferial razonado que conduzca a un nivel superior de cualquier edición anterior, en lo que respecta a contenido y calidad.

Porque si algo ha caracterizado a la programación cultural de la FML es la improvisación, el diletantismo y, especialmente en las recientes ediciones de eso que voluntaristamente se denominó Feria Municipal del Libro y la Cultura, (FMLC), la presunta inclusión favoritista o nepótica de un buen número de participantes vinculados, de manera personal o empresarial, con algunos organizadores.

A fin de eliminar la posibilidad de una presunción semejante, la cual implica una soterrada existencia de oscuros conflictos de intereses y/o tráfico de influencias; y considerando las políticas de transparencia administrativa tan vanagloriadas que supuestamente rigen la actual administración municipal de Guadalajara, sería conveniente que los coordinadores de cualquier edición de la FML, presentaran con todo rigor sus declaraciones públicas 3 de 3.

Eso evitaría cualquier especulación con respecto a la tan observada y reiterada programación de algunos personajes en específico que, por ejemplo, hubo en la FMLC; ampliando así el espectro participativo hacia una más diversificada inclusión de diferentes creadores a nivel local, estatal y nacional.

Eventitis a granel

Tomando como parámetro de referencia el conjunto de 142 eventos oficiales que la anterior edición 49 de la FMLC tuvo, puede observarse de manera clara y en retrospectiva cómo esa programación destacó por el facilista criterio de selección aplicado.

Situación que de origen pudiera atribuirse en gran parte a la enorme deficiencia organizativa entonces demostrada, aunada a la inexistencia de una reglamentada convocatoria oficial y pública para recibir, en tiempo y forma, posibles proyectos y/o propuestas emanadas de la comunidad artístico-cultural, académica, o proveniente de la sociedad civil.

Las consecuencias de tal deficiencia se revelaron en el alto grado de improvisación y en los múltiples errores con que se configuró, final y apresuradamente, la programación cultual de esa FMLC 49.

Prueba palpable de ello fue la informal “convocatoria”, por llamarla de algún modo, que la entonces responsable principal de la programación cultural de FMLC 49, María Dolores Garnica Michel, publicara en su muro de Facebook el 19 de marzo del 2017; es decir, a poco más de un mes del inicio formal de la feria; publicación que a continuación cito:

“¿Le interesa a usted ayudar en la renovación de la Feria Mpal [sic] del Libro? ¿Sabe usted de su maravilloso público y sus posibilidades como detonante de transformación cultural y social? Pregúntame cómo, querido amiguito de Face…”.

En respuesta a las preguntas derivadas de tan dichosa “invitación”, la “convocante” de inmediato “amplió” su “información” original mediante subsecuentes posts en esa misma red social, dando a entender que la participación contemplaba distintas posibilidades, por lo que cualquier interesado podría “desde organizar una actividad, entrarle a patrocinar un ciclo incluso sólo compartiendo los post de nuestra sitio.. ¿cómo ven? Los interesados mándenme mensajito y les respondo en corto”.

No resultó extraño, por lo tanto, el malogrado y confuso criterio de programación que permeó muchas de las actividades avaladas y realizadas en la FMLC 49; así como los cambios y agregados de última hora.

A lo anterior se vino a sumar, en forma por demás evidente, la excesiva e improcedente participación dobletera o tripletera, en calidad de curadores, ponentes o moderadores, de ¡los entonces integrantes del equipo de logística oficial de la FMLC 49!

A grandes rasgos, en la FMLC 49 se advirtió un endeble intento por estructurar actividades en bloques “temáticos”, conforme empantanados criterios selectivos, plagados de forzadas mezclas duras entre géneros periodístico-literarios, tipos de público, edades, instituciones participantes, aspectos de género, identidad y/o preferencia sexual, etc.

Finalmente, las actividades se etiquetaron bajo los siguientes rubros: Niños, Jóvenes, Niños y Jóvenes [sic], Poesía y Ficción, No Ficción, Escritores en mi ciudad, Música, Danza, y el muy variopinto “concepto” de Especial; además de algunos escasos eventos exentos de cualquier clasificación.

En la casi totalidad de actividades, se aplicó la eficiente fórmula pragmático-gerencial del: “máximo rendimiento, al mínimo costo y esfuerzo”.

De allí que sin el menor rubor se recurriera a la cooptación de cualquier “recurso humano” disponible, preferentemente si éste era pro bono.

Con tal esquema de voluntariado culturoso, “mano de obra gratuita” dirían algunos, sin el menor tapujo o criterio de selectividad autoral, se incluyeron todos los nombres propuestos por los responsables de talleres literarios, grupos interdisciplinarios, asociaciones religiosas o civiles; colectivos y similares, de la zona metropolitana y puntos circunvecinos. Bajo el criterio de “¡Pásenle qué aquí hay lugar!”.

De allí que )procedentes de cualquier organismo posible, fuera chico, mediano o grande; oficial, particular o vil patito; gratuito o por cooperación; old fashioned, alternativo, y hasta pirata) por docena se enlistó a los “mejores talentos” de sus filas en cualquier posible lectura, presentación, stand up, charla seria o jocosa [sic], actividad interactiva, entrevista y todo aquello disponible o dispuesto para ser programado.

Pareciendo entonces que en esa cuestionable organización de la FMLC 49, la programación equivalió a hacer choncha chorcha, a como diera lugar; y teniendo como propósito final, “haiga sido, como haiga sido”, asegurar cifras de participación al alza, aunque fueran irreales, con el único fin de inflar estadísticas, pudiendo justificar así los dineros destinados a esa municipal feria librera.

El hipotético pretexto resultó ni mandado hacer: estar abiertos a que cualquier talento emergente haga sus pininos.

En especial, si esos emergentes tenían visos de llegar a su presentación acompañados por harto público cautivo, en calidad de acarreada porra familiar, sentimental, vecinal, amistosa, escolar o whatever.

Con algunos matices, la anterior situación se replicó en el caso de presentaciones de libros y/o conferencias promovidas con mayor seriedad por las consabidas editoriales locales, o por los propios autores, aunque sin faltar en éstas los cuates y allegados de siempre, propuestos por la coordinación y representando su muy gustado papel de los comodines de rigor; lo que revuelto con los pocos aciertos programados, “explicó” la injustificada inclusión de “expertos en esoterismo” [sic], superación personal, y orientadores laborales de millenians.

Pues, al no contar con un diseño integral con lineamientos claros y precisos, a partir del cual se elaboraran las distintas propuestas de programación, ésta se convirtió en lo que fue: una enorme mescolanza conformada a partir de lo que cayera y donde, salvo contadas excepciones, fueron los propios participantes quienes en realidad y por default, estuvieron completando la agenda de la FMLC 49.

La pregunta indispensable en esa 49 edición fue: ¿si los coordinadores de esos talleres o escuelas literarias recibieron alguna retribución económica por hacer la talacha organizativa que exclusivamente, sobre todo en la etapa de diseño y planeación integral, debió corresponder al equipo logístico comandado por la maestra Garnica?

Porque sin la colaboración del entusiasta voluntariado, que vio en su participación la valiosa oportunidad para demostrar su talento artístico, hubiera sido imposible para la organización oficial, (la mano que mecía la cuna y que sí devengaba un salario o porcentaje presupuestal, aunque éste fuera “de cinco pesos”), anunciar 150 “autores” invitados; de los cuales, en relación a la literatura ni fueron todos los que estuvieron, ni estuvieron todos los que debieron estar. Pues la mayoría de ellos, o eran principiantes, o eran ilustres desconocidos. Sólo un reducido porcentaje de participantes tuvo la categoría de autores profesionales; y uno mucho menor, la de autores reconocidos o con trayectoria.

Algunos bateadores emergentes resultaron bateados

Aunada a la heterogénea contribución participativa de quienes por voluntad propia quedaron apuntados en la programación cultural de la FMLC 49, esa edición también contempló la realización de siete ciclos temáticos, coordinados por distintas personalidades o instancias sociales con cierta relación en cada tema abordado.

Dichos ciclos fueron los siguientes: Jóvenes, con 14 actividades a cargo del Colectivo Unísono; Libros y Diversidad, con 3 mesas coordinadas por el Dr. Luis Martín Ulloa; Leer es Resistir, con 3 mesas promovidas por Yara Patiño Estévez, una de las integrantes oficiales del equipo de logística de la FMLC 49; Libros y Música, con 3 mesas dirigidas por Javier Audirac; Gente de Pluma y Lente, con 5 mesas estructuradas por la Maestra Vanesa Robles; Poesía: lecturas y discusiones en torno al lenguaje poético, con 3 mesas organizadas por Ángel Ortuño: Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, un ciclo de conferencias y charlas propuestas e impartidas por los mismos socios de la BSGEE.

La notoria ausencia de una supervisión general en la realización de esas actividades, delegadas a terceras personas por completo ajenas al equipo de organización oficial, con excepción de la ya mencionada Yara Patiño Estévez, en no pocos casos, trajo como consecuencia una reiterativa serie de fallas que bien pudieron evitarse oportunamente, de haber existido el suficiente profesionalismo por parte de la responsable principal del evento.

Entre esas fallas se pudieron advertir algunas discrepancias programáticas en, por ejemplo, el ciclo De Pluma y Lente, al aparecer dos versiones distintas de un mismo evento, como fue el caso de la mesa dos, programada el 2 de mayo a las 19:30 horas, en que la versión publicada en el programa de mano impreso incluyó como participantes a “Natalia Armienta, Joaquín Hurtado y Rafael del Río”; mientras que en la página web oficial de la FMCL 49 se anunció a “Natalia Armienta, Priscila Hernández y Jordi Capó”. En ambos casos, la moderación del evento se promocionó a cargo de: “Nacho [sic de recontra sic] Pérez Vega”.

Lo mismo aconteció con la mesa 1, mayo 1 a las 18:00 horas, donde dentro de ese mismo ciclo se programó en el impreso a: “Joaquín Hurtado, Fabricio Atilano”; mientras que en el sitio web se anunció a: “Priscila Hernández, Fabricio Atilano”.

Error similar ocurrió en el Ciclo Libros y Diversidad, con la “curaduría” del académico Luis Martín Ulloa, ya que el programa impreso apareció una actividad con la sola participación del escritor y editor Sergio Téllez-Pon; mientras que en el programa digital y en redes sociales se agregó la presencia del conductor de Radio UDG, Ricardo Salazar. En los hechos, ninguna de las dos versiones resultó ser verídica, dado que en realidad y “por causas de fuerza mayor”, fue Verónica López, también conductora en Radio UDG, quien acompañó al charlista. Sin que la FMLC 49 ofreciera al respecto una disculpa o explicación pública en su sitio o en sus redes sociales.

Además, especialmente en la versión digital y las redes sociales de la FMCL 49, fue por demás notoria la completa falta de información al público, con respecto a los aspectos biográficos, la trayectoria profesional, el curriculum académico o artístico-cultural, la bibliografía personal, los premios o reconocimientos recibidos, etc., de todos y cada uno de los participantes, no sólo en los distintos ciclos “especiales”, sino también en el resto de la programación. Nada, ni siquiera una sintética nota al respecto. Mucho menos, la fotografía correspondiente, a excepción de los considerados como muy famosos, y de la organizadora oficial, quien sin la menor reticencia, publicitó profusa y digitalmente su egregia imagen; quizá debido a que ella, al igual que los otros dos integrantes del equipo logístico, Yara Patiño Estévez y el gestor cultural Adrián Esparza, protagonizaron en varias ocasiones el papel de juez y parte, siendo a la vez organizadores y participantes en distintos eventos; demostrando con ello en los resultados globales, la vigente imposibilidad de querer repicar y andar en la procesión.

A todo lo anterior, mencionaría finalmente los varios eventos agregados a última hora, los cuales y “por razones lógicas, nunca alcanzaron a entrar” en el programa impreso.

Errores de difusión

A estas alturas, resultan inexplicables los crasos errores cometidos en la difusión oficial de la FMLC 49, sobre todo en el entendido que la mayor parte de la programación fue realizada en forma multi participativa, al través de voluntarios o de colaboradores en los que recayó, con mayor o menor eficiencia, un gran porcentaje de la responsabilidad oficial.

Los canales de promoción y difusión de las actividades culturales de la FMLC 49, fundamentalmente fueron tres: el material impreso, el sitio web oficial y la fan page de la red social Facebook. El manejo en todos los casos fue deplorable, al margen de un diseño y un manejo profesional.

Con relación al material impreso, que lo integraron primordialmente el programa oficial y unos abanicos en cartulina semi rígida, el primero estuvo muy descuidado en su diseño gráfico, edición e impresión; la elaboración se notó apresurada e incompleta, dejando pasar por alto correcciones de estilo que pudieron realizarse, si se hubiera tenido un mayor y mejor control de calidad.

Los abanicos fueron un detalle utilitario prescindible, en la medida que no aportaron algún contenido significativo, relacionado con las propias actividades de la feria, los autores participantes, o en torno al fomento de la lectura; en lugar de eso, alguien decidió reducirlos a servir de acartonado espacio publicitario comercial.

En la opinión profesional del reconocido diseñador gráfico Augusto Hernández, entre las características negativas detectadas en el sitio web de la FMLC 49, sobresalieron las siguientes:

El pésimo y rudimentario diseño ausente de creatividad, realizado a partir de una plantilla no exclusiva, prefabricada por algún host a un costo comercial bajísimo o de plano gratuito; plantilla al parecer empleada desde el 2016 y vuelta a rellenar con enorme improvisación, inadecuada selección tipográfica, mal uso del color; empleo excesivo y repetitivo de imágenes, estas tomadas de internet, sin la suficiente calidad en cuanto a resolución gráfica o valor estético, y sin los correspondientes créditos autorales.

La programación desplegada en pantalla fue continua e ininterrumpida, pudiendo haberse utilizado mejores opciones, como haber mostrado de manera seccionada el contenido, mediante el diseño de un calendario a partir de recuadros donde se señalaran fechas, horarios y participantes de cada evento. No se contempló una sección para ubicar un mapeo o geolocalizador interactivo mostrando la ubicación de las distintas sedes.

Fue una página abigarrada, sin los requisitos legales básicos, sin algo vital como es el pie de página, sin mapa del sitio, sin la mínima posibilidad de interacción al través de una sección para preguntas frecuentes, o para la visualización en, mínimo, otro idioma como el inglés; el logotipo oficial no cumplió su funcionalidad identitaria, pues en ese caso mostró una marcada distorsión de su significado original, debido a la notoria intención de vincularlo con una cursilona y facilista idea del amor romántico, algo completamente fuera de contexto; y, en comparación con otros logotipos que se mostraron, no existió la debida jerarquización en cuanto a tamaño y disposición; especialmente en lo que respecta a los de patrocinadores comerciales, que revelaron un exagerado carácter publicitario.

En resumen: Un sitio por demás mediocre, desfasado, plagado de errores, de pésimo gusto y el cual, en forma evidente, desaprovechó al máximo la posibilidad de emplear otros recursos digitales con mayor impacto visual y mediático, como la inserción de archivos de audio o video, galerías de imágenes, híper vínculos, etc.”.

En lo que respecta la difusión en redes sociales, la edición 49 de la FMLC, incomprensiblemente se limitó al manejo de una fan page oficial en Facebook. Cero Twitter, Instagram o canal de YouTube.

Aún con esas limitaciones, las deficiencias mostradas en ese manejo fueron mayúsculas. Ya que al igual que sucedió con el sitio web, se pudo advertir la carencia profesional de un profesional en la materia, en este caso un community manager.

Los gráficos utilizados no tuvieron una mínima calidad. Diseñados en forma elemental y primitiva, carecieron de atractivo visual, provocaban flojera y hartazgo en la escasa audiencia cibernética.

Por otra parte, el intento de cobertura informativa dejó mucho que desear. Las fotografías empleadas fueron de ínfima resolución, no pocas de ellas desenfocadas, borrosas, y con el agravante de que la mayoría no tuvo la información suficiente o completa que permitiera identificar a todos quiénes aparecían en la imagen, en cuál evento habían participado, etc. En muchos casos pocos datos, en casi todos, ningún dato.

En lo que respecta al material videográfico, éste se limitó a dos producciones, una de regular edición y la otra ¡de pena ajena y sin sonido!; en conjunto hicieron un total de menos de tres minutos de duración.

Su nivel de interacción social fue de mínimo a nulo, teniendo un promedio de seis a diez respuestas por post.

Uno de los errores que en forma más contundente evidenció las deficiencias en el manejo de redes sociales, fue el anuncio del hashtag oficial “#FeriampallibroGDL”; el cual, además de tener un uso incorrecto de altas y bajas ¡nunca volvió a ser utilizado!

La síntesis sobre el tema de la difusión sería que: de un presupuesto global que rebasó el medio millón de pesos, la organización oficial de la FMLC 49 decidió destinar algo así como sólo tres pesos, para atención y manejo de sus canales de difusión digital. O quizás menos.

Colofón

Este 5 de mayo del 2018 quedó formalmente inaugurada la edición 50 de la Feria Municipal del Libro de Guadalajara, la cual concluirá el próximo 20 de mayo. Edición que entre sus aciertos iniciales denotó la renovación de su equipo organizador, la recuperación de su antiguo nombre, y la decisión de no omitir la celebración centenaria del natalicio de Juan José Arreola.

La FML 50 también ha tenido un mejor y más profesional manejo de su información en redes sociales, con gráficos de mayor calidad, con transmisiones en vivo, e incluso un marco para los perfiles fotográficos en Facebook.

En Twitter, la información ha sido adecuada y las publicaciones se realizan con regular frecuencia.

No todo es miel sobre hojuelas. Andan por ahí todavía rezagos de los errores programáticos provenientes de las anteriores ediciones de la ex FMLC. Habrá que subsanarlos a futuro.

Quizá el mayor reto actual de la FML 50 sea el de no quedar convertida en una mini sucursal de la Feria Internacional del Libro. La estrecha vinculación logística y programática que de ambas ferias ahora se observa, debe ser superada a la brevedad posible.

Quede aquí, por lo pronto en estas tres entregas, el registro y balance crítico de la anterior edición 2017, con la única finalidad de que mucho de lo deleznable de esa ferial historia, no se olvide, ni tampoco se vuelva a repetir.

Por Carmen Libertad Vera

Comments

comments