Por Roberto Bolaño

Foto por Victor Hugo Valdivia

Para Mara Larrosa

La madrugada es de los sobrevivientes, un guerrero que siempre ha sido pobre, que nunca ha dejado de amar. Nuestras chaquetas blancas de escarcha y suspiros, nuestros besos más bien la certeza de sabernos acorralados por el beso, nuevo y peligroso. O Carla diciendo inventar otras armas para la revolución, lo cotidiano destazado; y su hijo de año y medio ha encontrado el puente para comunicarse con nosotros a través de la palabra pato. Qué sino el amor, el deseo —quizás unos muslos abiertos bajo mi peso— de evitar la carrera loca por el iris de tus ojazos. Qué, dime, o mañana aún es temprano, o toda la vergüenza aún no aflora, y quién entonces aflora, o mírame a mitad de este puente contemplando peces voladores sobre un río sepia, rostros prehistóricos en las nubes que irremediablemente se ahogan, se confunden con la neblina de la ciudad, murmurando pato, pato, pato, pato… (1975)

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