Por Aarón Benito Nicolás González

Para comprender las crónicas que relata Osorno, es necesario atenuar la razón y establecer el sentido de la empatía.

Como consecuencia de una desastrosa política antidrogas, la Caravana por la Paz, liderada por el poeta Javier Sicilia y secundada por un centenar de personas enclaustradas en respuestas endémicas nulas, atrevió el paso y cruzó la línea divisoria entre México y Estados Unidos, “esa que se borra con la nariz”.

Las crónicas que narran la inserción mexicana, sin armas pero con voces cargadas de rabia, a través de diversas ciudades del país que opera armas con facilidad aterradora, relatan las historias de los masacrados por una guerra que siempre ha existido pero que el ex presidente Felipe Calderón vociferó como respuesta a esta peste que abraza al país.

Los sin nombre llegaron remados por la ilusión abrumadora de encontrar sombra en el árbol de la esperanza, enarbolando los tres propósitos específicos que llevó consigo la Caravana: legalización de drogas, control de armas y ataque al lavado de dinero.

Osorno muestra los rostros llenos de indignación que imperaron en los “once mil ciento cinco kilómetros” que duró la travesía en el país vecino. Durante estos días hubo muestras de apoyo e interrogantes que abarcaron el periodo entre agosto y septiembre de 2012 ante los responsables de un conflicto que produce más daños colaterales que soluciones.

En Contra Estados Unidos, el cronista mantiene un diálogo con Sicilia; conversaciones beligerantes sobre la contribución de la Iglesia, no como institución, si no como entidad humanizadora por el recibimiento cálido a través de los días. Para el poeta, la paz florece debido a la resignificación de la realidad como la poesía lucha en la Caravana, entre el bien y el mal, alegoría de la paz y la guerra. Le quitaron a Juan, su hijo, como a los demás acompañantes les quitaron todo.

Las desventuras que se narran en el libro nos trasladan al dolor intacto de las personas que han perdido a su familia tras la secuela de la guerra contra las drogas; abanderando la Caravana por la Paz, de México a Estados Unidos, priorizan un sentimiento de encono social. No debió ser tal guerra, las “crónicas desamparadas” no debieron ser escritas.


*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.  

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