Una entrevista con Orlando Ortiz

Por Karem Nerio

Orlando Ortiz es un escritor tamaulipeco con una obra bastante diversa tanto en temas como en géneros. Su novela Vidrios Rotos (2013) fue presentada en la Feria Universitaria del Libro, organizada por la Casa del Libro Universitaria de la UANL. Esta entrevista se llevó en el marco de la feria, un punto de encuentro nuevo y refrescante en el ambiente literario de Monterrey.

La reedición de Vidrios Rotos forma parte del proyecto editorial de Veintisiete Editores y la Casa del Libro Universitario de la UANL en el cual presentan una colección de 27 novelas breves, una por cada letra del abecedario.

***

Karem Nerio: Primero que nada quería preguntarle, ¿de dónde sale la idea de esta novela de Vidrios rotos?

Orlando Ortiz: Bueno, esta novela ya es viejita. Esta en realidad es una segunda edición, la primera apreció yo creo que hace veinte años; la consecuencia de estar culminando, llegando a otro momento de lo que sería la vida política y social en el país. Quise, o mejor dicho, cuando me pidieron algo, se me ocurrió que podía reeditarse esta novela para recordar los orígenes de lo que es la vida social y política de México. En la actualidad se oye mucho la frase “Nada ha cambiado”, y yo sostengo que no, que muchas cosas han cambiado.

KN: ¿En México?

OO: En México, y yo diría que en el mundo. En muchas ocasiones tal vez no ha llegado a donde hubiéramos querido, pero no son las mismas circunstancias que en los 60 o los 70. Simple y sencillamente mencionemos la represión en el 2 de octubre mediante el ejército, o, digamos, mediante tropas uniformadas. La cosa fue tan contraproducente para el mismo Estado que formó el grupo de Los halcones, que entró en acción. Fueron preparados después del 68; casi inmediatamente comenzaron este grupo Los halcones, con preparación por parte de oficiales; algunos incluso fueron a capacitación élite en países como Japón, Canadá, Estados Unidos, etcétera. Entonces no eran porros, por así decirlo, ni golpeadores simples.

Después de eso surge esta guerrilla urbana, que es consecuencia de la represión, ya que muchos de los jóvenes de entonces no vieron otro camino. Estaban dándose en Latinoamérica grandes movimientos de guerrilla urbana, y aquí como que trató de tomarse ese modelo. En el momento sí desaparecen a algunos… Ah bueno, como consecuencia de la guerrilla urbana, surge la Brigada blanca, que sería una policía impulsada, encargada de reprimir matando y desapareciendo. Capturaban tal vez algún foco guerrillero, o lo torturaban, o los mataban, etc. Son cambios que se han ido dando.

Al mismo tiempo, la misma presión de la sociedad —no sólo estudiantes, sino sindicatos, etc.— llega a lograr avances dentro de la legislación cuando se logra la LOPE [Ley de Organizaciónes y de Procesos Electorales], y eso llegó hasta el camino de reconocer, por ejemplo, la legalidad del Partido Comunista. Eso da pie para la configuración de una izquierda más amplia, que empieza a extenderse con el Partido Comunista —el de Humberto Castillo, el de Mao, etcétera—, y se forma la alianza de izquierda, ya encaminada a una lucha democrática; esto, digamos, logrando poco a poquito algunas conquistas. Llega un momento (actual) en el que esa izquierda es lo que hoy sería el PRD. Pero cuando El Partido llega al PRD, el PRD no es comunista; había una descomposición tremenda, y mucha gente entonces olvida todo eso que está detrás. En aquel entonces, por ejemplo, llegó a haber ocasiones en las que el único candidato a la presidencia era el del PRI y todos los demás apoyaban el candidato que había.

En la actualidad pueden ser muy controvertidos los procesos. Entonces eso ha cambiado, ya la represión podríamos decir que se ha reducido considerablemente, porque ahora la violencia se está dando entre grupos delincuenciales, o contra grupos delincuenciales. Ya no es la violencia contra los grupos estudiantiles o sindicatos contra la fuerza o los aparatos del Estado, sino entre grupos de delincuentes.

KN: Y creo que ahí tiene mucho que ver esta obra que se asocia mucho a su nombre: Jueves de corpus , esta antología donde es importante reconocer el ejercicio de memoria de todo este periodo que está mencionando. En perspectiva, ¿tiene algo que decirle Jueves de corpus a los acontecimientos del año pasado de Ayotzinapa?

OO: Yo creo que sí, y mucho. Esta obra que mencionas se acaba de editar; cambié el prólogo y las conclusiones, pero creo yo que fundamentalmente le dice a los jóvenes dónde están y lo que hubo antes. En la actualidad se maneja Ayotzinapa como si fuera el único caso de represión, pero se olvidan muchas otros. No digo el del 71, pero sí posteriores.

KN: ¿Qué pensó usted o qué se le vino a la mente la primera vez que escuchó el caso de Ayotzinapa?

OO: En un principio yo veo esto muy ligado a la cuestión de la delincuencia. No es de carácter digamos gubernamental o estatal, como entonces. Involucra a las autoridades estatales sobre todo, pero pues ya es otro carácter, y no son, digamos, las fuerzas del Estado. Y eso es lo preocupante: el poder de la delincuencia involucrada en el Estado. Pero ese involucramiento puede que en ocasiones se dé no por conveniencia económica, sino por supervivencia, porque yo, presidente municipal, quiero que me familia esté bien, y ya me dijeron que si no colaboro, me la llevan, se la cargan o la matan, etc., y entonces mejor colaborar. Ya está muy, muy implicado el asunto.

KN: Y a lo mejor eso tiene que ver con este otro género, uno de los múltiples que ha abordado: la crónica. ¿Qué reto tiene el haber ejercido la crónica en los años que a usted le tocaron y hoy día?

OO: Bueno, ya la crónica no la estoy practicando.

KN: ¿Y qué retos tenía en ese entonces?

OO: La crónica como tal la ejercía en un sentido producido en realidad y que fue el cuaderno de viaje. Recogí mis experiencias recorriendo La Huasteca; ése es el de carácter mi crónica. Lo que sería el aspecto político o social, como en Jueves de corpus, o cuestiones de marchas y tomas de tierras, daban más como artículos que como crónica. Y era fundamentalmente movilizarse, porque sí es más el peligro, pero cuando se es joven como que juegas y te la rifas sin tanta bronca. Pero era también estar en eso, es decir, en peligro, en riesgo, cubriendo, y en ocasiones sin saber en dónde ibas a publicar, porque el control, la censura y demás eran fuertes.

KN: ¿Usted volvería a escoger el oficio de escritor?

OO: Sí. No es por cuestión económica. Incluso por cuestión económica en aquella época yo era guionista de historietas, es de donde sacaba para comer.

KN: ¿En qué periódico?

OO: No periódico, en revistas. De esas que salían cada semana, como Memín Pingüin o La familia Burrón. Escribí para varios títulos, pero la que fue más continuada y que me llamó más la atención fue una titulada Torbellino, que era una especie de guerrillero urbano precisamente. La publicaba la editorial Senda, y la circulación era bastante amplia.

Para que te des una idea, gobernación acabó llamando al editor y diciéndole: “Tiene que cambiarla o tiene que cambiarla”. El editor me dijo a mí y yo le dije: “Yo no le cambio nada”, entonces mejor llamaron a otro autor, a otro escritor.

La historieta, creo yo, tenía sus virtudes. Amigos presos políticos del 68 me decían que en la cárcel “se la echaban así”. Se peleaban cuando llegaban los números, veías tú policías patrulleros que traían la revistas. De Torbellino se han escrito creo que dos o tres tesis al respecto. En fin, creo que fue otra forma también de escribir.

KN: ¿Cómo dio después de la historieta a la narrativa?

OO: Yo comencé como narrador. Estaba ya escribiendo cuento y novela, incluso ya había aparecido mi primera novela que publicó Manuel Carballo en la colección Seis jóvenes mexicanos. Yo trabajaba entonces para la Aseguradora Nacional Agrícola y Ganadera. Me corrieron y dije “¿Qué hago?”. Traté de vender libros, vender discos, pero no la hago como vendedor. Estaba en un grupo de teatro en la universidad, y uno de los que participaba en ese grupo era el hijo del director de la editorial Senda. Yo le pregunté si podía colaborar, y me dijo “A ver, tráeme algo”, para que viera cómo manejaba el diálogo y demás. Luego me comenzó a encargar historias cortas, hasta que ya finalmente había acabado de publicar una que se llamaba Torbellino, pero no estaba pegando. Dijo “No, lo que yo creo que hace falta es dar el personaje Torbellino para que la gente tenga referencia”, y me dijo más o menos la idea que tenía. Y ya comencé por ahí. Obviamente a medida que avanzó fue adquiriendo un carácter casi casi de guerrilla urbana. Al principio iba a ser una especie de Chucho el Roto, pero fue adquiriendo otro carácter, y así fue como surgió Torbellino.

KN: Pero hubo otras historietas y otras novelas.

OO: Al principio fue para fotonovelas de amor, y me llegaron a causar tanta tirria los enamoramientos y las palabras lámbicas que en muchos textos míos me daba cosa, digamos, dejar el amor. También hice guiones para Tarzán,. Pero también era medio subversivo, porque era anticolonialista. Así fui colaborando con varios títulos.

KN: Pues también el género de la novela gráfica tomó un giro muy impresionante desde esos años.

OO: Creo que para mí es la historieta, para mí la novela gráfica es como la historieta. Desde luego, ha aumentado la calidad de los dibujantes; hay algunas que son espléndidas.

KN: ¿Como cuáles?

OO: Ahora no recuerdo, pero fundamentalmente creo que es la historieta. Obviamente en otra impresión, con pasta dura y todo eso, que ya no la hace, creo yo, un producto de masas. La circulación de Torbellino creo que andaba por 75 mil ejemplares semanales; no sé el tiraje que tengan la novela gráfica actuales, pero no creo que llegue a 10 mil. En algún tiempo, vaya, en ese entonces era 75 mil semanales, y era para las masas, impresa en un papel, si tú quieres, chafa. Yo por fortuna conté con el apoyo de un dibujante ilustrador. Él era pintor, entonces era un dibujo muy fuerte, que correspondía al tema. Pero creo yo que colaboré en la colección que hizo la SEP, que se llamaba México: historia de un pueblo. No sé si la llegaste a conocer, son diez libritos.

KN: Tiene que ver con historia mexicana.

OO: Tres de ellos me los encargó Juan Ignacio Taibo… Ah, no, eran los de Nueva Imagen, una editorial que me encargó tres, que fue de la intervención francesa, la decena trágica y la división del norte. Yo lo que le criticaba a esto, precisamente en una mesa redonda con autoridades de la SEP, no es que incursionaran en la historieta, sino que lo hicieran en mejor papel, pretendiendo el libro, porque eso le quita su carácter de masas; elevan el costo y el precio. Yo creo que lo atractivo de la historieta es que sea de masas.

KN: ¿Y qué dijeron?

OO: Pues nada. Que se trata de una religiosidad. Luego sacaron otras historietas que sí conservaron su carácter.

KN: De hecho, no sé si lo tengo fresco. “Los escritores e intelectuales, antes, frecuentaban cafés y charlaban de Satre, Durrell, Camus, Antonioni, Godard, Resnais, Adamov, Ionesco, Albee, Stockhauseen o Xenakis. Ahora son todos expertos de salsa, historietas y películas de El Santo o Tin Tán”. ¿Tiene algo que ver esto con la cultura de la ciudad?

OO: Coincide con algo que te estoy platicando. Cuando sucede el golpe de estado en Chile, la llegada, se manejaba mucho entonces la cuestión de la canción de protesta, las actitudes del tratamiento del “compañero”. Incluso, cuando alguien se casaba, presentaba a su mujer como “mi compañera”; como que era muy burgués decir “mi esposa”. Luego la cultura de esos autores que estaba mencionando, y también de cineastas, músicos, etc., la mayoría eran franceses, eran para las élites. En cambio, se habían vuelto revolucionarios los intelectuales, entonces tenían que acostumbrarse a los salones de baile del California, de Los Ángeles, que eran de la clase proletaria. Entonces a mí siempre me pareció que era una posición falsa. Los mismo que criticaban la lucha libre como algo salvaje o como payasadas, porque no se pegan de verdad, en un ratito se volvieron admiradores de El Santo. Los que veían como malos cómicos a Tin Tán y todos esos ahora lo ven como una expresión de chicaneada. De repente aquello que veían antes con desprecio muy nato, de repente era así. Pero era falsa.

KN: ¿Vidrios rotos en qué año fue escrito?

OO: Yo creo que por los 70.

KN: Y su re edición en el 2013, ¿qué significa? Porque hay muchas cosas vigentes, creo que en la situación amorosas, y también los conflictos del escritor con su propia obra. Y bueno, esta crítica a las células comunistas.

OO: No voy a decir algo que suene como falsa modestia. Soy buen escritor, y cuando una obra es capaz de captar valores que llamaríamos universales, o situaciones, sentimientos, emociones que han sido los mismos desde la época de Adán y Eva, yo creo que esa obra puede perdurar. Yo soy enemigo de las obras que tratan de reflejar, o mejor dicho de recoger la inquietud comercial de las editoriales en lugar de adentrarse en lo que es captar la situación, ver los ambientes. Tal vez el editor te venga con que “Ay, aquí no hay narcos, no hay lesbianas”, pero despertar el interés por los problemas humanos de cada época es, creo yo, lo fundamental. Y por eso conservan vigencia.

KN: ¿Cómo se alimenta usted de historias?

OO: En la vida cotidiana, en los periódicos, en todo.

KN: Vi, por lo menos en esta novela, que la música era como un referente de tiempo y espacio

OO: Sobretodo para marcar tiempo, es decir, para ubicar extracción en tal año, más o menos, porque abarca como 30 años.

KN: Estas historias, cuando las quiere contar, ¿sabe ya que son un cuento?, ¿sabe que son novelas? ¿O conforme las va escribiendo se da cuenta de lo que son?

OO: Según se presenta la historia, sé que va ser una novela corta, o un cuento, o una novela larga, o una novela juvenil, etc., si lo determino con anticipación y la trabajo. Son técnicas muy diferentes.

KN: ¿Públicos diferentes? Con la novela infantil es muy claro, ¿pero entre cuento y novela hay públicos diferentes?

OO: Yo creo que no. El problema con el cuento es que los editores lo menosprecian. Si tú le llevas un libro de cuento te dicen “No, traime una novela y sí te la publico, pero cuento no”. Según ellos, el cuento no se vende. Y sin embargo, yo creo que mucha gente le gusta leer cuento, pero los editores, y más ahora con el dominio de las grandes editoriales, que casi todas son de España, se imponen los best sellers.

KN: Y para el ensayo, ¿hay un lector muy diferente?

OO: No precisamente. Siempre estoy pensando en función de lo que yo quiero decir y no en función de un lector específico. Escribo lo que quiero escribir, como lo quiero escribir, y no pienso si me lo van a publicar o no, si lo van a leer o no.

KN: ¿Tiene el acto de la escritura algo de conocerse a sí mismo a través de los personajes?

OO: Podríamos decirlo así, aunque es obvio que hay personajes ahí que no son yo. Tienen algo de mí porque los estoy creando yo, pero están basados en algo que vi a lo mejor en el metro, o en la calle, o que leí en un periódico. Eso me inspira una historia, y la historia me reclama un tipo de personaje.

KN: ¿Tiene algún personaje que le gustaría volver a escribir?

OO: Volver a escribirlo como tal, no. Continuar, revivirlo en otras situaciones, en otras historias, sí.

KN: ¿Qué personaje le gustaría volverse a topar en la hoja?

OO: Por ejemplo, hay una novela policiaca que se llama Una muerte muy saludable, el personaje se llama Pablo Mistral. Me gustaría escribir otras novelas de él, hacer como una saga. Otro, que también está en el ámbito de lo policiaco, es Gañún, al que me gustaría darle continuidad. Pero ahorita estoy trabajando en una novela muy ambiciosa, y creo que no la voy a poder hacer con ellos hasta que termine esta novela, que me está llevando mucho tiempo.

KN: Por otro lado, como maestro o guía de otros escritores, ¿cómo llevar a cabo el ejercicio de ser tallerista y hacerlo respetando las creaciones del otro?

OO: Yo no soy de imposiciones, ni de reglas. Cuando leo algo, les doy mis observaciones y nos los obligo a que las hagan. “Veo que tienes este problema”, “Veo que tiene tal problema”, “Tal vez intenta por acá”, pero no me meto más allá para respetar estilos, criterios, ideologías.

KN: ¿Ha tenido algún alumno o colega en especial que le haya gustado mucho tallerear o compartir el proceso?

OO: De alguna manera, más allá que acá, Ana Clariond estuvo conmigo. Liliana Camacho, Toño Ramos, Vicente Alfonso, es decir, hay algunos que han logrado ya colocarse. Y desde que estaban en el taller notaba cuánto podían hacer. A mí me han tocado, por ejemplo, personas que llegan con unos textos preciosos, pero les falta lo principal, que son huevos para seguir escribiendo. Otros llegan con textos mal escritos, o hasta con faltas de ortografía, pero se empeñan en lograrlo, y han publicado y ganado premios. A muchos les digo: “Lo más importante no es que llegues a publicar, sino que sigas publicando”, porque muchos publican algo y se atoran, entonces lo importante es tener el valor, tener los huevos para seguir escribiendo y no estar pensando “Ay, esto que escribí aquí es como algo que no le gustó a fulano de tal”.

KN: Y superar, porque son como inevitables estos bloqueos que tiene el creador, compaginarlo con la vida diaria.

OO: Crearse de alguna manera una disciplina.

KN: ¿Usted tiene una disciplina en su día a día para escribir?

OO: Fundamentalmente escribo todos los días un poco. Y en la mañana. Antes escribía mucho en la noche. Ya con los años prefiero hacerlo en la mañana, porque si tengo que salir a algo, ya regreso, y regreso agotado. Prefiero la mañana.

KN: Además hay algunos que dicen que en la mañana son las mejores horas.

OO: Pues otros dicen que en la noche, y yo muchas cosas las escribí en la noche, en la madrugada. Todo depende, lo importante es siempre tener como una hora.

KN: Cuando estudiaba Letras en la UNAM, ¿tenía este miedo de que si estudiaba Letras no iba a poder ser creador?, ¿o siempre supo que quería ser creador?

OO: Yo sabía desde principio. Me metí a Letras porque quería escribir, luego me di cuenta de que no tenía nada que ver la carrera con la escritura, pero ya estaba ahí adentro. Incluso yo publiqué estando en la facultad, cuando el 68; fue cuando apareció mi primera novela.

Siempre, desde que salí de Tampico al D.F., fue con la idea de escribir.

KN: ¿Y cómo fue llegar al D.F, y a la UNAM en un momento tan impresionante en la historia de México?

OO: Cuando llegué no fue en el 68, fue antes, pero el movimiento del 68 me cambió totalmente. Yo venía de una provincia, donde ese tipo de cuestiones no se vivían, no se veían. Entonces la experiencia del 68 para mí fue decisiva. Casi casi podríamos decir que dejé de escribir ficción porque empecé a militar; escribía documentos para el partido. Un poco aquello que decía Sartre: “No tienen caso las novelas cuando está el acabose del mundo”. Dejé de escribir ficción por 10 años. Regresar fue el problema, porque es como casi como si hubiera comenzado de cero.

KN.: ¿Por qué?

OO: Escribir no es como andar en bicicleta. Si tú dejas de escribir, vas a tener que empezar de nuevo todo el proceso, para no describir lugares comunes y todo eso. Te lleva otro buen tiempo.

Comments

comments