Por Claudio Tapia

Ilustración por Sin Fronteras Colectivo, de la serie ‘Periodismo en Veracruz’

Ayer martes, Ximena Peredo, subió a su blog la publicación digital, Horizontal.mx, que, bajo el título “Elecciones 2015 ¿candidaturas independientes, boicot electoral, o voto partidista?”, presenta las opiniones, informadas, razonadas, y bien articuladas, de Mario Arriagada (editor), Ximena Peredo (articulista), y Carlos Martinez (politólogo), sobre cada uno de los temas.

Se armó la discusión. Los que opinamos, nos lanzamos (pocos a favor y los más en contra) sobre la propuesta del boicot electoral, ignorando las otras dos. Pero eso no fue lo peor. Los diversos comentaristas, ciclados en prejuicios, ideas fijas, y clichés, nos hacen dudar sobre si se molestaron en leer los artículos y si los comprendieron, lo que no significa estar de acuerdo con su contenido, claro está. Ninguno se detuvo a razonar y debatir uno solo de los argumentos claramente expuestos por Ximena, que por supuesto no es dueña de la verdad única, ni lo pretende. El propósito de su texto fue sin duda provocar la reflexión y el debate de ideas.

Soy de los que creen que el internet puede ser una vía para contrarrestar el enorme poder embrutecedor de los medios de convicción masiva al servicio del amañado sistema electoral que desea perpetuarse. Ahí viene ya el bombardeo publicitario para que avalemos con el voto su envilecido sistema, y es la penetración potencial de las redes sociales la que puede cambiar las correlaciones de fuerza entre los impostores de la representación y los electores hasta ahora sometidos a sus manipuladores caprichos.

Por la red, online, las personas inteligentes pueden ejercer su derecho de libre discusión y réplica. Pero, como cualquiera puede erigirse en paladín de la democracia, comentarista político, o predicador moral, hay que estar alertas y revisar críticamente lo que expresan. La libre circulación de las ideas (algunas de ellas superfluas, otras aventuradas e infundadas, y otras valiosas) puede generar confusión en los incautos. Existe el peligro de propiciar una pandemia de comunicación que cause serios estragos. Para impedirlo, pidamos a los interlocutores que cuando menos lean lo que van a comentar. No es mucho pedir.

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