Por Mayte Cabrera Ordaz

Los días en conflicto que nos prevalecen en la era planetaria, como lo sustentara el filósofo Morin (1999), transitan en archipiélagos de incertezas hasta llegar al mar de la certidumbre. Así, tras escuchar palabras como armas nucleares, desastres naturales, venenos colectivos y guerra, saltamos entre terrones que pudieran revelarnos el panorama del país.

La lectura de esa realidad no acontece al margen de lo que el periodismo ha mostrado en momentos determinantes: la delincuencia en aumento, las pandillas que la operan, agravios a la sociedad política y jurídicamente inconcebibles, así como las insurrecciones de la misma. A ello abona Diego Enrique Osorno, cronista de los sucesos en estados como Sinaloa, Oaxaca y la frontera con Estados Unidos y sus problemáticas correspondientes —el cartel, la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca), los inmigrantes—.

El periodista mexicano, firme al periodismo en puntos críticos, lleva años delineando que cacería a movimientos sociales, drogas y arbitrariedades son palabras que actualmente coinciden en la originalidad para asesinar. La tecnología ha creado una variedad de formas de matar a distancia, de la manera más impune, injustificada, indiscriminada y cobarde que se pueda imaginar: las victimas poco o nada pueden hacer para defenderse.

Contra Estados Unidos. Crónicas Desamparadas (Almadía, 2014) es la compilación de crónicas más reciente que proyecta la temática; narra las consecuencias de acciones genocidas validadas. A lo largo de treinta crónicas relata los más profundos sentires de las víctimas del narco en México. Pausando cada cinco crónicas, se lee un discurso impregnado de teología del a liberación y poesía en voz de Javier Sicilia Zardain.

¿Cómo la historia se invierte al atacar el tráfico de drogas por propuestas de antaño en Estados Unidos?, ¿Cómo esa preocupación por la protección a la sociedad se torna una flecha que dispara en sentido opuesto? Por si cupiera la duda, es claro que las intenciones, así como los dispositivos mismos de ataque al narco, no son transparentes.

“No existe honor en el asesinato y esta guerra es asesinato con otro nombre” (La Jornada, 2003), así lo documentan los discursos, las voces y la música de gente de diversas latitudes que Osorno trae a escena. El texto polifónico atrae al contar las vejaciones que ha pasado las victimas contra la guerra del narco. Además hace breves debates sobre conceptos que el motivo de este libro convoca: una caravana por la paz que recorre Estados Unidos.

Las crónicas dan cuenta claramente del objetivo de los participantes, de los ideales que los trasladaron a puntos específicos del país mencionado y se trata de las relaciones bilaterales entre organizaciones civiles. También resulta agradable ver conciliadas dos posturas como eje estructurador: la espiritualidad y la subversión. Como lo señalara Ernesto Cardenal, el Evangelio anunció el reino de Dios, el reino de los cielos en la tierra; esto mismo luego lo anunció el marxismo: una sociedad nueva, justa y sin clases. Yo no tengo otra cosa que predicar que el cristianismo y el marxismo, que para mí son la misma cosa.

Contra Estados Unidos es un texto ameno, generoso en las voces y ángulos de análisis, no obstante lineal en el recorrido y las analogías metafóricas que se propone el autor; a veces emplea expresiones emotivas de los discursos, otras sólo un resumen de lo que contiene la crónica (“El mensaje afroamericano”, por ejemplo). Me refiero a que si bien el arte de contar historias llenas de adrenalina, peligro, pero a su vez tristeza y rabia, demanda el espíritu mochilero de viajar y acudir a la escena, demanda grandemente el estilo narrativo de dibujar a los ojos del lector lo más nítidamente posible lo observado. En ello me resulta estrecho el trabajo de las crónicas desamparadas de Osorno.

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

Comments

comments