Por Manuel Larios

Acá en la Roma Norte de la Ciudad de México, entre paredes blancas de marfil que contrastan el negro de la mesa rectangular y las sillas de piel sintética, cinco tipos con un interés común están reunidos para concluir una frenética cacería de historias iniciada el 14 de agosto de 2013.

Como en cualquier otra cacería, existe una recompensa que todos quieren pero sólo uno podrá obtener. Sin embargo, acá nadie carga pistolas o escopetas, ni sueña con sangre y animales muertos para coleccionar.

En esta cacería, que terminará en el ocaso del primer martes de noviembre, un editor de libros con alma de poeta (Andrés Ramírez), un reportero renuente a ser catalogado como escritor (Diego Osorno), un actor convertido en director y productor de cine (Gael García) y un guionista y escritor (Kyzza Terrazas) —acompañados por el “clon” con pelo rizado de Quentin Tarantino (Gabriel Nuncio) — van tras el rastro de una historia que será llevada al cine y/o la televisión.

Acá, en la Roma Norte, está a punto de definirse al ganador del primer Premio Bengala-UANL. La cacería casi termina.

 Las historias, como las ideas, flotan siempre en el aire. El reto de periodistas, cineastas, editores y escritores es encontrar el relato adecuado para narrar.

Por eso, antes de que Andrés Ramírez, Diego Osorno, Gael García y Kyzza Terrazas pudieran llegar al último día de caza, Bengala —una agencia dedicada al desarrollo de historias para cine y televisión ideada por Gabriel Nuncio y Diego Osorno— lanzó la convocatoria para buscar historias inéditas en castellano —reales o ficticias— susceptibles de ser transformadas en argumentos cinematográficos.

Surge de la iniciativa por crear un puente entre el escritor/guionista y los directores y productores, con el objetivo de estimular el desarrollo de historias para cine en sus primeras etapas”, se lee en la convocatoria del premio, anunciada públicamente este 14 de noviembre en la edición 2013 del Baja International Film Festival que se realiza en Los Cabos, Baja California Sur.

La respuesta a la convocatoria fue tan variopinta como el jurado y sobrepasó por mucho la expectativa de sus promotores. En 50 días recibieron 415 trabajos hasta de 20 cuartillas, provenientes de 21 países distintos. Llegaron textos desde México, Argentina, España, Colombia y Venezuela, pero también le entraron escritores de habla hispana radicados en Estados Unidos, Rusia y Suiza.

Entre los aspirantes al premio hubo 305 hombres y 124 mujeres. El rango de edad de los autores iba de los 16 a los 71 años. Los perfiles personales fueron tan variados como el repertorio de mentiras de un político mexicano.

SE CAZA MEJOR CON MEZCAL

Son casi las 6:00PM y uno de los integrantes del jurado trae una botella de mezcal artesanal recién desembarcado de Oaxaca. Ante la oferta de un brindis, el jurado —autorizado para resolver cualquier caso no previsto en la convocatoria y cuyo juicio es inapelable— decide que las 6:00PM es buena hora para un par de mezcalitos. Gracias a esta decisión, nadie probará el café ni las galletitas con forma de corazones y flores preparados ex profeso para la reunión. 

Mi ignorancia en materia de deliberaciones y jurados me impide valorar lo acertado de la decisión, pero lo cierto es que después del primer trago de mezcal, Gabriel Nuncio inicia con la explicación de los criterios para culminar con la cacería incitada por Bengala.

Lo más importante es el fondo de la historia —recuerda Nuncio y agrega que la narrativa del argumento debe contener elementos y escenas que hagan viable la conversión del texto al lenguaje audiovisual.

Después pide a Kyzza Terrazas mencionar sus cinco textos favoritos. El guionista nombra La Marabunta, un argumento que enmarca el origen de la Mara Salvatrucha en el contexto de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles ’84; le pareció el más completo. En segundo lugar menciona a  Ya no estoy aquí, un relato del desplazamiento forzado de un cholombiano regio a Nueva York; le gustó mucho, aunque el final le pareció apresurado. Su siguiente selección fue Pancho Valentino, confesor de curas, seguida por Camino a Laredo y El Quijote negro.

Tras la intervención de Terrazas, se sirve la segunda ronda de mezcal y Osorno enlista sus historias predilectas: “Por la atmósfera de tensión real” que contiene la historia de una vendedora de libros secuestrada por un capo del narcotráfico en el noreste del país, su primera opción es Camino a Laredo. La segunda va para La Marabunta, luego Ilusiones —sobre unos pescadores oaxaqueños amenazados por los japoneses y el narco—, Amateurs —una tragicomedia de siete extranjeros peleando en el bando republicano durante la Guerra Civil Española— y, al final, Ya no estoy aquí.

Toca el turno a Gael García. Su historia número uno es Ya no estoy aquí. Luego dice que La fiebre le gusta para una serie televisiva “muy local y underground”. En tercero se va con Amateurs, y concluye con La Marabunta —por su novedoso contexto— y Oscarito.

El último jurado en dar sus cinco favoritas es Andrés Ramírez. Su primer lugar, por “original y sorprendente”, es Ya no estoy aquí. Su segunda selección se la lleva Pancho Valentino, confesor de curas, pues “da para una historia mucho más larga y podría ser una novela corta”, advierte el director literario de Random House Mondadori.

El “auditor” Nuncio observa en ese momento que Ya no estoy aquí también fue la primera opción del escritor Yuri Herrera, quien no pudo asistir a la deliberación debido a su participación en la Feria Internacional del Libro de Oaxacapero. De todos modos, Herrera mandó su lista de historias preferidas por correo electrónico, la cual incluye a La Marabunta, La mujer pez, Pancho Valentino, confesor de curas y El Quijote negro.

Con la cacería recién concluida, el jurado procede a ordenar los otros textos finalistas que se publicarán en un libro conmemorativo editado por Bengala y la Universidad Autónoma de Nuevo León. Éstos también se incluirán en la convocatoria de la Incubadora de Bengala, donde serán desarrollados hasta quedar listos para el cine o la televisión.

Un miembro del jurado solicita otra ronda de mezcal, pero nadie cayó en cuenta de que el destilado de agave había quedado peligrosamente cerca de Nuncio. Con el mezcal extinto, la sesión se levanta por la contingencia y el jurado ejerce nuevamente su poder para levantar la sesión de deliberación y trasladar las pláticas, proyectos, anécdotas, relatos y brindis a la cantina más cercana.

Pero esa es otra historia.

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