¿Por qué le dicen gangster al hombre que controla el transporte público en Nuevo León?

Por Alma Vigil

Ilustración por Cristina Guerrero

I

Cada historia tiene por lo menos dos versiones de los hechos. Podrán ser parecidas, pero nunca iguales. Ahora, si se trata de un hombre como Ismael Flores, a quien algunos medios de comunicación han calificado de gangster sindical durante años, puede haber toda una legión de interpretaciones diferentes. El secretismo lo envuelve. Es difícil saber de él o de su trabajo en la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM) en Nuevo León; sus colaboradores cercanos rehúsan hablar al respecto, y menos aún si hay micrófonos y grabadoras de por medio. Eso hace que su historia sea aún más compleja.

II

Ismael Flores Cantú habla con cierto desenfado, y aún así es cauteloso en cada respuesta. Es un dirigente poderoso. Su fortuna no será tan grande como la de Elba Esther Gordillo, pero probablemente es igual de jugosa y opaca que la de otros líderes sindicales. Quizá por eso es desconfiado y cuidadoso con la prensa. En especial porque vive en una ciudad que fue amedrentada por el crimen organizado durante estos últimos cinco años.

De acuerdo con una nota publicada en el periódico Excélsior el 27 de febrero de 2013, la riqueza de la ex lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) superaba los 100 mil millones de pesos cuando fue encarcelada. La periodista Denise Dresser, en su nota publicada en Proceso el 10 de octubre de 2013, señaló que el patrimonio de Joel Ayala, dirigente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), suma 15 millones de dólares, y que Carlos Romero Deschamps, líder del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), es dueño de por lo menos una casa en Cancún, valorada en 1 millón y medio de dólares. Pero de Ismael Flores no hay datos claros disponibles.

En todo el país, y desde hace muchos años, ser líder sindical se ha vuelto sinónimo de riqueza, sobre todo porque, a diferencia de los políticos, son cargos sin vigencia. Por ejemplo, Francisco Hernández J. lleva 37 años representando a los telefonistas de México, al igual que Gilberto Muñoz, dirigente del sector petroquímico.

El líder de los cetemistas de Nuevo León, sin embargo, ha mantenido siempre un perfil mucho más bajo que el de los dirigentes nacionales de su sindicato. En 2005, Joaquín Gamboa Pascoe, el más alto cargo de la CTM en México, fue severamente criticado por usar un reloj de oro amarillo con un valor de 70 mil dólares, poseer autos lujosos y vestir exclusivamente con ropa Armani. Por el contrario, la vestimenta de Ismael es sencilla. Este día 14 de noviembre de 2013 trae un pantalón de vestir color caqui, una chamarra oscura y zapatos sin marca aparente. Es austero, no usa cadenas ni anillos ni joyas visibles. Físicamente se parece a Gamboa Pascoe. De hecho, es una especie de estereotipo sindical: tiene rasgos fuertes, cabello corto y un prominente bigote. Es de estatura mediana y complexión delgada, aunque en algunas fotos de su oficina se vea un poco más repuesto.

Según Santiago González, jefe de prensa de la CTM estatal, a Ismael no le interesa dar declaraciones a los medios de comunicación, sobre todo respecto al ámbito político, aunque afirma que del tema laboral siempre está dispuesto a hablar. De unos años para acá, más o menos desde que empezó a arreciar la violencia, Ismael ha mantenido un perfil casi nulo ante los medios, señala por su parte Hugo Gutiérrez, editor del periódico Reporte Índigo. En algunas ocasiones, sus reporteros intentaron contactarlo para hablar del tema del transporte urbano. Nunca dio la cara. Sólo mandó a sus representantes con respuestas que realmente no les sirvieron de nada, precisó Hugo Gutiérrez en entrevista.

La CTM neoleonesa posee la mayor parte de las concesiones y permisos del transporte urbano en el estado. Además, la familia de Ismael Flores es la propietaria de empresas de publicidad para estos vehículos colectivos y también de la Tarjeta Feria, un sistema de pago electrónico del transporte público que fue impuesto por el líder cetemista. Ismael es también un poderoso empresario.

En las elecciones de 1991, Hugo Gutiérrez se infiltró en la CTM de Guadalupe. Ahí conoció a Ismael. Durante su estancia en el periódico El Norte, el joven reportero denunció las técnicas del sindicato para ganar más votos a favor del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Cuenta que Ismael no se enojó y que nunca le reclamó por las publicaciones. Que de hecho, cuando se reencontraron en el Congreso del Estado en el año 2000, Ismael, entonces diputado de Guadalupe, lo trataba de “camarada”.

III

En unos meses más comenzarán las campañas electorales; el presidente Miguel de la Madrid está por ser reemplazado. En el Nuevo León de 1987, las centrales obreras pelean a muerte por obtener contratos colectivos en sus respectivas empresas. Ya van varias veces que los reporteros de diferentes medios locales cubren secuestros de obreros y compañías, peleas, huelgas fantasmas y hasta el asesinato de un trabajador de la Industrial de Camas a manos de supuestos “porros” cetemistas. Todo por una constante lucha de poder entre el Estado y los empresarios. Durante todo el año hubo 15 mil emplazamientos a huelga. Además, con el apoyo de Raúl Caballero Escamilla, líder de la CTM neoleonesa desde el 31 de mayo de 1971, los huelguistas paralizaron el transporte urbano, afectando a miles de usuarios en el estado.

Históricamente —explica Jorge Villegas, reconocido periodista y analista regiomontano—, la CTM era temible; era bien peligroso meterse con ellos, sobre todo si tenías un negocio o eras funcionario público. Este sector obrero, que pertenece al PRI, era indispensable para elegir un gobernador, un diputado o lo que fuera. Desde los años 40 se enfrentaban contra otros sindicatos, empresas o funcionarios, todo a golpes y huelgas. Nunca fueron organismos de defensa del trabajador. Los sindicatos mexicanos son dependencias para salvaguardar los intereses políticos; la excusa era organizar a los trabajadores.

La historia del organismo es particularmente negra en el estado. Pero Hugo Gutiérrez, por su parte, afirma que desde que llegó Ismael a dirigir la CTM estatal en 2001, tras la muerte de su antecesor, Raúl Caballero, ya nunca le tocó cubrir un nuevo suceso de secuestro o peleas.

Acerca de Ismael circulan diversas historias en la ciudad. Se dice que tiene la armadura de un guerrero medieval en su casa, que es coleccionista de arte y posee una vasta biblioteca atiborrada de libros de historia, aunque cuando se le pregunta dice poseer a lo sumo unos 50 libros en su colección personal. También se dice que en la mañana y en las tardes se pone a caminar alrededor del salón de la CTM y que los que quieran lo pueden abordar para hablar con él en ese momento, como a un antiguo señor feudal. Hay rumores de que tenía un mapache de mascota que habitaba dentro de las instalaciones de la CTM estatal, ubicada en el irónico número 666 de la avenida Ignacio Morones Prieto, en la colonia Independencia. Es un hombre de interés público.

—Ismael es un hombre bastante peculiar —reconoce Jorge Villegas—. No lo imaginas como un gourmet, pero conoce mucho de cocina; no es el palurdo que todos creen. Yo he platicado con él de libros, de historia de México, de gastronomía, de vinos.

En ese sentido abunda también Santiago González, su jefe de prensa.

—Tiene un carácter fuerte pero sensible. Es conocedor de los problemas obrero-patronales, de la situación política, económica y social del estado y del país. Es culto y preparado. Los empresarios reconocen su liderazgo. Es amante de la lectura; mucha gente le trae libros e inmediatamente los lee. Tiene una biblioteca de muy buen tamaño, no sé cuántos volúmenes.

Para Hugo Gutiérrez, Ismael es una persona que se gana mucho a la gente. En su trato es muy abierto.

—Luego luego le tomas confianza porque te habla en tu mismo idioma. Digo, sobre todo por la clase trabajadora. Él se ganaba a la gente de manera impresionante. Su trato era más directo, llevadero, mientras había otros líderes más despóticos. Por ejemplo, Raúl Caballero, su antecesor, tenía un carácter súper fuerte, trataba muy mal a la prensa.

Oscar Flores, su hijo y diputado de Escobedo, considerado como feudo familiar, explica que “definitivamente como padre es bastante exigente, al igual que como líder; es parte de su personalidad. Pero eso nos impulsa y nos ayuda a siempre poner metas altas en lo que hacemos. Es un apasionado de la historia. Le gusta la lectura, procura seguir aprendiendo cosas nuevas. Tiene bastantes libros. No sé cuánto, pero sí son bastantes. Decir que la cantidad equivale a una pared completa llena de libros sería limitarnos”. Contrariamente a lo que afirma su padre.

 

IV

El cielo es de plata. Llueve, el aire está helado. En el estacionamiento de la CTM, dos hombres platican y beben café humeante. A su lado está la puerta trasera. Al atravesarla, se encuentra un gran salón. Ahí, cuatro señoras ataviadas con suéteres hacen adornos navideños. Arreglan el enorme cuarto porque pronto comenzarán las posadas de todos los sindicatos afiliados a la CTM estatal: medio millón de personas, según Santiago González. Hay columnas de sillas y mesas por doquier. Al subir unas escaleras, de la pared cuelga una pintura enorme de Frida Kahlo que mira a la gente que pasa. A un lado está la entrada de las oficinas. En el interior hay una recepcionista en su escritorio. Platica con Ismael Flores. Ismael se va y llega su secretario, Adrián Castro. El visitante aguarda en la sala de juntas: en un librero se erigen varios guantes de box autografiados por Manuel Márquez, Erik Morales y Jairo Doberman. Sobre la pared, un poco escondida, está una foto de Ismael con el gobernador Rodrigo Medina. En un espacio más visible hay otra foto de Ismael posando con las Torres Gemelas de Nueva York a su espalda. En los otros muros hay reconocimientos, notas de periódicos enmarcadas, más fotos y un poster que muestra los siete pecados sociales de Gandhi. Al centro hay una larga mesa y sillas color naranja.

Minutos más tarde entra Ismael Flores acompañado de Santiago. Toma asiento en la silla principal y comienza la entrevista.

No quiere revelar mucha información de su vida personal, pero suelta algunos datos: nació en General Terán, Nuevo León; cuando tenía 13 años, el trabajo de sus padres los obligó a mudarse a Monterrey; vivió en el Barrio Antiguo y luego en Guadalupe, donde pasó toda su juventud; estudió en la Preparatoria 1, que ahora es Colegio Civil; nunca cursó una carrera profesional, aunque todavía aspira a estudiar derecho; es católico, pero no va a la iglesia; en su casa tiene dos mascotas: un bulterrier y un chihuahueño; admite que, efectivamente, tuvo un mapache viviendo en la CTM, que se lo regaló un amigo y que lo conservó un tiempo, pero que luego lo llevó al zoológico La Pastora, al igual que un águila que también le obsequiaron.

—¿Cómo empezó a involucrarse con la CTM?

—Pues yo creo que son inquietudes que cada quien trae en la vida —dice Ismael, luego pausa un momento—. La organización siempre ha sido la más grande del estado, entonces, pues, yo entré precisamente asesorando un sindicato. Tenía 24 años.

—¿Antes de estar en la CTM había participado en alguna actividad política?

—Fíjate que en Guadalupe, a los 16 años, estuve en un grupo político que se llamaba Conciencia y Participación Política. Era afín a la CNOP (Confederación Nacional de Organizaciones Populares) y al PRI.

Continúo preguntando sobre su llegada a la CTM y su carrera hasta la cima de la organización en Nuevo León. Después de algunas vagas respuestas, dice: “Pero mejor pregúnteme de otras cosas”. Su tono de voz es como cantado, para nada tajante.

—¿Es fanático del box?

—Soy fanático de todos los deportes, porque creo que el deporte va encaminado a tener un cuerpo sano y una mente sana.

Seguimos hablando de box, de los torneos que realiza la CTM y de otros deportes.

—¿Qué opina del box femenil?, ¿le gusta?

—Ah, bien. De hecho tenemos una que fue campeona nacional; andaba en los mercados rodantes. Realmente las mujeres forman una parte muy importante en nosotros. De hecho, las mujeres políticas que hemos impulsado son las que más andan. Tienes a Cristina Díaz (ex alcaldesa de Guadalupe y actual senadora), que siempre ha andado aquí, a Maribel Villalón (dirigente de la CTM en Villa de Santiago), a Ivonne Álvarez (ex alcaldesa de Guadalupe), tenemos a Blanca Armendáriz (diputada), Lucy Campos, que está de diputada. Tantas mujeres que tenemos.

—Hablando de Cristina Díaz e Ivonne Álvarez, ¿planea apoyarlas si se postulan para candidatas a la gubernatura de Nuevo León?

—Sí, claro; cuando el partido determine que son candidatas, claro que sí. Creo que pueden aportar.

V

Lo único que confirma es su gusto por los libros de historia de México y las novelas de B. Traven y Emilio Salgari. Su personaje histórico favorito es Benito Juárez, un niño pastor que alcanzó el máximo puesto del país, como una especie de proyección personal.

Su hijo Oscar, de 35 años, es poco menos escueto; también contesta sin dar mayores detalles. Explica que Ismael es padre de ocho hijos y esposo de Martha, a quien conoció en uno de sus trabajos. Oscar es el mayor, y al igual que sus hermanos, nació en Monterrey.

—¿Qué se siente ser el hijo de un líder importante como Ismael?

—Es un orgullo y un gran reto como hijo de Ismael. Principalmente yo creo que eso.

—¿Cómo fue tu infancia?

—Lo que muchos niños. Me gustaba juntarme con mis amigos, jugar en los parques, en la calle, en la escuela.

—¿Qué se siente haber crecido con tantos hermanos?, ¿cómo era la convivencia?

—El tema de la convivencia siempre se ha dado. Cada quien tiene sus aspiraciones propias muy diversas.

La entrevista con su padre continúa por muy poco tiempo.

Se ha dicho y repetido mucho que a pesar de que el alcalde de Guadalupe es César Garza, el que en realidad controla el municipio es Ismael Flores. La CTM de Guadalupe se convirtió en una de las más poderosas con la llegada de Ismael como secretario general. Al parecer tiene tanto control que incluso apoyó a su amigo cetemista, Rodolfo Ambriz, en su campaña para la alcaldía del municipio colindante de Villa Juárez, aun cuando era candidato del equipo contrario: el Partido Acción Nacional (PAN). Y ganó.

—¿Qué significa Guadalupe para usted? Digo, porque fue líder de ese municipio por mucho tiempo.

—Nada. Para mí es un municipio más de los 51 que forman el estado.

—Pero fue su hogar mucho tiempo. ¿Cómo lo podría caracterizar?

—No, no, no. Para mí… Mira, ¿tú dónde vives?

—Aquí en el Centro.

—¿Y siempre has vivido en el Centro?

—No.

—¿Y antes dónde vivías?

—Por el Realito.

—¿En Guadalupe?

—Pues es en el límite; viene siendo Monterrey todavía.

—¿Y aquí naciste?, ¿en Monterrey?

—Sí.

Ismael se queda callado.

—Me iba a contestar algo de Guadalupe…

—Ya te dije: es un municipio más de los 51 que hay en el estado.

Enigmático personaje. De la enormidad de su poder no cabe duda, a pesar del perfil bajo, pero como muchos otros líderes sindicales, parece que últimamente ha ido perdiendo poder y terreno en su feudo de Nuevo León, a la par del descarrilamiento de varios viejos dinosaurios del PRI.

VI

Hace 15 años, con la llegada intempestiva de diversas empresas extranjeras a Nuevo León, renuentes a las protestas sindicales, se realizó un acuerdo entre éstas y las centrales obreras para bloquear cualquier intento de huelga, esto a cambio de una fuerte cantidad de dinero para los líderes sindicales. Los problemas se arreglarían internamente de aquí en adelante. Con este acuerdo, los obreros perdieron su derecho a manifestar su descontento de forma masiva, mientras que los sindicatos se transformarían en simples voceros de las empresas.

Aunque el número de huelgas se redujo prácticamente a cero en Monterrey, las demandas individuales se han disparado últimamente. Como en el caso de los obreros de la Lechera La Perla, echados a la calle por una decisión patronal injusta. La mayoría de los trabajadores de la ciudad no saben a quién acudir cuando se enfrentan a casos de justicia laboral, y los sindicatos charros del estado no son una opción porque regularmente se ponen del lado del patrón.

Así que últimamente la CTM ha ido perdiendo fuerza en Nuevo León, de acuerdo a los expertos consultados. Ya no mueve a tanta gente como solía hacerlo e incluso su capacidad de acarreo de votos se ha ido mermando. La llegada de Ismael Flores como secretario general de la CTM estatal, convirtiéndola en un consorcio de empresarios, fue una de las gotas que derramó el vaso en un central que de obrera sólo tiene el nombre.

Por otro lado, el hecho de haber coqueteado con el PAN en Villa Juárez ha ocasionado que los medios de comunicación también sugieran que Ismael Flores anda sobre una cuerda floja, detalle de impacto en la opinión pública. Se ha dicho que el gobernador Rodrigo Medina y todo el PRI, en conjunto con la CTM nacional, quieren tumbarlo de su cargo. De todos modos su dominio sobre el transporte urbano le garantiza un fuerte enclave de poder y dinero.

Cuando se le pregunta sobre el tema, Ismael se vuelve todavía más enigmática de lo habitual y se encierra en un muro de palabras silenciosas.

—¿Por qué cree que los medios han estado publicando tanto sobre su relación con Rodrigo Medina y con el PAN?

| —No sé. Yo no tengo nada en contra de Medina, ni del PAN.

—Entonces, ¿por qué cree que se habla tanto de eso?

—Porque nosotros realmente no tenemos el suficiente dinero para cambiar la opinión de los medios de comunicación.

—¿Cómo ve la actual situación de los sindicatos?

—Normal.

—¿No cree que han estado perdiendo fuerza?

—No. ¿Por qué? Yo no lo veo.

—¿Por qué no le gusta dar declaraciones para la prensa?

—Pues, ¿para qué? Yo doy las tres comidas.

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