Por Caracol Colunga

Durante la década de los 60 en México, el rock de gomina, pantalones ajustados y letras sugerentes era considerado por el sector conservador como una plaga de inmoralidad, drogas y sexualidad desenfrenada. El sector progresista del país tampoco tuvo una mejor opinión; para la izquierda, el sonido de guitarras eléctricas y bajos era en realidad el tambor que marcaba el ritmo de la invasión: el colonialismo de los norteamericanos colándose por los oídos de nuestros jóvenes mexicanos que en vez de “hacer patria” iban a los cafés cantantes a mover la pelvis y presumir sus botas.

El amelcochado e imitativo rock mexicano nació entre reprobaciones pero pronto fue copado por los tentáculos del mainstream y se resolvió en baladas, suéteres sobre los hombros y duetos pop entre cantantes que alguna vez gritaron su hastío juvenil. No se llamó rock-and-roll y estaba todavía lejos de recibir el mote “en español”, y convertirse en el crisol de mezclas que luego fue.

Al principio hubo reyes, locos y rebeldes. Uno de ellos fue Johnny Laboriel.

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foto-2A Johnny Laboriel le pasó lo que sucede con todos los ídolos adolescentes: vivió suficiente como para que le gente olvidará qué lo hizo ser reconocido. En sus últimos años se le invitaba a programas televisivos como Hoy, donde mucha de su presentación se reducía a mandar besos con los enormes labios que lo caracterizaron. También fue víctima del racismo, ya que su piel negra lo condenó a hacer siempre el papel del bufón o del abuelito loco que contó en sus días de gloria. La historia no se detiene y la contribución de Laboriel al rock mexicano se disolvió entre entrevistas ridículas y vestuarios extravagantes.

Sin embargo, Johnny siempre tuvo la música en sí. Nació el nueve de julio de 1942, en La Ceiba, Honduras. Siendo muy joven se trasladó con su familia a México. Era hijo del actor y compositor Juan José Laboriel y la actriz Francisca López. Tuvo un hermano, Abraham Laboriel, un bajista con reputación en la escena del jazz estadounidense. El sobrino de Johnny, Abe Laboriel es famoso por ser el baterista de Paul McCartney. Johnny se casó con Viviana y tuvo dos hijos: Juan Francisco y Emanuel, quienes también se dedican a la música y forman parte del grupo de rock Entidad.

Su carrera musical empezó en 1958, cuando a los 16 años de edad entró como vocalista del grupo Los Reyes del Rock. Pronto, el cómico Jesús Martínez Palillo, con quien se presentaban ocasionalmente en las carpas, los únicos escenarios para la comedia y la música a los que podían acceder los pobres, los bautizó como Los Rebeldes del Rock.

Los Rebeldes del Rock fue la primera banda mexicana en editar un álbum completo. Antes de ellos, las casas discográficas y las estaciones de radio no se interesaron por un género que creyeron pasajero. La canción Hiedra venenosa se convirtió en el pase de Laboriel a las grandes ligas de la música mexicana, y también fue un catalizador que permitió crecer y grabar a otras bandas fundacionales como Los Black Jeans (con César Costa como vocalista) y Los Locos del Ritmo. Los Rebeldes del Rock consiguieron la fama y el éxito, pero, eso hay que decirlo, siempre en la línea imitativa del rock norteamericano producido por Bill Haley, Little Richard y Elvis Presley: crearon temas como Recuerdas cuando, Bote de bananas, Danny boy, un cover de La bamba y Nena bailamos twist. Sus más conocidos covers de temas en inglés, Rock del angelito (Rockin’little angel, de Ray Smith) y Hiedra venenosa, (Poison Ivy, original de The Coasters) han sido comparados con las versiones de bandas como Rolling Stones.

Cuando a las disqueras y estaciones no les siguió conviniendo el mantener a bandas enteras, decidieron partir a los grupos y concentrarse en solistas. Laboriel hizo una primera incursión exitosa como cantante independiente y durante los primeros años de los 60 colocó hasta diez éxitos simultáneos en la radio.

Su estilo al vestir (trajes, camisas exuberantes, pantalones ajustados), su tono de voz nasal, su pronunciación afectada, como tratando de dar un acento anglosajón, lo hicieron un ídolo con fecha de caducidad. Pronto dejó de estar en el candelero y aunque con el pasar del tiempo entró a la televisión en los programas Los Polivoces, Musical Nescafé, Variedades con Manuel el Loco Valdés, Siempre en domingo con el cacique de Televisa, Raúl Velasco, Mala noche, No y La movida con Verónica Castro y la telenovela infantil Carrusel (donde, por cierto, interpretaba al padre de un niño negro que era despreciado por una niña blanca y rica), nunca logró despegar como al inicio de su carrera.

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A pesar de su imagen aséptica y bien portada, los rocanroleros mexicanos sí adoptaron la vida rockstar de alcohol, drogas y mujeres que tenían sus equivalentes estadunidenses. Johnny Laboriel se subió demasiado rápido al tren de la fama y el mareo le duró décadas.

Quizá ese factor decidió su ocaso. Tuvo problema de adicciones y violencia. Él mismo declaró que su origen de clase media-baja no lo preparó para “vivir el sueño”: no estaba acostumbrado a recibir fama, dinero, mujeres. Se descontroló. Además, otros factores lo fueron royendo: siempre sintió celos de los demás rockstars y no quiso ser menos; compraba coches para impresionar a las personas de su alrededor. También admitió que siempre estaba buscando imitar a César Costa y a los “gringos”. Hay una anécdota sobre él que da cuenta de cuán perdido estuvo en sus años de éxito: cuentan que estaba en un lugar de mala muerte llamado El Manolo, donde quedó de reunirse con una chica. Estuvo con ella durante un par de horas y luego se retiró, pero tuvo que regresar por algo que dejó. Allí vio a la chica con otro muchacho y se enardeció. Encaró al muchacho y lo golpeó, pero se tuvo que detener porque este sacó una pistola y la disparó. Dicen que Laboriel escapó corriendo en zigzag. Eso no lo detuvo; por esos tiempos se le conoció un grado enorme de violencia y agresividad, aun con sus mismos compañeros musicales.

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El miércoles 18 de septiembre en la madrugada, Johnny Laboriel murió víctima de cáncer de próstata. Se había internado en el Instituto Nacional de Cancerología desde el diez de agosto, pero los médicos lo dieron de alta para que pudiera pasar sus últimos días en casa, con la gente que quiso y estuvo con él a través de la vorágine, el éxito, el fracaso, la burla, el olvido…

Antes de su muerte, planeaba presentarse el 24 de enero del 2014 en el Lunario (Auditorio Nacional) para celebrar 55 años de carrera. No logró llegar a la fecha.

Su muerte fue anunciada por multitud de personajes, entre ellos el sacerdote José de Jesús Aguilar, subdirector de Radio y Televisión de la Arquidiócesis de México, quien puso en Twitter el mensaje: “Johnny Laboriel inició una nueva gira. Gracias por su amistad y tantos éxitos”.

A su funeral asistieron viejas glorias del rock como Benny Ibarra padre. Irónicamente, fue César Costa quien pronunció las palabras que Laboriel más anheló durante su carrera: «Era un ícono de este movimiento del rock-and-roll, un estupendo compañero, un gran ser humano, un muchacho con una gran espiritualidad».

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