Si hemos de creerle a la prensa cultural norteamericana, el debut novelístico de Larry Fritzroy sería reconocido en futuros próximos como el nacimiento de uno de los nuevos genios literarios del siglo xx. No podemos culparlos. The Man at the Hot Dog Stand (1963) fue recibida con un entusiasmo muy poco visto entre la crítica para una novela de tan bajo perfil [1]. Jim Watts, del Chicago Big Paper, la describió como “un laberinto que refleja lo confusa y triste que puede ser la vida en la urbe moderna, sobre todo para un hombre pequeño pero de espíritu sensible” [2]. Kara Norwind la calificó de “preámbulo a una obra maestra […] el paso que antecede a lo que bien podría ser un brinco cósmico en la expresión de la realidad a través del lenguaje escrito” [3]. Michael T. Cornette, en un gesto muy poco común dentro de su carrera, vio en la novela una obra que “sobrevivirá a las toneladas de papel que la industria editorial ha desperdiciado en su reproducción de libros mediocres y literatura basura”. Al final de aquella reseña [4], añadiría: “Me quito el sombrero y expongo mi calva cabeza ante el Sr. Fritzroy, sin duda un maestro emergente de las nuevas formas y extravagancias de la novela contemporánea”. The Man at the Hot Dog Stand es un libro titánico (no hay edición que baje de las 850 páginas) que narra las historias de una ciudad muy neoyorkina desde el punto de vista de un hombre que vende hot dogs en un carrito. La prosa es confusa, casi joyceana, pero el lector termina por acostumbrarse a las peculiaridades del estilo, y es entonces que comienzan a develarse la claridad y la complejidad del mosaico que ha armado Larry Fritzroy. Es probable que la técnica no impresione a los lectores de hoy, pero la vivacidad de los personajes y de las tramas aún es disfrutable.

La segunda novela de Fritrzroy es, dependiendo de a quién se le pregunte, superior a su obra prima o ligeramente inferior a ésta. If I Die, Would You Do as I Say? apareció cinco años después de The Man at the Hot Dog Stand y es, a todas luces, un proyecto menos ambicioso. De entrada, el libro no es tan grotesco (apenas si rasga las 400 páginas), y la trama, aunque compleja, no se compara con el caos urbano de aquella primera obra. La historia es una mezcla del relato policíaco clásico y el thriller conspiratorio: un detective privado investiga el asesinato de un hombre aparentemente inconsecuente, pero el rastro de aquella muerte lo lleva hasta el límite de la realidad conocida, y al de otras tantas. Formalmente, la novela es recordada más que nada por la desaparición repentina del protagonista, cuya narración es reemplazada por la de varios personajes marginales.

La obra ha sido fuente de opiniones encontradas. Margaret Walsh escribió que “es muy posible que quienes se volvieron fans del Sr. Fritzroy por las locuras estructurales de The Man at the Hot Dog Stand se sientan decepcionados por su ausencia en If I Die, Would You Do as I Say?. La novela no es mala (vaya, ni siquiera es normal), pero se nota que Larry Fritzroy tenía ganas de escribir un laberinto menos complicado” [5]. Dona Taylor Hawk, del Amarillo Post, expresó un descontento similar, pero añadió que “[If I Die…] es sin duda una obra mejor lograda y, me atrevería a decir, más profunda que su predecesora […] The Man at the Hot Dog Stand sorprende por sus excesos, pero If I Die, Would You Do as I Say? es una máquina precisa, como los cuentos detectivescos de antaño, y sus últimas páginas sacan la trama de las calles y la elevan hasta el mundo de lo metafísico” [6]. Michael T. Cornette, de nuevo en un gesto común, aplaudió la obra, señalando que “como lector, prefiero The Man at the Hot Dog Stand, pero no puedo dejar de reconocer los logros de esta segunda joya que nos ha legado Larry Fritzroy”[7].

Independientemente de las preferencias por una novela o la otra, la crítica estuvo de acuerdo en que Larry Fritzroy llegaría muy lejos, quizá hasta la eternidad. Todos dieron por hecho que la tercera obra aparecería pronto, y estaban listos para aplaudirla.

No hizo falta esperar mucho. En marzo de 1970 apareció The Great Chilli Extravaganza, una novela corta sobre un hombre obsesionado con ganarse un lugar en una exhibición de chilli casero organizada al sur de Delaware. El libro fue, para sorpresa de todos, un fracaso. La crítica barrió el suelo con el nombre de Fritzroy, usando sus expresiones y analogías más lacerantes [8]; quizá un castigo frente a lo que ellos consideraban una traición de su confianza y buena palabrería. Sólo unos cuantos excusaron la obra, alegando que “un maestro de la talla de Fritzroy tiene derecho a experimentar por lo menos un fracaso” [9], y que “The Great Chilli Extravaganza, aunque llena de defectos, no borra la grandeza de sus dos obras anteriores, ni el potencial de las venideras” [10].

La idea era que Fritzroy había tropezado, pero que su caída no era definitiva. Habría que esperar su cuarta obra para ejercer un juicio más concreto, pues no valía la pena acabar con la carrera literaria de un escritor por un mal libro.

Su cuarta novela, The Hand with The Seven Rings (1972), fue recibida a palos por toda la crítica. Steve Williamson la acusó de “sensacionalista e insensible”, criticando su representación de la comunidad asiática [11]. Susan Y. Lynch lamentó la simplicidad de su trama, señalando que “la obra tiene mucho potencial, pero se pierde por completo en el abuso de clichés extraídos directamente de los peores exponentes de la novela policíaca y del cine noir[12]. Michael T. Cornette, quien hasta entonces no había usado ni una palabra negativa en contra de Fritzroy, expresó su decepción con la obra pronosticándole “un futuro justo al lado de mi inodoro, donde le daré el uso que se merece” [13].

Friztroy publicó su quinta novela (I Lost My Head Behind Yours) un año después, y también fue destrozada por la crítica. Ese sería el destino de toda obra suya publicada desde entonces hasta su muerte en 1996 [14]. En su obituario, Amanda West resumió al hombre como “un genio que se apagó muy pronto, dejándonos a oscuras” [15].

Parece crueldad de las musas que una imaginación fecunda se seque, o, peor aún, que no produzca más que frutos amargos y pútridos, abominaciones que corrompen su legado artístico e insultan la tradición a la que dice pertenecer. Es, cuando menos, un misterio que vale la pena considerar, si no es que una maldición que acecha a toda mente creativa y a la que hay que temer como si se tratara de uno de los príncipes del mal.

No sería descabellado conjeturar que Larry Fritzroy fue una víctima más de aquella pérdida repentina del genio. Sin embargo, hay quienes han considerado la posibilidad de que la pérdida de calidad en la obra de Fritzroy haya sido un acto consciente, parte esencial de un juego literario ignorado tanto por la crítica y la academia como por los lectores en general.

El único indicio que presta credibilidad a esta teoría se encuentra en una entrevista que Fritzroy concedió al Herald de Fresno en 1975. En ella, cuando se le pregunta por la pérdida de calidad en sus novelas, éste responde: “Los críticos creen que escribo para complacerlos; lamento informarles que no es así. Yo sé lo que estoy haciendo, y es obvio que ellos están demasiado ocupados con sus teorías estéticas como para darse cuenta. Pero no los culpo; siempre les ha faltado imaginación” [16]. Es muy poco, pero ha sido suficiente para sembrar la duda y generar intriga en un puñado de estudiosos de la Literatura.

El primero en aventurar una teoría más o menos bien formada fue Scott W. Brisco, profesor de Crítica Literaria Contemporánea en la Universidad de Wisconsin-Madison. En su artículo “On the Use of Purposefully Bad Writing: Larry Fritzroy’s Bad Novel Proyect” [17], Brisco sugiere que la decadencia literaria de Fritzroy fue un acto no sólo consciente, sino lleno de propósito. “[Fritzroy] decidió dejar la escritura de buenas novelas porque estaba buscando una estética propia, no sólo distinta, sino opuesta a la establecida por la crítica de su tiempo y de épocas anteriores […] The Great Chilli Extravaganza fue una despedida; ya tenía un pie en su proyecto de mala novelística, pero aún no rompía completamente con la estética de lo conocido. La verdadera ruptura sucedió en The Hand with The Seven Rings. De ahí en adelante, Fritzroy buscó las posibilidades de una literatura tradicionalmente mala pero con valor propio”.

Las especulaciones de Scott Brisco tuvieron un impacto bastante fuerte entre los estudiosos de la obra de Fritzroy. Su concepto de una literatura de estética opuesta llegó a ser conocido como negativlit [“literatura negativa”],término acuñado por la profesora Mara Quin, quien años más tarde ofrecería una teoría propia, derivada de la de Brisco, pero con implicaciones un tanto más sensacionales. En su artículo “Larry Fritzroy: A Lucifer in the Making” [18], la profesora Quin conjetura que el plan de Fritzroy consistía en sentar la base de una anti-literatura, concepto no muy alejado de la negativlit. Sin embargo, explica, el objetivo último de esta anti-literatura no era la creación de un canon paralelo al de la “literatura positiva”, sino la corrupción de ésta a lo largo del tiempo, causando efectivamente la transformación de la literatura a un nivel esencial. “Las malas novelas de Fritzroy son la obra de un gran seductor que busca estar a la par del mismísimo Lucifer. La Literatura de la Belleza y el Orden caerían, tarde o temprano, ante su Literatura de la Obscenidad y la Decadencia de Fritzroy”.

La tercera teoría es la menos sensacional y por lo mismo un poco más creíble. También es, por extraño que parezca, la de mi preferencia. Postulada por la doctora Makoto Oshiro, sugiere que Larry Fritzroy escribió novelas malas con la intención de legar un corpus imperfecto pero perfeccionable. “Las novelas de Fritzroy son objetivamente malas. No obstante, en todas ellas existe un atisbo de potencial, una pepita de oro enterrada en lo más profundo del mojón, por así decirlo. Esto no es ningún accidente. Fritzroy dejó un montón de obras malogradas pero con potencial para la perfección […] Imaginó que algún escritor leería sus novelas, encontraría ese potencial y escribiría una versión mejorada (si no es que perfecta) de esa novela. Y lo mismo podrían hacer otros escritores con esa misma novela: perfeccionarla a su manera […] Fritzroy creó una fuente de posibilidades inagotables para la mente creativa; materia prima eterna” [19].

Por supuesto, tampoco podemos descartar la posibilidad de que Larry Fritzroy fue un hombre afortunado en su relación las musas, incluso si su fortuna resultó de lo más fugaz. Pero siempre es bueno mantener vivo el misterio.

Por Kaizar Cantú

[1] La novela fue publicada por Flamingo, una editorial pequeña de Baltimore, Maryland. El tiraje de la primera edición fue de 10 mil copias.

[2] Chicago Big Paper (MAY 02, 1963). Todas las citas a partir de aquí son traducciones del inglés hechas por mí.

[3] Long Island Tribune (MAY 05, 1963)

[4] Today in Baltimore (MAY 04, 1963)

[5] The Sentinel (OCT 21, 1968)

[6] The Amarillo Post (OCT 17, 1968)

[7] Today in Baltimore (OCT 20, 1968)

[8] Entre los ataques más memorables se encuentra el de Joshua Steinberg, quien escribió en su reseña para el Houston Star (MAR 10, 1970) que “preferiría leer cualquier párrafo, incluso el peor logrado, de Amanda McKittrick Ros”.

[9] Edna Möller (Los Ángeles Sun: MAR 10, 1970)

[10] Phillippe Marshall (Mississippi Eye: MAR 13, 1970)

[11] The Washington Overseer (JUN 02, 1972)

[12] Miami’s Sun (MAY 30, 1972)

[13] Today in Baltimore (JUN 01, 1972)

[14] Larry Fritzroy publicó nueve novelas después de 1972: Shut the Door and Kiss Me (1974); The Dragon, the Sword, and the Moon (1975); How to Become a Computer: A Guide to the New Man (1979); Knock Knock Dead Dead (1983); Spiders All in Tune (1983); Rocket Launcher (1986); Nessy Ate My Neighbors (1988); Iron is Thicker than Blood (1990); y Below the Thin Ice (1992).

[15] The Maryland Weekly Gazette (FEB 28, 1996).

[16] The Fresno Herald (SEP 15, 1975)

[17] Publicado en The Journal of Marginal Literature (Vol 2, No.5: 2001).

[18] Publicado en The Journal of Marginal Literature (Vol. 3, No.1: 2003)

[19] “The Perfect Within the Bad: Larry Fritzroy’s Plan for a Bad Novel”, publicado en Studies on the Unusual (Vol. 5, No.10: 2007).

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