Conversación con César Valdez, comunicador social y activisa Javier Valdez, en el programa Los perros románticos, transmitido los miércoles a las 7 pm en Radio UDEM (90.5 FM de Monterrey)

Por Diego Enrique Osorno y Karem Nerio 

Diego Enrique Osorno: Buenas y lluviosas tardes. Estamos aquí, en Los perros románticos. Me acompaña Karem Nerio para conducir esta emisión del día de hoy, en Radio UDEM 90.5 ¿Cómo estás?

Karem Nerio: Muy bien, Diego, gracias. Estamos aquí con un invitado más de Los perros románticos; nos acompaña César Valdez.

DEO: Así es. El día de hoy, César Valdez, periodista y activista, estará con nosotros y nos platicará acerca del periodismo militante.

César Valdez: Gracias por invitarme, y espero que sea de interés lo que pueda yo decirles. Muchas gracias.

DEO: No es usual que se reconozca en muchas academias periodísticas el término de “periodismo militante”, pero es una realidad. Es una figura que ha existido y además ha producido grandes escritores y textos periodísticos. Yo creo que no hay mejor novela de no- ficción latinoamericana que Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, escrita en los años sesenta por un periodista militante tal cual, que ponía su trabajo periodístico al servicio de una causa, en aquel entonces al servicio de los Montoneros, un grupo guerrillero que se creó en Argentina para luchar contra la dictadura, una dictadura muy feroz que produjo miles de desapariciones y asesinatos. En ese contexto, César, me gustaría que nos contaras un poco de ti, de cómo vas llegando a convertirte en un periodista militante, cómo vas asumiendo el activismo, tu inquietud política con el trabajo periodístico y de asesoría a organizaciones sociales.

CV: Quisiera empezar mencionando que sí me causa cierta incomodidad tanto el “periodista” como el “militante”. Por respeto a los compañeros que yo considero grandes periodistas —que conozco muchos—, yo nunca me defino como periodista porque realmente nunca o muy pocas veces he trabajado directamente con los medios; esta idea que tenemos tan asentada de lo que es un periodista, que cumple con un horario, que tiene un espacio, etc. Yo he trabajado más del otro lado, de lo que solemos llamar “comunicación social”, pero en la mayor parte del tiempo para causas sociales: organizaciones y más recientemente en redes sociales, que nos han permitido a muchos que no tenemos un foro o que no queremos tenerlo—

DEO: ¿Redes sociales virtuales?

CV: Sí. A los que no tenemos un foro impreso o electrónico y no queremos tenerlo nos ha abierto una puerta. Ya cada quien puede tener su paginita, y esos son los espacios en lo que yo me he desenvuelto. Yo empecé a escribir en periódicos muy poco, la verdad, y reporteé a finales de los años ochenta, cuando El Porvenir era El Porvenir.

DEO: ¿Llegaste a estar de reportero?

CV: Sí, pero eventual, muy azaroso, nunca me establecí. La verdad por eso casi ni cuenta en mi currículum, pero sí fue una experiencia muy padre. Cuando todavía estaba el Aquí vamos, ahí me daba oportunidad Gerardo López Moya de escribir.

DEO: El suplemento cultural legendario.

CV: No es por ponerme ninguna medalla, porque mi participación fue irrisoria, pero en cuanto a experiencia vital mía, fue muy importante porque me dio oportunidad de conocer a mucha gente, de conocer el mundo del periodismo cultural, que en ese tiempo tenía una importancia que ahora no tiene en Nuevo León. Entonces fue como asomarme. Antes de eso escribí una columna, que debería ser estudiantil pero se presentaba como algo muy profesional, siendo yo muy joven, en el periódico El Nacional. También ahí escribíamos mi compañero Cristóbal López y yo sobre efemérides de Nuevo León, y nos daban mucha oportunidad de explayarnos, como jóvenes que éramos.

DEO: ¿Efemérides pero re-interpretadas?

CV: Sí. Escribíamos sobre Alfonso Reyes, sobre Vidaurri, etc. Con mucha irresponsabilidad, compartida con los encargados del periódico que nos daban espacio.

DEO: Yo no sabía que habías estado en la redacción de El Porvenir. A mí me tocó conocerte cuando trabajabas en Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (CADHAC), una de las grandes organizaciones sociales que hay aquí en Nuevo León de defensa a los Derechos Humanos, y tu trabajo me parecía que era una trabajo periodístico. Tú acompañabas a la hermana Consuelo a muchas diligencias que hacían en las cárceles en aquel entonces, sobre todo; tú escribías boletines, comunicados. Pero a eso me refiero con periodista militante: no el periodista que trabaja para una estructura gubernamental y hace comunicados y boletines, sino que trabaja para una estructura ciudadana y trata de ayudar a que ésta tenga una mejor comunicación con la sociedad. Tus comunicados no te los firmaban ni a ti ni a CADHAC, pero prácticamente salían tal cual en los periódicos con una “pequeña revolcadita”, como dicen las redacciones.

CV: Así es. Después de estas experiencias que tuve en las redacciones de joven, tuve otras siendo “revistero”, como decimos. Eventualmente fui a dar, a través de Luis Ángel Garza, un gran periodista, de los más grandes que ha habido en Nuevo León—

DEO: Corresponsal de Proceso por muchos años.

CV: Corresponsal, también insigne de El Porvenir en su mejor época. Yo trabajé con él en su empresa de monitoreo de medios. Ahí aprendí mucho de análisis de medios, él es uno de mis maestros no-formales (porque no he tenido formales). Entonces a través de Luis Ángel fui con la hermana Consuelo Morales y me encargué del área de comunicación en Ciudadanos en Apoyo de los Derechos Humanos. He estado en varias ocasiones ahí. La vida casi siempre me regresa a CADHAC u otras organizaciones, y ahí tuve la gran fortuna de tener también como maestro a Javier Orellana Cota, a quien siempre rindo tributo porque él yo creo que es el que más me enseñó cómo desde la sociedad civil se puede hacer un periodismo comprometido. Entonces todo esto que hablas, de esta manera de comunicar la agenda de los Derechos Humanos, que en ese tiempo estaba en la sombra, tú lo sabes bien, porque tú eras muy joven pero eras de los periodistas que tenían muy claro la importancia de los Derechos Humanos. Nadie lo tenía. El periodicote de aquí jamás nos sacaba una nota, y cuando la sacaba era para atacarnos. Entonces teníamos muchos problemas para el área de la comunicación.

DEO: Además ustedes en CADHAC anticiparon lo que nos estalló en la cara de manera muy tremenda del 2008, 2009 y 2010 para acá, que era la colusión de la mafia en las instituciones policiales, la penetración del crimen organizado en las cárceles.

CV: Así es. Hicimos mucho trabajo penitenciario. Era un tema muy duro, muy difícil de comunicar a la sociedad.

DEO: ¿Recuerdas alguno de aquellos casos que trabajaste en CADHAC y que pudiste sacar a la luz de alguna forma?

CV: Yo no participé directamente, pero fue de los más sonados: un interno del penal de Apodaca que fue agredido sexualmente de manera brutal por los custodios y otros internos. Eso lo denunció muy valientemente la hermana Consuelo Morales y lo visibilizó. Ahora, a pesar de que los medios siguen cooptados y comprados, es muy difícil darse una idea de cómo era en ésa época; estoy hablando de finales de los años noventa del siglo pasado. El tema en sí no era nota para los periodistas. El periodista en lo individual decía “Eso no es nota”, es un interno, si lo violan pues que lo violen; la sociedad decía “Por algo están ahí”. El concepto de Derechos Humanos era muy difícil de comunicar. Este fue uno de los casos que la hermana Consuelo, con su presencia física, inclusive afuera del penal, con una manifestación, acompañada de gentes de Amnistía Internacional, logró. Hubo repercusiones para el propio interno, hubo represalias —lo tengo que decir— por parte de las autoridades. Pero a la larga lograron cambiarlo de penal, se logró visibilizar esta brutalidad innecesaria e ilegal que hay en los centro penitenciarios de Nuevo León. Se puso en entredicho todo el sistema con ese caso, que es de los más sonados. Este interno salió en libertad hace ya varios años. Y es una experiencia muy dura pero muy aleccionadora en cuanto a cómo comunicar algo casi incomunicable.

DEO: Claro, y es enseñarle a una sociedad como esta, que está pensando “siempre en grande”, por decirlo así, que estos pequeños actos de abuso de autoridad terminan, si no se corrigen, si no se combaten, por permear y por crecer, como crecieron finalmente.

CV: De hecho, como estábamos muy sensibilizados, la hermana Consuelo Morales siempre predijo la intervención de las fuerzas armadas, la seguridad pública, que iba a ser una salida plausible para el poder político. Tal cual fue con el resultado que todos vimos, de violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos. Entonces, volviendo a esto del periodismo militante, esa labor fue muy ardua. Sólo con un personaje como Consuelo Morales, tan fuerte, tan firme y tan constante, se ha podido lograr que a lo largo de todos estos años el tema de los Derechos Humanos haya dejado de ser tabú. Todavía sigue siendo tratado deficientemente por los medios de comunicación, pero uno de los grandes logros que se consiguieron con todos estos años de trabajo desde la sociedad civil ha sido el que ya no sea un tema vedado. El periodicote ahora la da ocho columnas, lo cual es, por las razones que sean, muy loable.

KN: César, ¿cuántos años estuviste en CADAHC?

CV: Ya no recuerdo, porque he estado en varias ocasiones, pero sí han sido varios años en los que voy y vengo. Porque también es existencialmente muy demandante la militancia o la pertenencia a las organizaciones civiles. No es un proyecto de vida en el sentido económico, para nada, pero sí en sentido existencial. Es duro y surgen conflictos en lo interior. Pero, para redondear esta idea, yo me quedaría con que el grano de arena que uno ha puesto y los grandes aportes de gente como Consuelo han sido hacer comunicable un tema que antes no lo era: los Derechos Humanos.

KN: ¿Has tenido casos como el del penal que sigues así de cerca en CADAHAC?

CV: Sí, los casos de abuso policiaco.

KN: Y en esos casos, ¿tú fuiste a entrevistar?, ¿cómo funcionaba tu participación?

CV: En organizaciones tan pequeñas uno hace de todo, ¿no? Yo era formalmente el encargado de comunicación y a veces hacía de vocero también. Cuando la directora no podía declarar, pues lo hacía yo. En ocasiones había muy poco personal y yo recibía el caso; casi siempre era un abogado. Entonces te enterabas desde el principio cómo había sido el abuso, qué corporación estaba involucrada; tratabas de recabar toda la información, ibas con los familiares, autoridades —que nunca te informaban nada— y con eso decidías si no ponías en riesgo (más) a la persona y a su familia si lo difundías. Entonces ya se hacía toda una estrategia. Muchas veces el recurrir a los medios era lo que hacía que el caso caminara en el aspecto legal, jurídico.

DEO: ¿Y de qué forma buscaban llamara la atención? Eso es interesante, conocer la forma en que tú tratas de lograr que los medios establecidos, que tienen agendas muy fijas, intereses muy creados, se interesen en este tipo de historias.

CV: Nosotros —Javier Orellana, yo y Nacho Zapata, un militante célebre aquí en Nuevo León, recientemente fallecido, que nos auxiliaba mucho con eso— lo que hacíamos, para empezar, era sensibilizar a los compañeros periodistas. Que el periodista en lo individual entendiera e hiciera suya la agenda de los Derechos Humanos. Para nosotros era más fácil de esa manera, y había jefes de noticias que a veces entonaba con nosotros, y eso era muy bueno. Íbamos con los editores. Era la manera, porque el tema no era vendible. En mi caso particular, yo no encontré un modo —a lo mejor por deficiencia mía, pero más que eso por respeto al tema— de hacerlo llamativo para los medios. Lo que hacíamos era fundamentar muy bien legalmente todo lo que se dijera. Teníamos mucho apoyo de abogados que nos asesoraban para fundamentar todo muy bien. Entonces, decir siempre la verdad, la verdad que teníamos, dar todos los elementos y sensibilizar a las personas. Eso era lo que hacíamos, el “cabildeo de medios” que le llamábamos, que era bien ingrato muchas veces porque el reportero casi siempre tenía mucha simpatía por el tema, lo entendía, pero ya en la redacciones se atoraba la nota, sobre todo en unos medios impresos. Pero la experiencia que yo tuve fue esa, acercarse más a gente como tú, Diego, que entendía el tema.

DEO: Pero iban educando toda una generación de reporteros. Sí me acuerdo. Para mí Javier es un maestro, así como le dices tú. Recuerdo que yo trabajaba para Radio Alegría; tenía unos 15, 16 años y me pagaban 400 pesos al mes. Entonces nunca tenía dinero para nada, y Javier un par de veces me llevaba a comer al Mercado Juárez. Y siempre él. También era un tipo impresionantemente humilde que se esforzaba de tiempo completo en buscar que esta sociedad regiomontana se interesara más en sus problemas de fondo, en sus problemas estructurales. Por ejemplo, el del transporte urbano. Javier creó la Alianza del Transporte Público. Uno de los episodios más bochornosos para mí en la prensa local, de tantos que tiene, fue toda esta campaña de difamación que hubo contra Javier después del éxito que a través de esta organización logró tener con muchos usuarios de transporte público que empezaron a darse cuenta de que estábamos pagando en la ciudad por un transporte público muy peligroso, muy deficiente; mucho más deficiente de lo que está hoy en día, que sigue con un lastre tremendo. En aquel entonces Javier logra un movimiento grande. Me acuerdo: hasta miles de firmas, actos de una buena cantidad de personas, y lo que viene en respuesta del poder es una campaña de difamación orquestada por periodistas de pacotilla.

CV: Incluso con recursos legales en su contra

DEO: Difamándolo, diciendo que era un vagabundo, un bohemio, cuando era una persona entregada completamente a la lucha. Yo cuento esta historia de Javier porque creo que ese drama también es muy importante que lo transmitas tú a los radioescuchas. Cuando uno toma una causa y se implica a fondo, como se implicó Javier y como tú te has estado implicando a lo largo de tu carrera que está en proceso, uno tiene estas insatisfacciones: la precariedad económica, la difamación por parte del poder, acoso legal o hasta más violento. ¿Podrías explicar un poco a la gente cómo es ese mundo? Para que también haya una mayor concientización cuando escuchamos un activista. Vemos en la televisión a un activista y la gente piensa “Esos huevones que se pongan a trabajar”. No entienden todo el esfuerzo sobrehumano que hay detrás de ese trabajo.

CV: Yo por fortuna no tuve muchas de las consecuencias que el compañero Orellana u otros tuvieron, ni una implicación tan a fondo, tengo que decirlo, como la de ellos.

DEO: Bueno, tú estás en proceso.

CV: Exacto, pero sí es una apuesta existencial muy fuerte el tratar de incidir en una sociedad tan cerrada como la nuevoleonesa, que ya no está tan cerrada, yo de eso estoy convencido, pero que hasta hace muy poco lo estaba por completo. Hay mucha incomprensión. Yo a los radioescuchas les diría que vean a las personas cuando están viendo a una activista. El término hasta se ha desprestigiado. Ahorita parece ser que si alguien dice que es activista, o quiere presumir u ocultar o ganar algo, y no es así, sobre todo en las organizaciones de Nuevo León con las que hemos tenido contacto. Es gente honesta, en la mayor parte de los casos, gente que con las capacidades profesionales que tienen podría estar en la iniciativa privada, en los medios, recibiendo prebendas legales e ilegales, justas e injustas, y no lo están. Están de lado de la ciudadanía, y eso conlleva, como tú dices, privaciones económicas, problemas familiares derivados de las mismas; la familia exige. Y se requiere de mucho valor ciudadano. No hay que mitificar tampoco al militante, porque mitificarlo es una manera también de anularlo. Son personas serias que están tratando de hacer un trabajo profesional y hay que tomarlos como tales. Gente que la apostó a una carrera cuya ganancia no va ser económica, ni siquiera de prestigio social; ponen en riesgo todo su prestigio. Yo aquí, al estar diciendo que milité y que tú me digas que soy periodista, me presto al escarnio también.

DEO: Claro, por eso aclaramos desde el principio que la figura del periodista militante se trata de algo que no está aceptado por la academia, pero la academia no acepta un montón de cosas que forma parte de un status quo.

CV: Yo lo decía en ese sentido, en el de todo lo que conlleva la militancia.

DEO: Pero es parte de. Hay quien se siente mal al decir “Soy periodista militante”. Yo conozco grandes periodistas militantes que piensan “No, me siento mal porque pueden decirme que no soy periodista”, pero el trabajo que haces tú o que hacen muchos otros periodistas que trabajan en organizaciones sociales, pues es periodístico. A fin de cuentas el canal de comunicación es un canal que tiene una agenda propia, pero esa agenda está abiertamente declarada. Lo importante es trabajar con la veracidad o contar una historia. ¿Cómo ves, Karem?

KN: Yo creo que a lo que la academia le tiene miedo es esta onda. Creen que tiene que ser objetivo, y cuando militas, probablemente estás buscando un lado, pero aunado a que el compromiso es con la información, pues el trabajo es, como dices tú, lo más profesional que un ser humano con sus circunstancias humanas lleva a cabo. Y yo te quería preguntar, en el transcurso de tu carrera seguro has conocido otras organizaciones además de CADHAC que trabajan el tema de Derechos Humanos en la ciudad, quiero pensar.

CV: Pues relación directa he tenido con FUNDENL, Fuerzas Unidas por Nuestro Desparecidos en Nuevo León, que es una organización muy afín a CADHAC por el tema. Ellos son familiares de desaparecidos y también han hecho un esfuerzo muy grande por comunicar. Hemos participado muy bien con ellas informalmente en algunas experiencias de hacer unos videos, de publicar por ahí algún texto sobre el tema. Y en el camino muchas otras organizaciones. El Barzón tuvo un papel muy destacado. Yo no participé directamente, pero éramos simpatizantes, y a través de CADHAC había mucha colaboración con ciertas actividades del Barzón, liderado por Liliana Flores Benavides en aquellos tiempos, finales de los noventa, principios de los dos miles. Y ahorita, no sé, Alianza Cívica.

DEO: Nos contaba César de otra etapa muy interesante de trabajo, precisamente aquí en San Pedro, en los barrios más marginados: Canteras y también Fomerrey, que ahora es San Pedro 400.

CV: Fomerrey 22 —ahora San Pedro 400—, Canteras y el Obispo.

DEO: ¿Qué hacías ahí?

CV: Ahí era yo muy joven y trabajaba en la administración del ingeniero Rogelio Sada, cuando era alcalde. A mí y a un grupo de estudiantes de sociología (yo estudié sociología en la Universidad Autónoma de Nuevo León) nos contrataron para diseñar un programa de atención a jóvenes. Fuimos muy bien asesorados por un maestro de aquí de la UDEM, un gran sociólogo: Víctor Zúñiga. Trabajamos intensamente durante más de tres años en las colonias. Fue un esfuerzo pionero con jóvenes marginales desde las instituciones. Aquí ya había habido otros esfuerzos, como el colectivo Al tiro, del que tú has de tener noticia, que fue un esfuerzo militante desde la sociedad civil. Y no había muchos antecedentes de un trabajo institucional. Entonces hicimos muchas actividades inspirados en el colectivo Al tiro y el Consejo Popular Juvenil de la Ciudad de México. Ése empezó con los famosos murales, que ya son moneda corriente ahora; en ese tiempo no lo eran. Fueron mecanismos para que nosotros, jóvenes estudiantes universitarios, pudiéramos involucrarnos con los jóvenes.

DEO: Murales y periódicos, también hicieron un periodiquito.

CV: Y ahí hubo un experimento muy afortunado, que fue la creación de una revista. Fue una ocurrencia, sería el boletín de actividades de nuestro programa. Se llamaba Jóvenes de Barrio, así muy elegantemente le llamábamos. Como había muchas actividades culturales y deportivas, hicimos un boletín, pero no quedó ahí porque los chavos empezaron a llevarnos textos, reflexiones sobre el embarazo adolescente, sobre la violencia, un poema para la novia, etc. Entonces el 90 por cierto del contenido terminó siendo producido por los chavos, y ahí fue el éxito.

DEO: Y cambiaron el nombre, por supuesto.

CV: No, el nombre siempre fue el mismo. Se llamaba Mucho Pedro. Sacábamos dos mil ejemplares, después tres mil. Se repartían sólo en las colonias que trabajábamos y fue un exitazo. De hecho nos dieron un periodicazo, porque Makiavelo una mañana dijo—

DEO: ¿La sección de El Norte?

CV: Sí, la sección de El Norte una mañana dijo que una sola página de ese pasquín pagado por los impuestos de los sanpetrinos tenía suficientes palabras altisonantes para hacer sonrojar al más liberal. Casi son textuales las palabras. Entonces se hizo un escándalo, porque, “¿en qué se estaban gastando los impuestos?”.

DEO: Ese mismo periódico que en los años setentas a los jovencitos de 19 años los llamaba “robots comunistas diseñados para matar”, a estudiantes de excelencia de medicina.

CV: Sí, cuando el periódico de El Norte iba a cubrir un evento organizado por nosotros, temblábamos. Porque iban a tergiversar completamente el sentido del trabajo. “Los pandilleros dejan las armas y toman el pincel”, estupideces de ese calibre.

DEO: Y ahí es precisamente donde entra el trabajo del periodista militante.

CV: Esa fue una experiencia de revistero que tuvimos ahí, muy interesante porque fue un éxito. Tuvimos todo el apoyo del ingeniero Rogelio y de la señora Cecilia Pérez de Sada, su esposa. Ellos nos apoyaron completamente, defendieron el proyecto. Cuando nos acusaron se hizo un escándalo mediático porque era algo que desde las instituciones nunca se había hecho. Tuvimos el apoyo en medios. Rosaura Barahona nos defendió en su columna, Tatiana Clouthier—

DEO: ¿En el mismo Norte?

CV: Sí. Tatiana Clouthier, que escribía en el Diario de Monterrey, también nos defendió. Y salimos de la experiencia fortalecidos. Se entendió que era un espacio de libertad, de expresión para los jóvenes de San Pedro y para los jóvenes pobres de San Pedro; hay que decirlo como se debe decir. Y fue una experiencia muy hermosa en cuanto a un trabajo comunitario que para mí resultó muy exitoso porque fue un acompañamiento de una generación de jóvenes que antes no tenía una alternativa.

DEO: ¿Qué será de estos jóvenes? ¿Qué te imaginas que están haciendo hoy?

CV: Seguimos en contacto con muchos de ellos.

DEO: ¿Qué hacen?

CV: Pues tienen sus talleres, sus trabajos, sus familias. Tienen una banda de heavy metal. Cuantitativamente es difícil saber el éxito, pero humanamente yo creo que hubo bastante, y la experiencia como periodista militante fue muy enriquecedora.

KN: ¿Habrá un ejemplar por ahí?

CV: Sí, los tenemos.

DEO: Pues ahora vamos a escuchar una entrevista que Radio Ambulante hizo a Óscar Martínez, un gran cronista salvadoreño, autor de un libro que en su versión en español se llama Los migrantes que no importan pero que en su versión en inglés se llama La bestia. Es un libro que habla sobre la forma en que tienen que cruzar por México personas de El Salvador, de Honduras que van hacia Estados Unidos. Vamos a escuchar esta entrevista y regresamos.

 

***

 

KN: Regresamos aquí, a Los perros románticos. Estamos en el 90.5 FM con nuestro invitado de hoy, César Valdez. ¿Qué te pareció la entrevista de Radio Ambulante?

DEO: Este relato que hace Óscar Martínez sobre cómo reporteó su libro La bestia.

CV: Pues terrible, como todo lo que tiene que ver con los migrantes centroamericanos en México. Desde las organizaciones de Derechos Humanos decimos que es una política genocida del Estado mexicano en contra de nuestros hermanos —y no es retórica— centroamericanos.

DEO: Te estabas acordando de algo.

CV: Sí. Cuando dice “los migrantes que no importan”, yo lo englobaría en “los jóvenes que no importan”. Los jóvenes latinoamericanos no importan: no votan, no consumen, no caben dentro del esquema neoliberal, y por lo tanto a nadie le importan. La manifestación de las Maras salvadoreñas y centroamericanas es una variante magnificada por los medios de lo que ha sufrido México. Y fue lo que en nosotros humildemente trabajamos a principios de los noventa, y mucha gente lo sigue haciendo en Nuevo León y en todo el país. Es este problema de comunicación otra vez, volvemos a lo mismo. Es la satanización de un sector vulnerable de la sociedad, en este caso los jóvenes, como depositario de las culpas de los males sociales. La violencia. Hubo en Nuevo León a finales de los años ochenta una diputada que exigió la entrada del ejército a la colonia Independencia, con el aplauso de la sociedad.

DEO: ¿Quién era la diputada?

CV: No lo recuerdo. En ese tiempo, el antecedente comunicacional había sido la banda de Los Panchitos en el Distrito Federal. En el programa 60 minutos de Fausta Memoria se distribuyó la idea de que eran asesinos, que los grupos juveniles callejeros eran como el brazo armado de la mafia, el “ejército de reserva de la mafia” decía un periodista que tuviste hace poco aquí.

DEO: ¿Quién? Porque hemos tenido varios.

CV: Uno que trabajó también el tema de los jóvenes. Eran percepciones falsas, completamente. El grupo juvenil aquí, en El Salvador y en China, como se dice, es primero que nada un espacio de socialización que —valga la redundancia— la sociedad no es capaz de dar. No es malo, ni es bueno en primera instancia; es necesario, ahí está. En la mayor parte de los casos no se relaciona con la violencia. En el caso de las Maras se hizo toda una leyenda negra porque ahí tal vez sí había más relación con grupos delincuenciales, pero toda esta construcción de las Maras como formaciones de entes malignos que van—

DEO: El problema de siempre es no querer encontrar la explicación que ya hay, para que se criminalice, para que se forme un criminal. No son extraterrestres, no es gente llegada de otro planeta que de repente empieza a cometer asesinatos o a realizar actos de violencia. Los albergamos en nuestra sociedad.

CV: Entonces la divisa de la satanización de un grupo social vulnerable es idónea para un Estado irresponsable como el mexicano.

DEO: Pero también entramos a algo importante, porque no nada más el Estado, que es una cosa más dramática, como lo decía Óscar Martínez. La sociedad es la que tiene esta violencia tan tremenda.

CV: Exacto. Un general de la Segunda Guerra Mundial llevó a los vecinos para que vieran “lo que no sabían”, entre comillas.

KN: ¿Te has encontrado, César, con algún impedimento en especial para difundir la situación de los migrantes en Nuevo León?

CV: Yo no he trabajado prácticamente el tema de los migrantes, pero las organizaciones con las que tenido contacto sí. El mayor obstáculo, más que la represión o la falta de libertad de expresión, es la incomprensión de los medios y de la sociedad.

DEO: La ignorancia, y ahí es donde entra el periodismo que tiene que ser completamente militante para vencer esa ignorancia desde las estructuras del poder. Ahorita que tocaste el tema alemán, que es muy simbólico en muchos casos, hay esta investigación que se llama “Los asesinos deseosos”, donde de manera muy dramática nos damos cuenta que el ejército nazi mató a muchos judíos, pero casi también la misma cantidad de judíos los mataron los vecinos. Los vecinos con el paso del tiempo tenían una acumulación de odio, de prejuicios contra los judíos, que cuando el Estado dice “Ya, vamos a minimizar la vida de los judíos”, esta gente empieza a matar a sus propios vecinos. Esa cultural es la que se tiene que combatir desde la información.

CV: Desde la información, porque como dice Todorov: “Ni monstruos, ni bestias”. Ni los Maras ni los pandilleros mexicanos son monstruos ni bestias. Ni el vecino que dice “Sí, hay que venadearlos, hay que dispararles porque tiran piedras en la noche”. Ni el reportero de TV Azteca que allá por los años 2004 o 2005 sacó la nota que decía “Los Maras beben la sangre de sus víctimas”; entonces era toda esta satanización. Ni uno ni otro son monstruos ni bestias. Somos nosotros, somos esta sociedad que a través de las fórmulas fáciles queremos tratar temas tan complejos como el de la delincuencia juvenil, como el de la violencia. Entonces, para terminar con lo del documental, diría lo mismo: son los jóvenes olvidados, las mujeres olvidadas, que en este país padecen tanto; los feminicidios, que ni siquiera Juárez es el primer lugar, etc.

DEO: Es tremendo lo que cuenta Óscar Martínez. Somos un país de violadores, porque cuatro de cada diez mujeres centroamericanas que van hacia Estados Unidos y pasan por México son violadas. Son violadas, como decía Óscar, no nada más por alguien que tiene un uniforme, sino también por el que les da un vaso con agua o por el chofer del camión en el que van. Eso es tremendo, porque ahí el Estado, por negligencia, y en algunos casos por iniciativa, pero está más allá del Estado.

CV: Ese es el mensaje que yo creo que nos deja esta entrevista.

DEO: ¿Cómo contrastar esto?, ¿cómo lo haces tú en el día a día?

CV: Pues lo que hemos hablado, lo que han hecho las organizaciones: visibilizar los temas, no segar, porque siempre hay una contraofensiva informativa. Afortunadamente ya estamos en tiempos de Internet y es mucho más difícil ahora para los medios hegemónicos que su discurso prevalezca como lo hacía hasta hace muy pocos años. Ahorita también existe este nuevo periodismo. Aquí hay gente como Roberto Guillén, por ejemplo, que ha tratado mucho el tema de los migrantes, que incide mucho en los que estamos interesados por estos temas. No sé si más allá, pero ahí hay alguien que está dándole voz al problema. Estamos ante una nueva realidad. Aquí ustedes saben más que yo de eso, de cómo el Internet está permitiendo que esta tarea que antes teníamos tan oscura, de lograr que la sociedad cambiara su percepción simplemente sobre el término Derechos Humanos, sobre la palabra “migrante”, la palabra “delincuente”, la palabra “penal”; que éstas adquieran la dimensión social y compleja que tienen y no caigamos en condenas fáciles.

KN: Entonces, ¿sí encuentras un rayito de esperanza en algunos sectores de la sociedad?

CV: Claro que sí, porque ha habido experiencias recientes muy alentadoras. El movimiento YoSoy132, con todos los asegunes que haya tenido, fue una experiencia muy fuerte del poder que puede tener la sociedad a través de medios alternativos de comunicación. También el seguimiento que le tienen que dar los medios tradicionales a Twitter, por ejemplo; se van marcando agendas. Es difícil, pero ahí vamos. Y el punto es humanizar el asunto, hacerlo nota.

DEO: Explicarle a la gente, codificar de manera que puedan entender todo esto que estamos hablando. Por ejemplo, el tema de los migrantes, que es un drama tan fuerte. Es tan complejo codificarlo para que la gente que tiene una actividad diaria, que tiene que resolver problemas domésticos, laborales, pueda tener atención y compasión por este tipo de problemas. César, muchas gracias por estar aquí, nos ha ayudado mucho esta conversación contigo. Nos encanta que estés aquí en Los perros románticos , y todos nuestros invitados al final —salvo David Carrizales que lo hizo al principio— leen un poema, ya sea de su propia inspiración o un poema que les parece importante. Si tienes un por ahí y nos puedes explicar un poco el por qué lo escogiste.

CV: Escogí este que se llama “Los enemigos”, de Pablo Neruda, porque para mí representa lo que debería mover a mucha gente que está en el tema de los Derechos Humanos. Casi siempre a los que hemos estado o estamos involucrados en el tema se nos trata de poner como unos inocentes, idealistas, por no decirlo más feo. Defendemos delincuentes y no se entiende que lo que se busca es justicia, a fin de cuentas, que sin justicia no hay paz. Y yo creo que eso es lo que representa este poema.

 

Ellos aquí trajeron los fusiles repletos

de pólvora, ellos mandaron el acerbo

exterminio,

ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,

un pueblo por deber y por amor reunido,

y la delgada niña cayó con su bandera,

y el joven sonriente rodó a su lado herido,

y el estupor del pueblo vio caer a los muertos

con furia y con dolor.

Entonces, en el sitio

donde cayeron los asesinados,

bajaron las banderas a empaparse de sangre

para alzarse de nuevo frente a los asesinos.

 

Por esos muertos, nuestros muertos,

pido castigo.

 

Para los que de sangre salpicaron la patria,

pido castigo.

 

Para el verdugo que mandó esta muerte,

pido castigo.

 

Para el traidor que ascendió sobre el crimen,

pido castigo.

 

Para el que dio la orden de agonía,

pido castigo.

 

Para los que defendieron este crimen,

pido castigo.

 

No quiero que me den la mano

empapada con nuestra sangre.

Pido castigo.

No los quiero de embajadores,

tampoco en su casa tranquilos,

los quiero ver aquí juzgados

en esta plaza, en este sitio.

 

Quiero castigo.

 

DEO: Nos escuchamos la próxima semana, aquí en Los perros románticos, en Radio UDEM 905. FM. Gracias Karem y César.

 

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