Por Francisco Torres

En el último día del Congreso por los Pueblos Indígenas, organizado en el Tecnológico (ITESM) Campus Monterrey, el Padre Alejandro Solalinde acepta charlar de los temas de su vida: migrantes, indígenas, el Movimiento Zapatista y hasta de religión.

Alejandro Solalinde es puntual. Acude con precisión a la hora citada, ni un minuto antes ni uno después. Es sereno y muy atento; escucha más de lo que habla. Su franqueza es poco común, se expresa acorde a su sentir del momento. Cuando le pregunto cómo se encuentra, me responde: “Un poco triste por tantas injusticias, entre ellas lo que se está haciendo con el maestro Alberto Patishtán”.

P.- Hablando un poco de Monterrey, ¿qué tal se siente venir a hablar con los regiomontanos acerca de temas como migración e indígenas, que pareciera que acá en Monterrey no tienen tanto arraigo como lo tendrían en el sur o en el centro?

R.- No, no la tienen en ningún lado. Este tema, así, las dos cosas, indígenas y migrantes, es algo que es bastante raro. A mí me sorprende que los jóvenes del Tecnológico (ITESM Campus Monterrey) hayan impulsado este congreso a este nivel para hablar de este tema, para mí tan importante, porque son temas nodales, tanto la migración, que tiene una trascendencia muy grande, aun más de lo que puede ver la gente, como los indígenas, que pudieran parecer como un reducto que ya casi se va a acabar, que ya no tiene cabida en el siglo XXI y que resulta que son los grandes depósitos de nuestras raíces, de nuestra cultura, del sentido de vivir y de lo que nos puede equilibrar hoy en día en este mundo materializado, polarizado por el dinero y que además vive para acumular.

P.- ¿Usted cree que el caso de Alberto Patishtán refleja lo que es el sistema de justicia aquí en México?

R.- Claro que sí. En México el sistema de justicia está de cabeza, y el Estado entero está de cabeza, pero también por la corrupción y la impunidad. México es, tal vez, el país más impune de toda la Tierra. El 98 por ciento de los casos que se presentan quedan impunes y se denuncian, entonces, por supuesto que es una injusticia (el caso Patishtán). Me queda claro que la justicia, la verdadera justicia, se compra, se vende, y esa es nada más para las personas que pueden tener palancas, dinero o recursos. Si hubiera justicia, algunos de los políticos que están ahora debieran estar en las cárceles.

P.- Si comparamos el caso de Alberto Patishtán y el reciente de Florence Cassez, ¿qué opinión le merece el proceso que se le dio a ambos?

R.- Pues que hay doble rasero, hay doble rasero porque a Florence Cassez, como es una extranjera, ella es europea y de una potencia, pues claro que se le tiene que dar toda la facilidad del mundo para demostrar que el debido proceso no se dio, ¿verdad? Pero tratándose de un indígena, y además un indígena luchador, que es incómodo, que es una piedrita en el zapato, claro que para él todo el peso de la ley en este, muy entre comillas, Estado de derecho que algunos políticos creen vivir.

P.- El Estado de derecho que se vive en este sexenio con Enrique Peña Nieto, ¿en qué se diferencia con el de Felipe Calderón?

R.- Pues ninguna. ¿En qué se va a diferenciar si el sistema es el mismo? Habrá personas, como en todos lados, de buena voluntad.

No digo y tampoco voy a satanizar el tiempo de Felipe Calderón porque hubo gente también buena, pero, igual que ahora, son muy pocos y no logran incidir en cambios hacia adentro, no son autocríticos y simplemente no son tomados en cuenta. No ha habido diferencia porque es el mismo sistema que venimos cargando desde hace muchos años. Es un sistema tocado profundamente por la corrupción. ¿Entonces cómo crees que pueda estar el estado de justicia en México en este caso? Pues muy mal.

P.- En el 2000, cuando llegó el PAN, nos dijeron, o al menos nos hicieron creer, que iba a haber un cambio de sistema y de régimen. Durante los 70 años del PRI se habló de persecuciones políticas y de presos políticos. Patishtán es claramente un preso político…

R.- Por supuesto que sí…

P.- Entonces, ¿cuál es la diferencia después de que se va el PRI y llega el PAN si sigue habiendo casos como el de Patishtán?

R.- La alternancia solamente fue cromática, nada más. Cambiaron colores, pero el sistema, insisto, sigue siendo el mismo. Nunca llegó el cambio que nosotros queríamos, que el pueblo quería. La gente quería un cambio de verdad, no solamente de presidente ni de partido, quería un cambio realmente en México. Pero bueno, hay que decirlo: Fox no tuvo dos dedos de frente, fue una persona totalmente incapaz para haberse imaginado lo que se tenía que hacer. Estaba a dos mil años luz de una visión de estadista. Era una persona que llegó muy ocasionalmente al poder, que llegó más como una acción punitiva de la gente hacia al PRI que un aprecio, de verdad, a sus méritos; a su lengua sí, pero a sus méritos no. Entonces defraudó totalmente a la historia, defraudo totalmente a la nación. Nunca llegó ese cambio. Hizo alguna cosa buena por ahí, como siempre alguna buena se hace, pero la verdad fue un fraude para ese cambio que nunca llegó. Hoy está otro color y tampoco llega ese cambio. Nos quieren engañar con cambios cosméticos, con cambios superficiales, nos quieren engañar diciendo que el mundo ya se arregló tan solo porque vino otro color. Es mentira. Mientras no se tome en cuenta a la gente, son una mentira los cambios. Mientras no partan de una conciencia, una conciencia educada, no van a existir realmente esos cambios.

P.- Cuando usted habla de un cambio, ¿qué representaría en México un cambio?

R.- Una inversión de la dinámica de poder. El poder y todo ha sido de arriba hacia abajo, ha sido deductivo. Hoy queremos que sea al revés, que sea inductivo, que parte de una información de un pueblo y una ciudadanía bien informada, una ciudadanía con una consciencia y una acción participativa, y también de una acción coordinada para que pueda haber, en serio, mejores resultados hacia el bienestar de todos en México; todo para que se generen mejores leyes, que se generen mejores comportamientos, que haya una participación ciudadana en todo aquello que la ciudadania pueda hacer y que no cuesta dinero, sino voluntad. Hay que tomar en cuenta a la gente, oír a los jóvenes, oír a los niños, oír a las mujeres, oír al campo; tomar en cuenta a los indígenas, aprender de ellos. Yo digo: lo primero que tienen que hacer los políticos para salir de ese descrédito tan grande en el que viven es irse a las escuelas zapatistas para aprender cómo se manda obedeciendo.

P.- ¿Qué representa el Movimiento Zapatista para México?

R.- Significó realmente una sacudida en lo más profundo a la consciencia nacional porque estábamos embelesados por el sonido de las sirenas priistas, salinistas, que nos decían que México ya estaba entrando en la era de ser una gran potencia y puras mentiras, ¿no? Nos sacuden diciéndonos: “Señores, hay un México profundo y hay una gran injusticia. Mentira que hay ese propósito de ayudar a la nación. De hecho, hemos presenciado sexenio tras sexenio esos robos”. El Movimiento Zapatista tuvo los pantalones de plantársele en frente a Salinas de Gortari en ese momento que tenía el poder, en ese momento que era presidente, y decirle que era un mal gobierno, que era un mentiroso y que era mentira que nos iba a ir bien con el Tratado de Libre Comercio (TLC), que estaba hecho mal. Entonces despiertan la consciencia de la ciudadanía, de los indígenas, y empieza también a llamar la atención de Europa, sobre todo hacia este movimiento. Hoy han crecido, nos han demostrado que están generando procesos profundos de formación que pienso no van a ser fácilmente borrados de la historia y del momento que vivimos ahora.

P.- El Movimiento Zapatista habla de no querer cambiar el sistema, sino quiere crear algo nuevo…

R.- Sí, porque no es reformista. Nuestra Constitución es la más manoseada, la más violada de todas las constituciones del mundo.

Si queda el dos por ciento de la original es mucho, entonces, tienen razón. Jesús lo decía de otra manera; Jesús era también muy radical en ese sentido. Decía: “A odres viejos, vino viejo. Vino nuevo, vasijas nuevas”. Un parche viejo no lo vas a poner en una tela nueva porque te rompe la tela nueva, y así lo decía Jesús: “A vino nuevo, vasijas nuevas”. ¿Por qué estar con parches? ¿Por qué estar con reciclajes? ¿Por qué estar con todo México reciclado? Ahorita los políticos que tenemos ya están viejos, ya son mañosos, ya deberían de retirarse y dejarles lugar a los jóvenes. Ah, no, pero ellos son los que tienen que seguir ahí. Ahorita son presidentes municipales, al rato quieren ser diputados, luego senadores y hasta gobernadores. También el nepotismo, la familia que se va dando la vuelta. Por eso tienen razón los zapatistas en decir: “No, nosotros no queremos parchecitos, no queremos unas reformitas parciales. Queremos una vida nueva, que empieza desde una consciencia nueva con raíces nuevas”. Tienen todo lo necesario con raíces culturales autóctonas y su propio espacio como para hacerlo. Entonces, felicidades, enhorabuena y yo desde este año voy a inscribirme a la escuelita para el próximo año.

P.- ¿La Escuelita Zapatista?

R.- Claro que sí.

P.- Se dice que el papa que acaba de entrar es el “primer papa revolucionario”. ¿Usted qué piensa?

R.- Yo creo que es el primer papa, después de 700 años desastrosos de la Iglesia entre el poder y el dinero, que empieza a tomar reversa de esos dos falsos valores y empieza a poner a la Iglesia, otra vez, en el camino evangélico de ser misionera, pobre y servidora; en el camino de acercarse a la gente, bajar, dejar sus tronos, dejar sus estructuras mentales de príncipes que tienen, pero realmente bajar, hacerse servidora de la gente, por la gente y entre la gente.

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