¿Nosotros los de entonces ya no somos los mismos?

Por Margarito Cuéllar

 Hace un calor de la chingada en la ciudad. Es sábado y ni modo de irse de rol: no es quincena. Aunque eso de irse de rol es asunto del pasado, cuando en quincena o como se llamara el día, luz y oscuridad eran lo mismo.

Mientras corrijo mi novela El enano y yo, pasa una unidad de Protección Civil. Ah, nuestras fuerzas de élite, ¿libres de la tentación del robo, la usura y el abuso de autoridad? Ni siquiera se sabe si tienen rostro. Traen unos trajes como de astronauta y atrás de esos lentes negros debe haber un par de ojos.

Y atrás de ese casco unas orejas. Y en esa bola de sesos no sé qué. Quiero pensar que no son nebulosas tan oscuras como las de la antigua Policía Regia y de los encargados del orden de otros municipios, Santa Catarina entre ellos, que no pocas veces entregaban a los detenidos, sobre todo si eran jóvenes, a sus otros jefes: la mafia. Ahora mismo que corrijo estas notas veo que dos pilotos de la Fuerza Civil subieron a unas morras al helicóptero de la corporación. Medina dice que no, que los batos trabajan para una empresa privada. En las fotos de Facebook las chicas lucen sonrientes en las alturas.

 Pasa una cuatrimoto con tres huercos. El mayor tendrá ocho años, el de en medio la mitad y el más chavo dos. Pasan vertiginosos por la cuadra.

Vivo en una colonia de dos cuadras cuyas calles se llaman Álamo, Encino, Araucaria, Cerdeña y Sicilia. Esto es a orillas de lo que en otros tiempos fueran los linderos de la Hacienda de Ábregos, hoy La Fama. Una congregación que en los tiempos en los que Jesús Salvador Esparza era un aguerrido opositor al cacicazgo de la CTM quiso independizar llamándola República Independiente de La Fama.

En el corazón de La Fama nació en 1854 la que fue la primera industria de Nuevo León: la Fábrica de Hilados y Tejidos La Fama. Frente a los vestigios de la antigua edificación, que se quemó en 1895, está todavía un portón que resguarda la última morada textilera.

De la Estación más próxima a la Fama hasta la Fábrica se extendía una valla de niños y niñas de las escuelas oficiales del Municipio de Santa Catarina y de la escuela especial que la Fábrica sostiene por su propia cuenta. Las niñas llevaban banderas tricolores y los niños presentaban las armas al paso de la comitiva presidencial. Al comienzo de la formación se levantaba un hermoso arco triunfal”, dice una crónica de época respecto a la visita que hiciera Porfirio Díaz a la fábrica textil en diciembre de 1898.

Lo que antes eran las casas de mis vecinos forman de jueves a domingo una especie de mol del taco, con todo lo que ello significa: multitudes ávidas de darle gusto a la panza, un arroyo de grasa por la calle, basura, trocas chillando llanta, olores a tacos de trompo, carne chamuscada, barbacoa, salsas con los colores de la enseña patria, humaredas, pollos descuartizados, chicharrones, burritos, hamburguesas, colesterol para llevar o comer aquí.

Alzo la cabeza para ver a los de la cuatrimoto, que llevan ya un rato sin pasar después de dar como diez vueltas. Pasan tan rápido que de primero no alcanzo a identificar la música. Entre ranchera y corridos. Después de parar las orejas me doy cuenta que oyen música norteña pero como de Sinaloa, Sonora o de por aquellos rumbos. Pienso que son muy chavales para oír esa música. Igual, la música no tiene edad, las generaciones crecen rápido y reproducen los hábitos de sus padres, hermanos, tíos, padrinos.

Si estiro la cabeza un poco puedo ver la caja de agua. La construyeron los vecinos de la colonia Protexa hace medio siglo. Parece un cohete que no despega nunca. Ahora la cuatrimoto sólo carga al mayor. La rola es la misma de hace rato: La Hummer de Sonoyta. Canta El Tigrillo Palma. A todo volumen, para variar: Un Hummer salió cargado/ del desierto de Sonoytaaa , además cuatro suburbans/ bien retaacadas de mota,/ dicen que iban con el güero / el de Phoenix Arizona.

El depósito de enfrente ya abrió. Estuvo cerrado unos días. Casualmente durante los días en que hicieron una revisión de depósitos, cantinas y giros negros en Santa Catarina. Cerca hay una Farmacia del Pueblo con la música a todo volumen. A veces tienen edecanes que enseñan hasta el alma. Hoy no. El alma de una edecán tiene mucho que enseñar. Quién se va a poner moralista a estas alturas de la vida. Las almas generosas no vinieron hoy, pero la música estruendosa sí.

¿Cuándo llegó la modernidad a este pueblo? ¿En los años 90? ¿Con el siglo 21? Cuando llegué a vivir aquí, Ana se ponía verde si le decía que por qué nos habíamos venido a vivir al monte. Y es que lo primero que vi en 1984, cuando pisé por primera vez las calles de La Fama, fue un maizal a un lado de la John Deere, donde a los pocos años creció una Soriana. Lo decía por molestar. ¿Quién era yo para burlarme de esas verdes matas si era nativo del Valle del Maíz?

Yo creo que la modernidad no ha llegado, aunque a la salida de Santa Catarina, o a la entrada, según por dónde se les vea, un pequeño ejército en aspas de camisa transforma el aire en energía eólica. Pero aunque la modernidad no haya llegado ahora hay farmacias Benavides, Oxxos y Sevens por todas partes. Bancos, un paseo comercial y escuelas privadas. Y los fraccionamientos y las altas torres y los comercios, con Valle de Reyes y sin Valle de Reyes, terminaron devorando los brazos de la Sierra Madre Oriental, Huasteca afuera.

El niño de la cuatrimoto vuelve a pasar. A un lado del cohete que no despega hay otro depósito-carnicería- tienda de abarrotes. La viuda que lo atiende perdió a su marido en una extraña persecución en Gonzalitos. Todo acabó cuando la camioneta en que viajaba con un amigo quedó calcinada mientras eran perseguidos por-no-se- sabe-quién. Uno de los ayudantes de la mujer, estuvo una temporada en la cárcel por cambiar los cortes de carne por la entrega de mercancía o el halconeo. A veces venía a traer algún garrafón de agua.

Muy cerca está El Blanqueo, museo cuya vocación es la historia y la industria, hecho con dinero de los Industriales del Poniente, puesto en comodato en la administración de Arturo Ayala Martínez y manejado por un patronato. Ahora es un cascarón en el que despacha el escritor Gerson Gómez. Despacha es un decir. El alcalde Víctor Pérez le dio un puesto, por así decirlo, honorífico, pero sin presupuesto qué ejercer y sin equipo de trabajo. O bueno, yo era su equipo de trabajo pero simplemente me pusieron de patitas en la calle sin explicación de por medio después de estar un par de meses como asesor de cultura.

La última exposición de El Blanqueo, que contenía obras de emisiones pasadas de la Reseña de la Plástica, fue desmontada por Marisol Castro, directora de Cultura, un día después de haber sido montada.

Otra vez La Hummer de Sonoyta y el niño de la cuatrimoto, puedo escuchar con mayor atención la letra: Ese güero es muy valiente y trabaja bien pesado con gente de California de Detroit y Chicago, anda en puras trocas nuevas por supuesto bien armado”.

Frente al Blanqueo todavía está El Texano, depósito en el que el seis de septiembre del año pasado mataron a tres personas.

Hace dos semanas que levantaron al de los tacos de al lado. Se ponía por las mañanas frente al Pollito, quien provee de piñatas y dulces a La Fama y sus alrededores.

En el gimnasio que está el frente hice mi debut hace más de diez años, cuando salí del closet de los sedentarios. Nada ha cambiado. Los aparatos y el entrenador son los mismos. Yo he ido y venido, no sé si soy el mismo o no, creo que no, aunque no sé si para bien o para mal. O que lo desmienta el poeta Pablo Neruda: “nosotros los de entonces ya no somos los mismos”. O Heráclito: “nadie se baña dos veces en el mismo río”.

Me asomo a la ventana. Estoy empapado de sudor pese a que el abanico está en su nivel de mayor fuerza. Me deslumbran lo que parecen ser unas enormes alas de piedra, una cabeza, es el Pico del Águila erguido sobre el Cerro de Las Mitras. Si hago un esfuerzo mayor y me estiro un poco más asoman las manchas de casas de colonias como Carlos Salinas de Gortari, La Fama 3, Lomas del Obispo, San Pedro 400, Famas 2 y 3, y hasta los enormes huecos de la piedra robada al cerro durante años.

Aparte de la otra violencia, en Santa Catarina se dieron el año pasado un nada honroso 30 por ciento de casos de violencia intrafamiliar denunciados. Respecto a la otra violencia las cosas se han calmado un poco. Hasta el año pasado no cesaban persecuciones, fusilamientos, ejecuciones, levantones, robos a casas habitación. Y es que la mafia se había metido hasta la cocina.

Hago las correcciones finales a estas notas y veo el impacto de la detención del Z-40. Ese bato tenía a mucha gente bajo su mandoaquí.Yasevaameterelsolyel de la cuatrimoto no volvió. Se estaba volviendo parte de este paisaje de karaokes a toda marcha, tumultos en el mol del taco, veloces camiones de transporte, polvo de a madre y un calor de la chingada. Hasta las notas del Tigrillo Palma se quedaron colgando del aire caliente, que ya nada más le falta bufar para ser animal:

Su compadre lo acompaña porque es su fiel compañero son igual de enamorados y tienen mucho dinero sus gustos son las mujeres, las armas y carros nuevos”.

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