Por Denise Alamillo

Imaginemos que por rechazar la mierda que hace Estados Unidos, estemos invisibilizando una de las guerras más sanguinarias y violentas que existen en la actualidad.

La amalgama de conceptos entre los islamistas, los yihadistas, el islam y los musulmanes, que Estados Unidos junto a países primermundistas europeos hacen, utilizando sus sistemas mass media de control y de(s)información nos han creado posturas binarias.

Por un lado la que más les interesa provocar es la satanizada sobre el mundo musulman en general en la que aterrorizan a la población generando tensiones étnicas muy marcadas y con las que justifican guerras, el cierre de las fronteras, racismo, persecuciones y maltratos.

La otra postura es más crítica, en la que todo es un invento de los medios fácticos para seguir colonializando y saqueando. Se ubica a los musulmanes como víctimas colonizadas por el primer mundo y no se toma en serio el fundamentalismo de los islamistas salafistas.

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No es que me falte un diccionario para entender algunas definiciones, es que aveces nos salimos de las definiciones. En México ha pasado algo semejante, la guerra que vivimos no encaja en ninguna de las definiciones de ‘guerra’ que conocemos, y por tal motivo la hemos vivido por muchos años mientras permanecía invisible o descontextualizada ante los ojos del mundo.

Un gran error fue aceptar el nombre oficial que el estado puso al conflicto y hablar de la ‘Narcoguerra’ o ‘Guerra contra el narco’, pues fuera de México lo que generalmente piensan es que el estado está combatiendo al narcotràfico con el respaldo de la población civil, que sólo mueren narcos y soldados caídos, que son los buenos contra los malos. Sabemos que no son así las cosas.

Ya explicar a un francés por ejemplo que ‘El Estado’ no funciona es una tarea laberíntica muy complicada, hablarles de un ‘Narcoestado’ les hace corto circuito, pues se remiten a los significados de cada concepto, pero estos significados se han desbordado.

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No soy una ‘progresista emblanquecida’, como alguna vez una desconocida me llamó en facebook, mi posicionamiento no parte de los discursos occidentales oficialistas y mucho menos de los gringos.

Hablo desde lo que estoy presenciando, escuchando y sintiendo; y lo que tengo al lado son testimonios de musulmanes y musulmanas exiliados, una de ellas por ejemplo le tocó escapar de la guerra civil de Argelia con su familia, antes de poder escapar pasó cuatro años literalmente sin salir de su casa por que la apedreaban y tenía miedo de que la mataran pues no cumplía con las imposiciones de los islamistas; otros africanos que les tocó ver como los islamistas entraron en su pueblo, se aprovecharon de conflictos internos para apoderarse de ello e imponer la sharia; entre más testimonios escucho me es imposible no notar los paralelismos con la guerra en México.

El sistema en que los islamistas toman las comunidades musulmanas es semejante a la forma en que los narcos lo hacen en México, primero asumiendo responsabilidades en las que el estado falla (como creación de hospitales, generación de empleos, distribución de alimentos, hasta financiamiento de bodas, funerales y fiestas tradicionales) y después se imponen ante las poblaciones por medio del terror, y cuando los quieren sacar ya es muy tarde, el sometimiento ha trastocado su resistencia y sólo luchan por tratar de sobrevivir.

Detrás de los islamistas como detrás de los narcos, sabemos que hay muchos intereses económicos y políticos que intervienen, la gran diferencia que noto es que los islamistas que hacen el yihad si tienen una ideología bien definida y son capaces de hacerse explotar a si mismos en su nombre, a diferencia de los mercenarios que se venden al mejor postor.

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Pongamonos en la situación nada ficticia en la que a una madre mexicana le entregan una bolsa de plástico negra y le dicen que son los restos de su hija. No les parecería fuera de lugar acercarnos y decirle que lo lamentamos, y que todo es culpa de Estados Unidos, ya que fue quien ordenó a Mexico la guerra, es quien arma a los narcos, es quien consume la droga, quien lava dinero. Todo esto es cierto, pero existe una distancia infinita entre este discurso y estar al lado de la madre que no puede sostenerse en pie con la bolsa de plástico negra.

En nuestro contexto local  las extorsiones, el secuestro, la tortura, las violaciones, los asesinatos, la descuartización y el entierro en fosas clandestinas son actos realizados por humanos, las más de las veces mexicanos y en ocaciones del mismo barrio. Las causas por las que hemos llegado a vivir en ese horror son múltiples y me parece que si queremos llegar a reconstruir el tejido social sería conveniente saber que fue lo que llevó al vecino a ‘trabajar’ para el narcoestado y no sólo señalar a EU y el primer mundo como ‘el enemigo’ un otro sin rostro ni forma definida, algo totalmente externo, un sistema.

Estamos entre humanos me parece buena idea darle lugar a que sí hemos llegado entre nosotros a crueldades difíciles de imaginar y exterminarnos, son actos del orden de lo humano, plantearnos desde estos ejes me parece que abre un abanico de posibilidades locales de tomar desiciones en consenso sobre cómo queremos vivir.

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Que quede claro, no estoy respaldando por ningún motivo las intervenciones militares que hace Estados Unidos auto nombrándose salvador y pacifista, la hipocresía de sus intervenciones y sus estrategias voraces de saqueo me provocan asco, impotencia y rabia.

Tampoco me parece honorable que Francia acudiera al llamado del presidente en Mali para sacar a los islamistas, Francia intervino militarmente para evitar el avance y la expansión de los islamistas además de defender sus pozos de uranio entre Mali y Nigeria que corrían peligro, mientras se presume por el mundo como salvador por haber sacado a los islamistas de diferentes grupos armados que estaban tomando Mali, pero olvidan mencionar que ellos siguen explotando los pozos de uranio.

En ningún momento justifico la militarización, mucho menos en México en donde pareciera que los derechos humanos no existen para el estado. Pero no voy a seguir una lógica de tabúes en la que no puedo hablar del crimen organizado-narco porque si hablo de ellos entonces le doy la razón a Estados Unidos de que el principal problema de México es el narco. Lo mismo con los islamistas, hablar de la problemática que representan para musulmanes y no musulmanes no es en lo más mínimo apoyar una guerra antiterrorista.

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Las principales víctimas de los islamistas son los musulmanes que están muriendo por centenas de miles.

Cuáles musulmanes mueren? Los que no se someten a la extrema interpretación que hacen sobre el Corán, mueren los musulmanes chiítas, los que se niegan a entregar sus tierras o sus negocios para hacer el yihad, los que se oponen a perder sus libertades, los que escuchan o tocan música, las mujeres que no llevan la burka, las mujeres que hablan y se defienden, todos los que no son ellos y no se quieren someter a sus reglas y concepciones.

Así como en México todos somos víctimas del narcoestado y con mayor vulnerabilidad, los migrantes, las comunidades marginadas y las rurales en las que saquean, extorsionan, reclutan y matan.

Tanto los grupos radicales islamistas, como el narcoestado mexicano son asuntos que se han salido de todo control, en donde Estados Unidos metió sus manos considerando sólo sus intereses (el dinero, el petróleo, la inestabilidad del medio oriente y de Latinoamérica). Ya tenemos la causa general del conflicto, nos falta juntarnos a ver las situaciones específicas de cada región que hacen que mi vecino devenga en narco o en islamista y después de eso necesitamos saber qué vamos ha hacer para cambiar esto.

Alguna idea? 

 *Aclaro que en el texto no estoy hablando del Islam, cuando me refiero a los practicantes del Islam les nombro musulmanes tanto chiitas  como sunnìes, con islamistas me refiero a los grupos extremos de musulmanes sunnìes que decidieron hacer el yihad.

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