Ana Baños se dedica al arte de escuchar, que es una de las definiciones de la práctica psicoanalítica. Desde la puerta de su consultorio, recibe con un saludo firme tendiendo su largo brazo y una jovial sonrisa que invita a pasar. Con un acento sureño alegre y hablando de sí misma en tercera persona, transmite sus ideas articulándolas entre ellas, dándoles varias vueltas a cada una en diferentes momentos, hasta lograrlo.

P.- ¿Cómo fue tu acercamiento al psicoanálisis?

R.-Hace 24 años, mientras estudiaba comunicación, pase por una crisis amorosa que me llevó a hacer mi propio análisis. Mi historia quedó muy marcada por no haber realizado el recorrido cotidiano que se hace en este campo. Tradicionalmente se descubre el problema, se estudia en la academia y de allí se comienza a practicar, yo lo hice en sentido contrario. Siempre busco intervenir a un nivel social, ubico la práctica fuera de las cuatro paredes de un consultorio. No hay individuo sin lo social, la pareja es la mínima estructura social, madre-hijo, jefe-empleado, maestro-alumno, narco-estado, siempre lo personal pasa por lo colectivo.

P.- ¿Cómo puede responder el psicoanálisis al malestar social provocado por la guerra en Monterrey?

R.-El psicoanálisis no podría responder al malestar social desde una teoría, menos cuando ésta guerra en la que vivimos es inédita. Los casos clínicos que la guerra ha producido pueden generar un nuevo paradigma pero no podríamos copiar la experiencia de otros conflictos como la segunda guerra mundial o la de Colombia para explicar lo que está sucediendo en Monterrey. En este sentido, el psicoanálisis no tiene teoría previa, ni el mismo Sigmund Freud la tenía, él la generaba partiendo de lo que descubría en sus pacientes.

P.- ¿Cómo se percibe al psicoanálisis en Monterrey?

R.-El regio no tiene claro cuál es la diferencia entre el psicoanálisis, la psicología y la psiquiatría, son vistos como si fueran la misma cosa. De esto no tiene la culpa la gente, es un fallo de los psicoanalistas que socialmente no han logrado transmitir con claridad en que se distingue el psicoanálisis de otras materias.

P.- ¿Qué ofrece el psicoanálisis, que no ofrezcan otras disciplinas?

R.-Por ahora se me ocurren tres ofertas directas que el psicoanálisis hace:

*Ejercer el arte de escuchar: vivimos en un mundo en el que lo visual se sobrevalora, la tecnología ha contribuido mucho a que esto sea así. El arte de la escucha es una práctica de la que se habla poco, sin embargo como humanos tenemos una necesidad fundamental de ser escuchados. Existe una demanda social muy grande de ser ‘pelados’ cómo se dice.

*Permite realizar lo imposible: las particularidades y deseos de cada quien que se ubican como ‘raras’ o fuera de lo normal. La labor del psicoanálisis es dignificar eso raro para que no quede fuera de la vida cotidiana.

*Atiende directamente el sufrimiento humano, el dolor y el padecimiento son rechazados como si fueran una falla humana y no se les da lugar. La gente se instala en el sufrimiento cuando no se le da salida. El psicoanálisis permite pasar del dolor a otro estado.

P.- ¿Qué puede resolver el psicoanálisis ante el miedo?

R.- En las extorsiones hay una relación entre el estafado y el estafador, este necesita que alguien le provea de miedo; si alguien sufre por que fue estafado es porque el colaboró sin darse cuenta de esa parte ciega. Percibes que te hicieron tonto pero no sabes en que parte, el poder identificar qué es lo que estas aportando para que el otro se empodere te permite moverte de lugar. La queja sirve, si se ve la participación de cada quien en el asunto, cuando esto no sucede, la queja sólo da consistencia al ‘globo’ en lugar de poncharlo o no inflarlo.

P.- ¿De qué manera has participado en la atención a víctimas de la guerra?

R.-En 2006 inicié junto con otros un proyecto que se llamaba Aspira, la idea era atender a personas que habían sido secuestradas y a familiares de víctimas de desaparición forzada, crear un centro que recibiera el dolor, que se hicieran cargo del sufrimiento. En su momento tuvimos apoyo federal de Indesol, pero luego esos recursos se fueron a las campañas políticas locales y presidenciales y dejamos de percibirlos. El proyecto lo continuamos cada quien desde su consultorio y entre todos estos intentos, pasó algo inédito: un día recibí una llamada de una empresa que tuvo una dificultad, un secuestro exprés de uno de sus camiones que transportaba a trabajadores. Este hecho produjo una crisis y buscaron a alguien que atendiera las consecuencias del secuestro del camión, que había generado un problema al interior de la empresa. Recorrieron instituciones del estado y no encontraron programas para esto, pero les llegó la referencia de que Ana Baños recibía esos casos y se generó con la empresa una sinergia en el cual el tema fue atendido. Les gustó la atención realizada y me propusieron quedarme allí trabajando al interior, ya no sólo atendiendo el tema de crisis de inseguridad social, sino también dando atención a los trabajadores, con problemas de pareja o familiares. Al tiempo, la inseguridad seguía en la ciudad y se generó una junta comunitaria con todas las empresas de por allí; fui invitada a participar en la reunión para compartir la experiencia de lo que estaba haciendo en la empresa y otra compañía se interesó en el proyecto y me invitó a trabajar mi programa también con ellos. Empezó a tener rápidamente demanda y yo distinguí que hay un perfil de empresas que por la situación de la ciudad tienen un interés por el tema.

P.- ¿Qué representa para ti, ésta atracción por parte de las empresas en el campo de la clínica psicoanalítica?

R.-Significa una oportunidad nueva en la ciudad, en la que el psicoanálisis sale de las cuatro paredes del consultorio. La fuente de la gran mayoría del sufrimiento, es que no hay quien escuche, de allí me surge una ocurrencia que hoy en día ya tiene forma, constituida legalmente como sociedad civil que se dedica a escuchar el sufrimiento para resolverlo. Me siento muy contenta, creo que esto que va naciendo, es por lo menos por parte de Ana Baños, una contribución social.

P.- ¿Cuál es el interés de las empresas en este tipo de atención a sus empleados?

R.-Tienen interés en ciertas certificaciones de responsabilidad social. Algo que en su momento yo compartí con la gente de la empresa es que el estado no se está haciendo cargo del sufrimiento que genera la guerra, y fue muy lindo de pronto darme cuenta que la empresa decía ̈Yo me puedo hacer cargo de los míos”. Me pareció una alternativa a la queja permanente que la gente tiene hacia el estado. Las empresas generaron un tipo de salida a partir de que tomaron en sus manos la atención de los malestares causados por la violencia entre sus empleados cuando menos.

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