Detrás de cada monumento de cultura, se esconde un monumento de barbarie.

Walter Benjamin

Por Caracol Colunga

Benitez2-e1352057767741-551x375El 29 de julio de 2013, el vicealmirante miembro del cuerpo general del estado mayor y comandante de la Octava Zona Naval, Carlos Miguel Salazar Ramonet fue asesinado junto con su esposa y un escolta que lo acompañaba. Iban por la carretera México-Morelia pero tomaron una desviación cerca del pueblo michoacano La Noria. Salazar Ramonet fue el primer mando de tan alto rango asesinado en casi tres sexenios. La gravedad de la muerte del vicealmirante no residió en el rango militar, sino en el clima de violencia que lo enmarcó: desde inicios de julio Michoacán estuvo convulsionado por la violencia, la represión y los enfrentamientos entre diferentes grupos armados: alrededor de 22 personas habían muerto en escaramuzas.

El panorama del estado se complicó porque no sólo el grupo conocido como los Caballeros Templarios intervino, sino que policías de todos los órdenes, militares y grupos de autodefensa se involucraron en el conflicto. Días antes del asesinato del mando naval en la comunidad Los Reyes, un grupo armado atacó a manifestantes que protestaban en busca de seguridad y apoyo a grupos marginados; resultaron muertos según La Jornada, Heriberto Miranda García de 38 años, originario de Tepalcatepec y vecino de Rancho Nuevo, Jalisco; Juan Méndez Farías, de 38 años, habitante de Oruscato; Jesús Garibay Morales de 55, de Los Reyes y vecino de la comunidad Huacarillo, municipio de Peribán. También perecieron Karina Elizeth Alonso Sánchez de 29 años y Gerónimo Abarca Moras de 44, de Ostolitlán, Guerrero, ambos vecinos de Los Reyes.

Sin embargo, ese día el interés nacional no estuvo en Michoacán, sino en un emirato lejano situado sobre la península del Golfo Pérsico, Qatar, donde murió el jugador de futbol Christian Chucho Benítez. Aunque los principales diarios del país pusieron en portada el asesinato de Salazar Ramonet y los enfrentamientos michoacanos, fue la sección de deportes la más visitada por los lectores.

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Christian Rogelio Benítez Betancourt nació en Quito, Ecuador, el 1 de mayo de 1986, hijo del también futbolista Ermen Benítez y Rita Betancourt. Se casó con Liseth Chalá, hija Cléber Chalá, otro jugador de balompié. Con Liseth tuvo unos gemelos y estuvieron juntos hasta el día de su muerte, ocurrida el 29 de julio de 2013.

Christian Benítez tuvo el apodo de Chucho, palabra tradicionalmente utilizada para llamar cariñosamente a los perros en Latinoamérica. En México lo conocieron porque jugó durante dos años (2011- 2013) para el club América, uno de los más odiados y amados de la primera división nacional. Igualmente estuvo en las filas del Santos Laguna de Torreón, que pertenece más a esa región lacustre constituida con identidad propia que a Coahuila. Con este club ganó el Torneo de Clausura en 2008, junto al premio de Mejor Jugador por su papel como delantero.

Chucho Benítez comenzó su carrera en Quito. A los ocho años entró a El Nacional, club deportivo que igual que las Chivas del Guadalajara en México, sólo acepta gente de su país. El jugador recorrió todas las categorías y divisiones hasta llegar al equipo oficial, donde ayudó a ganar el Campeonato de Liga en 2006. En 2007 llegó al Santos Laguna y se convirtió en el cuarto jugador ecuatoriano en alcanzar el campeonato de la Liga Mexicana. Luego dio el salto al futbol europeo, dentro del Birmingham City Football Club, donde tuvo problemas médicos en las rodillas y el hombro. A pesar de su conocida potencia para anotar, durante su estancia en Inglaterra sólo pudo hacer cuatro goles por lo cual terminó su contrato. En 2010 volvió a México para jugar de nuevo con Santos Laguna; hizo una temporada maravillosa con 16 goles, pero en la final del Apertura 2010 su equipo fue derrotado por los Rayados de Monterrey. Durante 2011 y el 2012 estuvo en el América donde alcanzó un reconocimiento como tricampeón de goleo. A mediados de 2013 fue fichado por el Jaish SC de la liga de Qatar. Jugó su último partido un día antes de morir; su equipo ganó. Al día siguiente tuvo que ser hospitalizado por un fuerte dolor abdominal y finalmente falleció de un ataque al corazón.

Tuvo momentos oscuros, como en 2011, cuando fue acusado de secuestro y robo por dos ex empleadas. Benítez aseguraba que la situación era exactamente la contraria: fueron las empleadas las que robaron joyas de su familia y al ser descubiertas decidieron acusar primero. La justicia falló a favor del jugador.

En Ecuador se le recuerda como uno de los mejores jugadores del país: fue abanderado de la selección nacional en 58 ocasiones, durante las cuales anotó 24 goles. En México tuvo buena reputación a pesar de que su escándalo legal sucedió durante su estancia en el América. Sin embargo, ¿habrán sido suficientes sus 103 goles anotados en la Liga Mexicana para que todo el país volteara a verlo en lugar de ver la muerte en el territorio propio?

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La importancia que reviste el futbol en México y en muchas sociedades del mundo es un fenómeno que debe entenderse más allá de todo maniqueísmo. Si funciona como anestesia es, precisamente, por la manera en que se ha manejado. El futbol es uno de los mecanismos de socialización más difundidos sobre el planeta en el marco de la globalización y de su contraparte transnacional, la FIFA. Por tanto, la influencia que tiene es la misma que tienen todas las marcas, corporaciones y empresas mundiales: penetran más inmediatamente en las cabezas de los ciudadanos convertidos en consumidores.

Para entender por qué la muerte de un jugador extranjero “importa” más a los mexicanos que la guerra librada en su propia tierra, hay que dejar de desestimar a este deporte. Existe el futbol como deporte, el que se juega con 11 elementos sobre cualquier tipo de cancha, y existe elfutbol espectáculo. El futbol espectáculo es el punto de articulaciones sociales muy diversas: “tiene que ver con la construcción de diversas identidades sociales y culturales; identidades nacionales, regionales o locales; identidades que se relacionan con el género, con la edad, con la clase. El fútbol, además, es un fenómeno económico pues los clubes dejan de ser tales para convertirse en empresas. Tiene relación con la seguridad ciudadana por la presencia de las barras bravas; está vinculado con la política, la tecnología y con la vida cotidiana de las personas”, apunta el investigador de ciencias sociales, Fernando Carrión Mena.

El futbol no se juega, se mira y se vive, la forma más importante en que se vive es a través de la verbalización: se hace presente más allá de los 90 minutos porque el resto del tiempo los espectadores le dan existencia a través de las palabras, se vuelve performativo y de esta forma es más real que los relatos de sangre y muerte que no se pueden comprobar de primera mano… hasta que se choca directamente con la violencia, como sucede con frecuencia en México. Pero esa es otra historia.

El profesor Luis H. Antezana en el estudio Fútbol: espectáculo e identidad, sostiene que el futbol es democrático, de la misma manera en que puede ser democrático el espectáculo en las sociedades capitalistas, lo es porque cualquiera puede acceder, aunque sea vicariamente, a la riqueza, el glamour y la fama encarnados en los jugadores. Muchas veces sucede que los futbolistas fueron pobres; salieron de alguna favela y lograron el éxito. Es por eso que quien juega se convierte en ídolo y aspiración de las masas. Y a los aparatos políticos les conviene que así sea.

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A través de Twitter, muchas personalidades manifestaron sus condolencias y pésames por la muerte de Chucho Benítez: el presidente de Ecuador, Rafael Correa; el de México, Enrique Peña Nieto; el de la FIFA, Joseph Blatter. También lo hicieron futbolistas internacionales con mucho más renombre que el fallecido: Andrés Iniesta, Iker Casillas, Sergio Agüero, Mario Balotelli, Rio Ferdinand, Radamel Falcao, Guillermo Ochoa y Jefferson Montero.

En Quito se realizó una misa multitudinaria en su honor. Alrededor de 15 mil personas se congregaron en el Coliseo General Rumiñahui, donde el arzobispo de la ciudad dirigió la ceremonia. En México todo el Estadio Azteca aplaudió para recordarlo durante el partido América-Atlas, el cual, por cierto, convenientemente ganó el América.

Estaba destinado a morir”, dijo Luis Chiriboga, presidente de la Federación Ecuatoriana de Futbol, cuando supo la muerte de Chucho Benítez. El presidente lo dijo para remarcar que nadie tuvo la culpa del fallecimiento fuera de la condición cardíaca del jugador. Sin embargo, la frase puede ser un anticipo de lo que ya está pasando, sobre todo en Ecuador: Benítez es un futbolista que se está convirtiendo en un ídolo.

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