Por Alma Vigil

¿Cómo afecta a la pujante industria de la extorsión telefónica la detención de Miguel Ángel Treviño Morales?

Para asegurarse de que su familia no corriera ningún otro peligro, María Martínez solicitó no revelar los verdaderos nombres de su mamá y sus dos hermanas, víctimas de una extorsión telefónica exitosa. María vive en Monterrey pero su mamá Amanda y sus hermanas Victoria y Ximena, viven en el Distrito Federal. El pasado martes 16 de julio de 2013 -relata María- su mamá y su hermana Victoria, vivieron el episodio más terrible de su vida.

Caso María Martínez:

Un sujeto marca al teléfono de la casa donde viven Amanda y Victoria con sus hijos pequeños. Amanda descuelga el auricular. El hombre le asegura que tiene secuestrada a su hija Ximena, y a Jorge, el hijo de Ximena. Al mismo tiempo suena el celular de Victoria y otro sujeto le dice que tienen raptada a su hermana y a su sobrino. “Tienes que depositar 50 mil pesos para verlos de nuevo con vida”, le ordena el extorsionador.

Con el celular de Amanda tratan de localizar a Ximena, pero el teléfono de su hermana está intervenido. Ni siquiera da línea. Amanda y Victoria están asustadas y se imaginan lo peor. Angustiada, Victoria les contesta que no tiene esa cantidad, que sólo puede reunir 30 mil pesos. “Con eso tenemos”, interrumpe el hombre. El sujeto que habla con Amanda le ordena que cuente del uno al mil. A Victoria la mandan a depositar el dinero al banco. Antes de salir le exigen que tenga mucho cuidado con lo que hace y que no cuelgue el celular porque la tienen vigilada. Se da cuenta de que es cierto cuando al querer entrar de nuevo a su casa para cambiarse las piyamas que se puso hace unos minutos, el tipo le indica:“No te regreses, toma ese taxi que está en la esquina, vas a ir a un Elektra a depositar y en la coladera que está a dos metros vas a tirar el recibo”. Dentro del taxi, Victoria presiente que la vienen siguiendo. Su intuición es verdad: “No voltees, no voltees”, le dice el extorsionador.

Mientras tanto, en la casa, Amanda sigue en el teléfono. Le pasan a un niño llorando, le dice que por favor den el dinero a quien llama. Luego le comunican a una chica, cuya voz desesperada emite casi las mismas frases. Después de traer a Victoria dando varias vueltas en el taxi, que incluyeron el viaje para retirar el dinero del banco, finalmente le indican a qué Elektra debe llegar. Se baja del auto e ingresa en el establecimiento. Hace el depósito. Sale y tira el recibo en la alcantarilla señalada. Se va a su casa.

Ha pasado media hora desde que salió de su hogar. Al llegar Victoria le pregunta al extorsionador: “¿Ya la vas a soltar?”. Del otro lado le responde “Sí, te has portado muy bien, en nosotros ahora tienes unos amigos” y cuelga. De nuevo intentan comunicarse con Ximena. Casualmente, ahora sí da línea. Ximena está bien, al igual que su hijo. Ella no recibió ninguna llamada extraña. En todo este tiempo han estado juntos viendo la televisión antes de dormirse. Victoria y Amanda no han querido presentar una denuncia, aun y con la insistencia de María y Ximena. Tienen miedo de que las amenazas se conviertan en realidad si se enteraran los extorsionadores. Es difícil confiar en la fuerza pública de México.

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Por lo general, las llamadas de extorsión provienen de reclusos de diferentes penales del país –señala en entrevista Ana, agente número 2201 del Centro de Atención del Comisionado, dependencia de la Comisión Nacional de Seguridad encargada de brindar ayuda a los ciudadanos de todo México que busquen denunciar algún delito o actos de corrupción de funcionarios públicos. Para conseguir los datos de las personas y amedrentarlos –continúa Ana- compran bases de datos de alguna compañía telefónica. Eligen un número al azar, marcan y recitan un guión que ya tienen preestablecido. En otras ocasiones también suelen utilizar un simple directorio telefónico y ejecutan la misma operación.

Existen varias modalidades de extorsiones telefónicas –dice César Morales de la asociación civil Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal del Distrito Federal, que además de otras funciones, se encarga de ser un enlace para las denuncias de extorsiones telefónicas de todo el país-. Una de ellas es cuando hablan supuestos representantes de bancos, compañías telefónicas, televisoras u otras empresas para informar que ganaron un premio. También aplica en mensajes SMS de celular. Les piden a las víctimas todos sus datos y prometen hablarles de nuevo. Cuando les vuelven a llamar no es para que recojan el premio, sino para tratar de tumbarles una considerable cifra de dinero, no sin antes intimidarlos si no hacen lo que les exigen.

Otra forma es cuando el extorsionador se hace pasar por un pariente que viene del extranjero. En la llamada suele referirse a las víctimas como “primo”, “tío”, “sobrino”, etcétera, sin mencionar nombres. Asegura que está detenido en la aduana por exceder la franquicia permitida por el gobierno mexicano al ingresar con mercancía del país vecino y pide dinero prestado para poder pagar e irse.

La técnica más común de los extorsionadores telefónicos es adoptar la identidad de miembros famosos del crimen organizado. El nombre de Miguel Ángel Treviño Morales, conocido como Z-40 y detenido recientemente por la Marina, era uno de los más usados por esta pujante industria del miedo. La Familia de Michoacán, aunque ya se cambió el nombre a Caballeros Templarios, sigue siendo usado también para asustar a las víctimas. Los amenazan de muerte si no les depositan cierta cantidad de dinero o les aseguran que tienen a uno de sus familiares secuestrado al que torturarán y luego aniquilarán si no hacen el pago. Además, suelen usar a terceras personas como mujeres y niños que gritan y lloran para aumentar el temor en las víctimas. Si llaman desde alguna cárcel, con una muy mala actuación, otros reclusos fingen los alaridos de los raptados.

La mayoría de las veces, al recibir una de estas llamadas que se han vuelto tan comunes, no hay nada qué temer, sólo basta con mantener la calma, no dar ningún dato personal, colgar el auricular, asegurarse que los familiares estén bien y denunciar la llamada.

Sin embargo, no todos corren con la misma suerte. Para saber qué hacer en caso de una llamada, fingí una denuncia de extorsión telefónica ante las autoridades y este fue el magro resultado que obtuve.

La voz jovial de un hombre me responde después de cuatro intentos por llamar al 01 800 440 3690, número telefónico que corresponde al Centro de Atención del Comisionado. Para comunicarse con dicho Centro también se puede acceder a través del 088 en toda la República Mexicana y en la dirección de correo electrónico ceac@ cns.gob.mx. En Nuevo León existe el número 089, línea de Denuncia Anónima Ciudadana que es un enlace para denunciar un delito.

-Hola, ¿en qué te puedo ayudar?, pregunta la voz.

Con una preocupación actuada, le miento: “Hace tres días hablaron a mi casa para intentar extorsionarme”.

El muchacho de la voz comienza a cuestionarme: “¿Cuántos años tienes?… ¿A qué te dedicas?… ¿Dónde vives?…”

Miento: “Veintiuno”… “Soy estudiante”… “En la colonia Ancón del Huajuco”.

Me pregunta que si cuando me hablaron me dijeron de parte de quién era la llamada, si de Los Zetas, de La Familia o de algún otro cártel del crimen organizado. Le contesto que no me acuerdo; lo que recuerdo es que me decían que me querían matar y a toda mi familia. Además, tengo sospechas de que sea algún conocido porque sabían mi información y pregunto si hay forma de rastrear el número. Me pide los dígitos y le doy los que aparecen en un video de Youtube titulado “Llamada de extorsión. Supuesto secuestro express de mi hijo”.

Me dice que vuelva a marcar en tres días para ver cómo va mi denuncia. Luego explica que las llamadas por lo general provienen de los penales: los reclusos compran bases de datos para obtener la información. Me expone también las modalidades de extorsiones telefónicas, mencionadas anteriormente. Dice que no debo preocuparme ni asustarme. Le digo que sí lo estoy porque una amiga me contó que a ella la extorsionaron, los tipos estaban afuera de su casa vigilándola y la siguieron cuando fue a hacer el depósito.

Contesta que si se presenta un caso similar me comunique de inmediato, para que ellos informen a la Policía Federal, quienes intervendrán en el caso, incluso, si es en el momento del acto.

Por último me pregunta si quiero que mi denuncia sea anónima o si prefiero decirle mi nombre. Le digo que prefiero el anonimato. Además, me proporciona el número de mi denuncia, el cual debo dar cuando vuelva a marcar para saber cómo va mi caso.

Aunque en ocasiones hay ciertos indicios que, con el pánico, la gente no percibe, existen formas de detectar este tipo de llamadas. Como en el caso de Martha Rodríguez.

Caso Martha Rodríguez:

¡Ring! … ¡Ring!… ¡Ring! Suena el teléfono de Martha Rodríguez.

Martha: Bueno…

Del otro lado del auricular una voz aguardentosa, fuerte y con acento chilango que dice ser el Comandante Z-40 de los Zetas responde: De su casa hicieron unas llamadas para denunciar una camioneta negra, lo cual hizo que perdiéramos mucho dinero.

Martha intuye que es una de esas llamadas de extorsión de las que ya había escuchado hablar. Astutamente y en tono sardónico lo interrumpe: No, de aquí no ha salido nada, creo que te estás equivocando.

El falso Z-40 interviene enojado: Cállate el hocico pendeja.

Necesito que me deposites cien mil pesos.

Desde hace meses, Martha y su esposo Ricardo están muy mal económicamente. Ricardo aún no ha encontrado trabajo.Así que Martha responde: Estás pendejo tú. Yo necesito que me los deposites tú a mí. Mi marido debe un chingo de dinero y ni tengo para pagar la pinche luz. Tú me vas a depositar a mí.

Martha cuelga. Vuelve a sonar el teléfono: ¡ring! ¡ring! ¡ring!

Comandante: ¡Más vale que me escuches bien, pendeja, porque si no voy a matar a tus papás!

Martha: Jajajajajaja. Ya la regó Comandante. No tengo papás.

Comandante: Entonces a tus suegros, pendeja.

Martha volvió a colgar el auricular. Ya no volvió a sonar. No creyó que la llamada de ese día, hace más de cuatro años, fuera a trascender. Por lo general, esas llamadas telefónicas las realizan los delincuentes para ver quién muerde el anzuelo. Sin embargo, una semana más tarde sus suegros recibieron una llamada similar. No respondieron nada, sólo colgaron y desconectaron el teléfono. Días después, Martha, su esposo y sus suegros cambiaron todos los números de teléfono, tanto de casa como de celular.

No les volvieron a llamar jamás.

***

De acuerdo con información proporcionada por David Perales, encargado temporal de prensa de la Procuraduría General de Justicia del Estado, existen ladas de lugares donde, por lo general, hay centros penitenciarios. Muchas de ellas, señala Perales, provienen de Sinaloa cuya lada comienza con el (6), como el 667, 668 y 669. De Tamaulipas son la 834, 833, 831, 867. También son comunes las llamadas de extorsión provenientes de la capital de México que comienzan con el (5), entre otros.

Óscar, el agente número 10 del Centro de Atención al Comisionado, señala que el 50 por ciento de las extorsiones telefónicas en México son realizadas por parte de sujetos que afirman ser el Comandante Z-40. Miguel Ángel Treviño Morales, mejor conocido como el Z-40, fue el líder máximo del grupo delictivo organizado, Los Zetas. A finales del 2012, luego de la muerte de Heriberto Lazcano El Lazca, el último de los militares desertores que fundaron la organización de Los Zetas en el año 2000, el Comandante Z-40 ocupó su lugar. Tiempo después, el gobierno federal lo consideraría el narco más sanguinario y su fama sería tan grande que incluso los extorsionadores usarían su nombre para atemorizar personas vía telefónica. Y aunque fue capturado el pasado 15 de Julio por la Marina de México, aún hay llamadas de extorsión por parte de personas que aseguran ser el Z-40. Con todo, se recomienda a la gente no descuidarse porque lo mismo que algunas llamadas pueden ser casi ridículas, otras provienen realmente de grupos armados que se dedican a este tipo de secuestros en las cárceles del país.

Si la llamada que recibió Marcela, que fue muy popular en internet, proviniera en verdad del Comandante Z-40, probablemente hubiese sido muy diferente el desenlace de su historia.

Caso Marcela:

Marcela es famosa, o más bien, su voz. Al teclear en el buscador de Youtube “extorsión a marcela” salen 17 resultados de videos con el audio de una llamada que recibió la chica. Uno de ellos, titulado “Extorsión telefónica Marcela (el primer video subido)”, tiene más de un millón de visitas y cientos de comentarios que felicitan a la protagonista: “A la verga, Marcela para presidenta jajaja de grande quiero ser como ella”.

En la llamada, luego de que su hermano le pasara el teléfono a Marcela para que dialogara con el hombre que lo estaba amenazando, ella responde: ¿Quién habla? El sujeto dice: Mira Marcela, estás hablando con tu comandante, servidor y amigo, el Comandante Miguel Ángel Treviño Morales ahorita venimos llegando… con la clave privada Z-40.

Marcela lo empieza a cuestionar y le insiste con preguntarle su nombre. El Comandante le responde que es de los Zetas y cuando le dice “Ciclón y Tormenta”, Marcela se ataca de la risa.

Luego de que la chica lo tomara de broma, el Comandante empieza a amenazarla, “¡O sea que piensas que esto es un juego o una broma, pinche chamaca estúpida? Óigame bien, o si no ahorita los voy a poner tres metros bajo tierra”. Y después recurre a la modalidad de la mamá secuestrada. Entonces Marcela le dice: Ay tú, ya vas a empezar con eso. Mi mamá está en Tepic… ¿Quién habla pues, chingado?

Cuando el falso Z-40 le dice a Marcela que está hablando con Miguel Ángel Treviño Morales de la organización del “Cartel del Golfo de los Zetas”, como si fueran un mismo grupo del narco, el ataque de risa de Marcela se hace aún mayor.

¿Quieres que te empiece a demostrar con hechos y no con palabras la realidad de la vida?… ¿Quieres empezarte a morir?, le pregunta el Comandante. Marcela continúa burlándose del hombre: ¿Esa es la realidad de la vida? Ay señor, no mame, oiga.

El Comandante ya está a punto de renunciar, Marcela sigue riéndose de él: chingas a tu madre Marcela, le contesta furioso. Comienza a decirle que su hermano ya hasta le iba a dar 500 pesos, mientras Marcela sigue carcajeándose. La chica le dice: Ah oiga, váyale a hacer la broma a otro pendejo… ¿por 500 pesos está gastando en la llamada?

El comandante responde: No, pos, pendejos como ustedes me he cogido un chingo, por eso sigo trabajando mija. Marcela concluye: Ah, pos así sígale a ver qué saca, de mientras yo ya me burlé un ratito de usted. ¿Va? Saludos señor mi Comandante. Sígale echando ganas a ver quién lo pela… Bye, bye.

El comandante cuelga el teléfono, no sin antes decir “Pinches indios culeros”.

***

Un experto en extorsiones del área de análisis táctico de la Unidad Especializada Antisecuestros de la Procuraduría General de Justicia del Estado concedió una entrevista para El Barrio Antiguo bajo cubierto de anonimato.

P: ¿Cuáles son los nombres que regularmente usan los extorsionadores al hacer estas llamadas?

R: Sobre todo dicen que son de los Zetas. Usan claves como Z40, Z20 y nombres como el Ingeniero Treviño o Heriberto Lazcano, entre otros.

P: ¿Algunas de las denuncias que han recibido recientemente han sido por parte de falsos Z40?

R: De enero a la fecha, de los 110 asuntos de extorsión que nos han reportado sólo uno se ha hecho pasar por el Z40. Aunque en Nuevo León no es muy común que lo usen. Ha cambiado la modalidad, ya no te dan nombres, te hablan directamente y te amenazan, para los extorsionadores ya no es tan impactante dar el nombre. Además, la gente se ha involucrado en conocer cómo le afecta el delito de la extorsión. Leen el periódico, ven las noticias, están informados. Ellos piensan que si el Z40 es el número uno de ese cártel y si su negocio es traficar grandes cantidades de droga a Estados Unidos, no les va a estar hablando para extorsionarlos. Por eso los mismos delincuentes cambian su forma de trabajar, dejan de tomar ese nombre.

P: ¿Hay manera de rastrear una llamada de extorsión, saber quién la realizó?

R: De qué teléfono se hizo la llamada sí se puede dar el dato, quién la hizo no. Si es una llamada de la cárcel, hay demasiados reclusos. En la cárcel no tienen registro de quién hace llamadas y a qué hora. En las prisiones está prohibido tener celulares. Ellos tienen teléfonos públicos pero no tienen manera de hacer llamadas a celular. Tengo el conocimiento de que las llamadas se graban y tienen manera de identificarlas, aunque cada penal y cada estado tiene sus formas de operar.

Para el rastreo tanto de llamadas como de las cuentas que se manejan para los depósitos, el Ministerio Público gira órdenes a las compañías de teléfonos o bancarias para dar con los extorsionadores y cuando se llega a tener éxito, se les detiene. Es muy difícil porque normalmente, las cuentas las abren con nombres falsos. Con los celulares es igual, van y compran uno de los que venden en un Oxxo y no lo registran o pueden solamente comprar los chips.

P: ¿Han detenido a un falso Z40?

R: No.

P: ¿Han capturado a un extorsionador telefónico?

R: En Nuevo León nunca se ha capturado a un extorsionador telefónico. Nacionalmente tendría que checar con Policía Federal. El número de detenidos es muy bajo porque ha variado el delito. De ser extorsionadores telefónicos por ejemplo, han cambiado a ser cobradores de piso. Cuando es así es más fácil, porque extorsionan por teléfono pero cuando van a cobrar los agarran, puesto que el dueño ya puso la denuncia. Es muy difícil encontrarlos con una extorsión telefónica.

P: ¿Realizan pruebas de reconocimientos de voz para detectar a los extorsionadores?

R: Con las extorsiones, el problema es que a muchas personas les dicen que tiren su teléfono y se pierde esa comunicación. Les dicen que compren uno en el Oxxo y empiezan a hablar por ahí, pero nadie tiene la precaución de grabarlas. Es difícil también que la gente cuente con equipo para hacerlo, entonces cómo vamos a tener el reconocimiento de voz si no tenemos grabaciones. Es muy diferente en un asunto de secuestro, que cuando les hablan ya tenemos todo el equipo trabajando.

P: ¿Pudiera ser que algunos extorsionadores telefónicos verdaderamente sean miembros del crimen organizado?

R: Todas las extorsiones telefónicas son falsas. Es muy probable que existan bandas que tengan gente involucrada que los esté apoyando, porque a final de cuentas necesitan un cómplice, para cobrar el dinero que les exigen a las víctimas que depositen en un Elektra o en un Coppel. La forma en la que se hacen de los datos es en ocasiones a través de la misma gente que se los da sin darse cuenta, pues muchas personas son muy confiadas al contestar el teléfono.

Los extorsionadores son muy hábiles, se la pasan todo el día haciendo llamadas. Esas personas en grupo hacen hasta seis mil quinientos llamadas diarias a nivel nacional, por eso cuando hablan con alguien que no los pela, cuelgan y se acabó porque cada persona tiene hasta 500 números a quién hablarle.

Esta gente se ampara diciendo que son Zetas o del Golfo pero la verdad no sabemos, porque si los reclusos ciertamente pertenecen a un cártel deberían tener una organización más efectiva. La mayoría de las veces ni siquiera es así.

P: ¿Qué pueden hacer las víctimas si no quieren denunciar porque ya los han amenazado, vigilado y seguido para extorsionarlos?

R: La única manera que hay para poder combatir los delitos es denunciar, la gente tiene que perder el miedo. Las denuncias se deben poner en el Ministerio Público, si la haces al 088, 089 o en otras agencias las estás reportando pero luego ellos nos la pasan a nosotros. En la Unidad Especial Antisecuestros tenemos agentes del Ministerio Público que se dedican exclusivamente a los delitos de secuestros y extorsión, son las instancias correctas para poner la denuncia. Hay gente que por desconocer se va a otras partes, pero sólo se pierde más tiempo. Nosotros empezamos a trabajar incluso, antes de que denuncien. Si vienen diciendo que tienen secuestrado a un familiar en ese momento se activa el engranaje y la investigación no se detiene.

Han pasado tres días desde mi falsa llamada de denuncia. Cuando me comunico de nuevo al 01 800 440 3690, tengo que marcar cinco veces antes de que por fin me contesten.

Le platico a Fidel, el agente que me contesta la llamada, que me dijeron que hablara para ver cómo va mi caso de la denuncia, que me dieron un número de seguimiento. Fidel me pide la colonia, ciudad y estado de donde estoy hablando. Me explica la operación de los reos de la cárcel y las modalidades de extorsión. Que no debo preocuparme. Le pregunto si fue posible rastrear el número porque creo que son conocidos los que me extorsionan. Fidel responde que eso no les corresponde a ellos, que si quiero saber de dónde proviene la llamada tengo que hacer una denuncia ante el Ministerio Público, quienes procederán con la investigación. Pero que no debo preocuparme, sólo con que me asegure de que mis familiares estén bien. Si me vuelven hablar que sólo cuelgue el teléfono y presente la denuncia. En dado caso de tener algún peligro presente, que llame a la policía al 066. Le doy las gracias y cuelgo.

Al llamar a Telmex para intentar rastrear la llamada, la operadora Brenda Trujillo me responde y me pide mi número telefónico. Luego explica que en la compañía no me pueden dar información de los números telefónicos. Por su parte, Rolando Lozano, jefe de prensa de Telmex Nuevo León, dice lo mismo: que eso no le corresponde a las empresas telefónicas en general, que debo dirigirme a la Agencia Estatal de Investigación.

En la Agencia Estatal de Investigación me informan que eso se tiene que checar con la Procuraduría General de Justicia del Estado de Nuevo León (PGJE). David Perales, de la PGJE, me explica lo mismo que Fidel: se debe denunciar ante el Ministerio Público para que se encarguen de la investigación.

Más tarde, al querer llamar al 066 número de emergencias para conocer el procedimiento de la policía en estos casos, un mensaje me dice que el número de teléfono al que marqué no existe. Al momento de estar en una emergencia en Nuevo León se deben teclear los dígitos 2020 4800, donde atenderán la llamada y se procederá con el caso.

Por lo menos, la industria de la extorsión telefónica está en crisis. Una de sus principales tácticas de engaño está en crisis.

Teléfonos UEAS: 2020 4350 y 01 800 800 1300.

 

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