Entrevista con Héctor Rojas Herazo

Por Joaquín Soler Serrano

Sobre [Héctor Rojas Herazo], un personaje ancho, cordial, abierto y ceceante, gravita desde el boom la sombra de Gabriel García Márquez. Porque para el profesor Seymour Menton, como para otros observadores y analistas del fenómeno literario, Respirando el verano es el precedente directo de Cien años de soledad. Y su segunda novela, En noviembre llega el arzobispo, es igualmente señalada como antecedente de El otoño del patriarca, parábola horrible de la soledad del tirano, como la describe Félix Grande.

Sin embargo, Rojas Herazo ha quedado extramuros de la escalada del boom, que cada día que pasa va siendo definida más categóricamente cómo una operación inteligente de lanzamiento de nuevos nombres por un grupo de avispados editores. Y aunque el crescendo del boom ascendió fulgurantemente a escritores como García Márquez, Vargas Llosa y los demás que recordamos, lo cierto es que quedaron fuera de él, o sirviéndole de soporte, toda una teoría de estupendos escritores, como Eduardo Mallea, Eduardo Correa Calderón, Manuel Mujica Láinez, Jorge Edwards y tantos otros, entre los que hay que situar a Héctor Rojas Herazo, incomprensiblemente desconocido hasta ahora del público lector español”.

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Joaquín Soler Serrano: En 1946 trabajaba usted en un modesto diario de Cartagena de Indias, un periódico que respondía al ampuloso nombre de El Universal, donde creo que trabajaba otro colombiano, entonces oscuro y hoy archifamoso llamado Gabriel García Márquez.

Héctor Rojas Herazo: El periódico lo dirigía López Cauriasa, hermano de “El tuerto” López, que es un poeta muy festejado en la vida colombiana, porque es un poeta de unas posturas muy difíciles, muy cómicas. Y ahí estaba Gabriel, que era casi un niño.

JSS: ¿Qué hacía usted en ese periódico?

HRH: Tenía una columna diaria que se llamaba “Telón de fondo”. Era arbitraria la temática de aquella columna, lo mismo podía comentar la última incidencia de un político que el baile que hizo Nijinski cuando tuvo un celaje de claridad mental dentro de la oscuridad de su locura. Así eran los comentarios.

JSS: ¿En ese periódico qué cometido tenía Gabriel García Márquez?

HRH: Una columna que se llamaba “Punto y coma”. La columna de Gabriel era muy de laboratorio. Denotaba que estaba probándose; de pronto había explosiones dentro del laboratorio. Tenía sólo 20 años pero ya Gabriel era quien era, a tal punto que cuando llegó a Cartagena Dámaso Alonso con una visita muy triunfal, él y su señora nos pidieron una muestra de cuál era la mejor literatura que se estaba haciendo ese momento en Colombia. Resolvimos unánimemente los amigos mostrar los cuentos de Gabriel. Ya había escrito Alguien desordene esta rosa, Ojos de perro azul, todo eso ya estaba escrito. Como es lógico, Dámaso Alonso se asombró de que eso se estuviera produciendo en Colombia.

JSS: En cierta manera había muchas cosas comunes a ustedes dos, que eran el clima, la luz, la vida colombiana, la vida de Cartagena de Indias de ese momento, las mismas inquietudes de búsqueda literaria. También algunos críticos han dicho que la obra maestra de Gabo Cien años de soledad estaba inspirada en la novela que usted publicara antes titulada Respirando el verano.

HRH: Esa novela fue publicada cinco años antes de que saliera Cien años de soledad.

JSS: ¿Y usted cree que de verdad hay ahí un antecedente de lo que sería la máxima novela de Gabriel?

HRH: Sí… bueno… tenemos que hacer una aclaración. Cuando aparece un hecho literario monstruoso como el de Cien años hay sabuesos que empiezan a olfatear las cabeceras. Se sabe que hubo una famosa polémica de Gabriel con Asturias, en la cual este último lo tildaba de haber plagiado a Balzac, y como la polémica era tan sonada nos remitimos todos a leer una obra de Balzac que era desconocida, o por lo menos no estaba entre las cosas más visibles de Balzac.

Bien, pues no había nada que ver entre una cosa y otra, había tal vez una relación entre que un individuo llegaba al pueblo y hacía algunas cosas, pero cómo será que ni me acuerdo del título de la novela. Ha habido una serie de cosas que se le han buscado como antecedentes a Cien años de soledad, pero en cambio en esta cosa que dijo el crítico Seymour Menton no creo que sea lo que él está señalando. Era, más que todo, una atmósfera.

Ahora bien, si realmente lo que él sostiene es que mientras en Cien años son cien años, en la mía son 75, y mientras que allá se llama Úrsula el personaje central, acá se llama Celia, y en ese movimiento de saga concreta, de un sitio concreto de la geografía colombiana, que es la costa norte de Colombia, que está anexada a la gran cuenca caribeña, a esa cuenca mágica, es verdad, que todo estaba realmente inédito, los galopes nocturnos, el sentido de los muertos hablando unos con otros, toda esta atmósfera de alucinación de la cotidianeidad, que se encuentra a la hora de enfrentarse de verdad con Cien años de soledad, estaba implícito ahí.

JSS: A pesar de que la sombra de Gabo gravita sobre Héctor, y la de Héctor gravita sobre Gabo, usted no ha alcanzando (no obstante su influencia y aunque en Colombia se le cita como la figura literaria más importante después de Gabo) a subirse y mecerse en las olas del boom de la narrativa hispanoamericana.

HRH: O sea en la cadena de la felicidad.

JSS: Del éxito, de las cuentas corrientes pingües, y todos los demás etcéteras.

HRH: Afortunadamente, porque pienso que una de las cosas más peligrosas para el escritor es el éxito. Evidentemente mis novelas no han tenido el éxito inmediato, pero debemos aclarar algo. El boom no es un fenómeno producido por los escritores, sino un fenómeno producido por los editores, concretamente producido por los editores españoles, quienes son más responsables que nadie de todo lo que ha ocurrido con el boom.

JSS: Es que sin ellos probablemente la mayoría de los escritores hispanoamericanos seguirían reducidos a sus límites geográficos.

HRH: Tienen que darse cuenta incluso como conducta crítica ante el fenómeno del boom. Hemos de tener muy en cuenta que en principio es un fenómeno comercial. Se disparó con los escritores del boom como se puede disparar con una cola o cualquier gaseosa. Es un producto dentro de una sociedad de consumo que se está disparando con una publicitación específica. Después de eso vemos un detalle al que es muy importante dedicarle atención.

Los escritores latinoamericanos del boom no son individuos que esperan con tranquilidad a ser enjuiciados por la crítica, sino que ellos mismos se dan muy astutamente a la tarea de orientar a los críticos con declaraciones y reportajes a tiempo. Orientan siempre al crítico sobre lo que deben decir de ellos. Los autores del boom se dieron cuenta de que eran prisioneros de una leyenda, de que estaban disparados por un fenómeno comercial, y entonces aprovecharon, con toda la astucia y la gran inteligencia que debe tener un creador, aprovecharon eso muy bien aprovechado, y ¿qué ocurre?, que el lector español recibe la lectura de cualquiera de los escritores del boom no con la imagen que una crítica tranquila hubiera dado de ellos, no. Lo hacen con la influencia que cada uno de estos escritores ha ejercido sobre cada uno de los críticos que va a revelarla.

JSS: Pero en cuanto al sentido de su afirmación de que en vez de beneficiar a un escritor, ese éxito comercial le perjudica ¿en qué se basa?

HRH: No hay nada que desazone más a un hombre que encontrarse con el éxito. En cualquier orden que sea.

JSS: ¿Cree que le ha perjudicado a Gabriel García Márquez ese triunfo monstruoso?

HRH: Gabriel es un hombre muy inteligente, muy sagaz y además muy zahíno. Es un hombre que sabe manejar muy bien sus regiones de ocultamiento, sus mimetizaciones. Porque a la hora de la verdad Gabriel para lo que estaba preparado era para ser alcalde de Aracataca, o para triunfar literariamente en Colombia, y sorpresivamente se encuentra de pronto con que es una figura mundial. Note un detalle, por ejemplo. La novela más famosa ¡del mundo! hoy en día es Cien años de soledad.

JSS: ¿Usted cree que eso es difícil de asimilar?

HRH: ¡Hombre! ¡Imagínese!

JSS: En ese sentido ¿cómo cree que el éxito ha influido en Mario Vargas Llosa?

HRH: Por lo que he podido leer es un hombre más pausado, más tranquilo, con menos imagen. Más un burócrata de su labor, es un hombre serio, es otra cosa.

JSS: ¿Y sobre Cortázar?

HRH: Cortázar es un hombre muy agudo, muy fino, con mucha velocidad. Cortázar en un determinado momento fue ordenado por la revolución cubana para que escribiera, fue presionado por “el barbas” a través de sus elementos literarios, para que escribiera un prólogo sobre el Paradiso de Lezama Lima. Y entonces lo escribió, y a partir del prólogo generosamente concedido por Cortázar empezó la escandalera sobre Lezama, que es un individuo ¿cómo le diría? es un gongorista que hace novela y una cosa muy complicada, además no sabemos cuál es el trópico de este señor, que es un trópico calidoscópico. Pero la cosa ocurrió, la cosa es así. Fue por la autoridad glorificada de Cortázar prologando aquella cosa. Por ponerle un ejemplo.

JSS: ¿Dónde sitúa a Carpentier en toda esta geografía del boom?

HRH: Carpentier es un retórico, en las afueras del boom, y ya envejecido, sí, es otra cosa, es el cartesiano que llega. Cuando yo leí Los pasos perdidos, la impresión que me producía era que quería meter la selva en una ánfora cartesiana. Entonces, claro, se rompía, aquella pobre ánfora no resistía la presión de aquellos vahos selváticos.

JSS: ¿Y Sabato?

HRH: Es otra cosa, es de una inteligencia conturbada, de naturaleza unamunesca. El sentidor terrible. Además es un individuo que toma la novela para dirimir una serie de problemas de índole conciencial, y que al mismo tiempo es un escritor extraordinario, un extraordinario novelista, pero que problematiza ya el idioma mismo que emplea, porque está urgido por una serie de compromisos internos que desde este punto de vista es casi insular en la novela latinoamericana.

JSS: ¿Y Roa Bastos?

HRH: Es el manejador de una serie de fantasmas, el gran modulador de la sinfonía del absolutismo en América Latina. Viene de un pueblo apabullado que al fin logra la frescura de la palabra.

JSS:¿Rulfo?

HRH: Es una persona muy interesante, muy importante, porque siendo un hombre profundamente culto, un gran laboratorista de la palabra, que conoce el peso y la medida de la palabra, ha tomado partido por lo popular, pero por lo popular mágico. Desde ese punto de vista es casi un cultista de lo mágico.

JSS: ¿Onetti?

HRH: Onetti ya es la pasión de la soledad. Es un individuo que ama profundamente su angustia solitaria, que ha logrado convertir todas sus agonías en personajes. Además los maneja con una sabiduría prodigiosa porque lo que está manejando a la hora de la verdad es su soledad. Lo que está haciendo es autobiografía. Lo que hace con los diferentes personajes es dividir a Onetti, clamar por Onetti, Combatir con Onetti, amar con Onetti. Es algo muy importante en la línea más pura del dostoieskismo a través de Faulkner, porque tú sabes que abiertamente, desesperadamente, casi indecorosamente, Onetti ha proclamado su faulknerismo, y cuando se leen todas estas aventuras de santa María de Onetti, nota que tenía que ser forzosamente Faulkner el novelista que influyera a Onetti. Porque hay unos ritmos narratorios, hay unos deleites ante el tiempo, ante la corrupción del tiempo del hombre, el hombre como alveolo de lo temporal, que no podía llegarle si no por el lado de Faulkner. Onetti es un faulkneriano a todo vapor.

JSS: ¿Borges?

HRH: Bueno, ya llegamos al gran mito de nuestro tiempo. Ya usted sabe lo que está pasando con él, es un hombre lleno de muñones, Borges no tiene una obra completa, Borges es un hombre que apunta siempre, con un deleite, es el gran bordeador, el gran sinfonista de la palabra española en este momento. Es un hombre que está capacitado para decirle a cualquier editor: “Mire, sus rumbos son éstos”. Tiene la molicie y la tranquilidad de manejar unos ritmos prodigiosos. Hoy por hoy es el escritor más inquietante que tiene el idioma. Todo lo que se diga de Borges sobra. Porque también es el más sabio.

JSS: ¿Fuentes?

HRH: Es la cultura afrontada, engatillada, la cultura como gatillo dispuesto a disparar lo que sea. Hombre que daba la impresión en La región más transparente de las buenas conciencias. Daba la impresión de que era un individuo dispuesto a irse de un lado a otro, que iba y que venía, que estaba muy bien plantado sobre un México profundo a través de lo popular, pero resulta que se encontró de pronto con el gran collage y acabó siendo un escritor mexicano profundamente cosmopolita, con una asombrosa gama de técnicas.

Mi abuela, personaje inolvidable, vivía en el esplendor de la ruina y tuvo una muerte cinematográfica”.

JSS: Sigamos los retratos al minuto. ¿Octavio Paz?

HRH: En él se da la gran mesura, la gran tranquilidad crítica. Es uno de los grandes poetas que tiene el idioma. En todos sus momentos, lo coja y lo lea usted por donde quiera. Octavio Paz ha encontrado una serie de colores y de referencias inéditas dentro de la textura española, y más concretamente aún dentro de lo azteca. Es un hombre que oye muy bien la respiración del idioma. Ese saber oír la latencia profunda de la raza y del idioma se da también, en el orden pictórico, en Tamayo, que oye muy bien ese fruncimiento interior, esa apetencia de la aztequidad.

JSS: Camilo José Cela.

HRH: Fue el primer gran giro de vanguardia en la novela española. Luchó para que esta novela no siguiera siendo, sobre todo ante lo hispanoamericano, una cosa adocenada. Puso en juego toda una mecánica expresiva, y se mostró dispuesto a jugarse la vida en el empeño. El maestro Cela es un hombre que siempre se la está jugando.

JSS:¿Delibes?

HRH: Lo siento. No he leído a Delibes.

*Fragmento de Escritores a fondo (1986)

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