¿Una mala réplica de Miguel Ángel es el hijo pródigo de San Pedro Garza García?

Por Alma Vigil

Ilustración por Fernanda Martínez

Un nuevo hogar

En la esquina de las avenidas John Winston Lennon y James Marshall Hendrix se erige una pálida estatua de un hombre desnudo y poco escultural. La efigie es una mala réplica del David de Miguel Ángel, un artista de la época del Renacimiento tan famoso que no necesita de su apellido para que lo reconozcan. El David original se alberga en la Galería de la Academia de Florencia, en Italia, un sitio muy distinto al actual hogar de la copia que durante 44 años adornó la entrada de San Pedro Garza García, Nuevo León. El clon ahora habita en el Woodstock Plaza, un centro de espectáculos localizado en el municipio de Santiago. Sus vecinos más cercanos son figuras de Guns N’ Roses, caricaturizaciones de The Beatles y un cocodrilo con la bandera de Gran Bretaña en la espalda. Pero no son los únicos. Detrás del lagarto, una figura de John Lennon con las manos en los bolsillos se recarga dentro de un signo de amor y paz multicolor. Estar aquí recuerda a un viaje en ácido; la psicodelia y los colores vívidos se encuentran por doquier.

Al atravesar la Carretera Nacional, en el kilómetro 258, a lo lejos puede verse una enorme guitarra a la que parece que le arrojaron pintura fosforescente de varios tonos. Un señalamiento con la leyenda “Woodstock Plaza” indica la entrada. El terreno es extenso, un conjunto de diferentes áreas rodeado por un circuito de calles. Si se mira de frente al David, del lado izquierdo queda el Express Bar, una zona al aire libre bajo un techo sostenido por 10 guitarras en forma de relámpago, de fuego o con diferentes dibujos estrafalarios. La seductora parafernalia que lo decora también incluye dos motocicletas chopper gigantes, 30 bolas disco y una Marilyn Monroe sobre un piano presumiendo su célebre pose del filme The Seven Year Itch.

Todavía falta un rato para que anochezca. El cielo está encapotado, y pasadas las 7:00PM, gordas gotas de lluvia comienzan a difuminar el paisaje montañoso. La estatua es un punto de referencia: está justo en la entrada del Woodstock, y en comparación con las demás esculturas que residen en el bar, el David es monumental. Si fuera un kínder, sería el enorme bully que le quita el dinero de su lonche a los demás niños. Mientras que la pieza de Miguel Ángel mide 5.17 metros de altura, el de Nuevo León supera por poco los 6 metros.

Cuando cesa el agua, el resto de las áreas del Woodstock están listas para ser recorridas de nuevo. A un lado del Cosmic Paradise Bar, los Rolling Stones descansan entre arbustos y palmeras. Varios metros más adelante está el acceso para la Gran Terraza Bar #9 Dream (que alude a una canción de John Lennon). Allí la cabeza de un tiburón morado devora tres guitarras eléctricas. Además hay una barra que a lo largo tiene teclas de piano y una escalera en espiral cuyos peldaños aparentan guitarras de colores. Al subir, se ve la espalda del David. Su mirada nostálgica se dirige hacia el panorama de la Sierra Madre Oriental, o al menos la parte que atraviesa el estado. Unos pajarillos sobrevuelan por encima de su cabeza y se plantan en ella, como burlándose de él porque no se puede mover para alejarlos. Al parecer, es un sitio habitual para ellos. El David está a la intemperie y lo seguirá estando cuando, en los próximos días, se acerque la tormenta tropical Ingrid.

En el trayecto, a pesar de que el Woodstock es casi mágico por su divertida decoración y la naturaleza que lo rodea, se percibe el abandono. En la avenida James Marshall Hendrix, un piano negro con detalles fluorescentes yace destruido; al ángel del rock ‘n’ roll junto al escenario se le cayó un ala; una de las motos gigantes ya no tiene la palanca del acelerador; en el baño de mujeres del Express Bar, una araña tamaño tarántula adolescente salta en posición de ataque desde un teléfono antiguo de utilería; en el salón principal, una parte del techo está caída, por lo que la iluminación no funciona completamente; la fachada de cada zona está deslavada; los tres pisos y la terraza del Submarino Amarillo nunca terminaron de construirse. Pocos días después del incendio del Casino Royale, ocurrido el 25 de agosto del 2011, cerraron el bar. Desde entonces hasta hoy, el David la ha pasado en solitario, como un objeto inanimado más de este lugar salido de la era de los hippies.

Nancy Garza, la administradora del Woodstock —el espacio se renta para eventos especiales— es una mujer chaparrita y amable, con el cabello teñido de rubio, pupilentes azules y tacones altos.

Hace dos semanas hicieron una fiesta de XV años; vino mucha gente. Además, muchas personas vienen sólo para ver el lugar, para ver todo lo que hay —comenta.

Si fuera un viaje en ácido, tal vez al estar aquí se llegaría a la fase de la ansiedad, de la psicosis, de lo exagerado, del hartazgo de ver tantas cosas. Sería como un extracto del libro de Tom Wolfe, Gaseosa de ácido eléctrico. En él, un personaje observa el Magical Mistery Bus del escritor Ken Kesey, quien también fungió como conejillo de indias en experimentos con drogas psicoactivas. El sujeto huye despavorido luego de ver con sus pupilas dilatadas cómo se van esfumando todos los dibujos, formas y colores del autobús escolar para retomar su tono amarillo original.

Cada escultura mencionada, más el resto, que van desde un Juan Pablo II, un Jesucristo crucificado con la leyenda “Peace and love” en su paño de pureza, un Buda, un grupo de mariachis, un marciano verde, un Elvis Presley tocando su guitarra, un Jim Morrison, hasta una gran estructura de The Beatles semejando la portada del disco Abbey Road sobre una bandera de Gran Bretaña, son parte de la personalidad de su propietario, Horacio Sáenz Saldaña. Él es un excéntrico acaudalado que empezó hace 35 años en el negocio de las antigüedades, arte y artículos únicos de decoración.

Eleazar Cantú, un empleado de Horacio que cuida el Woodstock mientras el velador descansa, dice que su jefe para todo hace fiestas. Y que ahora que están más tranquilos la ciudad y el municipio de Santiago, quiere abrir de nuevo el bar para el público, arreglarlo y darle mantenimiento.

Horacio, el padre adoptivo

DAVID DE SAN PEDRO

Imagen por Óscar Hernández

En su epitafio, Horacio Sáenz Saldaña quiere que diga: Antes digan que estuve aquí, hijos de la chingada. Para él, la vida es un vacilón, una orgía cósmica, un juego. De acuerdo con su teoría, los humanos somos seres espirituales que salimos de la casa de Dios para vivir en la Tierra, jugar, probar y experimentar.

Considera una falacia el dicho de que estamos aquí por un propósito porque piensa que hay más vidas después de ésta. Horacio sí cree en Dios, pero no profesa ninguna religión. Cree que somos momentáneos en este mundo. Aunque algunos sigan siendo recordados, están muertos y no les importa lo que pasa en la Tierra porque ya habitan otra dimensión.

Para Horacio, el David es el hijo pródigo de San Pedro y una escultura viva.

Las personas decimos que nada más nosotros estamos vivos, pero no. Un día todos nos vamos a morir y nos vamos a desvanecer, seremos nada; el David no —comenta Horacio.

Aunque Horacio es contador público egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León, también es amante del arte, la música y la gastronomía. Ha trabajado desde los 14 años. Contaduría fue la única carrera nocturna que encontró para poder trabajar por las mañanas. Durante varios años ejerció su profesión, una licenciatura que, en sus palabras, le sirvió para que no lo hicieran pendejo a la hora de los negocios. Piensa que en sus vidas pasadas fue artista o arquitecto porque desde niño tenía un gusto y sensibilidad por las bellas artes que sus padres nunca le inculcaron.

Es un hombre de 59 años, de estatura mediana y unas cejas alzadas, desafiantes. Trae puestos unos huaraches negros, un pantalón de vestir celeste y una camisa de cuadritos azules y amarillos. Mientras devora un pescado empanizado que le preparó el chef de su restaurante kitsch de la Galería Amadeus, comenta que no le importa que lo llamen excéntrico o loco. Toda su vida ha hecho lo que quiere sin preguntarle su opinión a nadie, pero también sin causar daño. Así como admira la imaginación humana, también considera que es la responsable de que el mundo sea un completo caos; las guerras, homicidios, violaciones y otros horrores también son producto de la imaginación de las personas. Pero cree que si se usa de la manera correcta, puede transformar por completo la Tierra.

John Lennon, Jesucristo y el mismo David son los ídolos de Horacio. A espaldas del restaurante, se puede ver otra réplica del David, esta de tres metros de altura, colocado en lo más elevado de una barda; la cima es un sitio apto para el rey que derrotó a Goliath.

Horacio comenzó su fructuosa carrera vendiendo chácharas en un barrio del centro de Monterrey, donde nació. Luego empezó a comerciar con objetos más valiosos que sus clientes constantemente ninguneaban. Cinco años después se mudó a San Pedro, a un local de la avenida Vasconcelos. Ahí se dio cuenta de cómo funciona un mundo con diferenciación de clases sociales. En el centro no le daban ni la tercera parte de lo que ganaba en San Pedro por una pieza. Hace 20 años inauguró la Galería Amadeus en Calzada del Valle, donde nueve meses atrás puso un restaurante.

Para conseguir más y mejores artículos, Horacio recorrió todo México. Después se fue para el otro lado y se plantó un rato en Nueva York; desde allá transportaba objetos para venderlos en Nuevo León. Estando en la gran manzana supo que las cosas venían de otros sitios, así que emprendió un viaje con su hijo Bruno, que actualmente tiene 31 años, y cruzaron el Atlántico. Aunque su esposa Irma se enojó por todo lo que gastó en el viaje, el paseo resultó en la quintuplicación de sus ganancias. A Irma la conoció en la Plaza La Purísima gracias a la astróloga Mizada Mohamed —charlatana de muchos—, quien condujo varios programas de televisión y radio; ahora vende perfumes con su propia marca como lo hicieron Paris Hilton o Britney Spears. Irma y Horacio se casaron en 1978 y tuvieron dos hijos: Bruno y Gina, hoy de 28 años. Ambos están casados. Ahora Bruno tiene una niña de 8 años y Gina un bebé de 15 meses.

Horacio es una de las pocas personas que puede presumir que le ha dado la vuelta al mundo, todo gracias a la constante búsqueda de tesoros para su clientela. Hasta la fecha ha vendido más de 100 mil esculturas.

Tener dinero significa poder hacer los sueños realidad. Es un medio, no un fin. No hay que apegarse a las cosas materiales, ni al dinero— dice Horacio.

Hace seis años inauguró el Woodstock Plaza de Santiago con una gran fiesta y grupos locales de rock en vivo. Tiempo después abrió el Woodstock Valle, un antro con la misma esencia del primero pero dentro del centro comercial Plaza Fiesta San Agustín de San Pedro. Aunque le fascina el rock desde los 10 años, admite que el género está decayendo. Antes no había muchas opciones, ahora ya hay demasiadas tendencias nuevas y DJ’s. Por eso cerró el Woodstock Valle y se asoció con dos amigos para inaugurar ahí mismo el Heaven, un bar para adultos con música de rock ochentera.

Sin importar lo que haga, Horacio procura siempre divertirse.

La fiesta de despedida

En la entrada de San Pedro, de fondo se escucha la voz de Laura Zavala, intérprete del grupo Cosmic Blues Band. Canta “Don’t let me down”, de The Beatles. Mientras tanto, dos grúas retiran el David del que fue su sitio por 44 años. Es el 24 de mayo de 2011. Minutos antes, Mauricio Fernández, alcalde de San Pedro, y Horacio Sáenz Saldaña acompañaban con maracas a un ejecutante de música africana, trepados en la fuente que sostenía al David. Los reporteros y camarógrafos rodearon el evento, al igual que un gran grupo de personas que fueron a despedir la escultura. Una vez que lo separaron de la fuente, varias señoras se tomaron fotografías abrazando la enorme pierna de la estatua. Cuatro botargas de la caricatura de 1964 de The Beatles animaron el histórico suceso. En un sondeo realizado por TV Azteca, algunas vecinas afirmaron estar felices porque, aunque durante décadas el David fue muy importante en San Pedro, ahora estará en un lugar donde lo visitará mucha gente. No saben que tres meses más tarde la violencia obligará a Horacio a cerrar las puertas de la nueva casa del David y pocos serán los que se den una vuelta por allá para verlo. En entrevista para el mismo canal, Horacio declaró que incluso pondría unas escaleras para que los visitantes pudieran subirse a él; sin embargo, las escaleras nunca alcanzaron a formar parte de la estructura. Cuando por fin lo quitaron por completo, el David estaba amarrado y listo para emprender el viaje hasta su nueva casa.

En el camino a la Carretera Nacional —relata Laura, a quien le dicen “La Janis” por el parecido de su voz con la cantante Janis Joplin— varios vecinos nos siguieron en caravana. Al arribar al Woodstock, la fiesta continuó varias horas más. Estuvo padrísimo.

Dos semanas antes de la despedida del David, Mauricio Fernández calificó la escultura como una “porquería”, de acuerdo con la información de varios medios de comunicación locales. Su plan consistía en derribar la estatua para emprender el proyecto de Las Banderas, una serie de puentes peatonales que llegarían hasta el Centro Cultural Plaza Fátima y que estilizarían al municipio más rico de América Latina. No obstante, luego de varias protestas, decidió subastarlo. Horacio ganó esa puja con la cantidad de 125 mil pesos. Tiempo después, Hugo Ruiz, el actual alcalde, frenaría la obra por las constantes quejas de los vecinos. Sólo se construyó un puente en la parte donde solía estar el David.

Cuando apenas tenía 16 años, Horacio vio por primera vez a la gigantesca escultura. Fue un gran impacto para él. En el centro había visto otras efigies de héroes mexicanos, pero eran muy diferentes a esta estatua de un hombre desnudo, blanco e imponente. En ese entonces desconocía por completo el original de Miguel Ángel.

Yo no compré una estatua, compré parte de la historia de San Pedro y de Nuevo León, pero también la de Miguel Ángel. La escultura salió de su imaginación y es maravillosa. Han hecho muchas réplicas. En Las Vegas también tienen una. En San Pedro, el David era el ícono pop, un símbolo y un punto importante de referencia— dice Horacio.

Para llegar a San Pedro, en su primera visita, Horacio atravesó el sector de San Jerónimo y cruzó el puente Miravalle. El plan era ir con sus amigos a un baile que habían organizado en aquel municipio donde se asentaron los empresarios más ricos del estado. Tendría que pasar por el David para dar con su destino.

El 23 de diciembre de 1943 —relata Antonio Guerrero Aguilar, cronista de Santa Catarina e integrante de la Asociación Estatal de Cronistas Municipales de Nuevo León José P. Saldaña—  los hermanos Manuel, Ignacio y Alberto Santos (empresarios dueños de Gamesa) constituyeron el sector llamado Fraccionamientos San Pedro S.A. para casas en varios terrenos. El proyecto consistía en dos avenidas que atravesarían todo el municipio formando una cruz: Calzada del Valle y Calzada San Pedro. Los hermanos hicieron un acuerdo con Yolanda Salinas, esposa de Jaime Garza, empresario y propietario del terreno que se llamó La Décima. Dicho pacto establecía que Yolanda y Jaime dejarían un tramo libre que facilitara el paso desde San Jerónimo. Para ello construyeron el puente Miravalle. Más tarde, La Décima se convertiría en la colonia Fuentes del Valle.

Jaime Garza fue quien mandó a hacer el David para ponerlo en la entrada de su colonia. Al igual que Horacio, Jaime creía fervientemente en la resurrección y pensaba que en una de sus vidas pasadas fue italiano. Por eso mismo todas las calles de la colonia tienen nombres procedentes de aquel país: Julio César, Vía Servio Tulio, Vía Triumphalis, etc.

Antonio comenta que como la estatua no salió tan bien, al principio no quisieron revelar el nombre del autor. Le dieron el crédito al artista mexicano Guillermo Castaño, pero en realidad quien la esculpió fue Mathias Goeritz, un alemán al que se le adjudican las Torres de Ciudad Satélite en el Estado de México y La serpiente del Parque Fundidora en Monterrey.

En 1967, el David fue inaugurado por la primera alcaldesa panista de México, Norma Villarreal de Zambrano. Tiempo después, Mauricio Fernández se casaría con la hija de la ex alcaldesa, que también se llama Norma, de quien se separó hace seis años. Cuando Mauricio intentó destruir al David —cuenta Antonio— se rumoraba que era un desquite por la ruptura. La verdad es que Mauricio traía el proyecto de Las Banderas entre manos, mas sus tres años en la alcaldía no le alcanzaron para realizarlo.

Desde la fecha de su colocación en San Pedro, el David ha recibido críticas, tanto de señores como señoras, que lo calificaron de impúdico por exponer los genitales. Además, el hecho de que Horacio, al momento de darle mantenimiento, encargara que le hicieran un pene más grande provocó una polémica aún mayor, sobre todo en el noticiero del mediodía de Multimedios Televisión con María Julia la Fuente, la conductora que bien podría estar contando las últimas noticias mientras corta el pelo en la estética de la cuadra. El David también ha tenido que sufrir el grafiti y los huevos que le arrojan jóvenes vándalos. Horacio comenta que hasta marcas de bala encontraron mientras lo retocaban. Asimismo, el David fue el protagonista de una nueva era del arte en la ciudad.

La carrera artística del David

72Corría el año 1981 cuando el escultor Cuauhtémoc Zamudio y el pintor Roberto Cordero decidieron ponerle calzones al David. El acto fue la segunda muestra de arte conceptual en Nuevo León. Nunca se había visto algo igual. Un par de meses antes, ambos ya habían hecho un primer performance que consistió en alfombrar un tramo del Río Santa Catarina, pero ni de lejos lograron una reacción tal como la que provocaron al cubrir las partes nobles de la estatua. La idea surgió mientras tomaban café en el Vip’s ubicado en Hidalgo y Emilio Carranza, en el Centro de Monterrey. Para emprender su idea necesitarían el permiso del ayuntamiento de San Pedro. En ese entonces, Cuauhtémoc ya tenía un status alto en el arte y tenía fuerte relación de amistad con políticos como Alfonso Martínez Domínguez, gobernador de Nuevo León de 1979 a 1985 y Felipe Zambrano, alcalde de San Pedro de 1980 a 1982. En la noche, luego de platicar con Roberto el proyecto de los calzones, Cuauhtémoc asistió al Museo de Monterrey a una exposición de las damas voluntarias de la Cruz Roja. Casualmente, al evento también acudió Felipe Zambrano. Cuauhtémoc de inmediato lo abordó y le solicitó una cita para el día siguiente.

Cuando ambos fueron con el alcalde para presentarle la idea, él les dijo que mejor lo tumbaran. De acuerdo con el testimonio de Cuauhtémoc, Felipe conocía de arte y sabía que el David era de pésima calidad artística. A diferencia del original, que fue tallado cuidadosamente durante tres años (1501-1504) en un bloque de mármol, la versión sanpetrina era de cemento blanco. Pero ellos no querían dañar la figura, como ya lo habían hecho varios chavos que constantemente la rayaban. En esa junta también se encontraba Luis Mario Leal, jefe de información del municipio. Al escuchar al alcalde le dijo:

Espérate. El David es una muy mala escultura, pero la gente ya se acostumbró a ella.

Para vestir al David también requerirían de una grúa. Felipe quedó de conseguirla para el domingo siguiente. La tela para los calzones era negra con flores rojizas; buscaban algo llamativo. La compraron en el Nuevo Mundo. Aunque en los medios de comunicación declararon que los calzones los había hecho una modista de París, Francia, en realidad fue una costurera de la colonia Nuevo Repueblo; le pareció una buena idea y quiso participar. Cuando llegó el día, Cuauhtémoc y Roberto se vistieron de traje, aunque no les gustara hacerlo. Era un evento al que valía la pena presentarse formal.

Cuando se le avisó a los medios, varios creyeron, como fue el caso de El Norte, que era una broma y decidieron no acudir. Hicieron caso hasta que apareció la transmisión en vivo en Televisa Monterrey de Foro, conducido por Gilberto Marcos. En el estudio, Gilberto estaba acompañado por Felipe Zambrano y Jorge Villegas, periodista y colaborador de Foro. Villegas, al igual que muchos otros, estaba en contra del performance:

Que los metan a la cárcel —dijo frente a las cámaras.

En la Calzada San Pedro, los vecinos rodeaban la estatua, se tomaban fotos y reían mientras Cuauhtémoc y Roberto se acomodaban arriba de las canastillas de la grúa. Roberto estaba nervioso y asustado; teme a las alturas. Se quedó quieto brindando apoyo moral. Por otro lado, Cuauhtémoc estaba contento. Bajó de la canastilla y comenzó a vestir a la estatua con la ayuda de unos broches. Al término del performance, se fueron a celebrar a la casa de un artista amigo de ambos. La idea era dejarle los calzones más tiempo, pero debido a varias quejas, Felipe Zambrano ordenó a los patrulleros a que se los quitaran ese mismo día.

Fue un notición. El día siguiente, el rostro del David y la obra conceptual que duró apenas unas horas estaban en periódicos y revistas locales, nacionales e inclusive internacionales. La casualidad de que el presidente Miguel de la Madrid, en ese tiempo, promovió la ley por la renovación moral, hizo que el performance fuera tomado a broma por varios caricaturistas como Ramiro Palacios, acrecentando su fama. Hasta la fecha se recuerda. Para la carrera de Cuauhtémoc, el evento fue algo positivo.

Inclusive los compañeros artistas lo tomaron como valentía, como algo atrevido lleno de libertad. Y el arte sin libertad no es arte —dice.

Para el David, fue su salto a la fama.

Creo que el David estaría feliz de haber causado tanta polémica desde su creación. Porque definitivamente Miguel Ángel hizo una buena obra, sin embargo, no creo que se haya imaginado que habrían tantas réplicas y que a una que está en San Pedro le iban a poner calzones —comenta.

De acuerdo con el escultor, que empezó su carrera hace 50 años, Nuevo León es un verdadero museo urbano. Hay piezas malas, otras regulares y unas muy buenas. Está el Faro de Comercio del arquitecto Luis Barragán, una escultura de geometrismo emocional en cemento. Tenemos El Sol de Rufino Tamayo, su única escultura en el mundo. Aún y con tanta crítica, también está El Caballo de Fernando Botero; Botero ha creado un estilo único y en el planeta sólo hay dos esculturas de él: una en París y la otra en Monterrey, lo cual nos coloca en el mapa. Una pieza más es la estatua de Ignacio Zaragoza del autor Ignacio Asúnsolo, un escultor que, dicen, modelaba con una mano.

Pero ninguna tuvo una historia como la del David, a pesar de ser una escultura fea y desproporcionada a la que se le prestó poco cuidado en sus detalles. Mauricio y otros la odian, pero también ha sido y es amada por muchos como Horacio y Jaime.

Al preguntarle a Antonio y a otras personas que conocen de linajes de la alta sociedad, afirman no conocer ningún descendiente de Jaime Garza. Por supuesto, resulta difícil en una ciudad donde Garza figura entre los apellidos más comunes, tanto en familias acaudaladas como en las que viven en pobreza.

Su único descendiente es el David, el hijo pródigo que, de acuerdo con Horacio, volverá al lugar donde pertenece: San Pedro. Horacio planea llevarlo a la Galería Amadeus. Dice que la historia del David apenas comienza. Es una vida que muchos ya quisieran.

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