Entrevista a Manuel González Arizpe

Por Staff El poder de la Silla

 

 

El equipo de investigación del documental El poder de la Silla entrevistó a casi un centenar de personas para que, abiertamente o en privado, relataran la forma en la que Nuevo León ha sido gobernado en los años recientes.

 

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Manuel González Arizpe: Mi nombre es Manuel González. Mis orígenes son aquí, de Nuevo León. Mi padre era de Los Ramones. Mi madre de lo que entonces se llamaba Los Urdiales. Y yo nací en San Nicolás de los Garza, Nuevo León. Inicié la carrera de medicina, la dejé trunca en cuarto año. Entré a una empresa familiar, y en el 82 quebró trágicamente. Me dediqué a una serie de actividades aunadas al periodismo, y prácticamente desde el 82 me he dedicado por entero al periodismo.

 

Staff: Manuel, ¿por qué crees que alguien estaría interesado en sentarse en la silla de gobernador?

 

MGA: Yo creo que, a final de cuentas, no es ni siquiera que estén interesados. Creo que entran en un remolino, en una vorágine en la que ya es el fin obvio. La gravedad los jala, van dando vueltas y van dando vueltas tratando de caer en la alcantarilla hasta que finalmente alguno de ellos llega a un puesto superior de gobierno.

 

S:Y en estos tiempos, ¿qué tanto crees que tiene que hacer alguien para sentarse en la silla del poder?

 

MGA: Creo que de todo. De todo, pero… Yo, dándole por entero la vuelta a tu pregunta, diría que pues más que los gobernantes, que a final de cuentas son unos pocos, pues la mesa y la pregunta sería en pos de los gobernados: “¿Por qué ese desinterés, sabiendo que los gobiernan mal, sabiendo que los gobiernan pésimamente, sabiendo que hay tragedias, que hay crímenes, no les interesa gobernar?”. Y tienen el descaro de decir: “Es que eso es para los peores, eso no es para nosotros; nosotros somos mejores”. Entonces, ¿qué país estamos llegando a ser si dejamos que los peores nos gobiernen?

 

S:¿Y antes era diferente? ¿Antes hacían otras cosas para llegar al poder los políticos?

 

MGA: Bueno, es una pregunta muy interesante la que haces. Yo creo que sí y no. O sea, a final de cuentas, la analogía que hice en la pregunta anterior es parte de nuestra raíz, lo queramos o no. Inclusive antes de la Conquista había alguien que agarraba el pescado y se lo llevaba corriendo por horas para servirle al emperador. Está muy arraigado en nosotros esa mentalidad de provinciano: de tener un jefe, de servirle, de hacerle placentero el día, de hacerle placentera la vida.

Yo creo que sí ha sido diferente también, porque, por ejemplo, cuando Juárez al final de cuentas nos legó una patria —porque yo siento que el punto de Juárez fue el que nos hizo nacer como nación, mucho después de Hidalgo y de Morelos y de los esfuerzos por liberarnos de un yugo—, había mucho sentido patriótico. A mi generación le llegó. A nosotros, una bandera pisoteada, alguien que insultara a la patria, a nuestro país, a México, nos enardecía, porque de alguna manera en nuestra educación nos habían inculcado ese sentido patriótico, y yo creo que se ha perdido, en parte por una degradación en la educación, en parte por una influencia terrible de los nuevos países y de nuevas ideologías que entran ahora con gran facilidad, en un segundo. Entonces sí hemos perdido un poquito la conciencia patriótica.

 

S:¿Tú crees que los políticos o las personas o cualquiera cambian cuando se sientan en la silla del poder?

 

MGA: Me recuerda a una anécdota de Gustavo Díaz Ordaz. Conflictuado con el que había dejado Luis Echeverría, le increparon con esa pregunta, que por qué si él conocía a Luis Echeverría, lo había apoyado para que llegara a la presidencia, y él dijo: “Permíteme. Yo lo conocía perfectamente, pero investido del poder de la República, ni él se conocía”. Yo creo que sí, definitivamente —y a mí me ha tocado verlo—, no se necesita llegar a poderes tan grandes como el de la presidencia de la República. Aquí tomas a un ciudadano y lo haces candidato y ya es otro. Y ganó y ya es otro. Lo primero que hacen es cambiar sus celulares, y ponerse uno a [ininteligible] para que conteste las llamadas, y una hipocresía terrible… Y se van transformando y convirtiendo, y así es muy difícil porque a nosotros que… Muchos de nosotros pensamos que metiendo ciudadanos vamos a arreglar esto, y nos da mucha tristeza meterlos y ver cómo se transforman.

 

S:¿Cuál crees que es el poder especialmente que les da la silla a quien se sienta en ella?

 

MGA: Pues imagínate, es como la lámpara del genio: ¿Qué quieres que no puedas tener? Y lo peor es que, como la lámpara del genio, pues tiene su trampa. Lo primero que hacen es olvidarse que un día se les va a acabar, al menos a las autoridades políticas. Que los lapsos son de tres años, o de seis años, y son cambiantes.

Lo primero que hacen, desde mi punto de vista, parece que se olvidaran de ello. Parece que llegaran y creyeran que les va a durar hasta el último de sus días, y empiezan a hacer tantas desazones que ya las hemos visto: hemos visto a un alcalde que se le ocurre por una puntada desaparecer 42 estudiantes, y no es el único. Otro alcalde de un pequeño pueblo que la mayoría de la gente ni conocía —Medellín Veracruz—, que se le ocurre que porque escribió mal un periodista, también desaparecerlo. Es una prepotencia, una soberbia y una enajenación terrible.

 

S:¿Tú alguna vez te has visto seducido por la presencia de un político?

 

MGA: Yo sí, fíjate, yo sí. Claro que me he visto seducido por la presencia no de uno, de varios, y es terrible cuando te decepciona. Yo me acuerdo cuando estaba en los principios de mis 20s, cuando oí el discurso de toma de posesión de José López Portillo, e histriónicamente, como lo era él, nos dice: “Les pido tiempo. Vamos a ser un país grande, nos vamos a preparar para vivir en la riqueza”. Y lo dijo con tal enjundia que a mí sí me enamoró. Yo sí le creí. Y para mi desgracia familiar, económica y en plan de negocios, pues fue que me destruyó a mí y a mi familia. La labor de 50 años de mi padre se vio reducida a la nada por una decisión tan irrisoria y tan bizarra como decir: “Los dólares que tenías guardados conmigo son mis dólares y valen 70, los que me debes valen 140”. O sea, algo totalmente ridículo.

 

S:¿Y le has pedido alguna vez un favor a un político?

 

MGA: Uno no; muchos. En la mayoría de los casos no han sido para mí; han sido el favor que le he pedido yo a políticos. Sí, sí lo he hecho. No es hipocresía, pero… Debo haberlo hecho también para mí, no lo recuerdo ahorita, pero sí tengo más fresco en mi memoria favores de mucha gente que como sabe que por ser periodista tengo algún contacto con algún político, pareciera que yo soy la autoridad. Vienen a mí para que sea gestor de sus peticiones, de sus necesidades, de sus problemas, y más porque la mayoría de ellos son problemas totalmente [de] abusos de autoridad.

 

S:¿Por qué crees que los políticos roban?

 

MGA: Es algo que no he entendido, que todavía se sale de mi comprensión, sobre todo por las cantidades que roban. No roban poquito, roban ostensiblemente, y además de que roban, lo que ya robaron no lo quieren gastar. Si tienen que cambiarle llantas a su carro, pues la secretaría o la regencia o el municipio o tal o cual organismo pague por las llantas, pero ellos no sueltan el dinero. Es una analogía que me decía mucho mi padre y yo apenas trato de comprender. “El que más tiene, más quiere”. Y a ellos es lo que les pasa, es una especie de maldición: que cuando no tienen nada, quieren tener un millón; y cuando tienen un millón, quieren tener diez; y cuando tienen diez, quieren tener cien; y cuando tienen cien, quieren tener mil. Y no hay poder humano que los pare. Y la gente pobre va a pedirles un peso, y ellos les quitan diez, porque quieren acumular más riqueza. ¿Cuál es el sentido? No lo sé.

Pero yo quiero poner un ejemplo que está muy cercano y redunda en dos de las cosas que he dicho: no es posible que se hayan gastado —traduciéndolo a dólares para hacerlo más sencillo— 3 mil millones de dólares en hacer un metro para una ciudad, cuando China gasta 1 millón de dólares por kilómetro en el Maglep. Eso significa que pudimos haber hecho un Maglep, un tren de levitación magnética, de aquí, de Laredo, a Cancún. Así de grave es el despojo, así de grave es el robo. Y para colmo, no funciona. Chulada de país.

 

S:Según tú, ¿qué característica debe tener un buen político?

 

MGA: Yo creo que la empatía. Yo creo que nuestros políticos pecan de la antipatía y de la hipocresía. Van y regalan diez coches a una comunidad y lo pasan tres veces al día en el noticiero. Pues obviamente lo están haciendo para ellos. No tienen una empatía… Yo conozco a gente —no voy a decir su nombre porque ellos se han encargado de conservarlo en el anonimato— que desde antes de que nacieran tienen organizaciones de servicio social que donan una cantidad de los beneficios económicos que tuvieron por sus negocios o por sus riquezas o por sus herencias; donan una cantidad fuerte al servicio social, y no lo andan publicitando. Ni quieren publicidad. Esa empatía es la que necesitaríamos en nuestras autoridades, pero por desgracia, esos que hacen ese tipo de obras no quieren participar en el gobierno.

 

S:¿Qué le dirías o qué harías si tuvieras a un ex gobernador de Nuevo León de frente y a solas?

 

MGA: Los he tenido, a muchos. Y la verdad, nada. ¿Ya para qué? Ya hicieron y deshicieron de todo. Y me ha tocado la enorme suerte, buena o mala, de conocer a la mayoría ya cuando no son, ya cuando no hay qué reclamarles, ya cuando no pueden hacer nada. Y en ese momento es cuando más chiquitos se ven, cuando, despojados de esa investidura que tenían, se ven tan chiquitos que lo que dan es lástima.

 

S:¿Qué opinión tienes del gobierno de Rodrigo Medina?

 

MGA: Una porquería. Una auténtica porquería. Un más de lo mismo. Un llevarse a sus compadres, a sus amigos, a los esposos de las amigas de su esposa, al poder. El que una camarilla llegue a decir: “Compadres, ya llegamos. Vamos a seguir desgraciando a estos infelices y nosotros vamos a hacernos ricos como nunca lo habíamos imaginado”. Eso es lo que ha pasado con Rodrigo Medina y toda su camarilla, desde su papá para todos sus compadres y amigos, que hoy mismo están buscando posiciones para continuar con el despojo.

 

S:Si Nuevo León fuera una empresa, ¿invertirías tu dinero en ella?

 

MGA: Claro que sí. Con los años, lo único que no le pueden quitar a uno es la fe, la esperanza. Y así como hay malísimos gobernantes, uno que otro bueno, hay que recalcarlo, porque vale la pena que… Hay uno que otro bueno y uno que otro que, siendo bueno, finge ser malo para poder seguir adentro del gobierno. Yo invertiría por la gente. Yo creo que la riqueza que tiene Nuevo León y que tiene el país es la gente. Y podría poner un pequeñísimo ejemplo. Se invirtió muchísimo en hacer la Fundidora, y entre uno de esos detalles fue traer a un fotógrafo, que en esas épocas pues eran muy escasos, y trajeron a don Guillermo Kahlo para que tomara fotografías del inicio de la Fundidora. Y mira, su hija es la gran Frida Kahlo. Entonces, hay veces que con uno solo que valga la pena, todo vale la pena.

 

S:¿Te gustaría sentarte en la silla del poder?

 

MGA: Fíjate que no y sí. Arriba, arriba, no. Porque es mucha la responsabilidad. Yo nunca me he sentido capaz de soportar en los hombros el peso de toda una comunidad. Pero sí me gustaría a media tabla o un poquito más abajo donde yo pudiera, con mis buenas intenciones —a lo mejor no tanta capacidad—, tratar de generar un cambio, tratar de que de ahí se genere un pequeño cambio en esto, que realmente creo que en lugar de ir en subida, vamos en picada.

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