A Felipe Ponce y Elizabeth Alvarado.

Si Google Maps no miente, la geolocalizable finca ubicada en el 204 de la calle Industria, con todo y su ochavado muro en el cruce con la calle Gral. Carlos Salazar, está a punto del colapso urbano y, con ella, el otrora muy famoso relieve con figura de alacrán resaltado en lo alto de su fachada; figura que durante muchos años fue el emblema y referente tapatío más conocido para denominar uno de los más temidos barrios de la Perla Tapatía.

Tan famoso fue ese barrio, que en las coplas de la canción “El peladito de San Juan de Dios” se le menciona: “Soy pelado de San Juan, / tengo amigos rete reatas, / del Molino de las Beatas, / y el barrio de El Alacrán”.

Los orígenes de ese barrio se remontan a la Guadalajara antigua. Aquella ciudad a la que dividía en dos un riachuelo (hoy entubado), al que para cruzarlo era obligado pasar sobre sus extintos puentes, algunos de ellos con nombres por demás simpáticos aunque ahora también casi olvidados; tal fue el caso del “Puente del Molino del Chocolate de las Beatas”, el “Puente del Boliche”, o el “Puente de los Borrachos”.

El barrio de El Alacrán colindaba en distancia y mala fama con el propio San Juan de Dios, lo que ya era mucho decir, de acuerdo a la descripción que de estos andurriales hiciera el presbítero y cronista don José T. Laris:

“Lo típico del barrio de San Juan de Dios […], consistía en las costumbres estrambóticas de los léperos que a punta de navaja armaban camorra, silbaban o alborotaban en las cantinuchas o vinaterías (que este era el nombre) envueltos en mugrosas sábanas de algodón o en mantas agujereadas, tocados con mugroso y maloliente sombrero guaymeño.”

Es necesario decir que el temible peladaje de esos rumbos no era exclusivo de los machos alfa de aquellas épocas. ¡No, señor! Y es el propio cronista Laris quien dejó constancia de esa arrabalera y añeja equidad de género cuando puntualizó lo siguiente:

“Tan asquerosas como los hombres eran las mujeres [en San Juan de Dios] que corrían parejas con los léperos en los escándalos que a diario se registran en las sucias calles sin banquetas y sin empedrado, algunas, se entiende, donde estaban ubicadas las negruzcas casas de mala nota.”

Fácil es suponer que por las calles de aquellos barrios, la llamada “gente de bien” de Tapatilandia… ¡ni por error asomaba las narices!

Muchas de esas calles extraviaron su nombre original con el paso de los años. Algunos planos y textos históricos las rescatan del olvido, aunque ahora muy pocos tapatíos pudieran ubicar con precisión, ni siguiera con la ayuda de San Google, al Callejón del Cuerno, la calle de La Torcaza, la de Las Huertas, la de La Colmena, la Tarasca, La Borrasca, Olas Altas, o la de Catalán.

La propia calle de El Alacrán cambió su nombre por el de Industria. Y al otrora barrio del mismo nombre, desde hace muchos años se le conoce como barrio de San Martín de Tours o Caballero.

El tiempo se ha encargado de borrar, o transformar hasta volver casi irreconocible, mucho de lo que durante décadas fueron referentes urbanos por demás conocidos.

Además, el lenguaje tecnocrático se ha encargado renombrar a esos antiguos andurriales como “sub zonas” del Centro Histórico, aunque reconociendo en ellos su “gran densidad de población y actividad económica”, whatever that means.

Muy lejanos han quedado los días cuando era común hablar por esos rumbos de los mesones, como el de La Correa o el de San Joaquín; de lugares aledaños al barrio del Alacrán, como Las Huertas de Matute, o La Cruz Negra; de personajes tan peculiares como León Cané, o incluso tan afamados como el boxeador Efrén “El Alacrán” Torres, quien fuera campeón mundial de box en la categoría mosca, y de quien dicen los que saben, su apodo procedía del barrio homónimo donde él vivió parte de su niñez, después de haber llegado a Guadalajara desde Michoacán, su estado natal.

Recientemente, esos rumbos arrabaleros han despertado un especial interés urbano debido a la existencia de una modesta casa construida por los años 20, y diseñada ni más ni menos que por el diamantino arquitecto Luis Barragán; finca ubicada en la calle Prosperidad, muy cercana a la emblemática esquina del barrio, la de El Alacrán; por lo que sería importante que las autoridades correspondientes se dieran a la tarea de rescatar, antes de que sea demasiado tarde, la olvidada y deteriorada finca donde todavía está asentado el famoso relieve del arácnido que diera nombre a tan importante zona histórica, sí, histórica, de Guadalajara.

Antes de que Google Maps nos muestre que ese inmueble colapsó y que El Alacrán rip

Por Carmen Libertad Vera

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