Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

Indonesia, 1965-1966. El gobierno es derrocado por el ejército, dando inicio a una violenta dictadura militar cuyo único objetivo es erradicar el comunismo y a todos aquellos que estén en contra de su mandato. Bajo esta purga anticomunista se esconden los crímenes de guerra de los actuales gobernantes de la nación. Y sí, esta misma impunidad aun se mantiene vigente…


The Act of Killing (2012) es un documental dirigido por Joshua Oppenheimer en el que se retrata la vida actual de quienes perpetuaron estos crímenes, en los cuales millones de inocentes fueron asesinados bajo el régimen opresor. Antes de la dictadura, Anwar Congo, nuestro protagonista, pasaba sus días de adolescente admirando el cine de Hollywood, siendo fanático de las grandes estrellas como John Wayne y Al Pacino. Entre sus géneros favoritos destacaban los musicales, que siempre solían llenarlo de energía para cantar y bailar. Por otro lado, si se trataba de western o alguna película de cine negro o de gánsteres, Anwar podía llegar a imitar lo visto en pantalla en sus asesinatos.


De joven, Anwar era un gánster de la vida real. Hoy se mantiene como una fuerte figura pública: asesor, amigo y compañero de aquellos en el poder. Tras lo ocurrido en 1965, la organización paramilitar Pancasila y los gánsteres unieron fuerzas, sumándose a una misma causa en contra de un mismo enemigo, razón por la que Anwar conoce a sus líderes en un gobierno lleno de corrupción, desinformación y manipulación de los hechos históricos que elevan el nivel de ignorancia e impunidad.


Uno de los aspectos más interesantes de este documental es que plantea una dinámica con ayuda de sus personajes: ellos (los asesinos) recrean los métodos con los que eliminaban a sus victimas. Lo peor de todo esto es que los testimonios son dados sin pizca de culpa o remordimiento. En una de las primeras escenas, Anwar nos narra su experiencia detrás de las matanzas, incluyendo una de las técnicas más efectiva para terminar con mayor facilidad.


Irónicamente, Anwar sufre de pesadillas y reconoce que es debido a toda la gente a la que ha matado. Sin embargo, en su vida diurna no vive atormentado por esto. Todo lo contrario: está emocionado porque esta dinámica es como una oportunidad de protagonizar su propia película.


En una de las escenas más fuertes del documental, el grupo paramilitar Pancasila, con la ayuda de varios civiles (hombres, mujeres y niños) en el rol de las victimas comunistas, recrea un ataque a lo que asemeja ser una pequeña comunidad en el campo. El director toma la brillante decisión de reducir el volumen, amplificando así la fuerza de la imagen en la que se contempla un ataque a esta aldea.


A través de las cámaras vemos intensas llamas que esconden en un segundo plano lo que los paramilitares hacen con su enemigo. Y a pesar de que todo es mera simulación, el efecto resulta espeluznante. Es barbárico, violento e irracional; la manera tan natural con la que se desenvuelven y “actúan” los miembros de Pancasila impresiona y causa el horror más puro. Y hay un momento en el que Anwar se da cuenta de todo esto. Esta escena, montada y pensada con anterioridad para la película, parece tan real que nos deja imaginando las múltiples tragedias que alguna vez sucedieron…


Al final del documental, Anwar sufre un cambio sin precedentes. En otra de las escenas de su película le toca actuar como una de las victimas interrogadas. Uno de sus compañeros, en papel de interrogador, lo ahorca con un hilo fino y largo mientras sangre falsa le cae justo encima de los ojos.


La escena se detiene. A Anwar le limpian el maquillaje, y tras un sorbo de agua, decide continuar. A pesar de que su amigo está aplicando fuerza mesurada, Anwar le pide que pare. No puede continuar.


Tras ver las grabaciones, confiesa haberse sentido como una de sus victimas. Comenta, con una gracia propia de su personalidad, que se sintió humillado, sin dignidad y, después, con miedo. Se pregunta si fue eso lo que sintieron sus víctimas antes de ser asesinadas, si en verdad sintieron ese miedo. Joshua lógicamente le responde que para ellos fue aun peor, pues no se trataba de una escena para una película.


La historia de Anwar termina con su regreso al lugar en el que hacía de juez, verdugo y torturador, aquel espacio en el que en un principio comentaba su método para matar con mayor rapidez y efectividad a un ser humano. Ahora, tras 150 minutos de conocer este infierno en la tierra (la versión del documental distribuida originalmente tenía una duración de dos horas; para mi fortuna o desgracia, la versión que vi es el corte del director, que dura 159 minutos), vemos cómo este hombre, con dos nietos y siendo mano derecha de la organización Pancasila, finalmente adquiere una reacción humana.


Es hasta ese momento que Anwar por fin comprende lo que este lugar verdaderamente significa (y representa), consciente de la magnitud de su daño y de toda la gente a la que ha matado…


Su silencio incomodo y pesado explota con arcadas violentas pero sin vómito.


Un último y pequeño atisbo de humanidad florece miserablemente, lo cual nos hace creer que su tormento y culpa no lo dejarán tranquilo.


Anwar reprimió su culpa durante tantos años que eventualmente pasó a manifestarla a través de sueños y pesadillas. Fue este documental lo que hizo despertar nuevamente su consciencia, si es que alguna vez la tuvo… Además de eso, The Act of Killing juega con los espectadores, haciendo de sus personajes observadores de sí mismos bajo la dinámica de su propia cinta ficticia.


El documental tuvo éxito tal entre la crítica que fue nominado para un premio de la Academia. Y este año, el director Joshua Oppenheimer estará contendiendo por otra estatuilla, peleando la categoría de Mejor Documental por su trabajo The Look of Silence*, que continúa con la línea temática de los crímenes cometidos en Indonesia, pero ahora desde la perspectiva de una de las víctimas.


Sin dudas, Oppenheimer se ha ganado la atención del publico y de la crítica especializada, y muy probablemente gane el reconocimiento más grande en la industria. De no ser así, su obra seguirá siendo fabulosa, y las expectativas permanecerán altas para cualquiera que sea su próximo proyecto.

 

*The Look of Silence, el próximo documental a reseñar, compite con cintas como Amy y Cartel Land. De esta última ya hable anteriormente. Pueden encontrar la reseña AQUÍ).

Comments

comments