La cifra es contundente: el iluminado festejo para celebrar el 476 cumpleaños de #GuadalajaraGuadalajara tendrá un costo oficial de 26.8 millones de pesos. Casi 5 millones más de lo que se gastó en el 2017 en un evento similar.

La justificación oficial para tan millonario derroche argumentó dos razones: la ampliación del salón de fiestas, que de 1.2km se extenderá a 1.8km y, obviusly, el incremento en el número de invitados, los que en cifras redondas se calculan en 800 mil.

El programa “artístico + tecnológico + interactivo” que tendrá la edición 2018 de la fiesta temática GDLuz en honor de la tapatía cumpleañera, incluirá “performances e instalaciones” a todo lo largo de una ruta extendida entre el Mercado Corona y la explanada del Instituto Cultural Cabañas.

Habrá espectáculos que incluirán video-mappings, shows multimedia, photomoments, intervenciones, instalaciones, proyecciones e iluminaciones con hartos foquitos en las modalidades landscape, arquitectónica, interactiva; y donde además habrá túnel y pasillo de luz, zona neón; burbujas Tecnolite, túnel tecnológico y otras atracciones monas de la misma marca; jets interactivos, falda folclórica (whatever that means), sin faltar un área gastronómica concesionada al restaurante Santo Coyote, además de muchos truenos y muchas luces de pirotecnia, elementos láser, 3D, street performers, árboles iluminados, etc.

Todo ello con la participación de nueve bandas emergentes de la localidad, la musicalización de selectos bits electrónico-galácticos mezclados por conocidos DJ’s; sin olvidar la obligada presencia artística del Coro Guadalajara, y de una rondalla, una estudiantina, un mariachi, la Banda Municipal y un ballet folclórico. El cierre del Festival GDLuz será con un concierto del guitarrista Paco Rentería.

¡Semejante pachanga lumínico-robótica con toques nostálgico-decadentes no la tiene ni Obama!

Quien ejerce la patria potestad de la nena cumpleañera, es decir, el gobierno de Guadalajara, sólo pudo aportar su raquítico guardadito de 10 millones de pesos, por lo que tuvo que recurrir al apoyo financiero de diversos padrinos a fin de poder solventar todos los gastos celebratorios, juntando así un total de 25 compadres que gustosos cooperaron con buen billelle.

Entre los patrocinadores se encuentran marcas tan conocidas como Coca-Cola, Sabritas, Renault, Gamesa, Prisa, Consorcio Caabsa Eagle, Cabify, Moti, Canal 44, Paletas Payaso y Globos ídem.

Sin olvidar Alteacorp, firma internacional “especializada en la creación, diseño y producción de espectáculos multimedia, eventos especiales y parques temáticos” con presencia en México, EEUU e Israel, la cual aparece con la categoría oficial de “patrocinador fundador” y cuyo CEO, Marcos Jiménez, es al mismo tiempo director creativo del festival cumpleañero.

Patrocinadores millonetas y generosos que del 14 al 17 de febrero del presente año convertirán amplia zona del Centro Histórico de Guadalajara en un light show tipo Disneyland, región 4.

Pero, como dirían los del grupo Intocable: ¿Y todo para qué?

Porque muchos pitos y flautas, pero… ¿Qué es lo que quedará para Guadalajara después del jolgorio?

La verdad muy poco, por no decir nada. A excepción, claro, del cada día más borroso recuerdo de una grandilocuente pero efímera fiesta, como la muy performanceras que ahora tiene cualquier quinceañera que se respete, a la que sólo sobreviven los gráficos testimonios de fotografías y videos.

Quienes amamos a nuestra ciudad, y conocemos un poco de su historia y su grandeza, sabemos que ella ha tenido celebraciones quizás menos espectaculares pero, en definitiva, mucho más célebres y permanentes.

Díganlo si no la inauguración, en 1992, del Museo de la Ciudad, o la creación de los Arcos de Guadalajara, obra del arquitecto Aurelio Aceves, por citar sólo dos de los regalos más significativos que la ciudad ha recibido como cuelga de cumpleaños.

En otros casos, como en 1979, la ciudad celebró su aniversario con la entrega de obras de servicios básicos municipales a colonias como Huentitán y con el hermanamiento a la ciudad de Sevilla, España; no pocas veces, como en 1986, historiadores como Juan Toscano dictaron espléndidas conferencias sobre los orígenes fundacionales y los aconteceres más relevantes de la capital jalisciense; sin dejar de mencionar el estreno mundial de Fundaciones, obra sinfónica de la autoría de Víctor Manuel Medeles, en 1991.

Porque sí, hubo tiempos donde para celebrar el cumpleaños de la ciudad, se realizaban ciclos de conferencias con temas de Historia, Arte o Cultura, exposiciones plásticas de gran nivel, o numismáticas y filatélicas; conciertos y audiciones, ciclos cinematográficos, recorridos por sitios con una representatividad social mayor al de una entrañable cantina, concursos de poesía, cuento, novela, relato, fotografía, escultura o video; emisión de sellos postales, monedas conmemorativas, desfiles históricos, verbenas populares con organización y carácter barrial, remozamientos urbanos y, sobre todo, la edición de colecciones de libros.

Todo eso, al parecer, ya no rifa. Ni siquiera en la variopinta programación que complementa al faraónico espectáculo de luz y sonido.

Programa complementario que en fechas indistintas, comprendidas todas entre el 1 y el 21 de febrero, incluye más de 30 eventos organizados por:

Comude, que organiza un Medio Maratón, así como por las distintas direcciones municipales de:

Turismo, que a falta de mejores y más inteligentes propuestas, incluyó sus socorridos, pedestres y muy etílicos recorridos cantineros, rodadas bicicleteras, diversos paseos por barrios, el Agua Azul y por el panteón de Mezquitán, (todos con la probable y encampanada amenaza de un acompañante festivalito escolar a cargo de cierto grupo teatral), ofrenda floral al Retablo (sic) de los Fundadores, exposición del caricaturista teocaltichense José G. Cruz, algo denominado Somos Guadalajara cuyo contenido, al cierre de esta columna, todavía era desconocido; cuatro festivales populares con actuaciones indistintas de cantantes vernáculos, mariachis, bailables folclóricos, Banda del Colegio del Aire, números artísticos y reseñas con grupos infantiles y otros cooptados alumnos de primaria, honores a la bandera con escolta y banda militares, pirotecnia, entrega de picones, chocolate y plantitas de ornato, en las colonias San Andrés, La Concha, Villa Vicente Guerrero y Los Colorines y, finalmente, la joya de la corona, ¡la celebración del Año Chino [sic] en Plaza Universidad!

Cultura, que programó muchos talleres, tianguis y conferencias, todos teniendo como temáticas únicas e imprescindibles: la miel, las colmenas y las abejas meliponas, además de dos verbenas populares en Tetlán con la participación, sin especificar, de grupos artísticos municipales.

Protección Animal, con la instalación de un Módulo de Adopción Animal, ignorándose a la fecha si en el susodicho módulo van a recibir caballos calandrieros desempleados.

Y Educación, con una raquítica presentación de medio pelo, la del número 40 de la revista literaria Espiga de Papel.

Entre los actos protocolarios de rigor, habrá otras ofrendas florales, una para doña Beatriz Hernández y otra para don Miguel de Ibarra, un reconocimiento al equipo femenil de Chivas, y más repartición en los Portales de piezas de picones acompañados de chocolatico; además, con un costo de 110 pesos por piocha, se realizará la expo titulada Colomos de Antaño, amenizada por la estudiantina de la Prepa de Jalisco.

Queda ahí semejante registro de festejos para el juicio de la Historia.

¡En fin! Al menos, hasta el momento, doña Guadalajara se salvó de que José Fors y sus Cucas cobraran otros cuantos milloncitos por cantarle Las Mañanitas. O de que Yuawi, trepado en el kiosco de la Plaza de Armas y al ritmo del nanananana, hiciera una firma masiva de autógrafos.

Por lo pronto, y para ya no seguir dando ideas, este próximo 14 de febrero sólo me queda desear a Guadalajara: ¡un muy feliz cumpleaños!

Por Carmen Libertad Vera

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