¿A dónde ir a vender zapatos después del huracán?

 

Por Mariana Treviño & José Ignacio Hipólito

 

Antes de 2010, cuando el huracán Alex aún no había arrasado con la tranquilidad de muchas calles, hogares y negocios de Nuevo León, llevándose (entre otras cosas) la pulga del Puente del Papa, sobre el Río Santa Catarina, el puesto de Doña Converse era la mejor opción para buscar calzado deportivo gringo que difícilmente se encontraba en cualquier otro establecimiento de la ciudad.

Así, grandes marcas como Converse, Vans, Nike, Adidas, Puma, DC y Etnies, sólo por mencionar algunas, ya tenían un puesto clave en el que eran compradas por cientos de jóvenes que por costumbre y economía acudían al Puente a comer menudo y a surtirse de ropa, discos, patinetas, aparatos electrónicos, herramientas, bicicletas, artículos del ejército, antigüedades y zapatos.

Durante las mañanas y las tardes de los fines de semana, los skaters, rockers, cholos y raperos íbamos al puesto de la Doña en busca de nuevos modelos de tenis recién llegados: los famosos Converse todos blancos, los de leopardo o los de alguna banda; en choclo, en bota de diversas alturas, lona, piel, gamuza o lentejuelas. Los Vans Old Skool, los Slip-on, los de Slayer o los clásicos authentic en diversos colores. Adidas originales, blancos y con concha, los Samba o los Nu-metal todos negros.

Han pasado unos años desde que el puesto del Puente se fue con el agua, con los toldos, con los sonideros, con los tenis y con la nostalgia de muchos. Pero la Doña sigue manteniendo su negocio, ahora sobre Cuauhtémoc e Isaac Garza, con una lona en la entrada en la cual puede leerse “La Doña Converse. El universo del tenis” con el logo de la estrella en el círculo propio de los Chuck Taylor All-Stars.

El local es pequeñito, tapizado con muchísimos estilos de calzado empotrados sobre las paredes. Las voces de los clientes se entremezclan preguntando tallas, modelos y precios (“Oiga, quisiera saber si ahí tienen los Converse o Van de Green Day… Llevo mucho tiempo buscándolos”). Así, el negocio de la Doña, que en realidad no tiene demasiados años, sigue sobreviviendo al tiempo, a las franquicias de las mismas marcas, a las grandes tiendas y a las catástrofes naturales.

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