Por Indira Kempis

Foto por Victor Hugo Valdivia

Si pensábamos que ese número sería el sinónimo de la noche de deseos desenfrenados, nos equivocamos. No lo es. Doce son los pesos con centavos que ahora tenemos que pagar por el pasaje de autobús. Seguramente lo sabe, y no precisamente por haber visto el video del “héroe” anónimo que le mentó la madre a un chofer —que de todos los actores implicados es el menos responsable, pero bueno—, sino porque es probable que gastar varios pesos de más ya comience a hacer que esta cuesta de enero sea más difícil para sus bolsillos que la del año anterior.

Lamentablemente para nosotros, el transporte público no es un refresco, una mesa o cualquier producto o servicio del que podamos prescindir. Y para engordar más el “costalito de frustraciones”, pareciera que los vínculos que ha formado el gremio transportista con quienes nos gobiernan son prácticamente irrompibles. Ponerse una pancarta al pecho o dejar de pagar los doce pesos, ¿esa sería la alternativa? No, simple y sencillamente porque la gran mayoría de los habitantes de esta ciudad tienen que trasladarse a sus destinos. Pensar en eso sería como fantasear con expectativas demasiado altas, con costos que pocos estarían dispuestos a pagar y con una conciencia ciudadana que todavía se encuentra en el proceso de los largos plazos.

Sin embargo, hay acciones específicas que, más allá de alterar esta situación por los tres días que dura la agenda mediática, puede tener incidencia en política pública o en la toma de decisiones. Porque si bien es cierto que los implicados en el incremento de las tarifas son muy responsables de este escenario, también lo es que existen alternativas técnicas para comenzar a sentar las bases no sólo de otras condiciones para el transporte público en la ciudad, sino también de otras formas de movilidad. Las palabras cuentan y mucho, así que tome en cuenta esa gran diferencia. Movilidad no es lo mismo que transporte, y hoy por hoy las ciudades más avanzadas en el tema a nivel mundial, como París, Londres, Ámsterdam y Nueva York, están insistiendo desde su planeación en otro enfoque.

Pero, regresando al punto inicial, hay un movimiento en Monterrey que me tiene altamente sorprendida, porque si bien es cierto que, como todo movimiento social, difunde o mediatiza los temas de su agenda, también han tenido en claro que el rumbo de los incrementos no se va a acabar mientras sigan existiendo dos de los pilares que lo sostienen: los grupos de interés en las instituciones que se dedican al tema, como el Consejo Estatal del Transporte, y los amparos ante el alto costo que, en definitiva, si es que es cierto lo que aseveran los empresarios del transporte, tampoco resulta en ganancias económicas para ellos, y por tanto, para nadie.

Únete Pueblo es un grupo que forma parte de esta movilización, siguiendo las enseñanzas del maestro del activismo que fue Nacho Zapata —quien también defendió por muchos años a quienes somos usuarios del transporte público—, y que han hecho lo posible por colocar estos puntos importantes sobre la mesa del debate, así como informar a la comunidad (esa a la que activistas recriminan por no defender sus derechos, pero que entenderíamos un poco si nos ponemos en sus zapatos) sobre el transporte público de la ciudad.

Si algo hay que pensar es que aunque las aristas políticas son mayores, el análisis económico, de infraestructura urbana y las condiciones sociales permitirían hacer un zoom microscópico que facilite ver alternativas en los detalles. Porque no nos alcanzarán los héroes ni los videos para realmente replantear a profundidad y hacer que las decisiones públicas sean decisiones y públicas (valga el pleonasmo). Se debe tomar en cuenta que existen tales acciones específicas, o incluso emprender otras que vayan acompañadas de una nueva visión que minimice nuestra dependencia de un único medio de transporte; pocos han abordado el tema de la competencia, por ejemplo, o de otras formas de movilidad urbana.

Definitivamente el tema del transporte público, al ser tan cotidiano, es uno de los tópicos más complejos, de los que no caben en doce columnas ni se resuelven con doce pesos, pero, siendo que ha afectado nuestro bolsillo, quizá nos haga comprender que sí existen muchas alternativas para comenzar a disolver los nocivos efectos no del incremento, sino de lo que hay detrás de éste, cuestionando incluso su futuro. 

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