Ser independiente es difícil. Renuncias a las comodidades de tu hogar para enfrentar la vida solo y de paso, dejar descansar a tus papás después de haberte mantenido desde siempre. Hasta hace un par de años, desde que nací, estuve en la misma casa, colonia y ciudad. Mudarme por primera vez fue un gran reto. No sabía con que obstáculos me enfrentaría, como sobrevivir a los peligros constantes, convivir con personas ajenas a mi familia, ahorrar para la renta y los servicios, comprar comida, y aparte, guardar para las cheves del fin de semana. En el transcurso he pasado desde la casa de mi familia a tres departamentos en distintos sectores. El actual se ubica en el Centro de Monterrey. Un departamento que luce su magia a través de su antigüedad, cerca de la Casa de Aramberri, donde cuenta la leyenda, mataron a una señora y a su hija sin saber por qué. Al igual que en Ciudad Juárez donde varios miembros de la familia Reyes Salazar fueron asesinados sin motivo aparente. Recuerdo que cuando estaba pequeña entré a ver el lugar del crimen de la calle Aramberri. El techo estaba caído, había ramas y hojas secas por todas partes. Las paredes estaban corroídas después de décadas de abandono. Ahora, el domicilio está protegido. Vivir en el Centro tiene su misticismo. Es un sitio que alberga muchas historias, una de ellas es la de La Bodega, un foro donde el teatro independiente lucha por sobresalir ante las adversidades que se presentan. No obstante, el Centro no es el único en alojar relatos. En Santiago, Nuevo León los osos arriesgan su vida al bajar constantemente del cerro en busca de agua. No cabe duda de que en esta vida, no hay lugar para el miedo.

AV

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